Documento de la Universidad de Navarra sobre Teología Fundamental: La Transmisión de la Revelación. El Pdf explora la transmisión de la revelación cristiana, la tradición apostólica y la relación entre Escritura y Tradición, siendo un recurso útil para estudiantes universitarios de Religión.
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Consideramos ahora la transmisión de la revelación cristiana, es decir, su conser-vación y propagación en el tiempo. El modo en que la revelación se transmite responde a un plan inscrito en el mismo designio revelador de Dios, en el que los Doce apóstoles y toda la Iglesia desempeñan un papel fundamental por la acción del Espíritu Santo. Al hilo de la constitución dogmática Dei Verbum 7-10, estudiamos el papel de los apóstoles (DV 7) en la transmisión de la revelación, así como la función de la tradición, la Escritura y el magisterio (DV 8-10), sin pretender ofrecer una visión completa y exhaustiva de estas cuestiones.
Conviene hacer una lectura atenta de los nn. 7-10 de Dei Verbum, y del Catecismo de la Iglesia Católica, 74-141 (especialmente nn. 74-95).
Dios quiso que su revelación salvífica llegase a los hombres y mujeres de todos los tiempos, por lo que dispuso benignamente "que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las genera-ciones" (DV 7). Esta disposición divina está ligada a la importante noción de tradición.
La tradición consiste en la transmisión de los bienes de la salvación que, con la fuerza del Espíritu Santo, hace de la Iglesia la actualización permanente de la comunión originaria. La llamamos tradición apostólica "porque surgió del testimonio de los apóstoles y de la comunidad de los discípulos en el tiempo de los orígenes, fue recogida por inspira-ción del Espíritu Santo en los escritos del Nuevo Testamento y en la vida sacramental, en la vida de la fe, y a ella ( ... ) la Iglesia hace referencia continuamente como a su fun-damento y a su norma a través de la sucesión ininterrumpida del ministerio apostólico ( ... ). Esta permanente actualización de la presencia activa de nuestro Señor Jesucristo en su pueblo, obrada por el Espíritu Santo y expresada en la Iglesia a través del mi-nisterio apostólico y la comunión fraterna, es lo que en sentido teológico se entiende con el término tradición ( ... ). La tradición no es transmisión de cosas o de palabras muertas: "es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes. El gran río que nos lleva al puerto de la eternidad" (Bene-dicto XVI, Audiencia general, 26.04.2006).
En la transmisión de la revelación tienen un papel fundamental tanto los apóstoles (predi-cación apostólica), como sus sucesores los obispos (sucesión apostólica).
Como indica el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 83), es preciso distinguir esta "gran Tradición" de las "tradiciones eclesiales", como expresiones locales y temporales de tradiciones teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales. Estas últimas solo pueden ser conservadas, modificadas o abandonadas bajo la guía del magisterio de la Iglesia, siempre en consonancia con la gran Tradición.Universidad de Navarra
Son tres los elementos distintivos que hacen de los apóstoles unos eslabones únicos entre Jesucristo y la Iglesia:
El papel de los Doce apóstoles respecto a la revelación es tan relevante que la predicación y el testimonio apostólicos constituyen la norma de la fe cristiana por la acción del Espíritu Santo, es decir, el criterio de autenticidad y de discernimiento último de lo que forma parte de ella, y de su posible desarrollo bajo la forma de "tradición apostólica".
En resumen: los apóstoles constituyen el eslabón esencial entre Cristo y la Iglesia de todos los tiempos, de manera que su predicación y su inteligencia del misterio (Ef 3,4) tienen valor de revelación y son norma de la fe para los creyentes. Por tanto, puede decirse que la Iglesia está fundada sobre la obra de Cristo y sobre el testimonio de los apóstoles.
¿Cómo se realiza la transmisión apostólica de la revelación? Dei Verbum n. 7 señala que el encargo recibido de Jesús de transmitir el Evangelio a todos los hombres fue realizado por los apóstoles de un doble modo: por la predicación oral y por medio de sus escritos.
Esta doble manera oral y escrita de transmitir lo recibido responde en realidad a la dinámica de la vida corriente, y no a un plan de selección de contenidos, como si se escogieran algunos de ellos para darlos a conocer a todos por medio de la escritura y otros se reservaran para una transmisión exclusivamente oral y destinada solo a un grupo de personas, como pretendían algunos (por ejemplo, los gnósticos en el siglo II).
La transmisión apostólica de la fe se realizó oralmente -señala DV 7- "con ejemplos e instituciones", es decir, a través de la propia vida de los Apóstoles identificada con la del Señor (1 Co 4, 16: "sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo"), y de las instituciones (ritos sacramentales y formas de organización, etc.) que en ellos tienen su origen.
"Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los apóstoles dejaron como sucesores suyos a los obispos, 'entregándoles su propio cargo del magisterio'" (DV 7). Cabe preguntarse: ¿ de qué manera la Iglesia es transmisora de la revelación? ¿ A través de qué cauces y modalidades realiza esa misión de servicio?
La Iglesia es depositaria de la revelación en un sentido esencialmente dinámico. El depó-sito de la fe es, por tanto, la revelación viviente y actuante que solo se conserva realmente en la medida en que es vivida y transmitida por la tradición de la Iglesia.
La Iglesia es sujeto y objeto de la tradición porque transmite a través de su doctrina, de su vida y de su culto lo que recibió de los apóstoles. El concilio indica que así la Iglesia perpetua y transmite a todas las generaciones todo lo que ella misma es, todo lo que cree (DV 8).