Teología 10 Fundamental: Credibilidad de la Iglesia de Cristo, Universidad de Navarra

Documento de Universidad de Navarra sobre Teología 10 Fundamental. El Pdf, de nivel universitario y materia Religión, explora la credibilidad de la Iglesia de Cristo, su origen y fundación, con un enfoque en el rol de Pedro y el Espíritu Santo, según el resumen y el esquema del documento.

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TEOLOGÍA
FUNDAMENTAL
10
LA CREDIBILIDAD DE
LA IGLESIA DE CRISTO
S
i en los temas anteriores hemos visto que Cristo es el signo primordial y, en cierto
modo, único de la credibilidad de la revelación, ahora abordaremos dónde puede
encontrarse la imagen verdadera de Cristo en nuestra época. Es en la Iglesia donde
perdura la memoria de Cristo y su acción a lo largo de los siglos. La Iglesia no nos
muestra a Cristo como un mero personaje del pasado, sino como el Señor resucitado que
permanece presente en la vida de las personas.
La Iglesia es un signo especial de credibilidad por ser la Iglesia de Cristo, lo que signica
que transmite y encarna la acción de Cristo a través de los tiempos. Entre Cristo y la Iglesia
existe una relación esencial: Cristo es el origen y fuente de la Iglesia; la Iglesia, por su
parte, a través de su testimonio y de su predicación, es la que permite acceder a Cristo. A
pesar de las dicultades y debilidades humanas presentes en quienes formamos la Iglesia,
su signicado como signo de la revelación y la salvación de Dios se clarica cuando se en-
tiende en relación con Cristo, y no de manera aislada.
1. LA COMPRENSIÓN DE LA IGLESIA EN LA HISTORIA
Hasta el siglo XVI, la relación entre la Iglesia católica y Cristo era un postulado general-
mente indiscutible, compatible con la convicción común de que la Iglesia es también una
realidad humana y que, como tal, está siempre necesitada de reforma (Ecclesia semper re-
formanda). La Reforma protestante no cuestionó esta relación original, pero sí la delidad
de la Iglesia histórica a la misión de Cristo.
La eclesiología católica postridentina reaccionó contra la protestante tratando de demos-
trar que la Iglesia católica, con toda su estructura institucional, cumplía los requisitos para
ser la verdadera Iglesia de Cristo.
El cardenal jesuita Roberto Belarmino (1542-1621), por ejemplo, resaltó el carácter
visible y jerárquico de la Iglesia, deniéndola como “la sociedad de los hombres en
marcha hacia su patria, unida por la profesión de la misma fe cristiana y por la co-
munión en los mismos sacramentos, bajo la autoridad de los pastores legítimos, y en
particular del Soberano Pontíce”. Esta acentuación de lo institucional llevó a armar
que la Iglesia era una sociedad “tan palpable y visible como el pueblo romano, el reno
de Francia o la república de Venecia” (De controversiis, 1, II, 2).
Para demostrar que la Iglesia católica era la verdadera Iglesia de Cristo, se utilizaron dos
vías de argumentación. La vía histórica, basada en una demostración de tipo histórico, se
enfocó en el primado del papa (via primatus), tratando de evidenciar la voluntad de Jesús
de instituir a Pedro como cabeza visible de la Iglesia y la legitimidad del papa como su su-
Para este tema conviene leer atentamente los nn. 748-870 del
Catecismo de la
Iglesia Católica
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Juan Alonso © EUNSA © INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS RELIGIOSAS (ISCR)
TEMA
LA CREDIBILIDAD DE LA IGLESIA DE CRISTO
cesor. La vía de las notas (via notarum) se centró en las notas o características esenciales
de la Iglesia, que con el tiempo quedaron reducidas a las cuatro notas del Símbolo de la fe.
El Concilio Vaticano I abordó principalmente el tema del primado y la infalibilidad del papa,
sin desarrollar una enseñanza especíca sobre la Iglesia. No obstante, se incluyó la lla-
mada vía empírica, una contribución del arzobispo de Malinas, Mons. Deschamps, en la
que la Iglesia en misma, como es de hecho, es presentada como un motivo de credibi-
lidad (Dei Filius, 3).
En la época del modernismo, la aplicación del método crítico a los evangelios cuestionó la
argumentación apologética a parir de las vías, especialmente de la vía histórica. Al contra-
poner reino de Dios e Iglesia, algunos autores armaron que la formación de esta última se
debió a los discípulos, puesto que el Jesús histórico solo habría predicado el reino de Dios.
Esta idea, surgida en el protestantismo liberal (Harnack) inuyó también en algunos au-
tores católicos (Tyrrell, Loisy) y, de una forma o de otra, continúa presente en la actualidad.
La respuesta de la apologética fue armar la fundación de la Iglesia por el Jesús histórico
mediante actos explícitos. Al responder así, sin embargo, aceptaban de alguna manera
la separación modernista entre el Jesús histórico y el Cristo glorioso, lo que dicultaba la
adecuada presentación de la acción del Espíritu Santo en la concreción histórica de la vo-
luntad de Jesús con respecto a la Iglesia.
El Concilio Vaticano II, en particular en la constitución dogmática Lumen gentium, ha modi-
cado la perspectiva en la comprensión de la Iglesia. En lugar de centrarse en la Iglesia en
sí misma, ha enfocado el misterio de la Iglesia en relación con Cristo y la Trinidad, presen-
tándola como un sacramento universal de salvación(LG 48). Se destaca la unidad de
los aspectos visibles e invisibles de la Iglesia, a imagen del misterio del Verbo encarnado.
También introduce la noción de la Pueblo de Dios(LG 9) para evitar el riesgo de deriva
jerarcológica de alguna teología anterior al concilio.
La “eclesiología fundamental” estudia la Iglesia en cuanto realidad que ayuda a suscitar la
fe en Jesucristo, a la vez que muestra tensión entre presente y futuro su propia credibilidad
como transmisora e intérprete de la revelación. La credibilidad de la Iglesia se ha de estu-
diar en dos niveles: en primer lugar, su origen en Dios, así como su fundación a partir de
la voluntad y la acción de Jesús; en segundo lugar, su signicatividad en relación a Cristo y
la salvación, es decir, cómo la Iglesia hace presente, en el aquí y en el ahora de la historia,
a Jesucristo y el plan salvíco de Dios.
2. EL ORIGEN Y LA FUNDACIÓN DE LA IGLESIA
Para que la Iglesia sea creíble se debe llegar a constatar que proviene de Dios, y para ello
hay que estudiar primeramente su origen y fundación.
Ambos aspectos origen y fundación deben considerarse en la eclesiología para evitar
simplicaciones en la comprensión del nacimiento de la Iglesia. Cuando hablamos de
origen de la Iglesia, expresamos que la Iglesia no apunta a sí misma, sino al principio
del que procede: el amor de Dios Padre que entrega a Cristo y, por medio del Espíritu
Santo, se comunica a los hombres para ofrecerles la salvación. Cuando nos referimos
a la fundación de la Iglesia por Jesucristo, señalamos que la Iglesia fue prevista, que-

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La Credibilidad de la Iglesia de Cristo

Si en los temas anteriores hemos visto que Cristo es el signo primordial y, en cierto modo, único de la credibilidad de la revelación, ahora abordaremos dónde puede encontrarse la imagen verdadera de Cristo en nuestra época. Es en la Iglesia donde perdura la memoria de Cristo y su acción a lo largo de los siglos. La Iglesia no nos muestra a Cristo como un mero personaje del pasado, sino como el Señor resucitado que permanece presente en la vida de las personas.

La Iglesia es un signo especial de credibilidad por ser la Iglesia de Cristo, lo que significa que transmite y encarna la acción de Cristo a través de los tiempos. Entre Cristo y la Iglesia existe una relación esencial: Cristo es el origen y fuente de la Iglesia; la Iglesia, por su parte, a través de su testimonio y de su predicación, es la que permite acceder a Cristo. A pesar de las dificultades y debilidades humanas presentes en quienes formamos la Iglesia, su significado como signo de la revelación y la salvación de Dios se clarifica cuando se en- tiende en relación con Cristo, y no de manera aislada.

Para este tema conviene leer atentamente los nn. 748-870 del Catecismo de la Iglesia Católica.

La Comprensión de la Iglesia en la Historia

1. Hasta el siglo XVI, la relación entre la Iglesia católica y Cristo era un postulado general- mente indiscutible, compatible con la convicción común de que la Iglesia es también una realidad humana y que, como tal, está siempre necesitada de reforma (Ecclesia semper re- formanda). La Reforma protestante no cuestionó esta relación original, pero sí la fidelidad de la Iglesia histórica a la misión de Cristo.

La eclesiología católica postridentina reaccionó contra la protestante tratando de demos- trar que la Iglesia católica, con toda su estructura institucional, cumplía los requisitos para ser la verdadera Iglesia de Cristo.

El cardenal jesuita Roberto Belarmino (1542-1621), por ejemplo, resaltó el carácter visible y jerárquico de la Iglesia, definiéndola como "la sociedad de los hombres en marcha hacia su patria, unida por la profesión de la misma fe cristiana y por la co- munión en los mismos sacramentos, bajo la autoridad de los pastores legítimos, y en particular del Soberano Pontífice". Esta acentuación de lo institucional llevó a afirmar que la Iglesia era una sociedad "tan palpable y visible como el pueblo romano, el reno de Francia o la república de Venecia" (De controversiis, 1, Il, 2).

Para demostrar que la Iglesia católica era la verdadera Iglesia de Cristo, se utilizaron dos vías de argumentación. La vía histórica, basada en una demostración de tipo histórico, se enfocó en el primado del papa (via primatus), tratando de evidenciar la voluntad de Jesús de instituir a Pedro como cabeza visible de la Iglesia y la legitimidad del papa como su su-Universidad de Navarra LA CREDIBILIDAD DE LA IGLESIA DE CRISTO 10 TEMA cesor. La vía de las notas (via notarum) se centró en las notas o características esenciales de la Iglesia, que con el tiempo quedaron reducidas a las cuatro notas del Símbolo de la fe.

El Concilio Vaticano I abordo principalmente el tema del primado y la infalibilidad del papa, sin desarrollar una enseñanza específica sobre la Iglesia. No obstante, se incluyó la lla- mada vía empírica, una contribución del arzobispo de Malinas, Mons. Deschamps, en la que la Iglesia en sí misma, como es de hecho, es presentada como un motivo de credibi- lidad (Dei Filius, 3).

En la época del modernismo, la aplicación del método crítico a los evangelios cuestionó la argumentación apologética a parir de las vías, especialmente de la vía histórica. Al contra- poner reino de Dios e Iglesia, algunos autores afirmaron que la formación de esta última se debió a los discípulos, puesto que el Jesús histórico solo habría predicado el reino de Dios. Esta idea, surgida en el protestantismo liberal (Harnack) influyó también en algunos au- tores católicos (Tyrrell, Loisy) y, de una forma o de otra, continúa presente en la actualidad.

La respuesta de la apologética fue afirmar la fundación de la Iglesia por el Jesús histórico mediante actos explícitos. Al responder así, sin embargo, aceptaban de alguna manera la separación modernista entre el Jesús histórico y el Cristo glorioso, lo que dificultaba la adecuada presentación de la acción del Espíritu Santo en la concreción histórica de la vo- luntad de Jesús con respecto a la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, en particular en la constitución dogmática Lumen gentium, ha modi- ficado la perspectiva en la comprensión de la Iglesia. En lugar de centrarse en la Iglesia en sí misma, ha enfocado el misterio de la Iglesia en relación con Cristo y la Trinidad, presen- tándola como un "sacramento universal de salvación" (LG 48). Se destaca la unidad de los aspectos visibles e invisibles de la Iglesia, a imagen del misterio del Verbo encarnado. También introduce la noción de la "Pueblo de Dios" (LG 9) para evitar el riesgo de deriva jerarcológica de alguna teología anterior al concilio.

La "eclesiología fundamental" estudia la Iglesia en cuanto realidad que ayuda a suscitar la fe en Jesucristo, a la vez que muestra tensión entre presente y futuro su propia credibilidad como transmisora e intérprete de la revelación. La credibilidad de la Iglesia se ha de estu- diar en dos niveles: en primer lugar, su origen en Dios, así como su fundación a partir de la voluntad y la acción de Jesús; en segundo lugar, su significatividad en relación a Cristo y la salvación, es decir, cómo la Iglesia hace presente, en el aquí y en el ahora de la historia, a Jesucristo y el plan salvífico de Dios.

El Origen y la Fundación de la Iglesia

2. Para que la Iglesia sea creíble se debe llegar a constatar que proviene de Dios, y para ello hay que estudiar primeramente su origen y fundación.

Ambos aspectos origen y fundación deben considerarse en la eclesiología para evitar simplificaciones en la comprensión del nacimiento de la Iglesia. Cuando hablamos de origen de la Iglesia, expresamos que la Iglesia no apunta a sí misma, sino al principio del que procede: el amor de Dios Padre que entrega a Cristo y, por medio del Espíritu Santo, se comunica a los hombres para ofrecerles la salvación. Cuando nos referimos a la fundación de la Iglesia por Jesucristo, señalamos que la Iglesia fue prevista, que- Juan Alonso @ EUNSA INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS RELIGIOSAS (ISCR) 2Universidad de Navarra LA CREDIBILIDAD DE LA IGLESIA DE CRISTO 10 TEMA rida e iniciada por Jesus durante su vida terrena. Esta afirmación puede precisarse añadiendo, por un lado, que la Iglesia depende en su ser de la acción histórica de Jesús y, por otro lado, que la configuración actual de la Iglesia no es simplemente el resultado de la intención y las acciones de Jesús, sino también fruto de la acción del Espíritu Santo.

A continuación, examinaremos tres aspectos fundamentales relacionados con el origen y la fundación de la Iglesia: las enseñanzas del magisterio sobre este tema; los "hechos fundacionales", o elementos principales de la actividad de Jesús en relación a la Iglesia; y el origen trinitario de la misma Iglesia.

Enseñanzas del Magisterio de la Iglesia

2.1. A lo largo de la historia, el magisterio de la Iglesia ha tratado la cuestión del origen de la Iglesia en Cristo. El Concilio de Vienne (1312) hizo una afirmación explícita sobre la Iglesia nacida del costado abierto de Cristo en la cruz. Por su parte, san Pio X respondió a las doc- trinas modernistas sobre el origen pospascual de la Iglesia al afirmar que esta fue fundada directamente por el Cristo histórico. Más tarde, la Encíclica Mystici Corporis (1943) de Pío XII matizó una visión excesivamente jurídica de la Iglesia al presentar a la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo.

La imagen de la Iglesia como "Cuerpo místico de Cristo", junto con la de "Pueblo de Dios" y la de "sacramento universal de salvación" - provenientes estas últimas del Vaticano II, han sido los ejes de la eclesiología contemporánea, y también los que han permitido afrontar de una nueva forma la cuestión de la fundación de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, a pesar de su amplio enfoque en la Iglesia, ha abordado la cuestión de su fundación de manera breve en tres textos. En Lumen gentium 5, se destaca que "el misterio de la Iglesia se manifiesta en su fundación" (n.1), haciendo referencia a "los dones de su Fundador" (n.2). La constitución pastoral Gaudium et spes también men- ciona la fundación de la Iglesia por Cristo en un contexto trinitario (GS 40). Por su parte, en el Decreto Ad Gentes 5, se señala que Jesús, antes de ascender al cielo, estableció su Iglesia como un sacramento de salvación. Esta misma sobriedad en las referencias a la fundación de la Iglesia aparecen en el Catecismo de la Iglesia Católica, que destaca que la Iglesia está "fundada sobre las palabras y obras de Cristo" (n.778) y enfatiza el papel de los apóstoles como "piedras de fundación de la Iglesia" (n.642). La Comisión Teológica Internacional también se ha ocupado de la fundación de la Iglesia en dos documentos: "Temas selectos de eclesiología" (1984) y "La conciencia que Jesús tenía de sí mismo y de su misión" (1985).

Hechos Fundacionales de la Iglesia

2.2. "HECHOS FUNDACIONALES" DE LA IGLESIA El concepto de "fundación" es limitado para expresar el inicio de la Iglesia, ya que apunta a un acto externo y jurídico que no abarca completamente su dimensión de misterio. La investigación sobre la fundación de la Iglesia no consiste, por tanto, en la búsqueda de un acto formal y explícito de Jesús mediante el cual la Iglesia quedó constituida en su es- tructura y en sus rasgos fundamentales. Se debe hablar, más bien, de "actos de Cristo en orden con la fundación de la Iglesia" o "actos fundacionales de la Iglesia".

Mediante estos actos, se pone de manifiesto la intención, previsión y acción de Jesús sobre la Iglesia. Estos actos no pueden separarse, sin embargo, de los actos del Resucitado y de Juan Alonso @ EUNSA INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS RELIGIOSAS (ISCR) 3

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