El problema ético: distinción entre bien y mal, moralidad y libertad humana

Documento de Universidad sobre El Problema Ético. El Pdf aborda los fundamentos de la ética, analizando la distinción entre bien y mal, los criterios de moralidad y la relación entre intenciones y resultados. Incluye referencias a filósofos como Kant y Platón, y explora el concepto de libertad humana en Filosofía.

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41 páginas

Eje Temático 1
EL PROBLEMA ÉTICO
La Ética es, lo mismo que la Lógica, una materia filosófica. Pero a diferencia de ésta,
la Ética tiene un carácter eminentemente humano, o mejor, humanístico. Y la razón
es que los problemas propios de la Ética atañen a cada persona de un modo íntimo.
Cada uno puede sentirse hondamente implicado dentro de la solución de los temas
que aquí vamos a estudiar. Todo el mundo, al menos en su madurez, ha tenido que
plantearse estos problemas, ha tenido que buscarles una solución, y ha tenido que
adoptar vivencialmente una postura frente a ellos.
Por esto la Ética adquiere un interés primordial en la mentalidad de cada estudiante.
Llega un momento en que resulta imprescindible la solución a las cuestiones morales.
No sólo por curiosidad, sino por necesidad vital, cada persona juzga inaplazable la
respuesta satisfactoria a preguntas como las siguientes.
El problema de la diferencia entre lo bueno y lo malo.
¿Cómo se puede distinguir objetivamente lo bueno y lo malo?
Es decir, ¿qué diferencia objetiva existe entre un acto bueno y otro que se dice malo?
O, acaso, ¿no hay diferencia objetiva, y todo depende de las personas que juzgan
conforme a costumbres, educación, conveniencias o imposiciones? La solución de
este problema es capital en la vida de cada uno. Quien de veras estuviera convencido
de que todo es lo mismo y que no hay diferencia entre lo bueno y lo malo, seguramente
llevará a cabo una conducta muy diferente a la de aquella persona que esté
convencida de lo contrario. Y por supuesto, aun dentro de esta última posición todavía
hay muchas variantes, pues algunos juzgan lo bueno y lo malo de acuerdo con un
criterio que para otros resulta equivocado, o al menos insuficiente. De lo cual puede
inferirse un nuevo problema de la Ética, que plantearemos a continuación.
El problema de la norma de moralidad.
¿Cuál es el criterio correcto para juzgar el bien y el mal?
Podríamos señalar desde luego algunos de ellos, que de hecho se utilizan en la vida
diaria, para hacer notar enseguida la utilidad que prestan y la insuficiencia de que
adolecen ante ciertos casos prácticos. Por ejemplo: actuar conforme a la conciencia,
o bien de acuerdo con la propia utilidad, o la intuición del momento, etc.
Para algunos basta actuar conforme a las leyes. Actuar de acuerdo con la ley es aduar
bien, y por lo tanto ya no insisten más sobre este asunto. Desde luego que en la
mayoría de los casos este criterio es suficiente. Pero se les puede plantear la siguiente
pregunta: ¿con qué criterio se hacen buenas leyes? ¿O acaso todas las leyes son
buenas? Claro está que el criterio definitivo para juzgar lo bueno y lo malo debe ser
mucho más amplio que la adecuación con la ley. Hasta se podría objetar contra él
(como lo hizo Kant) que hay personas que cumplen la ley de tal manera que-su valor
moral deja mucho que desear; cumplen materialmente, pero su intención es torcida,
interesada, caen en un puro legalismo; en fin, carecen de valor moral. Como se puede
ver, el criterio de moralidad, el criterio verdaderamente apto para juzgar lo bueno y lo
malo, tiene que estar por encima de estas dificultades. Es, evidentemente, otro, y a su
debido tiempo quedará propuesto y discutido dentro de este libro. Por lo pronto lo que
interesa es el planteo del problema para que se note cómo es fácil caer en soluciones
inadecuadas, y cómo es necesario poseer una solución definitiva.
El problema del fin y los medios.
¿Basta la buena intención para actuar bien?
Hay infinidad de personas que así piensan. "Hagas lo que hagas aconsejan a los
demás, lo importante es que lo hagas con buena intención". Sobrevalorizan la buena
intención. Claro está que este grupo de personas ya piensa con mayor sentido moral
que aquellas otras que todo lo hacían consistir en la adecuación a la ley. Por lo pronto,
han notado que la moralidad tiene mucho que ver con el interior de la persona, con
sus intenciones o finalidades, con el secreto de sus propósitos. Pero han
sobrevalorizado este aspecto interno y han descuidado el aspecto externo del acto
que materialmente se está ejecutando. Como lo veremos a su debido tiempo, los dos
aspectos deben tomarse en cuenta.
En torno a este problema es cómo surge aquella famosa tesis de Maquiavelo que
decía: "El fin justifica los medios". Es una verdadera lástima que haya personas que
así piensen todavía. Este libro tiene la intención de refutar tesis tan falsas como la
anterior.
El problema de la validez universal de las normas morales.
¿Las normas morales son fijas o cambian con el tiempo?
He aquí uno de los mayores problemas de la Ética. Hasta en las cafeterías se discute
sobre este asunto; y no faltan algunos, aunque sea por esnobismo o por darse aires
de suficiencia, que inmediatamente lo resuelven en el sentido del relativismo moral,
es decir, "todas las normas morales son cuestión de costumbres o de necesidades
que van cambiando con el tiempo, con el lugar y con las personas. Cada uno debe
hacerse sus propias normas. No hay normas efectivamente universales; cada caso es
distinto al otro y, por lo tanto, no admite la misma regla de solución". El relativismo
moral ha sido muy socorrido en estos tiempos. Algunos llegan hasta el amoralismo,
que en la práctica se realiza como una completa indiferencia hacia toda norma moral.
El existencialismo es la bandera que han adoptado éstos para apoyarse en su vida
amoral. Pero ya estudiaremos a fondo el asunto para juzgar si tienen razón los que
pretenden desligarse de la moral y de sus normas invariables. También veremos si
efectivamente el existencialismo les concede la razón en esto.

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Eje Temático 1

El Problema Ético

La Ética es, lo mismo que la Lógica, una materia filosófica. Pero a diferencia de ésta, la Ética tiene un carácter eminentemente humano, o mejor, humanístico. Y la razón es que los problemas propios de la Ética atañen a cada persona de un modo íntimo. Cada uno puede sentirse hondamente implicado dentro de la solución de los temas que aquí vamos a estudiar. Todo el mundo, al menos en su madurez, ha tenido que plantearse estos problemas, ha tenido que buscarles una solución, y ha tenido que adoptar vivencialmente una postura frente a ellos.

Por esto la Ética adquiere un interés primordial en la mentalidad de cada estudiante. Llega un momento en que resulta imprescindible la solución a las cuestiones morales. No sólo por curiosidad, sino por necesidad vital, cada persona juzga inaplazable la respuesta satisfactoria a preguntas como las siguientes.

Diferencia entre lo bueno y lo malo

El problema de la diferencia entre lo bueno y lo malo. ¿Cómo se puede distinguir objetivamente lo bueno y lo malo? Es decir, ¿qué diferencia objetiva existe entre un acto bueno y otro que se dice malo? O, acaso, ¿no hay diferencia objetiva, y todo depende de las personas que juzgan conforme a costumbres, educación, conveniencias o imposiciones? La solución de este problema es capital en la vida de cada uno. Quien de veras estuviera convencido de que todo es lo mismo y que no hay diferencia entre lo bueno y lo malo, seguramente llevará a cabo una conducta muy diferente a la de aquella persona que esté convencida de lo contrario. Y por supuesto, aun dentro de esta última posición todavía hay muchas variantes, pues algunos juzgan lo bueno y lo malo de acuerdo con un criterio que para otros resulta equivocado, o al menos insuficiente. De lo cual puede inferirse un nuevo problema de la Ética, que plantearemos a continuación.

La norma de moralidad

El problema de la norma de moralidad. ¿Cuál es el criterio correcto para juzgar el bien y el mal? Podríamos señalar desde luego algunos de ellos, que de hecho se utilizan en la vida diaria, para hacer notar enseguida la utilidad que prestan y la insuficiencia de que adolecen ante ciertos casos prácticos. Por ejemplo: actuar conforme a la conciencia, o bien de acuerdo con la propia utilidad, o la intuición del momento, etc.

Para algunos basta actuar conforme a las leyes. Actuar de acuerdo con la ley es aduar bien, y por lo tanto ya no insisten más sobre este asunto. Desde luego que en la mayoría de los casos este criterio es suficiente. Pero se les puede plantear la siguiente pregunta: ¿ con qué criterio se hacen buenas leyes? ¿ O acaso todas las leyes son buenas? Claro está que el criterio definitivo para juzgar lo bueno y lo malo debe ser mucho más amplio que la adecuación con la ley. Hasta se podría objetar contra él (como lo hizo Kant) que hay personas que cumplen la ley de tal manera que-su valormoral deja mucho que desear; cumplen materialmente, pero su intención es torcida, interesada, caen en un puro legalismo; en fin, carecen de valor moral. Como se puede ver, el criterio de moralidad, el criterio verdaderamente apto para juzgar lo bueno y lo malo, tiene que estar por encima de estas dificultades. Es, evidentemente, otro, y a su debido tiempo quedará propuesto y discutido dentro de este libro. Por lo pronto lo que interesa es el planteo del problema para que se note cómo es fácil caer en soluciones inadecuadas, y cómo es necesario poseer una solución definitiva.

El fin y los medios

El problema del fin y los medios. ¿Basta la buena intención para actuar bien? Hay infinidad de personas que así piensan. "Hagas lo que hagas -aconsejan a los demás-, lo importante es que lo hagas con buena intención". Sobrevalorizan la buena intención. Claro está que este grupo de personas ya piensa con mayor sentido moral que aquellas otras que todo lo hacían consistir en la adecuación a la ley. Por lo pronto, han notado que la moralidad tiene mucho que ver con el interior de la persona, con sus intenciones o finalidades, con el secreto de sus propósitos. Pero han sobrevalorizado este aspecto interno y han descuidado el aspecto externo del acto que materialmente se está ejecutando. Como lo veremos a su debido tiempo, los dos aspectos deben tomarse en cuenta.

En torno a este problema es cómo surge aquella famosa tesis de Maquiavelo que decía: "El fin justifica los medios". Es una verdadera lástima que haya personas que así piensen todavía. Este libro tiene la intención de refutar tesis tan falsas como la anterior.

Validez universal de las normas morales

El problema de la validez universal de las normas morales. ¿Las normas morales son fijas o cambian con el tiempo? He aquí uno de los mayores problemas de la Ética. Hasta en las cafeterías se discute sobre este asunto; y no faltan algunos, aunque sea por esnobismo o por darse aires de suficiencia, que inmediatamente lo resuelven en el sentido del relativismo moral, es decir, "todas las normas morales son cuestión de costumbres o de necesidades que van cambiando con el tiempo, con el lugar y con las personas. Cada uno debe hacerse sus propias normas. No hay normas efectivamente universales; cada caso es distinto al otro y, por lo tanto, no admite la misma regla de solución". El relativismo moral ha sido muy socorrido en estos tiempos. Algunos llegan hasta el amoralismo, que en la práctica se realiza como una completa indiferencia hacia toda norma moral. El existencialismo es la bandera que han adoptado éstos para apoyarse en su vida amoral. Pero ya estudiaremos a fondo el asunto para juzgar si tienen razón los que pretenden desligarse de la moral y de sus normas invariables. También veremos si efectivamente el existencialismo les concede la razón en esto.

La obligación y la libertad

El problema de la obligación y la libertad. ¿Hay algunas leyes que efectivamente sean obligatorias en conciencia? y ¿en qué se fundamenta dicha obligación? La obligación, el "deber ser", es quizás el tema más típico de la Ética. Es un hecho del que todo el mundo tiene conciencia: el sentimiento de obligación. En nuestro interior percibimos la obligación, el deber, que nos impulsa en determinada dirección. Pero entonces surge el problema: ¿ tiene un fundamento dicho sentimiento de obligación? ¿No es, más bien, producto de la presión social o de la educación que nos han inculcado nuestros padres? ¿ No es un rebajamiento del hombre el decidirse a actuar influido por una obligación que se impone desde el exterior? ¿ No es acaso mucho más valiosa la conducta del hombre autónomo que no se somete a otros, sino sólo a sus propias decisiones?

Aquí está en juego el problema de la libertad, de la autenticidad de la propia conducta; en una palabra, lo que se considera como lo más íntimo y valioso en cada uno, su decisión libre y sin presiones, por la cual se va forjando la propia vida. Tal pareciera que la obligación moral le quita al hombre la única posibilidad de ser él mismo, de acuerdo con su propia mentalidad, de acuerdo con su propio criterio.

Y, sin embargo, no es así. Gano lo estudiaremos en un capítulo próximo, la obligación moral ha sido muy mal interpretada, y lejos de ser un obstáculo a la autenticidad y autonomía del hombre, es más bien su condición.

Filosofía

Definición de Filosofía

Etimológicamente la palabra filosofía viene de dos voces griegas, en una traducción excesivamente convencional, «amor a la sabiduría» o «afán por saber», donde la palabra sophía, en lugar de ser traducida como «sabiduría», término con connotaciones grandilocuentes, debe traducirse como «saber teórico», o, en palabras de Aristóteles, como «entendimiento y ciencia» (Diccionario de Filosofía Herder, 1998). Las palabras sophía y sophós en la primitiva literatura griega tenían un sentido más amplio significando toda clase de saber; de igual manera, philia que significa amor, aspiración, tendencia e investigar (Sanabria, 1999, pág. 19) o philos, el «amigo» o el «amante» de este saber intelectual puede entenderse, a la manera de Platón, como aplicado a aquel que desea o está ávido de saber (Diccionario de Filosofía Herder, 1998)

Concepciones Antiguas de la Filosofía

Según Martínez Huerta (2001, págs. 11-12) las concepciones antiguas de la filosofía pueden ser:

  • Es la ciencia que tiene por objeto el ser, Platón.
  • La ciencia que estudia las causas, Aristóteles.
  • Es saber con precisión y detalle qué es esto de los dioses, de los deseos y de las opiniones, Epicteto.
  • Es la ciencia de la verdad; mas no de cualquier verdad, o sea la que pertenece al primer principio por lo cual todo lo demás existe, Tomás de Aquino.

Concepciones Actuales de la Filosofía

El mismo autor señala que las concepciones actuales de la filosofía pueden ser:

  • Es el sondeo de lo racional, justamente es la aprehensión de lo presente y de lo real, y no la indagación de un más allá, que sabe Dios dónde estará, Hegel.
  • Es una autorreflexión del espíritu sobre su conducta valorativa teórica y práctica, y a la vez una aspiración al conocimiento de las últimas conexiones entre las cosas, a una concepción racional de universo, Hessen.
  • Es el extraordinario preguntar por lo extraordinario, Heidegger.

Se podría cerrar este apartado diciendo que la filosofía es "Históricamente, la invención - hecha por los griegos de las colonias jonias de Asia Menor, hacia el s. VI a.C., - de hacer frente con la reflexión racional a los problemas que les presentaba la naturaleza. La invención consistió -es la tesis de Karl R. Popper- en un cambio de actitud ante las afirmaciones tradicionales acerca del mundo y el lugar que ocupa el hombre en el mundo, sobre todo acerca de los orígenes de ambos, debido a profundas transformaciones sociales. De una actitud tradicional, conservadora y acrítica, basada en el mito, se pasa a una actitud nueva, innovadora y crítica, que se expresa mediante teorías sobre el mundo, al comienzo rudimentarias. Esta actitud llega a convertirse en la tradición de criticar teorías, de modo que la filosofía, primero, y luego la ciencia, queirá naciendo de aquélla, no son más que la actitud crítica del hombre ante las cosas - la naturaleza, el universo y él mismo-, tal como se ha desarrollado a lo largo de la historia" (Diccionario de Filosofía Herder, 1998)

En este ámbito aparecen los primeros modelos o sistemas morales, mismos que responden a una forma particular de concebir las cosas o de ver el mundo, entre ellos destacan el relativismo de los sofistas y el intelectualismo de Sócrates.

Filosofía y Ética

Durante mucho tiempo la ética fue concebida como un tratado de la filosofía, dicha concepción parte del hecho que hasta el siglo VI a.C., todo conocimiento acumulado por el hombre se insertaba en el campo de la filosofía, principalmente debido a la cantidad limitada de conocimiento racional que se poseía, "en este sentido, la filosofía se presentaba como un saber total que se ocupaba prácticamente de todo" (Ibarra Barrón, 1998, pág. 20), no obstante, con el tiempo ha sido evidente su concepción como una ciencia aparte.

En tiempos modernos, "la ética reclama, gracias a sus métodos de trabajo, disciplina, interacción con otras ciencias y sobre todo a las características de su objeto de estudio, independencia y autonomía con respecto a la filosofía" (Ibarra Barrón, 1998, pág. 20). La independencia y autonomía ha de entenderse de manera relativa, ya que la ética al igual que el resto de las ciencias que con el tiempo se desprendieron de la filosofía, vuelven a ésta para retroalimentarse.

De la misma manera que otras ciencias, la ética se nutre de principios, postulados y enunciados de muchas disciplinas sociales como son la antropología, la sociología y la psicología. Lo anterior en congruente con el principio de comunicabilidad de las ciencias acuñado por Descartes, donde los saberes de un campo del conocimiento se trasvasan a otros para completarse o robustecerse.

Origen Etimológico de la Ética

Origen etimológico de la ética. El término ética se deriva de la palabra griega "ethos", las acepciones históricas más comunes según Escobar Valenzuela (2001, pág. 22) son las siguientes:

  • "Lugar habitado por hombres y animales" (Homero)
  • "Lugar o morada". "La morada o ethos del hombre es el ser" (Heidegger)
  • "Fuente de vida de la que manan actos singulares" (Zenón de Citio)
  • "temperamento, carácter, hábito, modo de ser" (Aristóteles)

Para algunos, el vocablo ethos tiene un sentido mucho más amplio que el que se da a la palabra ética. Lo ético comprende la disposición del hombre en la vida, su carácter, costumbre y moral, tal y como puede extraerse de las anteriores acepciones. Se puede traducir como "el modo o forma de vida" en el sentido más profundo de su significado.

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