HMU 7. La Iglesia y sus instituciones en la Plena Edad Media

Documento de la Universidad de Burgos sobre HMU 7. La Iglesia y sus instituciones. El Pdf, un apunte de Historia para Universidad, explora las reformas benedictinas, cluniacenses y gregorianas, así como las Cruzadas de los siglos XII-XIII, ofreciendo un marco detallado de las transformaciones religiosas y sociales de la época.

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Tema 7. La Iglesia y sus instituciones en la Plena Edad
Media: los monasterios y las catedrales
La cultura medieval responde a un modelo general de impregnación
eclesiástica en todas sus expresiones. La religión no sólo era una cuestión de
espiritualidad personal, sino que también tenía una importantísima función social.
A lo largo del medievo surgirán un sinfín de tendencias heterodoxas algunas
condenadas y perseguidas como herejías, otras toleradas por la ortodoxia e
incluso influyentes- y nos resulta imposible analizarlas todas aquí de manera
pormenorizada. Por lo tanto, en este capitulo nos centraremos el eje más
significativo para entender los cambios que tuvieron lugar no sólo en la iglesia
medieval sino en la sociedad en general: la reforma cluniacense-gregoriana.
En los siglos altomedievales la Iglesia conoció una situación de
supeditación a los poderes políticos que no era sino una herencia del periodo
tardo-imperial, en la medida en que respondía a un marco de protección por parte
del Estado que se concretaba en la existencia de unos obispados que, residiendo
en las ciudades, estaban estrechamente sujetos a la autoridad de los
emperadores romanos y posteriormente de los titulares de los reinos germánicos.
En el periodo plenomedieval, en cambio, veremos cómo esta relación entre la
iglesia y los poderes civiles se transforma, y hasta cierto punto se invierte.
Y dentro de la iglesia también se producen cambios importantes. Si
durante el altomedievo la institución religiosa de mayor relieve era sin duda el
monasterio -y se aprecia claramente en nuestro entorno donde los abades de los
grandes monasterios como San Millán de la Cogolla o San Salvador de Leire,
ostentaban a la vez la dignidad de obispos de Nájera y Pamplona,
respectivamente- a lo largo del plenomedievo veremos cómo esto cambia y como
se reafirma el clero secular, entrando en conflicto en repetidas ocasiones con los
monasterios para recuperar derechos parroquiales usurpados por éstos.
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Paradójicamente, serán los propios monjes quienes, a principios del periodo, y
todavía en un contexto histórico en el que los obispados se hallan supeditados a
los poderes políticos y la autoridad del papado sobre los mismos es puramente
nominal, se erigirán en «punta de lanza» de una reforma de la Iglesia que no sólo
mira a los aspectos espirituales, sino que alberga también un programa de
homogeneización cultural y social de la Cristiandad en su conjunto.
1. Las reformas: benedictinas, cluniacenses y gregorianas
Desde el siglo II, en tierras de Siria y Egipto surgió un modelo de vida
religiosa que aspiraba a constituirse en una nueva alternativa con respecto al
«oficial». Este modelo de vida religiosa liderado por los monasterios va a tener
como ámbito de desarrollo el medio rural. San Benito (Benedictus) de Nursia
(480-543) elaboró una Regla de vida para las comunidades monásticas que se
conoce con el nombre de Regla Benedictina, cuyo lema tradicional era el ora et
labora (rezo y trabajo). Siglos después, la Regla Benedictina sería adaptada a
las nuevas circunstancias por un ‘Segundo Benedicto’, Benito de Aniano (750-
821), y con el patrocinio regio de Luis el Piadoso (778-840), se instaura como el
modelo hegemónico de vida para las comunidades de monjes hasta el siglo XII.
El ejemplo más importante de este monacato reformado y a la vez
reformador se da en el 910 cuando el duque Guillermo de Aquitania funda la
abadía de Cluny (en Borgoña). Frente al modelo tradicional de monasterio
sometido a la doble tutela de los príncipes seculares y de los obispos diocesanos,
la abadía de Cluny quedará sometida directamente a la Santa Sede, quedando
exenta por tanto, de la jurisdicción episcopal, y con libertad para elegir abad entre
y por los monjes, ajeno, por ello, a toda injerencia laica. A partir de este momento
se desarrollará el «programa» de reforma bajo la tutela de la congregación
cluniacense, que impulsará la expansión por Europa de la Regla Benedictina
desde este momento, una expansión que se concretará en la adopción de la
misma por la mayoría de los monasterios existentes y por los que se crean ex
novo.
En la misma línea de separación de poderes, el siglo XI contemplará un
proceso que es conocido como la Reforma Gregoriana, así llamada porque su

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HMU 7. La Iglesia y sus instituciones

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Tema 7. La Iglesia y sus instituciones en la Plena Edad Media: los monasterios y las catedrales

La cultura medieval responde a un modelo general de impregnación eclesiástica en todas sus expresiones. La religión no sólo era una cuestión de espiritualidad personal, sino que también tenía una importantísima función social. A lo largo del medievo surgirán un sinfín de tendencias heterodoxas algunas condenadas y perseguidas como herejías, otras toleradas por la ortodoxia e incluso influyentes- y nos resulta imposible analizarlas todas aquí de manera pormenorizada. Por lo tanto, en este capitulo nos centraremos el eje más significativo para entender los cambios que tuvieron lugar no sólo en la iglesia medieval sino en la sociedad en general: la reforma cluniacense-gregoriana.

En los siglos altomedievales la Iglesia conoció una situación de supeditación a los poderes políticos que no era sino una herencia del periodo tardo-imperial, en la medida en que respondía a un marco de protección por parte del Estado que se concretaba en la existencia de unos obispados que, residiendo en las ciudades, estaban estrechamente sujetos a la autoridad de los emperadores romanos y posteriormente de los titulares de los reinos germánicos. En el periodo plenomedieval, en cambio, veremos cómo esta relación entre la iglesia y los poderes civiles se transforma, y hasta cierto punto se invierte.

Y dentro de la iglesia también se producen cambios importantes. Si durante el altomedievo la institución religiosa de mayor relieve era sin duda el monasterio -y se aprecia claramente en nuestro entorno donde los abades de los grandes monasterios como San Millán de la Cogolla o San Salvador de Leire, ostentaban a la vez la dignidad de obispos de Nájera y Pamplona, respectivamente- a lo largo del plenomedievo veremos cómo esto cambia y como se reafirma el clero secular, entrando en conflicto en repetidas ocasiones con los monasterios para recuperar derechos parroquiales usurpados por éstos.

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Paradójicamente, serán los propios monjes quienes, a principios del periodo, y todavía en un contexto histórico en el que los obispados se hallan supeditados a los poderes políticos y la autoridad del papado sobre los mismos es puramente nominal, se erigirán en «punta de lanza» de una reforma de la Iglesia que no sólo mira a los aspectos espirituales, sino que alberga también un programa de homogeneización cultural y social de la Cristiandad en su conjunto.

Las reformas: benedictinas, cluniacenses y gregorianas

Desde el siglo II, en tierras de Siria y Egipto surgió un modelo de vida religiosa que aspiraba a constituirse en una nueva alternativa con respecto al «oficial». Este modelo de vida religiosa liderado por los monasterios va a tener como ámbito de desarrollo el medio rural. San Benito (Benedictus) de Nursia (480-543) elaboró una Regla de vida para las comunidades monásticas que se conoce con el nombre de Regla Benedictina, cuyo lema tradicional era el ora et labora (rezo y trabajo). Siglos después, la Regla Benedictina sería adaptada a las nuevas circunstancias por un 'Segundo Benedicto', Benito de Aniano (750- 821), y con el patrocinio regio de Luis el Piadoso (778-840), se instaura como el modelo hegemónico de vida para las comunidades de monjes hasta el siglo XII.

El ejemplo más importante de este monacato reformado y a la vez reformador se da en el 910 cuando el duque Guillermo de Aquitania funda la abadía de Cluny (en Borgoña). Frente al modelo tradicional de monasterio sometido a la doble tutela de los príncipes seculares y de los obispos diocesanos, la abadía de Cluny quedará sometida directamente a la Santa Sede, quedando exenta por tanto, de la jurisdicción episcopal, y con libertad para elegir abad entre y por los monjes, ajeno, por ello, a toda injerencia laica. A partir de este momento se desarrollará el «programa» de reforma bajo la tutela de la congregación cluniacense, que impulsará la expansión por Europa de la Regla Benedictina desde este momento, una expansión que se concretará en la adopción de la misma por la mayoría de los monasterios existentes y por los que se crean ex novo.

En la misma línea de separación de poderes, el siglo XI contemplará un proceso que es conocido como la Reforma Gregoriana, así llamada porque su

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impulsor más significativo será el papa Gregorio VII, quien no casualmente había sido antes un monje cluniacense (llamado Hildebrando): y es que los cluniacenses no sólo impulsaron la reforma monástica, sino la de la Iglesia en general, en un momento en que ésta se hallaba en una situación de notoria supeditación al poder político heredada de la tardo-antigüedad. Gregorio VII, además de promover la restauración de la disciplina interna de la Iglesia bajo la autoridad papal, mantendrá una dura pugna con el emperador de Alemania Enrique IV en relación con la investidura y el nombramiento de los obispos en el ámbito imperial, una pugna tradicionalmente conocida como Querella de las Investiduras. El conflicto resultante tendría como consecuencia la excomulgación del emperador, el apoyo de este para un papa alternativo (Clemente III), el saqueo de Roma, el destierro de Gregorio VII y una situación de auténtica guerra civil entre Italia y Alemania.

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El antipapa Clemente III (arriba en el centro) y el emperador Enrique IV (arriba a la izquierda) expulsan a Gregorio VII. Abajo se representa la muerte de Gregorio VII. La imagen está tomada del códice Jenesis Bose q.6 (1157).

Lo que pretendía Gregorio VII no era otra cosa sino lograr la independencia de la Iglesia de la tutela de los poderes laicos y el reconocimiento por éstos de la superioridad papal sobre los titulares del poder político, una pretensión que quedará plasmada en el Dictatus papae (1075), una suerte de ideario político religioso, cuyos principios serán matizados posteriormente. Las reivindicaciones papales ante los emperadores no se resolverían hasta la firma

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del Concordato de Worms (1122), que supondría el reconocimiento por los emperadores de la autonomía espiritual y jerárquica de la Iglesia en un grado mucho mayor al conocido hasta entonces, aunque sin que llegar a cumplir las pretensiones maximalistas de Gregorio VII.

Este proceso de «separación» de la Iglesia de la tutela del Estado y de los poderes señoriales laicos no implicará la renuncia por parte de la iglesia a los bienes terrenales, pero a partir de este momento tendrá lugar una redefinición de su uso y función social. Es más, las pretensiones papales de potenciación del clero secular encontrarán un firme apoyo en los reyes y en los más altos príncipes de la cristiandad, como se aprecia en su política de generosidad a la hora de dotar o mejorar los patrimonios de las sedes episcopales, asimiladas en su composición y envergadura a las de los monasterios benedictinos más solventes. Por consiguiente, para aquellos titulares del poder civil, los clérigos eran mucho más útiles que los monjes: estaban mejor adaptados a las condiciones generales del desarrollo, más próximos a la sociedad. Esto explica que en el siglo XII, el clero secular llegó a ser, igual que la caballería, el principal auxiliar del poder temporal.

Esta ayuda del clero secular a los poderes laicos se manifiesta mediante tres vías diferentes: a través de la exhortación moral, garantía del mantenimiento del orden público; mediante la ayuda en la gestión de los intereses públicos, para lo cual los clérigos estaban mejor capacitados que nadie por sus conocimientos escriturarios y administrativos; y por su decidida contribución a la recuperación y elaboración de una teoría del poder y de una praxis organizativa de tendencia centralizadora, cuyos postulados favorecían la consolidación del poder del príncipe. Tanto la expansión urbana como el reforzamiento de la autoridad de los más grandes señores permitieron situar al episcopado en un primer plano, devolviendo a los clérigos un papel de primer orden en el desarrollo de la cultura. Estimulados tanto el uno como el otro por el crecimiento económico, el renacimiento del Estado y del clero se respaldaban y reconfortaban mutuamente.

Así la reforma cluniacense llegó a la formulación de toda una doctrina renovadora del orden social: la ideología de los Tres Órdenes de Adalberón de Laon:

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... "la Ciudad de Dios, que se tiene por una sola, está dividida en tres Órdenes: unos oran, otros combaten y otros trabajan. Estos tres Órdenes viven juntos y no soportarían una separación. Los servicios de cada uno de ellos permiten los trabajos de los otros dos. Cada uno, alternativamente, presta su apoyo a todos. En tanto prevaleció esta ley, el mundo gozó de paz. [En la actualidad] las leyes se debilitan y ya desapareció la paz. Los hábitos de los hombres cambian, como cambia también la división de la sociedad".

Esta ideología atribuye a cada uno de los diversos grupos que conforman la sociedad medieval funciones específicas. En primer lugar, los oratores, dedicados a velar por la observancia de los dictados evangélicos por parte del conjunto de la sociedad; los bellatores, que garantizan, mediante la fuerza armada, el orden político y social; y los laboratores, sometidos al designio de trabajar para mantenerse a sí mismos y a los otros dos estamentos. Esta ideología encubre en realidad una situación en la que los laboratores -los campesinos- se hallan supeditados a una clase señorial que vive a su costa y que está formada tanto por los bellatores como por los oratores, que se presentan así, no como sendos integrantes del grupo de los señores, sino como dos colectivos netamente diferenciados entre sí por la función que realizan.

Feudal society in three tiers

  • Oratores Those who pray, clergy
  • Bellatores Those who fight, nobles
  • About 80% of the population Laboratores Those who work, peasants

Es así como se consolida y extiende por las campiñas agrícolas occidentales del siglo XI un esquema trifuncional, cristalizado en la teoría sociológica de los tres órdenes. En este supuesto imaginario, la armonía y los

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