Documento de Universidad sobre Fundamentos Biológicos de la Conducta. El Pdf explora la teoría de la evolución de Charles Darwin y las dimensiones humanas del sapiens, como la estética y la moral, en relación con la evolución. Aborda la etología y la psicología animal para comprender el comportamiento humano en Psicología.
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Desde los orígenes de nuestra especie (Homo sapiens sapiens), hemos sentido la necesidad de preguntarse quienes somos realmente, por qué nos encontramos en este mundo y otras preguntas similares.
Imagínate, por ejemplo, la vida de un cazador de hace más de diez mil añosque, tras una larga y dura jornada de caza, se pusiera a contemplar durante la noche el cielo estrellado o las fascinantes formas cambiantes del fuego de una hoguera. ¿ No crees que se sentiría arrastrado a meditar sobre lo enigmático que es el hecho mismo de existir? En este sentido, este antiguo antepasado nuestro no se diferencia en nada de nosotros, es decir, ambos nos preguntamos por el sentido de la existencia.
El arte y la religión son dos ejemplos de las muchas maneras mediante las cuales los hombres han buscado encontrar una respuesta a esta cuestión. Sin embargo, nosotros nos vamos a centrar exclusivamente en el modo en cómo lo hace la biología. De acuerdo con la biología actual, todos los rasgos físicos y de comportamiento son una consecuencia de la evolución. El cuello de la jirafa, las alas del murciélago, la capacidad para cambiar de color del camaleón y cualquier otro rasgo presente en un organismo vivo han sido producidos por la evolución. Por tanto, también el modo de pensar y de comportarse que es propio de nuestra especie, es decir, la psicología humana se ha originado evolutívamente. De ahí que para comprender la conducta y el pensamiento humano sea de gran ayuda entender en que ha consistido la evolución de nuestra especie.
Ahora bien, antes de examinar en cierto detalla la evolución de nuestra especie, es preciso comprender en qué consiste la evolución en general, esto es, las leyes que la rigen. La teoría de la evolución fue formulada por primera y en vez por Charles Darwin en su famosa obra La evolución de las especies (1859). El hecho de que la evolución de las especies fuera algo que tardara tanto en ser descubierto es bastante comprensible pues es algo que no podemos establecer a partir de nuestra experiencia cotidiana. Lo que podemos concluir a partir de ésta es más bien todo lo contrario, es decir, que las especies no cambian. Dicho en pocas palabras, la teoría de la evolución no es intuitiva. Hay que tener en cuenta que los cambios experimentados en las especies son en muchas ocasiones procesos que requieren del transcurso de millones de años. ¿ Cómo podría imaginar alguien, por ejemplo, que hubo una época en la que los murciélagos no tenían alas?
La evolución es contraintuitiva, es decir, contrario a lo que podemos establecer a partir de nuestra experiencia cotidiana. No es extraño en este sentido que la humanidad tardase tanto tiempo en darse cuenta de que las especies evolucionan.
De acuerdo con la versión actual de la teoría de la evolución, la teoría conocida como neodarwinismo, la evolución se rige por dos causas o factores: la selección natural y la mutación genética.
Una de las ideas principales de la teoría de la evolución actual es que los rasgos físicos y de comportamiento de los organismos vivos están determinados por los genes, unidades de información que se encuentran en las células y se transmiten de una generación a la siguiente.
El hecho de que exista un material genético (genoma) común a todos los miembros de una misma especie explicaría, por tanto, que dichos miembros tengan similares rasgos físicos y de comportamiento. Ahora bien, existen también, aunque pequeñas, diferencias genéticas entre los miembros de una misma especie. Esta variedad genética es lo que explica que los miembros de una misma especie se diferencien entre sí en algunos aspectos como pueda ser, por ejemplo, el color de los ojos.
Ahora que hemos comprendido porque los miembros de una misma especie poseen tanto rasgos en común como diferentes, vamos a dar un paso más y comprender el porqué una especie evoluciona y adquiere nuevos rasgos. Pues bien, antes de nada, hay que comprender que la mayoría de los rasgos físicos y de comportamiento que son propios de una especie tiene un carácter adaptativo. Que un rasgo es adaptativo para una especie equivale a decir que su posesión permite a dicha especie el suficiente éxito reproductivo como para impedir su extinción. De hecho, las estrategias adaptativas dentro del mundo de los organismo vivos son muy variadas (el poder ver en la oscuridad es una estrategia del topo, el caparazón es una estrategia adaptativa de las tortugas, etc.). Por tanto, si una especie evoluciona y adquiere nuevos rasgos físicos es con el fin de desarrollar nuevas estrategias adaptativas.
Ahora bien, ¿qué es lo que conduce a una especie a evolucionar y modificar parte de sus rasgos físicos y de comportamiento? ¿ Cómo es posible que una especie abandone ciertas estrategias adaptativas al mismo tiempo que adquiere nuevas? La respuesta la tenemos en la selección natural. La selección natural es un mecanismo de la evolución de acuerdo con el cual dentro de una especie se favorece que se transmitan solamente a la siguiente generación aquellos rasgos físicos que permite a dicha especie adaptarse a las condiciones del ecosistema. Un rasgo físico es adaptativo cuando incrementa las posibilidades de que una especie tenga éxito reproductivo. Que ciertos rasgos físicos pueden ser seleccionados presupone, por tanto, que dentro de una especie hay una variedad de rasgos físicos (o genes que determinan dichos rasgos). Puesto que los cambios dentro de un ecosistema propician que ciertos rasgos físicos ofrezcan una ventaja adaptativa, dichos rasgos físicos pasan paulatinamente de ser minoritarios a ser predominantes.
Por ejemplo, cuando el clima del entorno en el que vivían las jirafas se hizo más seco y disminuyeron los árboles, solamente aquellas jirafas con un cuello largo conseguían llegar a las copas altas de los árboles y sobrevivir. Por consiguiente, solamente las jirafas con un cuello largo llegaban a la vida adulta, se reproducían y transmitían sus genes. Al ofrecer una ventaja adaptativa, el cuello largo fue, por tanto, seleccionado. Gradualmente este rasgo físico se fue haciendo más predominante dentro de la población de las jirafas hasta que llegó un momento en que el cuello alcanzó aproximadamente los dos metros de largo, es decir, la longitud que tienen actualmente los cuellos de las jirafas.
Las jirafas primigenias poseen cueyos de distintos tamaños y distintas complexiones. La vegetación no se encuentra al alcance de las jirafas con cueyos muy cortos. No sobreviven. Las jirafas que sobreviven se reproducen y heredan sus características a las siguientes generaciones. El proceso se repite durante generaciones hasta dar lugar a las jirafas modernas.
La selección natural puede explicar pequeños cambios en las especies como, por ejemplo, el aumento en la longitud del cuello de la jirafa. No obstante, no es suficiente para explicar los grandes cambios dentro de la evolución como son, por ejemplo, todos aquellos que han hecho posible que se originen nuevas especies. No puede explicar, por ejemplo, como se produjo la evolución que condujo de una especie de mamífero sin alas a unos con alas como el murciélago. Las selección natural actúa sobre la variabilidad del material genético de una especie. Por tanto, si dentro de su material genético no se encuentra aquel que determina la existencia de unas alas, no puede darse una selección de dicho material genético.
Este hecho se explica por la existencia de otro mecanismo evolutivo, a saber, la mutación genética. La mutación genética consiste en cambios que se producen de manera aleatoria en el material genético de una especie. La mayoría de estos cambios no tienen repercusión alguna en la evolución de una especie. No obstante, puesto que algunos de ellos ofrecen una ventaja adaptativa a una especie son objeto de una selección natural dando pie a la aparición de una nueva especie.
Este sería el caso de los cetáceos, un tipo de mamíferos que evolucionaron hace cincuenta millones de años a partir de un mamífero adaptado a la vida terrestre a un tipo de mamífero adaptado a una vida acuática. Entre dichos cambios genéticos se encontrarían la sustitución de las extremidades traseras por aletas y el retroceso de las fosas nasales desde la parte delantera a la parte superior de la cabeza.
mutación cetáceo actual UNGULADOS 50 mmaa ambulocetus basilosauros 45 mmaa pakicetus 54 mmaa
Pero volvamos de nuevo al ser humano. De lo dicho hasta ahora se sigue que las rasgos físicos del ser humano, tanto si son específicos como si no lo son, han de ser fruto de la evolución. Con rasgos físicos no específicos nos referimos a todas aquellas que compartimos con otros animales como, por ejemplo, los ojos o la nariz. Por el contrario, los rasgos físicos específicos serán todas aquellas que pertenecen única y exclusivamente al ser humano. Estas resultan evidentes si, sobre todo, nos comparamos con los grandes simios (chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes), es decir, con aquellas especies de animales que se encuentran evolutívamente más cercanas a nosotros.
Los rasgos físicos específicos del ser humano son las siguientes:
Un aspecto importante de estas rasgos físicos es que son interdependientes, es decir, la existencia y desarrollo de cada una de estas cualidades depende de la existencia y desarrollo de las otras dos. Es debido a esta interdependencia que a lo largo de la evolución a medida que la presencia de uno estos rasgos se ha hecho más intensa lo hayan hecho también los otros dos.