Los medios de comunicacion de masas en el periodo de entreguerras y Segunda Guerra Mundial

Documento sobre los medios de comunicación de masas en el periodo de entreguerras y Segunda Guerra Mundial. El Pdf, de nivel universitario y enfocado en Historia, analiza la evolución de la propaganda y su impacto en la manipulación de la opinión pública y el surgimiento de regímenes totalitarios.

Ver más

16 páginas

Hspm
Los medios de comunicación de masas período de entreguerras y Segunda Guerra Mundial
Jesús Timoteo Álvarez
Todos los occidentales salieron de la Gran Guerra convencidos de que habían sido manipulados,
de que sus opiniones y odios habían sido manufacturados” y de que la propaganda organizada
había tenido responsabilidad directa en el resultado final de la contienda. Las consecuencias de
ese convencimiento afectan a toda la evolución sociopolítica posterior, definida por una crisis de
confianza y una paralela ruptura psicológica y moral.
Se pretende, pues, reorganizar el mundo después del cataclismo, dando lugar a fórmulas políticas
más o menos radicales, pero coincidentes en la necesidad de establecer un “orden nuevo”. Es así
como se configura la cuarta generación de medios de masas, desarrollando los elementos puestos
a punto por la propaganda científica entre 1914 y 1918.
Con la guerra termina el predominio europeo, cediendo a los USA el papel de liderazgo y haciendo
necesaria la organización de nuevas formas de intercambio y relaciones internacionales. Aunque
incialmente, los norteamericanos pretendían una vuelta a la situación anterior a 1914, fallaban las
bases “liberales” de esa vuelta atrás. En Europa se habían hundido tres imperios (austrohúngaro,
ruso y otomano) y un cuarto, el alemán, convertido en la República de Weimar, atravesaba
dramáticas dificultades económicas y sociales, mientras los “vencedores” europeos habían
terminado seriamente endeudados y necesitados para su recuperación de las reparaciones
alemanas.
Se produce una creciente estatalización de la vida social, económica y cultural.
El Estado, por ejemplo, tiende a monopolizar el pensamiento en pro de la eficacia y unificación
nacional, mediante la supresión de los juicios desfavorables al bien común y el uso creciente de la
propaganda.
Paralelamente, la sociedad occidental sufre una ruptura psicológica sin precedentes (es muy
probable que la crisis de los años veinte fuese moral antes que política): entre 1914 y 1918 habían
sucedido demasiadas cosas capaces de alterar la psicología individual y colectiva. Fue una guerra
total, no profesionalizada, que implicó a todo el mundo, que rompió todas las barreras
estamentales y sociales y que acabó con la mayor parte de los viejos roles sociales (el soldado
raso, ciudadano de a pie, compartió la victoria y sus sufrimientos con sus amos en la vida civil y se
sintió acreedor de un Estado a quién había servido sin demasiado entusiasmo; las mujeres
abandonaron su función de soportes de lo tradicional para cubrir trabajos y funciones propias de
los hombres; los Estados se vieron obligados a cuidar de la salud y alimentación de soldados
potenciales). Todo ello supone el fin de la sociedad de respeto, el estallido de los cimientos en los
que la sociedad se asienta (la tradición, la familia), la potenciación del individuo aislado.
Fue una guerra ideologizada, de importantes conflictos teóricos entre nacionalismo e
internacionalismo, en torno al concepto de democracia, a la revolución social, etc. Todo ello creó
en el individuo, de nuevo, la sensación de ruptura con la sociedad establecida.
Fue, finalmente, una guerra de propaganda que dio nacimiento, por una parte, a una generación de
fanáticos y militares exaltados y, por otra, a una generación de desconfiados. Las gigantescas
campañas de propaganda dieron lugar a no menos gigantescas “cruzadas patrióticas”. Al calor de
éstas nacen toda clase de asociaciones nacionalistas y aislacionistas (Ku-Klux-Klan, cruzados
americanos, frente cristiano, American First, etc), causantes de una poderosa crispación social y
del establecimiento del conformismo y del miedo.
El mismo nacionalismo furibundo de estos cruzados ve en la propaganda una vía de infiltración de
intereses y voluntades extranjeros, de modo que todos culparon a todos (los norteamericanos a los
ingleses, éstos a los alemanes, los alemanes a extranjeros y judíos-bolcheviques) de haberlos
metido en la guerra. La presión pública en los países anglosajones obligó a desmantelar a los
comités organizadores de las campañas.
Además, la sociedad pierde la fe en los medios escritos. Los años anteriores a la guerra son
definidos en la historia del periodismo como edad de oro de la prensa escrita”. El prestigio de la
letra escrita, de raíces casi míticas (lo escrito, escrito queda), se rompe y se genera una
desconfianza inicial hacia los periódicos que se mantiene hasta hoy en el subconsciente colectivo,
y es la primera razón de la tan conocida y larga crisis de la prensa escrita.
En tales circunstancias, triunfan socialmente mesianismos y sistemas ideológicos radicales que
pretenden resolver desde un Estado poderoso y fuerte (totalitarismo) la organización del nuevo
orden y, en contrapartida, se desarrollan formas, también radicales, en defensa de la democracia
clásica. En ambos casos la propaganda desempeñará un papel esencial. Allí donde logran
imponerse tales sistemas totalitarios necesitarán el recurso a la propaganda, hasta convertirla en la
función pública por excelencia, en la columna central del sistema y del Estado. Allí donde
sobreviven las democracias liberales, tendrán que actuar a la defensiva tanto frente a los enemigos
del exterior como a las tendencias no menos totalitarias de grupos del interior. Será un modelo
contraporpagandístico de propaganda.
Los dirigentes bolcheviques o nazifascistas estaban can convencidos de la infalibilidad de las
técnicas de propaganda de masas, que se dedican a aplicarlas a tiempo completo. Es cierto que
en los regímenes democráticos la presión social obligó a la desaparición de todos los organismos
públicos relacionados con la propaganda, pero no impide que se creen múltiples centros de estudio
sobre la propaganda o que se mejoren y reorganicen los Servicios Secretos, o que los diarios
desarrollen a veces en las técnicas de persuasión.
El Modelo Totalitario

Visualiza gratis el PDF completo

Regístrate para acceder al documento completo y transformarlo con la IA.

Vista previa

Los Medios de Comunicación de Masas en el Periodo de Entreguerras

Hspm
Los medios de comunicación de masas período de entreguerras y Segunda Guerra Mundial
Jesús Timoteo Álvarez

Todos los occidentales salieron de la Gran Guerra convencidos de que habían sido manipulados,
de que sus opiniones y odios habían sido "manufacturados" y de que la propaganda organizada
había tenido responsabilidad directa en el resultado final de la contienda. Las consecuencias de
ese convencimiento afectan a toda la evolución sociopolítica posterior, definida por una crisis de
confianza y una paralela ruptura psicológica y moral.

Se pretende, pues, reorganizar el mundo después del cataclismo, dando lugar a fórmulas políticas
más o menos radicales, pero coincidentes en la necesidad de establecer un "orden nuevo". Es así
como se configura la cuarta generación de medios de masas, desarrollando los elementos puestos
a punto por la propaganda científica entre 1914 y 1918.

Con la guerra termina el predominio europeo, cediendo a los USA el papel de liderazgo y haciendo
necesaria la organización de nuevas formas de intercambio y relaciones internacionales. Aunque
incialmente, los norteamericanos pretendían una vuelta a la situación anterior a 1914, fallaban las
bases "liberales" de esa vuelta atrás. En Europa se habían hundido tres imperios (austrohúngaro,
ruso y otomano) y un cuarto, el alemán, convertido en la República de Weimar, atravesaba
dramáticas dificultades económicas y sociales, mientras los "vencedores" europeos habían
terminado seriamente endeudados y necesitados para su recuperación de las reparaciones
alemanas.

Estatalización y Crisis Psicológica

Se produce una creciente estatalización de la vida social, económica y cultural.
El Estado, por ejemplo, tiende a monopolizar el pensamiento en pro de la eficacia y unificación
nacional, mediante la supresión de los juicios desfavorables al bien común y el uso creciente de la
propaganda.

Paralelamente, la sociedad occidental sufre una ruptura psicológica sin precedentes (es muy
probable que la crisis de los años veinte fuese moral antes que política): entre 1914 y 1918 habían
sucedido demasiadas cosas capaces de alterar la psicología individual y colectiva. Fue una guerra
total, no profesionalizada, que implicó a todo el mundo, que rompió todas las barreras
estamentales y sociales y que acabó con la mayor parte de los viejos roles sociales (el soldado
raso, ciudadano de a pie, compartió la victoria y sus sufrimientos con sus amos en la vida civil y se
sintió acreedor de un Estado a quién había servido sin demasiado entusiasmo; las mujeres
abandonaron su función de soportes de lo tradicional para cubrir trabajos y funciones propias de
los hombres; los Estados se vieron obligados a cuidar de la salud y alimentación de soldados
potenciales). Todo ello supone el fin de la sociedad de respeto, el estallido de los cimientos en los
que la sociedad se asienta (la tradición, la familia), la potenciación del individuo aislado.Fue una guerra ideologizada, de importantes conflictos teóricos entre nacionalismo e
internacionalismo, en torno al concepto de democracia, a la revolución social, etc. Todo ello creó
en el individuo, de nuevo, la sensación de ruptura con la sociedad establecida.

La Guerra de Propaganda y sus Consecuencias

Fue, finalmente, una guerra de propaganda que dio nacimiento, por una parte, a una generación de
fanáticos y militares exaltados y, por otra, a una generación de desconfiados. Las gigantescas
campañas de propaganda dieron lugar a no menos gigantescas "cruzadas patrióticas". Al calor de
éstas nacen toda clase de asociaciones nacionalistas y aislacionistas (Ku-Klux-Klan, cruzados
americanos, frente cristiano, American First, etc), causantes de una poderosa crispación social y
del establecimiento del conformismo y del miedo.

El mismo nacionalismo furibundo de estos cruzados ve en la propaganda una vía de infiltración de
intereses y voluntades extranjeros, de modo que todos culparon a todos (los norteamericanos a los
ingleses, éstos a los alemanes, los alemanes a extranjeros y judíos-bolcheviques) de haberlos
metido en la guerra. La presión pública en los países anglosajones obligó a desmantelar a los
comités organizadores de las campañas.

Además, la sociedad pierde la fe en los medios escritos. Los años anteriores a la guerra son
definidos en la historia del periodismo como "edad de oro de la prensa escrita". El prestigio de la
letra escrita, de raíces casi míticas (lo escrito, escrito queda), se rompe y se genera una
desconfianza inicial hacia los periódicos que se mantiene hasta hoy en el subconsciente colectivo,
y es la primera razón de la tan conocida y larga crisis de la prensa escrita.

Sistemas Ideológicos Radicales y Propaganda

En tales circunstancias, triunfan socialmente mesianismos y sistemas ideológicos radicales que
pretenden resolver desde un Estado poderoso y fuerte (totalitarismo) la organización del nuevo
orden y, en contrapartida, se desarrollan formas, también radicales, en defensa de la democracia
clásica. En ambos casos la propaganda desempeñará un papel esencial. Allí donde logran
imponerse tales sistemas totalitarios necesitarán el recurso a la propaganda, hasta convertirla en la
función pública por excelencia, en la columna central del sistema y del Estado. Allí donde
sobreviven las democracias liberales, tendrán que actuar a la defensiva tanto frente a los enemigos
del exterior como a las tendencias no menos totalitarias de grupos del interior. Será un modelo
contraporpagandístico de propaganda.

Los dirigentes bolcheviques o nazifascistas estaban can convencidos de la infalibilidad de las
técnicas de propaganda de masas, que se dedican a aplicarlas a tiempo completo. Es cierto que
en los regímenes democráticos la presión social obligó a la desaparición de todos los organismos
públicos relacionados con la propaganda, pero no impide que se creen múltiples centros de estudio
sobre la propaganda o que se mejoren y reorganicen los Servicios Secretos, o que los diarios
desarrollen a veces en las técnicas de persuasión.

El Modelo Totalitario de Propaganda

La tendencia de toda propaganda es el totalitarismo (la naturaleza de la propaganda es totalitaria)
por múltiples razones. Porque se trata de un medio de acción para la conquista y consolidación del
Estado o, en frase de Goebbels "se encuentra entre las artes que ayudan a gobernar un pueblo y
es la primera de ellas. Es indispensable en la estructura del Estado moderno y constituye el
instrumento que une al gobierno y al pueblo", y consolida la nación. Se convertirá, en
consecuencia, en el eje en torno al cual gire la acción gubernamental y al que se someta cualquier
otra actividad, exigiendo unidad, sometimiento, supeditación a los fines propuestos. En el
pensamiento de los máximos líderes totalitarios (Lenin "Qué hacer?", Hitler "Mi lucha"), la
propaganda regenta la organización del Estado totalitario, e incluye todo producto de la
imaginación humana, puesto que, de nuevo Goebbels: "la propaganda carece de política, tiene
sólo objetivos". La prensa, la radio, el cine, los libros, discursos, mitos, reuniones, campañas,
educación e instrucción, moral, leyes, procesos, teatro, discos, pintura o escultura, agitación social,
etc., todo debe estar sometido a los fines del Partido, que son los fines del Estado y de la sociedad.
Siempre según las ideas de Lenin y Hitler, la propaganda se hace visible y organizada en los
nuevos Estados totalitarios, pero no es menos real y visible en las viejas democracias. La sociedad
norteamericana, campeona de las libertades tradicionales (burguesas) forma un pueblo que
unánimemente comulga con un extraordinario e ingenuo conformismo, producto a su vez de una
constante acción de propaganda que impone los estereotipos de la gran democracia atlántica (la
superioridad yanqui, el progreso y la prosperidad) con tal fuerza que, quien no se someta a esas
consignas aparecerá como antiamericano.

Control del Pensamiento y Manifestaciones de la Inteligencia

Propaganda totalitaria significa control del pensamiento, a través de la orientación y censura de los
medios de comunicación, sometidos a la línea del partido único, a través de la creación de un
lenguaje ideológico propio capaz de conseguir una imagen atractiva y agresiva, a través de
campañas científicamente programadas, y con la utilización permanente y planificada de todas las
posibles manifestaciones de la inteligencia y la imaginación, que incluyen como elemento eficaz
cuanto promueva sentimientos colectivos (temor, odio, pasión, entusiasmo, piedad).

Ejemplos Clásicos de Estados Totalitarios

Los ejemplos clásicos de Estado totalitario (la Rusia soviética, la Italia fascista y la Alemania nazi)
son idénticos en cuanto a medios utilizados, organización, técnicas y métodos, pero difieren en
cuanto a perfección y volumen. Los bolcheviques encuentran ante ellos una población de 170
millones de analfabetos, hambrientos y deprimidos. Basan su persuasión en dar a conocer la fe en
un sistema capaz de cambiar el mundo. Lenin, en 1917, moviliza a los "ilustrados", organizándolos
como enseñantes (correa de transmisión hacia los iletrados), y en torno a esa finalidad puede
afirmarse que organiza el Estado o, al menos, lo esencial del Estado: la reconstrucción de la vieja
Rusia significa, sobre todo, un cambio radical respecto a los viejos hábitos sociales, es decir, la
organización de toda la fuerza y la actividad social en torno a "centros campesinos de lectura",
clubes para los distritos urbanos y
"esquinas rojas" en las plazas de los centros industriales, "casas de cultura" en los distritos o
provincias, encargados de organizar actividades deportivas, creación masiva de centros educativos
y bibliotecas. Todo envuelto con la presión social y el uso, lo más discreto y eficaz posible, de la
fuerza, la represión y la censura.

En Italia, la persuasión colectiva no estuvo tan ligada al desarrollo educacional como al directo
interés del Partido, personificado en individuos más que en comités. El primer objetivo del Partido
Fascista fue el control de los periodistas (1925) y la estatalización del cine (1926) y de la radio
(1927).

Aunque pone en pie toda una estructura propagandística centralizada con la correspondiente
censura (previa desde 1932) y las acostrumbradas organizaciones y actividades juveniles. Pero en
Italia tendrá mucha mayor importancia el culto a los símbolos y a la historia. En Alemania, la
propaganda prefabrica el éxito nazi, y sistemática, programada y calculadamente prepara y
consigue la conquista de las masas, con la utilización constante y cuidada de todos los organismos
y medios ya desarrollados por bolcheviques y fascistas.

Los comunistas cuentan con una fe a cuyo servicio organizan la propaganda; los nazifascistas
cuentan con la propaganda científica capaz de crear el mito y la fe, de forma más personalista en
Italia, de forma más programada y colectiva en Alemania. La tesis es clásica desde la publicación
del libro de Zeman Nazi Propaganda, según el cual el Partido y el Estado nazis son en sí mismos
una organización propagandística.

Fases de la Propaganda Totalitaria

Se configura el modelo de propaganda totalitario, en una doble fase temporal: como instrumento
para la conquista del poder y, posteriormente, para la conservación y consolidación del poder
conquistado. Los bolcheviques, antes ya de 1917, eran propagandistas profesionales
("revolucionarios" profesionales) formados en escuelas en Capri, Bolonia o Longjumean, que
trabajan sobre la creación de una red clandestina de publicaciones (Iskra, Pravda, Proletari). Lenin,
en la reorganización del Partido antes de la Revolución, crea primero publicaciones que sean sus
portavoces, y después las células comunistas. Crea Iskra, que será el esqueleto del nuevo partido.
El medio de comunicación organiza el partido, y las células serán antes que nada corresponsales y
distribuidores. En Italia, en 1919, Mussolini crea el Fascio de Milán con una misión definida: la
propaganda por los hechos, llevada a cabo concienzudamente por la acción de las escuadras
hasta la conquista del poder en 1922.

El caso paradigmático es, sin embargo, el alemán. Por el camino que
Hitler y Goebbels siguen, pero sobre todo por la acción de Hugenberg. En 1919 Hitler ingresa en el
Partido Obrero Alemán e inmediatamente orienta su actividad hacia la propaganda, de la que será
nombrado jefe, con ideas muy simples basadas en el programa de Gottfried Feder (lucha contra el
capitalismo, el marxismo, el judaísmo y los extranjeros). Entre 1919 y 1923 recluta con ardor
militantes, actúa violentamente, compra el Völkischer Beobachter, se alía con los nacionalistas de
Baviera (NSDAP) y lanza el putsch de Munich que le llevará a la cárcel. A partir de ese momento (y
así lo refleja
en Mein Kampf), es consciente de que hay que ganarse al pueblo para llegar al poder. Goebbels
seguía desde 1922 el mismo camino: encargado de la propaganda del Partido, nombrado

¿Non has encontrado lo que buscabas?

Explora otros temas en la Algor library o crea directamente tus materiales con la IA.