Cristología: investigación histórica sobre Jesús y su relevancia teológica

Documento de Escuela Teológica San Manuel González sobre Cristología. El Pdf explora la investigación histórica de Jesús y su relevancia teológica, abordando la evolución de la indagación histórico-crítica. Es un material didáctico para el estudio universitario de Religión.

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24 páginas

Escuela teológica
San Manuel González
primer curso
bloque 4
CRISTOLOGÍA
tema 1
QUÉ SABEMOS DE JESÚS
2
Escuela teológica San Manuel González
CRISTOLOGÍA
1. Qué sabemos de Jesús.
La investigación histórica sobre Jesús
y su relevancia teológica
«He decidido yo también, después de haber investigado todo desde los
orígenes, escribírtelo por su orden […], para que conozcas la solidez de las
enseñanzas que has recibido» (Lc 1, 3s.)
Contenido
1. Introducción
2. Para qué sirve la investigación histórica sobre Jesús
3. Evolución de la investigación histórico-crítica sobre Jesús
4. Qué podemos saber científicamente (históricamente) sobre Jesús
5. Conclusión: la fiabilidad histórica de los evangelios
1. Introducción
Los evangelios no son narraciones de la historia de Jesús vista
neutralmente, sino narraciones de su historia vista desde la fe. Ahora bien,
que la fe pascual ilumina los hechos y las palabras de Cristo narradas en los
evangelios no quiere decir que no sean fiables desde el punto de vista
histórico.
2. Para qué sirve la investigación histórica sobre Jesús
Para los católicos, la Biblia, y, por tanto, los evangelios, contienen la
Palabra de Dios. Es decir, nos transmiten aquello que Dios ha querido
manifestar. Esta afirmación se basa en un presupuesto: que esos escritos
están inspirados
1
. Esto es así con independencia del género literario en que
se hayan redactado los escritos. Saber que un texto, por ejemplo, no es
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Cf. DV 11.

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Escuela teológica San Manuel González

Cristología: Qué sabemos de Jesús

La investigación histórica sobre Jesús y su relevancia teológica

«He decidido yo también, después de haber investigado todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden [ ... ], para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido» (Lc 1, 3s.)

Contenido

  1. Introducción
  2. Para qué sirve la investigación histórica sobre Jesús
  3. Evolución de la investigación histórico-crítica sobre Jesús
  4. Qué podemos saber científicamente (históricamente) sobre Jesús
  5. Conclusión: la fiabilidad histórica de los evangelios

1. Introducción

Los evangelios no son narraciones de la historia de Jesús vista neutralmente, sino narraciones de su historia vista desde la fe. Ahora bien, que la fe pascual ilumina los hechos y las palabras de Cristo narradas en los evangelios no quiere decir que no sean fiables desde el punto de vista histórico.

2. Para qué sirve la investigación histórica sobre Jesús

Para los católicos, la Biblia, y, por tanto, los evangelios, contienen la Palabra de Dios. Es decir, nos transmiten aquello que Dios ha querido manifestar. Esta afirmación se basa en un presupuesto: que esos escritos están inspirados1. Esto es así con independencia del género literario en que se hayan redactado los escritos. Saber que un texto, por ejemplo, no es histórico, nos ayuda a interpretarlo correctamente, pero no significa que no contenga la enseñanza de Dios para nosotros. Es más, a nadie se le escapa que los elementos fundamentales de la fe no pueden ser probados históricamente: la encarnación, la identidad divina de Cristo, el valor redentor de su muerte, su resurrección, la efusión del Espíritu Santo ... Entonces, si esto es así, ¿para qué nos sirve la investigación histórica?

La Pontificia Comisión Bíblica responde así: «[ ... ] esa investigación es absolutamente necesaria para evitar dos peligros simultáneamente: que Jesús sea considerado un héroe mitológico y que la confesión por la que es reconocido como Mesías e Hijo de Dios caiga en un fideísmo irracional»2. Efectivamente, los cristianos no creen en un mito, sino en un hombre histórico de verdad, pero la fe en él no se basta a sí misma, como si pudiera prescindir de la coherencia con los hechos y los datos de la historia.

3. Evolución de la investigación histórico-crítica de Jesús

La investigación histórica sobre Jesús es una cuestión que tiene dos siglos de historia. Durante siglos se pensaba que los evangelios eran reportajes o biografías fidedignas; no había dudas de su historicidad. En ese contexto, la teología vivía tranquila. Pero a partir de la ilustración esta situación cambia: ya no se da por supuesta la historicidad de los evangelios, y se aplica a estos el análisis crítico para determinarla. Ahí comienza la gran cuestión: ¿ coinciden el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe»?

Se suelen distinguir tres periodos de la investigación histórica sobre Jesús: Old Quest (1778 - años 50 del s. XX); New Quest (Años 50 - Años 90 del s. XX); Third Quest (años 90 - actualidad).

3.1 Old Quest (Antigua Búsqueda)

La investigación histórica en estos comienzos se presentaba como objetiva y científica, pero los resultados irán demostrando que estaba en realidad llena de prejuicios.

El primero en cuestionar la historicidad de los evangelios fue Hermann Samuel Reimarus (1694 - 1768). Pensaba que hay una distancia absoluta entre la predicación y el pensamiento de Jesús y lo que los apóstoles enseñaron sobre él: Jesús fue un mesías con una pretensión política en la línea de las expectativas judías de un Mesías libertador. Tenía por objetivo ser reconocido como rey en Jerusalén, pero fracasó, le detuvieron y ejecutaron, y abortaron así el incipiente movimiento que había suscitado. Entonces, sus discípulos inventaron un fraude: robaron su cuerpo, anunciaron la resurrección, dieron sentido salvífico a su muerte y le proclamaron como un maestro espiritual. Habían creado así el mito del Jesús de la fe. Habría que rescatar al judío Jesús del ropaje dogmático en el que la Iglesia lo había envuelto.

Reimarus apoya su tesis en algunos datos evangélicos y del judaísmo de la época. Pero, para sostenerla tiene que negar la historicidad de otra gran parte del material evangélico sin justificación alguna, salvo su prejuicio: el rechazo ilustrado a todo lo que trasciende la razón: revelación, intervención de Dios, etc.

David Friedrich Strauss (1808-1874) fue un teólogo y filósofo representante del romanticismo de su época. Su objetivo era superar la contradicción entre el racionalismo ilustrado, que pretende naturalizar a Jesús, y el tradicionalismo creyente, que tiende a sobrenaturalizarlo.

En su obra La vida de Jesús críticamente elaborada, de 1836. Analiza la figura de Jesús valiéndose de la categoría de «mito». El romanticismo había revalorizado la mitología: el mito, aunque no sea histórico, es pedagógicamente útil. Por tanto, Jesús sería un mito, una figura humana que permite representar una verdad universal: el ideal de hombre.

La propuesta de Strauss reacciona contra el racionalismo reductor dando valor a lo que trasciende lo histórico es valioso. El problema es que esto lo hace al precio de admitir que el Jesús de los evangelios es un mito creado, y que históricamente no tuvo esos rasgos.

El teólogo Martin Kälher (1835-1912) representa una reacción fideísta, que presentó en 1896 en una conferencia titulada El pretendido Jesús de la historia y el Cristo real de la Biblia. Parte de una reflexión sobre qué se considera histórico. Él dice que histórico es algo influyente, y persona histórica es alguien cuyo paso por la historia ha producido un efecto o influencia que se prolonga en el tiempo. Así, Jesús es histórico porque ha producido un efecto que perdura: la fe y la convicción de que ha perdonado los pecados y ha vencido la muerte.

Pero este planteamiento tiene una consecuencia: que la investigación histórica sobre Jesús carece de interés para el creyente. Por es una propuesta fideísta, una fe que se fundamenta a sí misma, sin necesidad de que tenga una base histórica. Es verdad que defiende la independencia de la fe y la teología respecto a la investigación histórica, pero esto lo hace al precio de separarlas. Este es un precio inaceptable para un creyente responsable.

Adolf von Harnack (1851-1930) fue un teólogo protestante, máximo representante de lo que se ha llamado «teología liberal» protestante. En 1901 escribió La esencia del cristianismo. Por un lado, rechazaba la reducción racionalista ilustrada por basarse en prejuicios antidogmáticos e ideológicos, más que en el análisis serio de los textos. Por otro, quería hacer comprensibles los dogmas en la actualidad, es decir, traducirlos o actualizarlos, valiéndose del análisis crítico-literario de las fuentes.

En su análisis de los textos, Harnack va a defender la teoría de la «helenización del cristianismo». Esta teoría viene a decir que los teólogos del siglo II quisieron racionalizar a Cristo, y esto lo hicieron en dos direcciones. Por un lado, los gnósticos llevaron a cabo una helenización radical, mientras que los católicos realizaron una helenización moderada. Esto llevó a identificar a Cristo como el Logos divino.

Hoy, piensa Harnack, habría que corregir ese error. Jesucristo no fue más que un mero hombre, un maestro moral de la fraternidad humana y religioso de la paternidad de Dios. Para Harnack, la actualización del cristianismo pasaba por el rechazo de la divinidad de Cristo y la reducción a un ideólogo del amor fraterno. De este modo, el cristianismo se presentaría como una ideología entre otras y sería comprensible hoy.

Es verdad que Harnack denunció que sus predecesores procedieran de manera ideológica y no científica en el análisis de los textos, pero él mismo en su análisis parece no haber podido evitar caer en esa misma tentación al dar por supuesto acríticamente que la necesaria expresión de la fe en categorías helenísticas fue una helenización que deformó la verdadera historia de Jesús.

Albert Sweitzer en 1906 escribió De Reimarus a Wrede. Una historia de la investigación sobre el Jesús histórico. En su opinión, Jesús fue un profeta escatológico, un hombre convencido de la llegada inminente del Reino de Dios. Pero se equivocó sobre esa inminencia, y esto hace que lo único que sigue siendo válido es la ética que predicó.

Pero lo más interesante de este autor es el análisis que hace del camino recorrido por la investigación sobre el Jesús histórico hasta el momento. En su opinión, la búsqueda del Jesús histórico ha partido del prejuicio de considerar que el ropaje dogmático era una falsificación. Y esto ha hecho que cuando se intentaba hacer una biografía crítica, cada autor lo hacía según sus propias ideas, teniendo esto como resultado múltiples retratos de Jesús. La pretendida ciencia histórica, en vez de alcanzar consensos, se fragmentó en propuestas divergentes e incompatibles. Esta observación de Sweitzer llevó a partir de entonces a un gran escepticismo respecto a la posibilidad de conocer al Jesús histórico.

Este escepticismo se vio incrementado por los avances en los estudios bíblicos. William Wrede, un teólogo alemán, había señalado recientemente que, incluso el evangelio de Marcos, que se creía histórico, estaba escrito siguiendo intereses teológicos y catequéticos.

Por su parte, Martin Dibelius escribió en 1019 su libro Historia de las formas del Evangelio, donde enseña que los evangelios están modelados por intereses teológicos. Por eso, solo se pueden descifrar las formas de la predicación e intentar comprenderlas, pero no llegar al Jesús histórico.

En esta etapa, por último, tenemos que citar a Rudolf Bultmann (1884- 1976), que es heredero del escepticismo. Está convencido de que no podemos conocer al Jesús histórico, sino solo dejarnos interpelar por el kerigma, es decir, por el anuncio que los primeros cristianos hicieron de él. Y, en cierto sentido, retoma la posición fideísta de Khäler: que exista o no continuidad entre el Jesús histórico y el kerigma no es importante. Influido por las filosofías de Kant y de Heidegger, para Bultmann no importa Jesús en sí mismo en cuanto hecho bruto, sino la interpretación o el significado que tuvo para los apóstoles (kerigma) y que se nos ofrece también hoy.

La teología de Bultmann se ha llamado «teología existencial». En primer lugar, desmitologiza los evangelios, es decir, prescinde de todo lo que hoy no nos dice nada en nuestra mentalidad científica; por otro, trata de

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