Diapositivas sobre los fundamentos de la sociedad liberal. El Pdf, de nivel universitario y enfocado en Filosofía, explora el Estado Liberal, el liberalismo económico y democrático, incluyendo las contribuciones de Hobbes y John Stuart Mill, y el debate entre "vida buena" y "vida plena".
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1. El Estado Liberal. La evolución de la tradición liberal aportará nuevos contenidos a lo que constituye el problema de las razones de la creación del poder político (sobre todo, la preservación de los derechos invividuales), pero no se alejará en exceso de la cuestión de la legitimidad, ni de los presupuestos individualistas propuestos por Hobbes: un contrato social. En Hobbes, la justificación trascendente del Estado, propia de la tradición medieval, deja definitivamente paso a una justificación inmanente. El Estado no aparece ya como una forma política natural o divina en su origen, orientada retóricamente a la consecución de objetivos generales de justicia, sino más bien como una maquinaria técnica que cumple con un conjunto de funciones que tratan de asegurar un orden civil pacífico.
Será John Locke quien proceda al reconocimiento de la existencia de todo un conjunto de derechos fundamentales de la persona, que todavía se justifican recurriendo al derecho natural, y que son el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad o posesión de bienes. Se trata de derechos que cabe entender como anteriores a la constitución de la sociedad y del Estado En consecuencia, deben ser respetados por este; rigen así con independencia de la existencia del Estado, y sólo pueden eliminarse o restringirse con el consentimiento de sus titulares.
Así, el origen de la sociedad civil y del Estado se concibe como el producto de un doble pacto o contrato: (a) un contrato social, que no crea aún la sociedad política, sino que une a las personas en una comunidad que se arroga el poder constituyente; (b) y otro sucesivo, de carácter político, mediante el cual esta comunidad entrega el ejercicio de ese poder constituyente a determinados representantes, a los que se vincula mediante una relación de confianza. Este contrato social, evidentemente, no es un acontecimiento histórico ni una ceremonia que deba llevarse a cabo en el presente, sino una metaforización, un recurso contrafáctico de tipo hipotético y condicional, que sirve a Locke para fundamentar su teoría de la obligación política.
Bien, el Estado producto del descrito contrato social no sólo nace por consentimiento de los ciudadanos, sino que será un Estado limitado al ejercicio de las funciones antemencionadas. De forma que no sólo existe una limitación de los fines del gobierno, sino también una correlativa restricción de sus poderes efectivos, con objeto de evitar sus posibles excesos.
Se limitan los poderes del Estado a la realización de determinados fines específicos -a saber, protección de la vida, libertad y salud de los ciudadanos. Esto equivale a privar al Estado de cualquier legitimidad en lo relativo a la promoción de la vida buena, o imposición desde los poderes públicos de cualquier doctrina religiosa u otra concepción del bien. Locke da así un paso de gigante hacia la teorización de la neutralidad del Estado, en lo referente a la libertad de los ciudadanos para elegir la religión que les plazca o sostener su propio plan de vida, así como el ejercicio de otras libertades de pensamiento.
La consideración de la religión como actividad privada neutraliza su potencial conflictivo en el marco de la política -algo en contraste con la realidad de su época pero pública y generalmente reconocido, poco después, en los Estados Unidos. Asimismo, el esquema de la tolerancia religiosa saca destacadamente a la luz uno de los rasgos más característicos del liberalismo: su escepticismo hacia la creencia en dogmas o doctrinas que deban recibir un apoyo o impulso público, así como el correlativo reconocimiento institucional, vía esa neutralidad, del pluralismo propio de una sociedad diferenciada, abierta y diversa.
También va a tener un efecto decisivo sobre toda la organización del Estado liberal el sistema de controles a la acción del gobierno elaborado por Locke. Siendo el objeto fundamental de la acción política la preservación de los derechos individuales, es necesario establecer todo un sistema de organización institucional que impida posibles excesos en el ejercicio de esas funciones.
2.2. El liberalismo económico. También aquí es preciso referirse, como ocurre en los ámbitos de la moral y de la política, al cambio de perspectiva que introduce el liberalismo respecto del orden que le precede. El productor medieval estaba sometido a numerosas limitaciones de signo ético, que sumar a las estrictamente estamentales y a las derivadas de la organización gremial, que daban forma a todos los aspectos de su actividad: tiempo de trabajo, calidad de la producción, métodos de venta, tipo de beneficio, espíritu de competencia.
Predominaba una concepción comunitaria de la riqueza, que paulatinamente deja paso a una más puramente individualista, que comienza a reestructurar las relaciones comerciales y económicas entre las personas. La búsqueda de la riqueza va a convertirse en un fin en sí mismo, a medida que la sanción religiosa deja paso a una sanción exclusivamente utilitaria, dirigida a satisfacer las necesidades individuales. Esto constituye la precondición necesaria para el paso de una economía de subsistencia, propia de la sociedad tradicional o estamental, a una economía dinámica de mercado, informada por el principio de la producción sin barreras más allá de lo local.
La nueva "sociedad comercial", de la que hablan los teóricos de la época, desplaza así la moral cristiana tradicional y refuerza la verosimilitud de los supuestos utilitarios de conducta avanzados en la teoría política del siglo XVII. Este nuevo impulso va a asociarse de modo lógico a la idea de libertad y a los nuevos proyectos de reforma política, porque sus fines de reestructuración de la sociedad tradicional coinciden con el programa de transformación de quienes aspiran a mayores grados de tolerancia para su credo religioso o la reforma de las instituciones políticas.
La uniformización medieval, que tiene su fundamento en una visión religiosa de la vida humana, demanda la congruencia entre política, derecho y moral. Frente a esto, los procesos de diferenciación social que introduce el proceso de modernización dan lugar a eso que Weber llamaría agudamente "esferas de valor" autónomas: derecho, moral, política, economía tienen lógicas propias y no se dejan englobar en concepciones unitarias y rígidas del mundo. Nace la moderna sociedad compleja