Documento de Universidad sobre Cuestiones. El Pdf explora la historia de la Península Ibérica desde la Prehistoria hasta el reinado de los primeros Borbones, incluyendo el Paleolítico, Neolítico, pueblos prerromanos, Hispania romana y reformas borbónicas. Este Pdf de Historia, útil para estudiantes universitarios, detalla aspectos económicos, sociales y culturales del siglo XVIII en España.
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Tema 1. La Prehistoria y la Edad Antigua en la Península Ibérica: 1.1. El Paleolítico y el Neolítico El Paleolítico, literalmente piedra vieja es un período de la Prehistoria que abarca desde la aparición del primer homínido hasta la aparición de la agricultura. En esta etapa se produce el proceso de hominización. En Atapuerca, Burgos, se han encontrado restos de homínidos (homo antecesor), con una antigüedad de unos 800.000 años (Paleolítico inferior). Durante el Paleolítico el hombre practica una economía depredadora (es cazador y recolector) es nómada y realiza los útiles en piedra tallada. A lo largo del Paleolítico, los útiles evolucionan de manera que se tiende al microlitismo, a la especialización y al empleo de nuevos materiales como el hueso. En el Paleolítico superior el homo sapiens sapiens será el responsable de las pinturas rupestres de la región cantábrica, en las que aparecen representaciones policromas de animales (bisontes, caballos, ciervos, etc) con un carácter probablemente mágico religioso. El Neolítico, piedra nueva, supuso una auténtica revolución para las colectividades humanas, por cuanto suponía la aparición de actividades económicas tan importantes como la agricultura, la domesticación de animales, la producción de objetos cerámicos o el comienzo de la fabricación de tejidos. Eso significa que se pasó de una economía exclusivamente depredadora a otra de carácter productivo. El neolítico de tierras ibéricas se desarrolló, aproximadamente, entre los años 5000 y 3000 a.C. Dentro de esta etapa hay que incluir el arte rupestre levantino, caracterizado por la representación de escenas (de caza, de recolección etc.), por la aparición de figuras humanas y por la monocromía. Probablemente dicho arte tenía también un significado religioso.
1.2. Los pueblos prerromanos y las colonizaciones de los pueblos del Mediterráneo En el primer milenio antes de Cristo y hasta el comienzo de la colonización romana habitaban la Península una serie de pueblos que llamamos prerromanos. Este periodo corresponde a la denominada Edad del Hierro, última fase prehistórica que se confunde, en la Península, con las denominadas colonizaciones históricas. En estos siglos se mezclan los rasgos autóctonos de las culturas nativas con la influencia del exterior. Pueblos prerromanos:
Tartessos era un reino desarrollado, situado en el Valle del Guadalquivir; su economía se basaba en la agricultura, ganadería, minería y comercio. Destacan los yacimientos de Carambolo y Carmona que nos han proporcionado piezas de joyería. Sin embargo, desconocemos su localización exacta puesto que todas las excavaciones arqueológicas han fracasado en su intento de encontrar la ciudad de Tartessos. Los Íberos se extendían a lo largo de la costa mediterránea; se dedicaban a la agricultura y dominaban la metalurgia (falcata). La producción artística estaba condicionada por la religión y destacan las Damas (de Elche y de Baza) y los animales fantásticos con rasgos humanos como la Esfinge de Agost y la Bicha de Balazote.
1Los celtas eran un conjunto muy variado de pueblos que ocupaban la meseta y el norte peninsular; tenían una economía ganadera y una sociedad de tipo tribal; dos de los más conocidos son los pueblos de los Campos de Urnas (rito funerario basado en la incineración y posterior enterramiento de la urna con cenizas) y la cultura de los Castros (viviendas de planta circular). Las colonizaciones en la Península Ibérica se limitaron en realidad a asentamientos muy escasos y efímeros. Esta etapa se extiende a lo largo del primer milenio a.C. durante el cual comienza la fase histórica al aparecer los primeros documentos escritos. Los pueblos colonizadores fueron tres:
Los Fenicios procedían de Tiro y su finalidad era monopolizar un punto estratégico en la ruta de los metales. Fundaron factorías (Cádiz, Málaga, Almuñécar)) y sus mayores aportaciones fueron el uso del torno alfarero y el alfabeto. Los Griegos tuvieron tambien una finalidad comercial y sus colonias más importantes fueron Ampurias y Rosas, construidas según las características del urbanismo griego. Introducen en la península nuevos cultivos como el olivo y la vid. Por último, los Cartagineses tenían una finalidad comercial y militar: querían controlar puntos estratégicos en el Mediterráneo y convirtieron a la península en escenario de las Guerras Púnicas. Sus principales colonias fueron Ibiza y Cartagena (Cartago Nova).
1.3. La Hispania romana La conquista romana fue el proceso histórico de dominio y control militar del territorio de la Península ibérica por parte Roma. Dicho proceso fue dilatado en el tiempo (218 a. C .- 19 a. C.), pero logró la total integración del territorio en el Imperio Romano. En la conquista podemos distinguir tres fases:
De esta forma, toda la península quedó integrada en el Imperio Romano, de manera que la influencia romana se fue extendiendo a todos los aspectos de la vida cotidiana de los pobladores hispanos a través de un proceso denominado romanización. Se entiende por romanización el proceso de integración de los pueblos hispanos a las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales del Imperio Romano. Este proceso fue importante en la zona costera mediterránea, perdió fuerza hacia el interior de la Península y fue nula en el norte. La sociedad estaba formada por población libre y esclava. Los esclavos no tenían ningún derecho ni podían acceder a la propiedad, y realizaban los trabajos más duros en las minas y en el campo. En el ámbito económico, la ocupación de la península originó una explotación intensa de sus recursos. Hispania se convirtió en una de las zonas con mayor producción de trigo y otros cereales, que se vendía en las principales ciudades del imperio. También se exportaba vino y aceite. Completaba la minería comercial la exportación de minerales: oro del noroeste y plomo de Sierra Morena, plata y cobre de Cartagena, hierro del norte, cobre de Riotinto y mercurio de Almadén.
2Las ciudades se convirtieron en centros de comercio a la vez que en ellas residían los administradores, los tribunales y todos los servicios. En cuanto al legado cultural, lo más importante fue la lengua, el latín, del que derivan las lenguas romances (castellano, gallego y catalán). Pero además también tenemos la religión (el cristianismo) y el Derecho Romano (que es fuente de nuestro derecho actual). El legado artístico es fundamentalmente arquitectónico. Se trata de una arquitectura civil y utilitaria de la que podemos destacar los puentes (Alcántara), acueductos (Segovia), teatros (Mérida), anfiteatros y calzadas.
1.4. La monarquía visigoda Desde mediados del siglo III, Hispania, como el conjunto del Imperio Romano, entró en crisis. Este hecho se vio agravado por la entrada de unos pueblos bárbaros o extranjeros: los germanos. Los visigodos entraron en la Península Ibérica en el año 411 como federados de Roma con el objetivo de expulsar a los vándalos, suevos y alanos, que habían invadido la Península en el año 409. Se situaron en la meseta, a ambos lados del Sistema Central y establecieron su capital en Toledo. Los visigodos crearon el primer sistema político independiente de la Península: se trataba de una monarquía cuyas instituciones más importantes fueron el Aula Regia, que funcionaba como órgano asesor del rey y que estaba formada por la aristocracia, y los Concilios de Toledo, que eran asambleas político-religiosas cuyas decisiones tenían carácter de ley. La integración entre los visigodos y los hispanorromanos se debió a dos hechos: la promulgación del Fuero Juzgo, un código de leyes común para todos, que recogía en buena parte el derecho romano, y la conversión del rey Recaredo al catolicismo en el Tercer Concilio de Toledo (589). Las disputas entre nobles visigodos por el trono propiciarían la conquista musulmana de la península.
Tema 2. La Edad Media en la Península Ibérica 2.1. Al-Ándalus: evolución política Al-Ándalus es el espacio que ocupan los musulmanes en la Península Ibérica. El origen de la conquista musulmana se encuentra en la Batalla de Guadalete (711) en la que el rey visigodo Don Rodrigo fue derrotado. A lo largo de los ocho siglos que duró la presencia musulmana en la Península, el Estado de Al-Ándalus asumió distintas formas políticas: Desde el año 711 al 756, Al-Andalus fue un emirato que dependía políticamente del Califato Omeya de Damasco. Del 756 al 929 Al-Ándalus fue un Emirato independiente. En el año 756, Abderramán I huido del exterminio de su familia en Damasco, llega a Al-Ándalus donde funda el emirato independiente de Córdoba. Del 929 al 1031 Abderramán III se proclamó califa. La capital del califato se fijó en Córdoba. Esta etapa coincidió con el periodo de máximo esplendor político, cultural y militar de Al-Ándalus.
3Tras la muerte de Almanzor, Al-Andalus se fragmento en 30 estados independientes denominados reinos de taifas. Esta división produjo un debilitamiento militar y político que aprovecharon los reinos cristianos para avanzar en la reconquista. En 1085 el rey de Castilla conquistó Toledo. Los musulmanes recibieron ayuda de dos pueblos del norte de África: los almorávides y los almohades. Estos últimos fueron derrotados en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). El último reino taifa conquistado fue el Nazarí de Granada en el año 1492.
2.2. Al-Ándalus: economía, sociedad y cultura. El legado judío en la Península ibérica Frente a la Europa feudal, rural, autosuficiente y cerrada sobre sí misma, Al-Ándalus mantuvo una economía urbana que tenía como principal actividad el comercio. Dentro de las ciudades se creó una infraestructura destinada a favorecer esta actividad (posadas, almacenes, zoco). La unidad lingüística del mundo árabe y la existencia de un medio de cambio común (dinar de oro, equivalente a 10 dirhems de plata) posibilitaron la reanimación e inclusión de la Península en rutas comerciales hacia la India, Mesopotamia, Siria, Iran y todo el Mediterráneo. La economía fue también agraria y destaca la introducción de nuevos cultivos (arroz, azúcar, algodón, frutales) y el impulso a las zonas de regadío con la construcción de acequias y norias. La artesanía alcanzó gran desarrollo en las ciudades. Había dos tipos de industrias, una pequeña para la elaboración de productos de primera necesidad para la ciudad y las grandes manufacturas de Estado centradas en la producción de lujo para la exportación (brocados, damasquinados, metales preciosos). En Al-Ándalus había una gran cantidad de grupos étnicos: la minoría árabe (que constituía la nobleza de sangre y que eran terratenientes), los beréberes, los judíos y los hispano-visigodos (muladies - hispanos convertidos al Islam- o mozárabes -hispanos no convertidos al Islam-). A nivel cultural, los musulmanes nos aportaron su propio saber y el del mundo grecorromano, persa y de la India. Los estudios filosóficos alcanzan gran desarrollo en el siglo XII. En cuanto a las ciencias, alcanzan gran desarrollo la astronomía, la medicina y las matemáticas (el álgebra, la numeración india y los principios de trigonometría). Respecto al legado artístico, podemos destacar la mezquita de Córdoba, iniciada por Abderramán I y concluida en la época califal, la Giralda de Sevilla, de la época almohade, y la Alhambra de Granada del periodo nazarí. En Al-Ándalus, la convivencia entre religiones fue la tónica general durante largos períodos, por lo menos hasta la llegada de almorávides y almohades. Era habitual que los barrios ocupados por minorías étnicas estuvieran diferenciados del resto (como las juderías). A cambio del pago de tributos, los judíos gozaban de cierta libertad religiosa. También entre la minoría judía hubo aportaciones magníficas, como la del filósofo Maimónides, que escribió su obra tanto en hebreo como en árabe y a causa de la intolerancia religiosa, tuvo que huir a Egipto. Los judíos se dedicaban a la artesanía, la medicina, el comercio, la banca y la administración. Contaron con el apoyo de la mayoría de los monarcas cristianos, principalmente por sus servicios financieros, y muchos de ellos fueron nombrados recaudadores de impuestos. El enriquecimiento de algunas familias judías provocó el recelo de la comunidad cristiana.