Peones e indígenas a fines del período colonial: trabajo y sociedad

Documento de Universidad sobre Peones e Indígenas a fines del período colonial. El Pdf explora el mundo del trabajo colonial en América Latina, con foco en la mita en Potosí y las relaciones laborales rurales rioplatenses, analizando sistemas productivos y la interacción entre mano de obra libre y forzada en Historia.

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Clase 2
Peones e indígenas a fines del período colonial
El mundo productivo colonial estaba dominado por la heterogeneidad y los contrastes,
entre sistemas de trabajo coactivo que se solapaban con sistemas de trabajo asalariado. Mi
objetivo en esta clase es ofrecerles una muestra de dicha heterogeneidad por medio del examen
de dos regiones que poseían dos producciones distintas con sus respectivos regímenes de trabajo:
el mundo rural rioplatense y el espacio minero del Alto Perú. En un primer apartado pasaré
revista de las principales características de estas producciones colocando especial énfasis en la
reconstrucción de las relaciones laborales y los procesos de trabajo en que se vieron inmersos
paisanos, indios y, desde luego, también esclavos. En la segunda parte, me ocuparé de las
cuestiones historiográficas por medio de una reconstrucción de los debates que estas cuestiones
generaron y el aporte de una serie de historiadores argentinos que resultaron claves para la
renovación de la historia social y económica del período tardocolonial.
El mundo del trabajo a fines del siglo XVIII
Coacción y mercado: la minería en Potosí
La minería constituía el alma de la vida colonial andina y los indígenas los andamios que
soportaban su estructura. A 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar, el Cerro Rico de Potosí
se convirtió luego de la llegada de los españoles en 1545 en el mayor centro de actividad minera
de toda la América colonial y hacia fines del siglo XVI en la ciudad más poblada del imperio. En
efecto, al momento de la famosa visita del virrey Francisco de Toledo en 1570, Potosí ya era una
ciudad de entre 100-120.000 habitantes que vivían de forma permanente a pesar de que en su
suelo no podía ser plantado ni un árbol. Para comprender esta magnitud, basta con mencionar
que, siendo la capital del Virrenato del Perú, Lima poseía por entonces 15.000 habitantes y sólo
alcanzaría los 60.000 una centuria después.
A principios del siglo XVII, se calcula que vivían allí entre 50.000 y 80.000 indios de los
cuales cerca de un cuarto eran mitayos. Cómo es sabido, la mita era uno de los tantos resabios
del mundo andino que, al igual que el tributo, los españoles incorporaron como vía para
garantizar una dominación efectiva sobre los pueblos subyugados. Rescatado por el Virrey
Toledo luego de su famosa visita en 1570, la mita consistía en un sistema de trabajo forzado en
base a turnos rotativos que en tiempos del Tawantisuyu eran utilizado sobre todo para realizar
obras de construcción y que los españoles volcaron exclusivamente a la extracción de plata.
De acuerdo al sistema establecido por Toledo, una séptima parte de los varones de entre
18 y 50 años pertenecientes a 16 comunidades del virreinato debían desplazarse a Potosí para
dedicarse a la extracción de plata. El esquema estipulaba una división del año en tres turnos, de
manera que los indígenas trabajaran no más de 4 meses en la recolección del metal y el resto del
año quedaran libres. Los indios se hospedaban en ranchos y debían emplearse en las tareas de
socavón (extracción de la piedra de la mina), molienda (en los ingenios) y amalgama (separación
de la plata por medio de la utilización de mercurio)
Claro que en un imperio trasatlántico cuya distancia entre la metrópoli y los territorios
coloniales era inédita, la brecha entre la teoría y la práctica era enorme, puesto que, para cumplir
con el cada vez más exigente cupo de hombres demandado, los capitanes de minas (indios que
servían de coordinadores en cada comunidad) debían reclutar un número cada vez más alto de
mitayos, al punto de que en la práctica muchos de ellos acababan empleándose más de medio
año en las faenas. Otra de las causas que llevó a esta sobreexplotación fue el descenso constante
del número de mitayos reclutados durante el siglo XVII, en buena medida como consecuencia
del derrumbe demográfico que experimentaron las poblaciones conquistadas durante el siglo
XVI
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pero también a raíz de las fugas continuas de indios hacia comunidades no alcanzadas por
la mita.
Además de esta situación, que significaba más trabajo para todos, las condiciones de trabajo eran
infrahumanas, con turnos de trabajo de 12 horas a cambio de un salario que apenas alcanzaba
para alimentar al mitayo, más no a la familia que lo acompañaba en la ranchera, lo cual
implicaba que todo el núcleo familiar incluyendo a niños de muy corta edad se empleara en
diversas actividades dentro de la ciudad. Es que, como plantea Enrique Tandeter en su trabajo, el
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Aunque los cálculos son muy estimativos, se calcula que un 70% de la población andina desapareció por una
combinación de sobrexplotación, accidentes o enfermedades vinculadas al proceso de extracción de la piedra o
amalgamiento y, sobre todo, epidemias.

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Peones e indígenas a fines del período colonial

El mundo productivo colonial estaba dominado por la heterogeneidad y los contrastes, entre sistemas de trabajo coactivo que se solapaban con sistemas de trabajo asalariado. Mi objetivo en esta clase es ofrecerles una muestra de dicha heterogeneidad por medio del examen de dos regiones que poseían dos producciones distintas con sus respectivos regímenes de trabajo: el mundo rural rioplatense y el espacio minero del Alto Perú. En un primer apartado pasaré revista de las principales características de estas producciones colocando especial énfasis en la reconstrucción de las relaciones laborales y los procesos de trabajo en que se vieron inmersos paisanos, indios y, desde luego, también esclavos. En la segunda parte, me ocuparé de las cuestiones historiográficas por medio de una reconstrucción de los debates que estas cuestiones generaron y el aporte de una serie de historiadores argentinos que resultaron claves para la renovación de la historia social y económica del período tardocolonial.

El mundo del trabajo a fines del siglo XVIII

Coacción y mercado: la minería en Potosí

La minería constituía el alma de la vida colonial andina y los indígenas los andamios que soportaban su estructura. A 4.000 metros de altura sobre el nivel mar, el Cerro Rico de Potosí se convirtió luego de la llegada de los españoles en 1545 en el mayor centro de actividad minera de toda la América colonial y hacia fines del siglo XVI en la ciudad más poblada del imperio. En efecto, al momento de la famosa visita del virrey Francisco de Toledo en 1570, Potosí ya era una ciudad de entre 100-120.000 habitantes que vivían de forma permanente a pesar de que en su suelo no podía ser plantado ni un árbol. Para comprender esta magnitud, basta con mencionar que, siendo la capital del Virrenato del Perú, Lima poseía por entonces 15.000 habitantes y sólo alcanzaría los 60.000 una centuria después.A principios del siglo XVII, se calcula que vivían allí entre 50.000 y 80.000 indios de los cuales cerca de un cuarto eran mitayos. Cómo es sabido, la mita era uno de los tantos resabios del mundo andino que, al igual que el tributo, los españoles incorporaron como vía para garantizar una dominación efectiva sobre los pueblos subyugados. Rescatado por el Virrey Toledo luego de su famosa visita en 1570, la mita consistía en un sistema de trabajo forzado en base a turnos rotativos que en tiempos del Tawantisuyu eran utilizado sobre todo para realizar obras de construcción y que los españoles volcaron exclusivamente a la extracción de plata. De acuerdo al sistema establecido por Toledo, una séptima parte de los varones de entre 18 y 50 años pertenecientes a 16 comunidades del virreinato debían desplazarse a Potosí para dedicarse a la extracción de plata. El esquema estipulaba una división del año en tres turnos, de manera que los indígenas trabajaran no más de 4 meses en la recolección del metal y el resto del año quedaran libres. Los indios se hospedaban en ranchos y debían emplearse en las tareas de socavón (extracción de la piedra de la mina), molienda (en los ingenios) y amalgama (separación de la plata por medio de la utilización de mercurio) Claro que en un imperio trasatlántico cuya distancia entre la metrópoli y los territorios coloniales era inédita, la brecha entre la teoría y la práctica era enorme, puesto que, para cumplir con el cada vez más exigente cupo de hombres demandado, los capitanes de minas (indios que servían de coordinadores en cada comunidad) debían reclutar un número cada vez más alto de mitayos, al punto de que en la práctica muchos de ellos acababan empleándose más de medio año en las faenas. Otra de las causas que llevó a esta sobreexplotación fue el descenso constante del número de mitayos reclutados durante el siglo XVII, en buena medida como consecuencia del derrumbe demográfico que experimentaron las poblaciones conquistadas durante el siglo XVI1 pero también a raíz de las fugas continuas de indios hacia comunidades no alcanzadas por la mita.

Además de esta situación, que significaba más trabajo para todos, las condiciones de trabajo eran infrahumanas, con turnos de trabajo de 12 horas a cambio de un salario que apenas alcanzaba para alimentar al mitayo, más no a la familia que lo acompañaba en la ranchera, lo cual implicaba que todo el núcleo familiar incluyendo a niños de muy corta edad se empleara en diversas actividades dentro de la ciudad. Es que, como plantea Enrique Tandeter en su trabajo, el 1 Aunque los cálculos son muy estimativos, se calcula que un 70% de la población andina desapareció por una combinación de sobrexplotación, accidentes o enfermedades vinculadas al proceso de extracción de la piedra o amalgamiento y, sobre todo, epidemias.empresario minero no precisaba preocuparse por la manutención del trabajador, con la ventaja adicional de que, a diferencia de las relaciones feudales predominantes en Europa en la Baja Edad Media, las tareas realizadas por los mitayos para su subsistencia nada tenían que ver con las de las minas. Si en Europa señores y campesinos compartían la suerte de la producción agraria, en Potosí este divorcio desligaba a los empresarios mineros de toda responsabilidad en la reproducción de su mano de obra.

La caída demográfica y las fugas recurrentes dieron lugar a una caída constante en la cantidad de indios mitayos que se extendió por todo el siglo XVII. En efecto si en los años iniciales eran reclutados 14.000 indios, hacia 1.650 esta cantidad se había reducido a menos de 1.000 y, a pesar del incremento durante las décadas siguientes, el número nunca alcanzará los niveles iniciales. En consecuencia, a los patrones de las minas y los ingenios no les quedó más remedio que aumentar la mano de obra contratada. Así nacieron los indios "mingas", trabajadores asalariados cuya financiación recayó en las propias comunidades puesto que, ante la imposibilidad de cumplir con las entregas, los curacas o caciques debieron compensar a los españoles con entregas de plata que era utilizada por los empleadores para contratar mingas hasta completar el cupo solicitado. Aunque algunos de las mingas eran yanas (esto es, indios que no estaban estructurados en comunidades) muchos de ellos mitayos que se empleaban a cambio de salarios mayores en sus períodos de receso y obtenían por ello salarios más altos y, en ocasiones, entregas de coca y de mineral. Su mejor posición se debía a que muchos realizaban la tarea de amalgama, la cual era una que requería mayores calificaciones, sin embargo, igualmente cierto es que a raíz del descenso de la mita durante el siglo XVII estos también fueron empleados para las tareas de extracción y molienda.

El metálico entregado por los curacas era obtenido gracias a la venta de todo tipo de bienes en la ciudad que eran transportados por las comunidades en caravanas desde sus lugares de origen, sobre todo llamas. Las oscilaciones en los precios de la plata producto de la sobreabundancia del metal -que como se sabe dio lugar a un fenómeno inflacionario inédito en el continente europeo que ha sido llamado "la revolución de los precios"- en lugar de invertirlos en la compra de fuerza de trabajo libre, muchos de los empleadores optaron por atesorar este metálico transformándolo en una renta que a veces resultaba más beneficiosa que la extraída de la producción. Esta provechosa y segura suma también contribuyó a desincentivar la producción y el reclutamiento de mitayos.

En el marco de la decadencia de Potosí, Mingas y mitayos acostumbraron a exigir el derecho consuetudinario a percibir cuotas del mineral que eran vendidas en el mercado indio de minerales y que se las denominaba corpa. Se calcula que en este mercado alternativo llegó a circular un cuarto de la plata total que se extraía. En el caso particular de los mingas, estos también establecieron la práctica del kajcheo que consistía en rastrillajes de la mina durante el fin de semana con el fin de extraer material rico que había sido detectado durante la semana. Al parecer, el mayor costo salarial de las mingas como así también su mayor indisciplina producto de sus vínculos con la economía campesina que les permitía gozar de formas alternativas de subsistencia por fuera del mercado de trabajo, determinó que en el siglo XVIII los patrones buscaran reforzar la mita con el fin de lograr un repunte de la producción.

Aunque Potosí nunca recuperaría la posición que poseía de antaño, siendo el Virreinato de Nueva España el corazón de la actividad minera en vísperas de la década revolucionaria, aún así los avances fueron importantes ¿Cómo fue posible esta recuperación? Reconociendo la importancia de las prácticas expuestas anteriormente, la respuesta de Tandeter es que esto fue logado mediante una intensificación de los trabajos coactivos que dieron lugar a una multiplicación de la renta mitaya. Redoble de turnos, pago por tarea realizada en lugar de por jornada y el clásico endeudamiento en las pulperías, fueron algunos de los mecanismos a los que echaron mano los administradores, dando lugar a un aumento tan sustancial de la explotación no ya sobre el varón adulto sino sobre la totalidad del núcleo familiar.

Producción agropecuaria en la campaña bonaerense

El hinterland que rodeaba a la capital del recién creado Virreinato del Río de la Plata era un mundo tanto o más dinámico que el espacio minero ligado a las minas de Potosí. Ya en el siglo XVII la ciudad de Buenos Aires y su litoral circundante habían comenzado a transformarse en un polo de atracción para las diversas economías regionales que conformaban el virreinato, un proceso que no haría más que acentuarse en la centuria siguiente. El papel creciente de Buenos Aires como puerta de entrada y salida al Atlántico y la fertilidad de sus tierras transformó a esta zona en punto de recepción de migrantes expulsados del Paraguay, Santiago del Estero, Cuyo y Catamarca. Estos migrantes y sus familias fueron consolidando una sociedad campesina de pastores y labradores. De manera que hacia fines del siglo XVIII la región pampeana bonaerense

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