Documento de Universidad sobre Levanta fuertemente tu voz. El Pdf explora los textos mesiánicos y escatológicos de Isaías y Apocalipsis, destacando las similitudes entre ambos libros proféticos. Este documento de Religión es útil para el estudio autónomo de teología o estudios bíblicos a nivel universitario.
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El genio y la inspiración del profeta Isaías nos han ofrecido los más bellos anuncios mesiánicos. Palabras llenas de fuerza, llenas de esperanza. Isaías fue el profeta de la generación del Mesías, la que debía salir a su encuentro.
"Una de las razones por las que a Isaís se le conoce como el príncipe de los profetas es por la cantidad de profecías mesiánicas que tuvo a bien Dios revelarnos por medio de él. Se puede afirmar que Dios le reveló acerca del Mesías más que a ninguna otra persona del Antiguo Testamento, lo cual fue un gran honor y un privilegio singular." León J. Wood. Los Profetas de Israel. ¡Qué magnífica manifestación del Espíritu, qué magnífico llamamiento, qué gozo, qué esperanza, que canto de victoria!
Isaías 40:9,10: "Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas, de las ciudades de Judá: ¡ Veis aquí el Dios vuestro! He aquí que el Señor Jehová vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará: he aquí que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro"
Isaías 52, 7, 8: "¿Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que publica la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salud, del que dice a Sión: Ti Dios reina! ¡ Voz de tus atalayas! Alzarán la voz juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sión"
"No hay un mensaje que cause más gozo que el que anuncia liberación y paz. Para los judíos que estaban bajo el yugo extranjero, nada podía proporcionar mayor regocijo que la seguridad de que la hora de la liberación estaba cercana. Pablo aplica estas palabras de Isaías a la proclamación del mensaje evangélico (Rom. 10: 15). En primer lugar, la liberación aquí predicha era la del Israel literal rescatado de las naciones que lo oprimían (ver com. Isa. 40: 1; 44: 28 al 45: 13), y en segundo lugar, la liberación mayor del pecado y de todo mal que sería alcanzada por medio del Siervo suficiente (ver com. cap. 41: 8; 42: 1) del cap. 53, es decir el Mesías. Debe notarse que el cap. 52: 7-15 constituye una introducción del cap. 53." CBA
"Aunque no lo parezca, Dios todavía rige los asuntos terrenales (ver com. Dan. 4: 17). Su poder para librar a su pueblo, y más tarde el triunfo del Evangelio, prueban que reina él, y no Satanás (Apoc. 11: 15)." CBA
Isaías 62:6, 7,11: "Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no ceséis ni le deis tregua hasta que confirme, y hasta que ponga a Jerusalén en alabanza en la tierra ... He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decida la hija de Sión aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra"
Algo parecido ocurre con los anuncios que el Apocalipsis hace del fin y de la predicación de los últimos mensajes de este mundo. Este es el profeta de la generación del retorno de Cristo. Nosotros también tenemos un profeta que noshabla con fuerza, que nos llama, que se dirige a nosotros, espíritus fatigados por la larga espera.
Apocalipsis 14:6,7: "Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo, diciendo en alta voz: Temed a Dios y dadle honra porque la hora de su juicio es venida, y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas".
"Los mensajes del primero y del tercer ángel se proclaman a "gran voz" (vers. 9). La "gran voz" indica que el mensaje se proclamará en tal forma que todos podrán oírlo. También se destaca la importancia del mensaje." CBA
Apocalipsis 18:1, 2, 4: "Y después de estas cosas vi otro ángel descender del cielo teniendo grande potencia, y la tierra fue alumbrada de su gloria. Y clamó con fortaleza en alta voz, diciendo: Caída es, caída es la grande Babilonia, y es hecha habitación de demonio, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles ... Y oi otra voz del cielo que decía: salid de ella, pueblo mio, porque no seáis participantes de sus pecados y que no recibáis de sus plagas".
Apocalipsis 19:6: "Y o algo parecido al clamor de una enorme multitud, al estruendo de una catarata y al estallido de violentos truenos. Y decían: "¡ Aleluya! Porque el Señor, nuestro Dios, el Todopoderoso, ha establecido su Reino."
Apocalipsis 21:3: "Y of una voz potente que decía desde el trono: "Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios".
De todos los libros del N. T., el Apocalipsis es sin duda el que más referencias tiene el A. T. y es una clave hermenéutica del Apocalipsis tratar de interpretarlo a la luz del A. T. Para comprender bien el simbolismo hiperbólico de muchos de sus mensajes escatológicos, debemos compararlos con los mensajes mesiánicos del A.T., en particular con los del profeta Isaías, en la segunda parte de su profecía.
Como resultado de la unidad fundamental de la Palabra de Dios, el profeta Isaías y el Apocalipsis tienen una perspectiva semejante. Sus planos históricos y escatológicos son presentados con imágenes comunes aunque el lenguaje esté mucho más coloreado en el Apocalipsis y sea mucho más natural en Isaías. Esto nos permite aplicar muchas palabras de Isaías al tiempo del fin e interpretar algunos anuncios del Apocalipsis a la luz de los anuncios de Isaías.
En realidad, ¿qué tiene en común todos los textos leídos? ¿ Qué encontramos en esos dos libros proféticos? El elemento común es que el pueblo de Dios, antes de la primera y de la segunda venida del Señor, es apremiado a proclamar un mensaje en alta voz, con fuerza, en medio de las voces, la confusión de tantos mensajes contradictorios.
"Recae sobre nosotros la grave responsabilidad de amonestar un mundo con respecto a su condenación venidera. De todas partes, de lejos y de cerca, nos llegan pedidos de ayuda. La iglesia, piadosamente consagrada la obra, ha de llevar este mensaje almundo: Venid al banquete del Evangelio; la cena está preparada, venid. .. Han de ganarse coronas, coronas inmortales. Ha de conquistarse el reino de los cielos. Ha de ser iluminado un mundo que perece en el pecado. Ha de ser hallada la perla perdida. Hay que volver a poner la oveja perdida a salvo en el redil. ¿ Quién se unirá al grupo de los que buscan? ¿ Quién llevará la luz a aquellos que andan errantes en la oscuridad del error? (Review and Herald, 23 de julio, 1895)."EGW, El Evangelismo, 17
Debemos proclamar el mensaje adventista en medio del griterío ensordecedor de voces humanas, en medio de la confusión de voces frenéticas y contradictorias de tantos nuevos y falsos profetas de este tiempo.
"Los ministros no han de predicar las opiniones de los hombres, no han de relatar anécdotas o realizar representaciones teatrales, no han de exhibir el yo; mas, como si estuvieran en la presencia de Dios y del Señor Jesucristo, han de predicar la Palabra de una manera que deje la más solemne impresión en los que la escuchen (El evangelismo, pp. 154, 155).
En medio de todas esas voces, el pueblo de Dios debe proclamar la buena nueva del evangelio eterno, del juicio de Dios y de la venida de Cristo. Son las voces de los tiempos apocalípticos, voces del cielo, espectaculares, grandiosas, perentorias, como gritos angustiosos que Dios dirige a los hombres de la última generación.
Estas voces son comparables, en el lenguaje del Apocalipsis a:
Y van acompañadas de relámpagos y truenos, es decir de manifestaciones de la gracia y del poder de Dios, son voces que se oyen en toda la tierra, porque van dirigidas "a toda nación, tribu, lengua y pueblo". Estas voces son las de la iglesia remanente, del pueblo de Dios de los últimos días.
"Las palabras de Cristo fueron pronunciadas para nosotros los que vivimos ahora, en la etapa final de la historia de esta tierra. "Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca"(Luc. 21:28). Las naciones están desasosegadas. Vivimos en tiempos de perplejidad. Rugen las olas de la mar; los corazones de los hombres desfallecen por el temor y la expectación de las cosas que han de sobrevenir a la redondez de la tierra; pero aquellos que creen en el Hijo de Dios oirán su voz en medio de la tormenta, la cual les dirá: "Yo soy, no temáis" (Mat. 14:27) ... Contemplamos el mundo que yace en maldad y apostasía. Pareciera casi universal la rebelión contra los mandamientos de Dios. En medio del tumulto de la excitación acompañado de confusión que reina por doquiera, hay una obra que debe ser hecha en el mundo (Manuscrito 44, 1900)." EGW. Evangelismo, 18
La misión del pueblo de Dios ha estado siempre asociada a la proclamación de un mensaje. Mensaje y misión son el contenido y el continente de la obra de la Iglesia.
"El Evangelio no ha de ser presentado como una teoría sin vida, sino como una fuerza viva para cambiar la vida. Dios desea que los que reciben su gracia sean testigos de su poder" EGW, El Deseado de Todas las Gentes, 766
Henoch, el séptimo desde Adán, ha anunciado a su generación: "He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, a hacer juicio contra todos, y a convencer a todo los impíos de entre ellos tocante a todas sus sobras de impiedad que han hecho impiamente, y a todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él" (Judas 14:15)
Noé, llamado por Pedro: "pregonero de justicia" (2 Pedro 2:5)
Abraham, reconocido por sus vecinos hititas: "Príncipe de Dios entre nosotros" (Gen 23:6)
Israel, debía ser entre los pueblos: "un reino de sacerdotes y gente santa" (Ex 19:6), "luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra" (Isa. 49:6), "Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad los pueblos: mas sobre ti nacerá Jehová y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las gentes a tu luz, y los reyes al esplendor de tu nacimiento" (Isa. 60:1-3)
Juan Bautista: el profeta mesiánico lo anuncia como una "voz que clama en el desierto" (Isa. 40:3) y los evangelistas dicen de él: Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados" (Marc. 1:4)