El Jansenismo y el Quietismo: orígenes, exponentes y controversias

Documento sobre El Jansenismo. El Pdf, un material de estudio universitario de Religión, explora el Jansenismo y el Quietismo, analizando sus orígenes, principales exponentes y las controversias teológicas que los caracterizaron.

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TEMA V
EL JANSENISMO
1.- INTRODUCCIÓN
El jansenismo puede ser considerado, por una parte, como la reacción
contra el laxismo teórico y práctico del siglo XVII, y por otra, como la
exasperación de las controversias sobre la gracia, tan vivas entre los siglos XVI y
XVII.
Durante todo el antiguo régimen podemos decir que la Europa de la fe era
una Europa laxa, con una gran corrupción de sus costumbres en un sector muy
notable de entre los fieles, y sobre la vida más bien tibia de muchos eclesiásticos.
Por el contrario, el ejemplo venía de la parte de los mejores calvinistas con su
vida austera y su moral más bien rígida.
Existía un movimiento de pensamiento moralista desarrollando un
probabilismo que defendía que no se puede imponer una obligación cuya
existencia no conste con certeza. Las tendencias de la época van dando una larga
casuística a este principio. Y de aquí se daba el salto a pensar en sutiles hipótesis
que hacían normal o lícito ciertas acciones que condenaban el buen sentido
cristiano. Los gustos del siglo XVII, las diferenciaciones sociales y los privilegios
concedidos a los nobles y todos los abusos de ahí derivados, acababan por
encontrar una justificación y una legitimación. Hasta opiniones que carecían de
fundamento sólido se daban por válidas, con el fin de asegurar una certeza
práctica y hacer lícita en la praxis concreta una acción determinada. El elenco de
las proposiciones condenadas por Alejandro VII en 1665-66, por Inocencio XI en
1679 y por Alejandro VIII en 1690, da una idea clara de la crisis: licitud, en ciertos
casos, del duelo y del aborto y hasta del homicidio, reducción al mínimo y
prácticamente a la nada de la obligación de la limosna…
2.- LA CONTROVERSIA SOBRE LA GRACIA
El concilio de Trento ni había podido ni había querido resolver todos los
problemas que se vertían sobre el tema de la gracia y se había limitado a ratificar
dos puntos principales: la libertad del hombre y la gracia divina. Su conciliación
mutua seguía siendo un misterio, que siguieron tratando de explicar en la
medida de lo posible las distintas escuelas teológicas. El tema estaba de
permanente actualidad dada la creciente difusión del luteranismo y del
calvinismo y la oportunidad constante de refutar de forma positiva sus
afirmaciones.
2.1.- Miguel Bayo
Miguel Bayo (1513-1589), profesor de la universidad de Lovaina y
partícipe en el concilio de Trento, sostenía que el hombre, dañado por pecado
original, queda del todo incapaz de cualquier acto bueno sin la gracia divina; sin
ella, siempre peca. Pensaba que así era fiel a la doctrina de S. Agustín. Pero
desmarcándose de Santo Tomás no hizo la distinción entre el orden natural y el
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sobrenatural, entre naturaleza y gracia. Si San Agustín afirma la impotencia del
hombre para operar actos buenos sin la gracia divina, no se refiere a los actos
naturales bueno (amor de un padre a un hijo), sino que se refiere a los actos
salvíficos (fe de un creyente).
Bayo dice que la perfección natural de nuestros primeros padres anterior
a la caída era tal que la amistad divina que gozaron venía exigida por esa misma
perfección, y que, por ello, no era puro don de misericordia. Esto llevó a sostener
que, una vez perdida por el pecado original tal perfección, todo se perdió. La
naturaleza humana quedó intrínsecamente corrompida, privada del libre
albedrío, abocada siempre a pecar.
Estas conclusiones, similares a las de Calvino, levantaron enormes
protestas. Pío V en 1567 condena las 76 proposiciones (Dz 1001-1080 ó DS 1901-
1980), que Bayo suscribe con ciertas reservas.
Pero la bula de condenación de Pío V contenía una ambigüedad en un
punto importante: las proposiciones condenadas ¿lo habían sido por su
significado en y de por sí, independientemente de cualquier contexto, o
precisamente por el significado que le atribuía Bayo y dentro del contexto en que
las incluía? La curiosa falta de una coma en el documento original daba pie a
cualquiera de las dos interpretaciones. Y así fue como, por falta de una coma (el
famoso comma pianum), se siguió discutiendo sobre las tesis de Bayo.
A finales del siglo XVI una nueva y áspera controversia dividió a
dominicos y jesuitas: los primeros, con Bañez a la cabeza, situaban la eficacia de
la gracia en la misma naturaleza intrínseca y en la predeterminación física que la
acompaña; los otros, con Molina (1600), la explicaban mediante el consentimiento
libre del hombre, previsto por Dios independientemente de la decisión de otorgar
esta gracia y en virtud de la misteriosa presciencia que él tiene de los actos libres
que el hombre realizaría puesto en una situación determinada. En 1607 ambas
partes recibieron la orden de no calificar negativamente sus respectivas
ortodoxias y quedaron en libertad para defender y enseñar cada cual su sistema.
3.- JANSENISMO
3.1.- Principales exponentes del movimiento jansenista
Cornelio Janssens (1585-1638) recordaba por su fisonomía severa y
adelgazada por las largas vigilias y por su talante más bien frío, pero lleno de
tenacidad, al dictador de Ginebra, Calvino. Sin que fuese un genio, era un hombre
de notable inteligencia, de memoria prodigiosa. Llegó a ser obispo de Ypres, y
aun siendo obispo no dejó de perfilar su obra fundamental, Agustinus, que al
morir confió para la publicación a sus íntimos amigos.
En el primer libro resumía Jansenio la controversia pelagiana; en el
segundo negaba la posibilidad del estado de naturaleza pura y en el tercero
exponía su concepción sobre la gracia eficaz.
Jansenio durante sus estudios en París, conoció a Jean Du Vergier, que
llegó a ser abad de Saint-Cyran, nombre con el cual se le llegó a designar. Los dos
amigos se completaban a las mil maravillas. Jansenio era el hombre de

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Introducción al Jansenismo

El jansenismo puede ser considerado, por una parte, como la reacción contra el laxismo teórico y práctico del siglo XVII, y por otra, como la exasperación de las controversias sobre la gracia, tan vivas entre los siglos XVI y XVII.

Durante todo el antiguo régimen podemos decir que la Europa de la fe era una Europa laxa, con una gran corrupción de sus costumbres en un sector muy notable de entre los fieles, y sobre la vida más bien tibia de muchos eclesiásticos. Por el contrario, el ejemplo venía de la parte de los mejores calvinistas con su vida austera y su moral más bien rígida.

Existía un movimiento de pensamiento moralista desarrollando un probabilismo que defendía que no se puede imponer una obligación cuya existencia no conste con certeza. Las tendencias de la época van dando una larga casuística a este principio. Y de aquí se daba el salto a pensar en sutiles hipótesis que hacían normal o lícito ciertas acciones que condenaban el buen sentido cristiano. Los gustos del siglo XVII, las diferenciaciones sociales y los privilegios concedidos a los nobles y todos los abusos de ahí derivados, acababan por encontrar una justificación y una legitimación. Hasta opiniones que carecían de fundamento sólido se daban por válidas, con el fin de asegurar una certeza práctica y hacer lícita en la praxis concreta una acción determinada. El elenco de las proposiciones condenadas por Alejandro VII en 1665-66, por Inocencio XI en 1679 y por Alejandro VIII en 1690, da una idea clara de la crisis: licitud, en ciertos casos, del duelo y del aborto y hasta del homicidio, reducción al mínimo y prácticamente a la nada de la obligación de la limosna ...

La Controversia sobre la Gracia

El concilio de Trento ni había podido ni había querido resolver todos los problemas que se vertían sobre el tema de la gracia y se había limitado a ratificar dos puntos principales: la libertad del hombre y la gracia divina. Su conciliación mutua seguía siendo un misterio, que siguieron tratando de explicar en la medida de lo posible las distintas escuelas teológicas. El tema estaba de permanente actualidad dada la creciente difusión del luteranismo y del calvinismo y la oportunidad constante de refutar de forma positiva sus afirmaciones.

Miguel Bayo y la Gracia Divina

Miguel Bayo (1513-1589), profesor de la universidad de Lovaina y partícipe en el concilio de Trento, sostenía que el hombre, dañado por pecado original, queda del todo incapaz de cualquier acto bueno sin la gracia divina; sin ella, siempre peca. Pensaba que así era fiel a la doctrina de S. Agustín. Pero desmarcándose de Santo Tomás no hizo la distinción entre el orden natural y el 60sobrenatural, entre naturaleza y gracia. Si San Agustín afirma la impotencia del hombre para operar actos buenos sin la gracia divina, no se refiere a los actos naturales bueno (amor de un padre a un hijo), sino que se refiere a los actos salvíficos (fe de un creyente).

Bayo dice que la perfección natural de nuestros primeros padres anterior a la caída era tal que la amistad divina que gozaron venía exigida por esa misma perfección, y que, por ello, no era puro don de misericordia. Esto llevó a sostener que, una vez perdida por el pecado original tal perfección, todo se perdió. La naturaleza humana quedó intrínsecamente corrompida, privada del libre albedrío, abocada siempre a pecar.

Estas conclusiones, similares a las de Calvino, levantaron enormes protestas. Pío V en 1567 condena las 76 proposiciones (Dz 1001-1080 ó DS 1901- 1980), que Bayo suscribe con ciertas reservas.

Pero la bula de condenación de Pío V contenía una ambigüedad en un punto importante: las proposiciones condenadas ¿lo habían sido por su significado en sí y de por sí, independientemente de cualquier contexto, o precisamente por el significado que le atribuía Bayo y dentro del contexto en que las incluía? La curiosa falta de una coma en el documento original daba pie a cualquiera de las dos interpretaciones. Y así fue como, por falta de una coma (el famoso comma pianum), se siguió discutiendo sobre las tesis de Bayo.

A finales del siglo XVI una nueva y áspera controversia dividió a dominicos y jesuitas: los primeros, con Bañez a la cabeza, situaban la eficacia de la gracia en la misma naturaleza intrínseca y en la predeterminación física que la acompaña; los otros, con Molina (1600), la explicaban mediante el consentimiento libre del hombre, previsto por Dios independientemente de la decisión de otorgar esta gracia y en virtud de la misteriosa presciencia que él tiene de los actos libres que el hombre realizaría puesto en una situación determinada. En 1607 ambas partes recibieron la orden de no calificar negativamente sus respectivas ortodoxias y quedaron en libertad para defender y enseñar cada cual su sistema.

Jansenismo

Principales Exponentes del Movimiento Jansenista

Cornelio Janssens (1585-1638) recordaba por su fisonomía severa y adelgazada por las largas vigilias y por su talante más bien frío, pero lleno de tenacidad, al dictador de Ginebra, Calvino. Sin que fuese un genio, era un hombre de notable inteligencia, de memoria prodigiosa. Llegó a ser obispo de Ypres, y aun siendo obispo no dejó de perfilar su obra fundamental, Agustinus, que al morir confió para la publicación a sus íntimos amigos.

En el primer libro resumía Jansenio la controversia pelagiana; en el segundo negaba la posibilidad del estado de naturaleza pura y en el tercero exponía su concepción sobre la gracia eficaz.

Jansenio durante sus estudios en París, conoció a Jean Du Vergier, que llegó a ser abad de Saint-Cyran, nombre con el cual se le llegó a designar. Los dos amigos se completaban a las mil maravillas. Jansenio era el hombre de 61pensamiento, el teórico puro que traza un plan. Saint-Cyran era el hombre de acción, que lleva a la práctica el plan trazado.

Saint-Cyran se propuso explicar el verdadero pensamiento de Agustín que nadie había comprendido de verdad, fundando una nueva teología y liberando a la antigua de las superestructuras del molinismo y del racionalismo, había dicho Jansenio.

Saint-Cyran se hizo enseguida con dos colaboradores de alto valor: Antonio y Angélica Arnauld. Antonio fue el mejor colaborador y continuador de Saint-Cyran. Fue un hombre con una vasta erudición, de formidable dialéctica y fácil pluma, cosas que puso al servicio del jansenismo, al cual defendió durante más de cincuenta años. Su obra más famosa tal vez fuera De la fréquente communion (1643), en la que tras exponer la costumbre de la iglesia antigua de no conceder a los pecadores la comunión, sino después de cumplir una larga y severa penitencia, defiende la necesidad de volver a esta práctica, ya que la Iglesia ha errado en su praxis pastoral de los últimos siglos.

La eucaristía no es un remedio para los débiles y los que tratan de purificarse, sino un premio para los santos. La excesiva práctica de la comunión es causa de graves males de los que son responsables los jesuitas por su pastoral laxista.

Angélica, hermana de Antonio, ingresó a los siete años en el monasterio de Port-Royal-des-Champs, que se convirtió en el centro espiritual del jansenismo. Sus monjas "puras como ángeles y soberbias como demonios", terminaron por acercarse raramente a la comunión y ella misma optó en 1636-37 por no comulgar ni siquiera por Pascua. La hermana de la madre Angélica, Juana, o madre Inés, escribió un folleto que si no puede considerarse como el símbolo del espíritu general de Port-Royal, expresa con claridad algunas tendencias características de aquel ambiente. Se trata del Rosario secreto del Santísimo Sacramento, que exaltaba varios atributos de la eucaristía: la incomprensibilidad, la inaccesibilidad, la inconmensurabilidad ... el sacramento del amor se convertía en el sacramento del temor ...

Principios del Jansenismo

Podemos reducirlos a tres aspectos: dogmático (pesimismo), moral (rigorismo), y disciplinar (reformismo). Aun a riesgo de esquematizar artificiosamente, cabría identificar estos tres aspectos con otros tantos nombres: Jansenio (con su doctrina sobre la gracia), Arnauld (con su moral sacramental) y Saint-Cyran (con su praxis disciplinar).

a) Aspecto dogmático. Jansenio sigue más o menos de cerca la doctrina de Bayo. Fue Agustín el primero en aclarar a los fieles y a la Iglesia la verdadera doctrina de la gracia, y, por ello, dado que la iglesia ha aprobado tantas y tantas veces la doctrina de Agustín y que es imposible que se contradiga, hay que interpretar los documentos del magisterio de modo que no exista contradicción entre ellos y la enseñanza del doctor de Hipona. Moviéndose en este espíritu, niega Jansenio el carácter sobrenatural del estado de justicia original. Para él, después del pecado original, la naturaleza humana intrínsecamente 62corrompida, perdió su verdadera libertad, conservando únicamente la inmunidad de coacción externa, y no la de determinación interior. En consecuencia, la voluntad humana sigue necesariamente el impulso que recibe, es decir, sigue necesariamente bien la gracia, si se le ofrece, o la concupiscencia cuando, al faltarle la gracia, queda abandonada a sí misma. La gracia, en efecto, no siempre se concede al hombre, y en este caso, abandonado a sus propias fuerzas, sigue necesariamente la concupiscencia y peca. En otras palabras: la iglesia defiende a la vez la libertad y la gracia, mientras que Jansenio exagera la eficacia de la gracia hasta negar prácticamente la libertad. Así resulta que Cristo no murió por todos, sino sólo por los elegidos, que son los que reciben la gracia. Parece que de ahí nace, según algunos, la tendencia a representar el crucifijo no con los brazos alargados, como tendidos a todos los hombres por quienes derrama su sangre, sino con los brazos alzados hacia arriba y cerrados, ofreciéndolo sólo por el pequeño grupo de los elegidos

b) Aspecto moral. Es el más conocido del público en general. Entre el aspecto dogmático y el moral existe una conexión más psicológica e histórica que lógica. Ante un Dios, árbitro absoluto de nuestro destino, que elige a su gusto un pequeño número de selectos y muere únicamente por ellos, la postura más espontánea es el temor y no el amor. Moralmente son rigorista con una visión negativa de las obras de los infieles y de los pecadores, que siempre son pecado al ser fruto de la naturaleza intrínsecamente corrompida y no ordenada hacia Dios por la caridad al menos inicial. La condena de la atrición, considerada no sólo insuficiente para conseguir la remisión de los pecados fuera del sacramento, sino en sí y de por sí inmoral. La dilación de la absolución a los penitentes de cuya perseverancia no se tenga suficiente garantía, y en todo caso, a los que no hayan cumplido la penitencia. El desprecio para los que reinciden en el pecado; la afirmación de que la ignorancia, aunque sea invencible, no excusa del pecado. La inevitabilidad del pecado en la vida humana; la predilección, al menos teórica, por las penitencias extraordinarias; el desprecio que se mira la propia naturaleza. La excesiva desvalorización del matrimonio en comparación con la castidad; la desconfianza con que se miran los afectos familiares y la amistad; las críticas, si no precisamente a la devoción a la Virgen, sí a algunas formas que ésta pueda revestir. Y así, una monja abandona el confesionario después de acusarse de sus pecados, porque no se atreve a recibir la absolución de la que se considera indigna. Antonio Arnauld renuncia a dar el último adiós a su madre moribunda para no condescender con la naturaleza. Pascal dirá que la actitud divina para con los pecadores que mueren "Dios odia y desprecia a todos los pecadores, de tal suerte que, en la hora de la muerte, momento en el que su estado es más deplorable y triste, la sabiduría divina juntará el desprecio y el escarnio con la venganza y la ira que les condenarán a las penas eternas". 63

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