Epoca Primordial: fenomeni climatici e transizione a sedentarietà nelle Ande

Pdf de Universidad sobre Epoca Primordial. El Material explora la transición de poblaciones nómadas a sedentarias, la introducción de la agricultura y la domesticación en las civilizaciones andinas. Este documento de Historia, apto para Universidad, detalla las condiciones que favorecieron el desarrollo de nuevas formas de vida y organización social.

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Época Primordial (7000-800 A. C.)

El territorio andino nace a miles de kilómetros de profundidad, en el fondo del mar, sin un punto «cero» en la unión con sus continentes vecinos y con fuertes desigualdades en sus relieves submarinos. Hay ríos y volcanes, igual a todo lo que vemos en la cordillera que emerge hasta 7000 metros encima de la superficie terrestre. Si bien solo desde hace unos pocos años estamos conociendo esto desde la ciencia, todavía no tomamos conciencia de que gran parte de lo que ocurre aquí en la tierra, en realidad, se origina en nuestra sección marítima.

Existen eventos con efectos traumáticos en la superficie, tales como El Niño, que tiene que ver con el desplazamiento de los ríos o corrientes marinas que vienen de la zona antártica y se mueven de sur a norte frente a las costas meridionales del Asia y América del Sur, en los océanos índico y Pacífico. Asimismo, a la altura de la banda ecuatorial, otra corriente se desplaza de oeste a este, entre Asia y América. Una es de aguas frías nacidas en el Antártico y la otra, de aguas cálidas propias del Ecuador, donde el sol cae verticalmente durante todo el año. Estas corrientes tienen una serie de fluctuaciones en su desplazamiento anual, y les toca una suerte de cruce frente al Ecuador, alrededor del solsticio de diciembre, cuando se inicia el verano en el hemisferio sur y el invierno, en el norte.

Condición Normal y Fenómeno del Niño

CONDICIOKRO NORMALEA Movimento convective Ferradina 60FENÓMENO DEL FIRO Convección incrementada Tro

Se reconoce entonces un fenómeno bautizado como ENSO (El Niño Southern Oscilation), que viene acompañado de alteraciones de diversa magnitud en Suramérica, especialmente en el Perú y Chile, por cuyas costas corren las aguas frías y, en Ecuador, donde se produce el encuentro de las aguas. Hay sequías, diluvios, incendios forestales, terremotos, erupciones volcánicas y otros eventos que, en varios casos, han implicado la desaparición de pueblos íntegros.

Al fenómeno se lo conoce como El Niño, por coincidir con la Natividad cristiana.

Si bien el evento se preserta siempre en el solsticio de verano, su frecuencia es aleatoria, de modo que pueden pasar varios años sin que se produzca. Los pescadores percibian su presencia debido a los cambios en la fauna marina, y, de esa manera, programaban sus acciones en los meses futuros. Más tarde, esas predicciones fueron trasladadas a los planes agrícolas y a las actividades sociales en su conjunto, y juegan un papel notable en los espacios religiosos, políticos y, desde luego, económicos de todo el centro andino.

Transición de Nómades a Sedentarios

En esta época, se produjo el tránsito de los nómades cazadores- recolectores a la de los sedentarios agricultores, lo que ocurrió al inicio del Holoceno, entre los años 8000 a 6000 a. C. La época comprende los períodos Arcaico (Inferior y Superior) y Formativo Inicial, entre los años 6000 y 800 a. C., lo que abarca unos siete milenios. Esta etapa se caracteriza por la intervención del ser humano sobre el medio ambiente, como parte de la domesticación de plantas y animales, para crear opciones diferentes de las naturales y lograr su habitabilidad.

Las alteraciones introducidas afectaron significativamente la conducta de los pobladores, pues el manejo de las condiciones mediales obligó a nuevas formas de vida, con tendencia al sedentarismo. Muy pronto, se descubrió la posibilidad de producir objetos de cerámica, hacia el octavo milenio anterior a nuestra era cerca de la boca del Amazonas, en el nordeste brasileño. Los indicios conocidos tienden a apoyar la vieja tesis de Agustín Pyrame de 61Candolle y H. Spinden, que asumieron Julio C. Tello y Donald Lathrap, quienes sugerían que las plantas macrotérmicas se domesticaron como parte de un proceso de recolecta selectiva cerca del cauce de los ríos. Entre las plantas sugeridas, se encontrarían la yuca o mandioca (Manihot utilissima, M. esculenta), el camote o boniato (Ipomoea batatas) y el maní (Arachis hypogaea), cuyo origen tropical es del todo probable, pero su consecuencia difusionista ha perdido fuerza a raíz del descubrimiento de largas secuencias que dan cuenta de que el proceso de «neolitización» es anterior y con plantas de ecosistemas diversos.

Cambios Holocénicos y Domesticación Animal

En la cordillera, los cambios holocénicos fueron considerables, debido, sobre todo, al movimiento de los glaciares, cuyos límites de avance alcanzaban a gran parte de las sierras encima de los 3800 m de altitud, lo que implicaba que muchas de las zonas favorables a la agricultura de productos microtérmicos no daban acceso a plantas adecuadas para la alimentación - como los tubérculos que durante el Holoceno se convirtieron en la fuente principal para la subsistencia- en los nuevos ambientes esteparios de la puna y el suni, que son paisajes que favorecieron, además, el crecimiento de la población de camélidos, cérvidos y otros mamíferos de altura.

Esas condiciones, en el Cenolítico, hicieron posible la formación de bandas de cazadores especializados en la producción de instrumentos para la cacería de guanacos y vicuñas o de los avestruces andinos, llamados zuri o ñandú. Durante el Arcaico, los conocimientos de los cazadores sobre la vida y costumbres de algunos de estos animales, especialmente de los camélidos, hizo posible su domesticación.

Neolitización Andina y Civilización

Hay material suficiente para establecer la secuencia de estos eventos en Junín, Ayacucho y Lima desde el Cenolítico y aún el Arqueolítico, hasta el Arcaico y el Formativo, dando prueba de la continuidad de los procesos que indican que la «neolitización» andina fue nativa y no importada. Ese proceso fue igual a los que se dieron en Mesoamérica, Mesopotamia, Egipto, India y China, hasta llegar a la civilización, cuya característica principal reside en que el núcleo de vivienda de la población -segregada en clases- está en unidades mayores de concentración, en ciudades, que alojan un régimen de vida regulado por el Estado.

Hubo otros procesos diferentes en otras regiones, con resultados muy diversos, con poblaciones que se mantuvieron estabilizadas en alguna de las formas de vida registradas en esta época «primordial» o aún antes, según las condiciones mediales o históricas que les tocó enfrentar. Algunos, como los habitantes de los desiertos del Kalahari, en el sur del África, o los fueguinos del borde meridional de Suramérica, mantuvieron formas de vida homologas a las de los cazadores-recolectores que llegaron inicialmente a nuestro territorio y, debido a los límites y condiciones del medio, tuvieron y aún tienen dificultades de cambio en dirección distinta de las que definen la vida 62en bandas de volumen limitado y vida nómade. Otros lograron superar esta condición mediante la domesticación de plantas o el manejo humano de cierto tipo de animales -y también modificó el medio en estos casos -. Esta se fijó como forma adecuada de vida, manteniendo a sus pobladores en la forma «neolítica» de vida, con las peculiaridades que sus particulares historias les agregaron o definieron.

Muy pocos, como los ya mencionados, ingresaron a la vida en ciudades y su organización social en estados, entre ellos los habitantes de los Andes centrales, rodeados, por todos sus frentes, por aldeanos de distinta forma de ser. Hay evidencia clara, además, de que todos estaban, de una u otra forma, conectados y con intercambio importante de costumbres y logros. Es importante destacar que eso no implicó cambios sistémicos desde ninguno de los lados, de modo que la historia de los pueblos siempre mantuvo su propia dirección, con cambios derivados de sus propias experiencias y condiciones, a menos que se impusieran por la fuerza, mediante invasiones de distinto tipo o conquistas.

Períodos Arcaico Inferior y Superior

El primer período de esta época es el Arcaico Inferior, que es una etapa de intensificación de las actividades de caza y recolección que se practicaban durante el Cenolítico, en el cual el cambio más significativo fue la posibilidad de concentrar a las plantas o animales en áreas definibles, con bandas de cazadores en agrupaciones compactas, en abrigos rocosos para organizar viviendas próximas a zonas de apropiación de animales y plantas. Estos asentamientos son la base sobre la cual se formaron aldeas en lugares adecuados para vivienda. Aún no hay mucha información sobre asentamientos en esta época, pero ya existen indicios de que, en algunos lugares, comenzaban a diferenciarse edificios destinados al culto.

Durante el siguiente período, el Arcaico Superior, la recolección selectiva cedió paso a la agricultura, tanto en la sierra como en la costa, aunque es probable que, en la selva, los pobladores se trasladaran a asentamientos abiertos, y formaran caseríos y aldeas de cinco a treinta unidades domésticas, cerca de los campos de cultivo o de las caletas de pesca o zonas de caza favorable, con una alternativa de vida de definida vocación sedentaria, del tipo tribal, que es la manera de vivir que se registra en las aldeas.

Desarrollo Agrícola y Cerámica

Las diferencias en los asentamientos se comenzaron a percibir en términos de su acceso a tierras, cultivables y con agua para el riego y el consumo humano. En esas condiciones, llegó la cerámica y se convirtió en fuente liberadora de acceso al agua, pues permitía transportarla y mantenerla fresca para el riego o su consumo. Allí se iniciaron las obras de drenaje y riego, aprovechando los campos cercanos a afloramientos de agua (puquios) o los «jagüeyes» o humedales formados por la resurgencia de la capa freática.

En la costa, esta forma incipiente de agricultura contó con apoyo en productos del mar, a tal grado que, en muchos lugares, el abastecimiento 63marino era suficiente para cubrir la demanda alimenticia, con un plus capaz de permitir el intercambio marítimo con bienes escasos o inexistentes en la región. Eso hacía que la población aumentara lo suficiente como para mantener una mano de obra creciente que apoyara obras de intensificación en el campo agrícola y en la habilitación de los poblados. Estas condiciones permiten explicar el éxito de algunos valles de la costa central del Perú, en donde, como en Supe y los valles vecinos, el Arcaico Superior logró superar las expectativas logradas y dio lugar a una verdadera revolución neolítica, tal como lo demuestran los estudios de Ruth Shady y su equipo en Caral y varios sitios de ese valle y sus vecinos.

Procesos Similares en Huánuco y Serranías

Pero, dentro de este mismo período, en Huánuco y las serranías próximas, se daban procesos similares, aunque con otras formas y condiciones -en las que, desde luego, debe tener un papel destacado la floresta amazónica vecina -.

La misión japonesa, que trabajó en esa zona desde la década de 1960, encontró la fase «Kotosh-Mito», que ofrece adelantos semejantes que se refieren al establecimiento de centros ceremoniales compactos, con arquitectura pública de gran envergadura y un alto desarrollo en el manejo de los recursos a su alcance. Todo indica que son procesos independientes de gestión y manejo del medio, como parte de la domesticación de plantas, con recursos y procedimientos propios y diferentes.

Desarrollo Pacífico y Fortificaciones

Todo indica que estos procesos se dieron en condiciones pacíficas, de modo que, a diferencia de los «neolíticos» de otras áreas del mundo, especialmente los de Europa, no se identifican con avances en la tecnología de la guerra, como en Europa, China o Japón, donde se mide el avance de los pueblos por el mejoramiento de su industria bélica, pues se trata de una «nueva» época en el dominio de los instrumentos de guerra. No fue la guerra una prioridad en nuestro medio, aun cuando eso no significa que, en esta época, no existieran evidencias de conflictos que exigieron el desarrollo de recursos bélicos tales como las fortificaciones para proteger los asentamientos.

Durante el Arcaico, pero sobre todo en el Formativo, se conocen «fuertes» construidos en las cumbres de los cerros que están en los límites de 64

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