Documento de Universidad sobre géneros musicales como ópera, cantata, oratorio, misa y réquiem. El Pdf presenta una visión detallada de las formas musicales sinfónico-corales y vocales, incluyendo obras significativas y sus compositores, ideal para estudiantes de Música.
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Aida (1871) - Giuseppe Verdi Síntesis de grandiosidad y lirismo, célebre por sus escenas corales y amorosas. Parsifal (1882) - Richard Wagner › Última obra de Wagner, con innovaciones armónicas y una profunda dimensión espiritual. Carmen (1875) - Georges Bizet > Obra clave del realismo operístico, innovadora por sus elementos populares y dramáticos. Boris Godunov (1874, revisada en 1872 y 1874) - Modest Músorgski > Revolución en la ópera rusa por su naturalismo, dramatismo y lenguaje musical directo. Otello (1887) - Giuseppe Verdi > Evolución del drama operístico, con fusión de música y teatro en un flujo continuo. Pelléas et Mélisande (1902) - Claude Debussy > Fundadora de la ópera impresionista, con nuevas armonías y atmósferas sonoras. Salomé (1905) - Richard Strauss > Impactante por su modernismo armónico, dramatismo y orquestación lujosa. Elektra (1909) - Richard Strauss > Extremadamente innovadora en cuanto a lenguaje armónico y expresión psicológica. Der Rosenkavalier (1911) - Richard Strauss > Mezcla de modernismo y nostalgia por el clasicismo, con rica orquestación y humor. Wozzeck (1925) - Alban Berg > Primera gran ópera atonal y expresionista, con enorme impacto en la música del siglo XX. Lulu (1937, incompleta) - Alban Berg > Continuación del estilo atonal, con gran sofisticación estructural y dramática. Peter Grimes (1945) - Benjamin Britten > Revitalización de la ópera inglesa, combinando modernidad y tradición. Dialogues des Carmélites (1957) - Francis Poulenc > Obra profundamente espiritual, mezcla de lenguaje moderno y lirismo clásico. Einstein on the Beach (1976) - Philip Glass > Revolución del género con la ópera minimalista, basada en estructuras repetitivas y no narrativas. Nixon in China (1987) - John Adams > Obra cumbre de la ópera contemporánea, con estilo minimalista y temática histórica reciente.3. Música sinfónico-coral
Se denomina música sinfónico-coral a aquella en la cual interviene música vocal junto a una orquesta sinfónica. Por tanto, es música sinfónica, puesto que la orquesta es parte importante de este género musical, pero también es música vocal, y no únicamente coral como su nombre compuesto indica, pues además de un coro (cuyas proporciones suele estar en relación con las dimensiones de la orquesta, para que exista un equilibrio sonoro adecuado) es muy habitual que también intervengan cantantes solistas. Desde el mismo momento en que la música orquestal empezó a tener su importancia (recuérdese que hizo su aparición durante el Barroco), los compositores se sintieron atraídos por combinar la música vocal (de tantísima tradición en Occidente), junto a ese fascinante mundo sonoro instrumental que aporta la orquesta. Así, surgieron (en el Barroco) importantes géneros sinfónico-vocales como la cantata, y aún más el oratorio, además de cultivarse la gran misa para coro y orquesta. Además de los géneros musicales mencionados anteriormente, la música escénica (esto es, la ópera y géneros similares) también hace uso combinado de música orquestal y vocal, interviniendo en ella, al igual que en el oratorio, tanto solistas vocales como agrupaciones corales de muy diversa composición (coros masculinos, femeninos, mixtos, e incluso a veces también coros infantiles).
Una sinfonía coral es una composición musical para orquesta, coro y, en ocasiones, solistas (al igual que un oratorio o una ópera, aunque se han compuesto algunas para voces sin acompañamiento), la cual se adhiere, generalmente, en su funcionamiento interno y arquitectura musical global a la forma musical sinfónica, integrando así dos de las fuerzas musicales más poderosas: la masa orquestal y la voz humana colectiva. Estas obras suelen tener una dimensión monumental. A diferencia de los oratorios o las óperas, que generalmente están estructurados dramatúrgicamente en arias, recitativos y coros, una sinfonía coral está estructurada como una sinfonía, en movimientos. A pesar de que las voces son de uso frecuente, no es ni una ópera de concierto, ni una cantata. El término «Sinfonía coral» en este contexto fue acuñado por Berlioz al describir su obra "Roméo et Juliette" en su introducción de cinco párrafos para dicha obra. El antecesor directo de la sinfonía coral es la "Novena Sinfonía" de Beethoven. Esta obra recoge parte de la "Ode an die Freude" (Oda a la Alegría), un poema de F. Schiller, con texto cantado por solistas y coro en su último movimiento. Es el primer ejemplo de uso en un compositor importante de la voz humana al mismo nivel que los instrumentos en una sinfonía. Algunos compositores del siglo XIX, en particular Mendelssohn y Liszt, siguieron a Beethoven en la producción de obras sinfónicas corales. El género se desarrolló ampliamente en el siglo XX, con obras notables como las compuestas por Britten, Mahler, Rajmáninov, Shostakóvich, Stravinski y Ralph Vaughan Williams, entre otros. Desde finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI se han compuesto varias obras nuevas de este género, entre ellas las escritas por Tan Dun, Philip Glass, Hans Werner Henze y Krzysztof Penderecki. Con el tiempo, el uso del texto permitió a la sinfonía coral evolucionar desde una sinfonía instrumental con un final coral (como en la Novena de Beethoven) a una composición que puede utilizar voces e instrumentos en toda la composición. Se caracteriza por un tratamiento complejo de la armonía, contrapunto y color orquestal, que se entrelazan con el discurso coral para crear obras de profunda intensidad expresiva. La intención era que la sinfonía coral permaneciera en el género sinfónico, incluso con su fusión de elementos dramáticos o narrativos que se derivaban de la inclusión de las palabras. El texto escrito en una sinfonía coral está al mismo nivel que la música, como en un oratorio, y el coro y los solistas comparten papel con los instrumentos. Con este objetivo, las palabras fueron tratadas sinfónicamente para perseguir fines no narrativos, a través del uso frecuente de la repetición de palabras y frases importantes y la reordenación, transposición y omisión de pasajes lingüísticos. El texto llegó a determinar el esquema sinfónico básico, mientras que la orquesta transmitía las ideas musicales en un grado similar al del coro y los solistas. Incluso con un énfasis sinfónico, una sinfonía coral era influenciada a menudo en la forma musical y el contenido por una narración externa, incluso en las partes donde no había canto.
En 1824, la "Novena Sinfonía" de Beethoven redefinió la sinfonía mediante la introducción de texto y voz en un género previamente instrumental, por lo que abrió un debate sobre el futuro de la sinfonía en sí misma. Algunos compositores emularon y ampliaron el modelo de Beethoven, ya que durante el Romanticismo la música sinfónico-coral se convierte en un vehículo ideal para expresar sentimientos grandiosos, tanto religiosos como seculares. Se buscan dimensiones épicas, ideales humanistas y filosóficos, destacando la importancia del texto como motor de la expresión musical. Berlioz mostró en su sinfonía coral "Roméo et Juliette" un nuevo enfoque de la naturaleza épica de la sinfonía, usando voces para mezclar música y narrativa, excepto los momentos fundamentales de la narrativa reservados a la orquesta únicamente. Mendelssohn compuso su "Segunda Sinfonía" como una obra para coro, solistas y orquesta. Habiendo etiquetado la obra como «sinfonía- cantata», amplió el final coral a nueve movimientos mediante la inclusión de secciones vocales para solistas, recitativos y secciones para coro, lo que hizo a la parte vocal más larga que las tres secciones puramente orquestales que la precedían. Liszt escribió dos sinfonías corales, siguiendo estas formas de múltiples movimientos con las mismas prácticas de composición y mismos objetivos programáticos que había establecido en sus Poemas sinfónicos. Mahler siguió el legado de Beethoven en sus primeras sinfonías. Utilizó un coro y solistas en el final de su "Segunda Sinfonía", «Resurrección». En su "Tercera Sinfonía" escribió un final puramente instrumental precedido por dos movimientos vocales y en su "Cuarta Sinfonía" una soprano solista interpreta un final vocal. Después de escribir sus sinfonías Quinta, Sexta y Séptima como obras puramente instrumentales, Mahler regresó al estilo de «ceremonial festivo-sinfónico» en su "Octava Sinfonía", que integra el texto a lo largo de toda la obra. Después de Mahler, la sinfonía coral se convirtió en un género más común, sufriendo diversos cambios de composición en el proceso.
A lo largo de la historia de la sinfonía coral se han compuesto obras que han reflejado objetivos programáticos de composición particulares. Una de las primeras sinfonías de este tipo fue la "Segunda Sinfonía" de Mendelssohn, encargada por la ciudad de Leipzig en 1840 para celebrar el 400 aniversario de la invención de la imprenta por Gutenberg. Más de un siglo después, la "Segunda Sinfonía" de Górecki, subtitulada «Copernicana», fue encargada en 1973 por la Kosciuszko Foundation de Nueva York para celebrar el 500 aniversario del nacimiento del astrónomo Copérnico. Entre estas dos obras, en 1930, el director de orquesta Sergéi Kusevitski encargó a Stravinski la composición de la "Sinfonía de los Salmos" para el 50 aniversario de la Orquesta Sinfónica de Boston y, en 1946, el compositor Henri Barraud encargo a Milhaud que escribiera su "Tercera Sinfonía", subtitulada «Te Deum», para conmemorar el final de la Segunda Guerra Mundial. En los últimos años del siglo XX y los primeros del siglo XXI, se compusieron más sinfonías corales para ocasiones especiales. Dichas obras cuestionan los límites entre sinfonía, cantata y oratorio, incluyendo elementos electrónicos, efectos vocales modernos, música aleatoria, etc.