La España Prerromana: Cronología, Poblaciones y Derecho

Documento sobre La España Prerromana o Primitiva. El Pdf explora la cronología y las diversas poblaciones que habitaron la España prerromana, incluyendo celtas y colonizadores mediterráneos, analizando sus instituciones jurídicas y modos de producción del derecho en la materia de Historia para Universidad.

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Tema 2: LA ESPAÑA PRERROMANA O PRIMITIVA
1. CRONOLOGÍA Y POBLACIÓN.
Esta etapa se inicia en una época remota a sus orígenes y termina en una fecha concreta,
el año 218 a.C. En cuanto al inicio hay que tener en cuenta que no es posible señalar el
momento exacto en que comienza la etapa primitiva o prerromana.Se parte de las noticias
más antiguas proporcionadas por documentos escritos, que corresponden al primer milenio
antes de cristo (etapa protohistórica), más concretamente hacia el siglo VII a.C. Estos
documentos, no fueron escritos en la península, sino fuera de ella, fundamentalmente de
origen griego y latino. En cuanto al año 218 a.C,(terminación de la etapa prerromana) se
trata de una fecha simbólica y corresponde al momento en que los romanos desembarcaron
en la península. Se inicia la romanización, que no acaece al mismo tiempo en toda la
geografía peninsular.
En cuanto a la población que ocupa este territorio, no se trata de una comunidad
homogénea, sino de un conjunto de pueblos de origen, caracteres étnicos y formas de vida
muy distintas:
- Entre los pueblos del norte figuran los galaicos, astures, cántabros y vascones.
- En la franja central peninsular figuran los celtíberos y los vacceos.
- En el área oriental o ibérica los íberos, integrados por una rica variedad de pueblos.
- En la zona meridional los turdetanos y tartesios, cuya rica civilización contrasta
ostensiblemente con la de las restantes comunidades indígenas.
La población primigenia se iría diferenciando merced a la presencia de sucesivos
inmigrantes, portavoces de culturas diversas, cada una de las cuales tuvo a su vez una
evolución peculiar de acuerdo con el medio geoeconómico en que se desenvolvió y según
su propia vivencia. Así, en el último milenio anterior a nuestra era se establecieron en
España nuevos pueblos que se asentaron junto a los anteriores o se fundieron con ellos. El
resultado fue una serie de complejos culturales que hicieron cada vez mayor la falta de
unidad cultural de la península y, en definitiva, la falta de homogeneidad entre los pueblos.
La población peninsular en la época protohistórica recibe una doble afluencia de pueblos:
las invasiones celtas y las colonizaciones de pueblos del mediterráneo oriental.
- La Invasión Celta:
Durante más de setecientos años fueron llegando a España en oleadas sucesivas a través
de los Pirineos, diversos pueblos que presentaban entre sí cierta afinidad racial y a los que
se acostumbraba a designar con el nombre genérico de celtas. El más antiguo de ellos,
considerado como protoindoeuropeo, procedente del Rhin y del Danubio, es un pueblo
guerrero de cultura pastoril que en un proceso de marcha hacia el sur y el oeste penetra en
la península en varias ocasiones, siendo la primera en el año 900 a.C. Es un pueblo
organizado militarmente, dirigido por una aristocracia militar, que buscaba tierras mejores.
Eran de temperamento guerrero y gracias al empleo de de armas más perfectas que las
usadas hasta entonces (las primeras espadas de hierro de la historia, caballos y carros de
guerra), y no a una cultura superior, consiguieron vencer y dominar a los pueblos que hasta
entonces ocupaban la península, o rechazarlos hacia zonas periféricas, inaccesibles o de
difíciles condiciones de vida. Someten a la población indígena, se adueñan de la tierra, unas
veces se mezclan con ellos y otras no y le imponen sus instituciones y su derecho.
- Las Colonizaciones:
A la vez que los celtas, en grandes masas, entraban por el Pirineo y se extendieron por el
interior de España, otros pueblos del Oriente Mediterráneo (fenicios, griegos y cartagineses)
continuaron llegando por mar y estableciéndose en pequeño número en las costas. Sus
avanzadas formas de vida y su cultura se impusieron o fueron copiadas por los pueblos
indígenas. Impulsados por un afán comercial fundan colonias en la costa de Levante y del
Sur, zonas que experimentaron el influjo de la cultura superior.
Los Fenicios provienen del Tiro y llegan buscando nuevos mercados y lugares donde
obtener productos con los que comerciar. Su propiedad fue breve y a partir de la caída de
Tiro (668 a.C) decayeron rápidamente, quedando bajo la hegemonía de los Tartessos.
Aparecen entonces Los Cartagineses, que habían sido colonizados por Fenicia, y van a
heredar ahora el control del mediterráneo. Los griegos, son de diversa procedencia. Los
más predominantes son los Focenses, que también fundaron colonias en la costa de
Levante y del Sur.
Estas zonas experimentan el influjo de una cultura superior. La pugna de intereses llevó a la
guerra a todos estos pueblos. La primera, la guerra de Cartago, aliada con los etruscos,
contra los griegos, se resolvió en favor de los primeros, en la batalla naval de Alalía (535
a.C). La expansión griega quedó cortada. Tartessos (aliados de los griegos) fue destruida
por los cartagineses y éstos se adueñaron de las colonias griegas del sur. El dominio no
dura mucho al producirse el enfrentamiento entre Roma y Cartago (guerras púnicas) (en la
segunda, aparecen los romanos en la península.
Las diferencias entre los celtas y estos pueblos colonizadores, son claras. Los celtas tienen
un carácter bélico y una organización militar, buscan tierras donde establecerse
definitivamente, penetran muy al interior y se mezclan a veces con los indígenas. mientras
que los colonizadores son pacíficos, vienen a explotar las riquezas de la península, sobre
todo la metalúrgica, y a ejercer el comercio, sin romper con su origen. sólo penetran hasta
donde están las riquezas, fundando puertos para la exportación. Estos, que solían rodear de
murallas sus ciudades si estaban cerca de una población indígena, aunque sí establecen
con ellos relaciones comerciales. Además, los indígenas asimilan la cultura superior de los
colonizadores.
2. EL DERECHO EN FUNCIÓN DE LOS DIVERSOS TIPOS DE COMUNIDADES
POLÍTICAS.
En la España primitiva las comunidades estaban integradas por unas familias de sangre
reducidas, que se irían ampliando y evolucionando hacia unidades territoriales, donde lo
importante no sería el linaje, sino existiendo ya una especie de poder público, la relación del
individuo con ese poder con independencia del grupo familiar al que perteneciera. Esta
cuestión relativa a las formas de organización de la población en la España primitiva, es un
tema que ya se plantean los historiadores del siglo XIX. Joaquín Costa, Hinojosa y Torres
López defendían que el tipo de comunidad característico de esta época era la tribu, la
comunidad de sangre. Schulten, en cambio, pensaba que la comunidad predominante fue
una ciudad-estado que ejerce su poder sobre un territorio. Pero al tratarse de la España
primitiva, no puede hablarse de ella como de algo uniforme ni señalar rasgo alguno como
general a toda ella. Al ser los pueblos diferentes, las teorías serán diferentes.
García-Gallo distingue en esta cuestión tres tipos de comunidades, desde las más
rudimentarias a las más avanzadas:

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Cronología y Población de la España Primitiva

Esta etapa se inicia en una época remota a sus orígenes y termina en una fecha concreta, el año 218 a.C. En cuanto al inicio hay que tener en cuenta que no es posible señalar el momento exacto en que comienza la etapa primitiva o prerromana.Se parte de las noticias más antiguas proporcionadas por documentos escritos, que corresponden al primer milenio antes de cristo (etapa protohistórica), más concretamente hacia el siglo VII a.C. Estos documentos, no fueron escritos en la península, sino fuera de ella, fundamentalmente de origen griego y latino. En cuanto al año 218 a.C,(terminación de la etapa prerromana) se trata de una fecha simbólica y corresponde al momento en que los romanos desembarcaron en la península. Se inicia la romanización, que no acaece al mismo tiempo en toda la geografía peninsular.

En cuanto a la población que ocupa este territorio, no se trata de una comunidad homogénea, sino de un conjunto de pueblos de origen, caracteres étnicos y formas de vida muy distintas:

  • Entre los pueblos del norte figuran los galaicos, astures, cántabros y vascones.
  • En la franja central peninsular figuran los celtíberos y los vacceos.
  • En el área oriental o ibérica los íberos, integrados por una rica variedad de pueblos.
  • En la zona meridional los turdetanos y tartesios, cuya rica civilización contrasta ostensiblemente con la de las restantes comunidades indígenas.

La población primigenia se iría diferenciando merced a la presencia de sucesivos inmigrantes, portavoces de culturas diversas, cada una de las cuales tuvo a su vez una evolución peculiar de acuerdo con el medio geoeconómico en que se desenvolvió y según su propia vivencia. Así, en el último milenio anterior a nuestra era se establecieron en España nuevos pueblos que se asentaron junto a los anteriores o se fundieron con ellos. El resultado fue una serie de complejos culturales que hicieron cada vez mayor la falta de unidad cultural de la península y, en definitiva, la falta de homogeneidad entre los pueblos.

La población peninsular en la época protohistórica recibe una doble afluencia de pueblos: las invasiones celtas y las colonizaciones de pueblos del mediterráneo oriental.

Invasión Celta en la Península

  • La Invasión Celta:

Durante más de setecientos años fueron llegando a España en oleadas sucesivas a través de los Pirineos, diversos pueblos que presentaban entre sí cierta afinidad racial y a los que se acostumbraba a designar con el nombre genérico de celtas. El más antiguo de ellos, considerado como protoindoeuropeo, procedente del Rhin y del Danubio, es un pueblo guerrero de cultura pastoril que en un proceso de marcha hacia el sur y el oeste penetra en la península en varias ocasiones, siendo la primera en el año 900 a.C. Es un pueblo organizado militarmente, dirigido por una aristocracia militar, que buscaba tierras mejores. Eran de temperamento guerrero y gracias al empleo de de armas más perfectas que las usadas hasta entonces (las primeras espadas de hierro de la historia, caballos y carros de guerra), y no a una cultura superior, consiguieron vencer y dominar a los pueblos que hasta entonces ocupaban la península, o rechazarlos hacia zonas periféricas, inaccesibles o de difíciles condiciones de vida. Someten a la población indígena, se adueñan de la tierra, unas veces se mezclan con ellos y otras no y le imponen sus instituciones y su derecho.- Las Colonizaciones:

A la vez que los celtas, en grandes masas, entraban por el Pirineo y se extendieron por el interior de España, otros pueblos del Oriente Mediterráneo (fenicios, griegos y cartagineses) continuaron llegando por mar y estableciéndose en pequeño número en las costas. Sus avanzadas formas de vida y su cultura se impusieron o fueron copiadas por los pueblos indígenas. Impulsados por un afán comercial fundan colonias en la costa de Levante y del Sur, zonas que experimentaron el influjo de la cultura superior.

Los Fenicios provienen del Tiro y llegan buscando nuevos mercados y lugares donde obtener productos con los que comerciar. Su propiedad fue breve y a partir de la caída de Tiro (668 a.C) decayeron rápidamente, quedando bajo la hegemonía de los Tartessos. Aparecen entonces Los Cartagineses, que habían sido colonizados por Fenicia, y van a heredar ahora el control del mediterráneo. Los griegos, son de diversa procedencia. Los más predominantes son los Focenses, que también fundaron colonias en la costa de Levante y del Sur.

Estas zonas experimentan el influjo de una cultura superior. La pugna de intereses llevó a la guerra a todos estos pueblos. La primera, la guerra de Cartago, aliada con los etruscos, contra los griegos, se resolvió en favor de los primeros, en la batalla naval de Alalía (535 a.C). La expansión griega quedó cortada. Tartessos (aliados de los griegos) fue destruida por los cartagineses y éstos se adueñaron de las colonias griegas del sur. El dominio no dura mucho al producirse el enfrentamiento entre Roma y Cartago (guerras púnicas) (en la segunda, aparecen los romanos en la península.

Las diferencias entre los celtas y estos pueblos colonizadores, son claras. Los celtas tienen un carácter bélico y una organización militar, buscan tierras donde establecerse definitivamente, penetran muy al interior y se mezclan a veces con los indígenas. mientras que los colonizadores son pacíficos, vienen a explotar las riquezas de la península, sobre todo la metalúrgica, y a ejercer el comercio, sin romper con su origen. sólo penetran hasta donde están las riquezas, fundando puertos para la exportación. Estos, que solían rodear de murallas sus ciudades si estaban cerca de una población indígena, aunque sí establecen con ellos relaciones comerciales. Además, los indígenas asimilan la cultura superior de los colonizadores.

El Derecho en las Comunidades Políticas Primitivas

En la España primitiva las comunidades estaban integradas por unas familias de sangre reducidas, que se irían ampliando y evolucionando hacia unidades territoriales, donde lo importante no sería el linaje, sino existiendo ya una especie de poder público, la relación del individuo con ese poder con independencia del grupo familiar al que perteneciera. Esta cuestión relativa a las formas de organización de la población en la España primitiva, es un tema que ya se plantean los historiadores del siglo XIX. Joaquín Costa, Hinojosa y Torres López defendían que el tipo de comunidad característico de esta época era la tribu, la comunidad de sangre. Schulten, en cambio, pensaba que la comunidad predominante fue una ciudad-estado que ejerce su poder sobre un territorio. Pero al tratarse de la España primitiva, no puede hablarse de ella como de algo uniforme ni señalar rasgo alguno como general a toda ella. Al ser los pueblos diferentes, las teorías serán diferentes.

García-Gallo distingue en esta cuestión tres tipos de comunidades, desde las más rudimentarias a las más avanzadas:

  • Comunidades familiares de linaje (área Nórdica). Son propias especialmente del área cantábrica, que es la más atrasada de la Península. La unidad más pequeña es la familia, seguida de la gentilidad o grupos de familias, y de la gens o agrupación de gentilidades.
  • Comunidades populares (de los celtíberos, en la Meseta y Lusitania). Es un tipo de comunidad intermedia, donde tienen importancia los lazos de sangre pero existe también una ciudad que extiende su poder sobre un territorio (sería el caso, por ejemplo, de Numancia). El individuo se somete a la ciudad, en la que encuentra protección gracias a sus murallas, dando así una cierta relación de aquél con el poder público, aunque sea a través del grupo familiar al que pertenece.
  • Comunidades territoriales (Sur y Levante). Al ser más avanzadas, se dieron en aquellas zonas donde la cultura era superior. Hay ya una organización político-administrativa y un gobierno (rey, senado o asamblea). Se habla de la existencia de una relación directa del súbdito con el poder político independientemente del grupo familiar. Se dan leyes, entendiéndose éstas como normas escritas y creadas por el poder político, lo que significa la existencia de un estado territorial.

La diferenciación entre estos tres tipos de comunidades es relevante para nosotros porque el Derecho en la España primitiva se irá formando y evolucionando en función de ellas. Así, de forma paralela a esta triple distinción, podríamos hablar de tres fases en la evolución del Derecho primitivo:

Fases de Evolución del Derecho Primitivo

  • Primera fase: la naturaleza o la divinidad como origen del Derecho.

En los pueblos menos desarrollados social y culturalmente (en los que encontrábamos las comunidades familiares de linaje), el origen del Derecho entre ellos radica en la propia naturaleza o en la divinidad. El Derecho emana como algo natural de la propia sociedad y, por consiguiente, hay que atribuir a la fuerza de la costumbre un papel fundamental en su formación. La reiteración de la propia conducta, de una misma solución, ante un problema social determinado imprimiría a aquélla la fuerza obligatoria propia de una norma jurídica, al convertirse dicha conducta en algo inherente, consustancial, con la propia sociedad. Por ello la actuación al margen de esa práctica reiterada y generalmente aceptada repugnaba a la sociedad y motivaría una sanción, mientras que su reiteración la convertiría en norma invariable y obligatoria.

Teniendo en cuenta el difícil deslinde entre lo jurídico, lo mágico y lo religioso, el acto o conducta inicial contaría con la declaración de licitud o con la interpretación favorable y legitimadora hecha por un sacerdote o hechicero. Su intervención parece, al menos, más segura, tratándose de asuntos relativos a la organización política.

El Derecho, como fuerza de la naturaleza, no tendría sin embargo un carácter universal, porque siendo su finalidad resolver problemas sociales, se identificaría con la organización del grupo social familiar o gentilicio. Se trataría por tanto de un Derecho cerrado y personalista, cada grupo tiene el suyo propio y los individuos tienen personalidad jurídica en cuanto pertenecen a esa familia o grupo. Es un Derecho que favorece a los que forman la propia comunidad, de la que se excluyen los extraños.

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