Documento de Universidad sobre Referentes y Definiciones Bloque 7. la Restauración Borbónica: Implantación y Afianzamiento de un Nuevo Sistema Político: 1874-1902. El Pdf, un documento de Historia, aborda el sistema canovista, la Constitución de 1876, el bipartidismo y el caciquismo, así como la oposición política y las transformaciones económicas y sociales del siglo XIX.
Ver más11 páginas


Visualiza gratis el PDF completo
Regístrate para acceder al documento completo y transformarlo con la IA.
(Práctica PAU imagen/texto)
Tras el pronunciamiento del general Martínez Campos Alfonso XII es proclamado rey en Sagunto el 29 de diciembre de 1874 y se establece una Regencia presidida por Cánovas hasta la llegada de Alfonso XII. Comienza así la Restauración Borbónica.
Los fundamentos políticos del sistema político de la Restauración ideado por Cánovas ("sistema canovista") consistían en: una monarquía constitucional, la constitución de 1876 y la alternancia pacífica en el poder con unos partidos de ideología liberal que aceptaran las reglas fijadas en la Constitución, el sistema liberal y la monarquía. Al mismo tiempo, el ejército debía quedarse en los cuarteles y cumplir el orden constitucional.
El objetivo de Cánovas era adaptar el régimen a la nueva realidad política mediante una monarquía constitucional y eliminar las decisiones más radicales del Sexenio.
Esto requería, en primer lugar, elaborar una nueva constitución de acuerdo a esos principios. La constitución de 1876, elaborada siguiendo las ideas de Cánovas, es un texto fundamentalmente conservador, inspirado en la Constitución de 1845, pero también recoge algunas libertades y derechos de 1869. Las principales características de la constitución de 1876 son:
Para poner en funcionamiento este sistema, y para evitar la fragmentación del voto, lo ideal era que hubiese un sistema bipartidista, siguiendo el modelo británico, del cual Cánovas era admirador. De acuerdo con esto, el Partido Conservador, liderado por Antonio Cánovas, y el Partido Liberal, de Práxedes Mateo Sagasta, debían alternarse pacíficamente (turnismo), cediendo el poder cuando perdiesen la confianza regia y parlamentaria, y respetando la obra legislativa del gobierno anterior Pero este modelo teórico de alternancia pacífica no se correspondió con la práctica política. Este sistema de turno pacífico entre los dos partidos solo se mantuvo gracias al falseamiento electoral continuado mediante el "encasillado" de diputados, dirigido desde el ministerio de Gobernación, y el entramado caciquil ("caciquismo") que se encargaba de conseguir los resultados electorales pactados mediante diversas estrategias desde los sobornos y compra de votos, la coacción, falsificación de actas 1y censos electorales, "resucitando muertos" o el popular "pucherazo" (introduciendo o quitando votos de la urna), etc.
Esa realidad caciquil de intercambio de favores (exención del servicio militar, de impuestos, licencias para construir, construcción de carreteras u otras infraestructuras para la localidad) por votos tenía mucha influencia en las zonas rurales pero escasa implantación en las grandes ciudades.
El sistema del turno de partidos se consolidó tras los Pactos de El Pardo (1885), acordando Cánovas y Sagasta alternarse pacíficamente para garantizar la estabilidad del Régimen.
(Práctica PAU imagen/texto)
Tras la derrota militar en 1876, el carlismo experimenta una división entre integristas (que rechazan el sistema liberal de la Restauración) y tradicionalistas (que aceptan participar en el sistema de la Restauración). Minoritario y dividido, durante la Restauración la defensa de la descentralización pasará a ser enarbolada por los movimientos nacionalistas.
La aparición de los nacionalismos y regionalismos periféricos se producirá a finales del s. XIX dentro de un fenómeno europeo general. Se iniciaron como movimientos de resurgimiento y reivindicación de la cultura propia, a favor del uso de su lengua, recuperación de las instituciones, tradiciones, leyes, literatura e historia.
Surgen en este momento movimientos que reivindican los derechos históricos de sus regiones, con especial fuerza en Cataluña y País Vasco, donde existía una diferenciación lingüística que cimentó el sentimiento nacional y una burguesía en la que arraigó la ideología nacionalista. Además, durante la Restauración se reforzó el centralismo y uniformidad (abolición de los fueros del País Vasco y Navarra) y se produjo la pérdida del imperio colonial en 1898, factores que orientaron hacia el nacionalismo a importantes sectores de la burguesía catalana y vasca.
Al igual que el carlismo, el republicanismo salió muy dañado y dividido tras el fracaso de la Primera República. No obstante, la implantación del sufragio universal masculino a partir de 1890 comenzará a dar importantes mayorías favorables a los republicanos en grandes ciudades libres de la influencia caciquil, como Valencia, Barcelona y Madrid.
En cuanto al obrerismo revolucionario, este movimiento se hallaba dividido en dos corrientes: la socialista o marxista, de escasa implantación hasta la creación del Partido Socialista Obrero Español (1879), y la anarquista. Esta tendencia última era contraria a la participación política se encontraba a su vez dividida entre los partidarios de la acción sindical y los que apostaron por el terrorismo. El anarquismo fue duramente reprimido en Cataluña y Andalucía por sus supuestos vínculos con atentados contra patronos y dirigentes políticos, como el asesinato de Cánovas del Castillo (1897).
(Pregunta larga PAU)
Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) se promovieron algunas reformas legales para limitar la jornada de mujeres y niños pero no se llegaron a aplicar. Además, en esos años se había implantado en España una sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), fundada en Londres en 1864. Gran parte de los obreros industriales y campesinos españoles se afiliaron a la AIT.
Las condiciones de vida de la clase obrera no habían mejorado sustancialmente en los inicios de la Restauración. Además, con la Restauración borbónica, el movimiento obrero pasó a la clandestinidad, se prohibieron las asociaciones sindicales y se mantuvo la censura de prensa que mantuvieron la acción sindical reducida al mínimo, pero influenciada por las dos corrientes dominantes en la AIT: los anarquistas bakuninistas y los socialistas marxistas.
Más adelante, el anarquismo se escindió en dos líneas: la anarcoterrorista (justifican la acción violenta, "la propaganda por el hecho" y realizarán numerosos atentados como los asesinatos contra Cánovas o Canalejas o el atentado contra Alfonso XIII), y la anarcosindicalista (en 1910 se creará la CNT -Confederación Nacional del Trabajo-, sindicato bien acogido entre el campesinado andaluz y los obreros catalanes).