Documento de Universidad sobre Módulo 1 - ¿Que Son las Emociones?. El Pdf, de Psicología, explora el concepto de emociones, definiéndolas como estados afectivos subjetivos con múltiples dimensiones, analizando sus funciones adaptativas, sociales y motivacionales, y describiendo las emociones primarias y sus características.
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Cotidianamente, se emplean términos como emoción, sentimiento o pasión, entre otros, para expresar estados de excitación que nos producen alteraciones físicas -sudoración, temblores o palpitaciones- y estados psicológicos de bienestar o malestar, así como conductas y pensamientos relacionados con dichos estados.
Las emociones pueden definirse como estados afectivos subjetivos con múltiples dimensiones. Esta multidimensionalidad, nos lleva a entenderlas como un proceso que:
Por tanto, las emociones recogen respuestas biológicas, fisiológicas, pensamientos, conductas e, incluso, la adaptación social. Cada persona tiene estas reacciones en distintos grados de intensidad.
Así pues, este conjunto de respuestas son la reacción a los sucesos que nos ocurren. No obstante, no son los acontecimientos los que originan una emoción, sino que esta deriva de la interpretación, es decir, del significado personal que cada uno le atribuye.
Una emoción tiene que cumplir cuatro criterios para considerarse como tal:
El sentimiento puede considerarse la experiencia subjetiva que emana de la emoción. Este se origina en las sensaciones y percepciones del momento. Ambos términos, emoción y sentimiento, están estrechamente relacionados. De hecho, el Diccionario de la Real Academia Española los considera estados de ánimo.
Los psicólogos y los neurólogos suelen vincular las emociones y los sentimientos en una secuencia en la que primero se dan las emociones, las cuales son, a su vez, síntoma de la existencia de ciertos sentimientos.
Hay una significativa relación entre la emocion y la conducta que, la mayoría de veces, consiste en reaccionar a los estímulos internos y externos. De hecho, las emociones primarias determinan nuestras acciones, incluso las disfuncionales y trágicas.
El filósofo y psicólogo William James señala que las personas reaccionamos a las respuestas psicofisiológicas activadas por nuestra percepción de las cosas. Al sentir miedo es habitual huir, pelear o esconderse, por ejemplo; mientras que, frente a la frustración, es común actuar con ira hacia el exterior o bien deprimirse internamente.
Las emociones dirigen las acciones más que cualquier razonamiento, es decir, prevalece lo emocional por encima de lo racional. Actuar desde la distancia del sentir es muy complicado. Dado que es imposible no estar sometidos al miedo, al dolor, al placer o a la ira, se convierte en necesario buscar un equilibrio en las reacciones emocionales.
Hay que aprender a aceptar, gestionar y orientar las inevitables reacciones emocionales, dejando atrás la idea de que nos limitan y entendiéndolas como recursos manifiestos.
Cada una de las emociones tiene una función que permite al organismo ejecutar eficazmente las reacciones conductuales apropiadas a la circunstancia. Incluso las emociones más desagradables tienen cometidos importantes en la adaptación social y en el ajuste personal. Entre estas funciones encontramos:
La función adaptativa que tienen las emociones es una de las más importantes, puesto que consiste en preparar al organismo para que efectue de forma eficaz una conducta exigida por las condiciones ambientales. De este modo, el cuerpo moviliza la energía necesaria para ello y dirige la conducta, ya sea acercándose o alejándose de un determinado objeto.
El naturalista Charles Darwin, en el principio de la selección natural, ya manifestó la relevancia de las emociones como mecanismo adaptativo. Argumento que sirven para facilitar el comportamiento apropiado, lo cual les confiere una importante relevancia en el proceso de adaptación.
La expresión de las emociones permite al resto de personas comprender y predecir la conducta asociada a estas. Se refiere, entonces, a la función social de la emoción, que tiene un gran impacto en el proceso de relaciones interpersonales. El psicólogo Carroll Ellis Izard destacó las utilidades de dicha función:
Emociones como la felicidad favorecen los vínculos sociales y las relaciones interpersonales, mientras que otras, como la ira, pueden generar respuestas de evitación o de confrontación.
El hecho de que uno mismo exprese sus emociones comporta ciertos estímulos discriminativos que permiten al resto de individuos actuar en consonancia a la emoción que perciben. Por ejemplo, si una persona está triste, es probable que los demás empaticen con esta emoción y no se muestren eufóricos.
La propia represión de las emociones también es parte de la función social. En algunos contextos, es común inhibir ciertos sentimientos por creer que podrían alterar las relaciones sociales y afectar, incluso, a la propia estructura y funcionamiento grupal.
No obstante, mientras que la inhibición de las emociones puede producir malos entendidos y reacciones indeseables, el hecho de expresarlas puede inducir altruismo y conducta prosocial en los demás.
En ocasiones, es importante que las personas conozcan y vean el estado emocional en el que nos encontramos. La exteriorización de las experiencias emocionales es saludable y beneficiosa para la salud mental, ya que reduce el trabajo fisiológico que supone la inhibición y, además, favorece la creación de una red de apoyo social.
La emoción está íntimamente relacionada con la motivación, puesto que dirige el comportamiento y facilita el acercamiento o la evitación del objetivo de la conducta motivada.
La función motivacional es congruente con la existencia de dos dimensiones principales de la emoción: la dirección, como el agrado-desagrado; y la intensidad de la reacción afectiva.
Así pues, la motivación es una experiencia presente en cualquier tipo de actividad que posea estas dos características, dirección e intensidad, que también son representativas de la conducta motivada.
Cabe señalar que la relación entre motivación y emoción no se limita al hecho de que se produzcan reacciones emocionales, sino que una emoción puede determinar la aparición de la propia conducta motivada, dirigirla hacia un objetivo concreto y hacer que se ejecute con intensidad.
En esta misma línea, se puede concluir que toda conducta motivada produce una reacción emocional y, a su vez, la emoción facilita la aparición de unas conductas motivadas y no otras.
Las emociones, tal y como se ha avanzado anteriormente, implican una experiencia multidimensional, contando con, al menos, tres sistemas de respuesta:
La respuesta cognitiva se asocia a la experiencia subjetiva que tiene la persona sobre la emoción o el sentimiento, es decir, es lo que se siente al estar irritado, ansioso u orgulloso, por ejemplo.
Se trata de señales de aviso que las emociones hacen conscientes para reclamar nuestra atención. Este componente subjetivo de las emociones es probablemente el más estudiado de todos, puesto que cada individuo se enfrenta a un tipo de emoción particular.
De las diferentes teorías establecidas para entender y explicar las emociones, la que prevalece es la teoría cognitivista, que establece que las emociones tienen un sustrato cognitivo y no meramente sensitivo. Aristóteles fue el primero que las vinculó con el conocimiento.
Desde un punto cognitivista, las emociones serían aquellos sentimientos que cambian a las personas hasta el punto de afectar a su juicio. No obstante, las cogniciones también afectan a las emociones y son la causa de que estas existan.
Para potenciar o evitar algunos sentimientos, y hacer que se manifiesten solo cuando la persona lo permita, hay que profundizar en su causalidad, es decir, averiguar que los desencadena.
Cada emoción parece tener su propio modo de reacción fisiológica, que puede incluir:
Existen cambios fisiológicos que comportan una relevancia adicional. Fundamentalmente, son los que se manifiestan en la cara. Estos, además de formar parte de la experiencia emocional, al ser manifiestos, pueden comunicar a los demas un determinado estado emocional.
Según la teoría sensitiva , no cognitivista, la realidad exterior es la que provoca los cambios corporales que dan lugar a la emoción. Esto se resumiría en la conocida afirmación de que no se llora porque se está triste, sino que se está triste porque se llora.
Podría decirse que el sentimiento aparece como consecuencia de la percepción de las transformaciones fisiológicas producidas por una determinada circunstancia.
Los modelos psicofisiológicos establecen que cada reacción emocional se identifica con un patrón fisiológico diferenciado. Si esto no sucede en todos los casos, al menos sí existe un