Documento de Bachillerato sobre el período de regencias durante el reinado de Isabel II, la Revolución liberal y la Primera Guerra Carlista. El Pdf, un conjunto de apuntes de Historia, analiza la consolidación del constitucionalismo, el pluralismo político y los cambios económicos y administrativos entre 1833 y 1843.
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Segundo de Bachillerato
Historia de España
Tema 8
Tema 8 : El período de
regencias durante el reinado
de Isabel II:
Revolución liberal y
Primera Guerra
Carlista (1833-1843)
1.1. Consolidación del constitucionalismo
1.2. Consolidación del pluralismo político
1.3. El papel de los militares
1.4. Cambios económicos y sociales
1.5. Cambios administrativos
3.1. Las Regencias
3.1.1 .- Regencia de María Cristina (33-40)
3.1.2 .- Regencia de Espartero (40-43)
A la muerte de Fernando VII su hija Isabel contaba con tres años de edad, y aunque fue proclamada
reina, la regencia recayó en su madre María Cristina (1833/1840). Para hacer frente a la oposición
de quienes eran partidarios de que el trono fuera ocupado por el hermano del rey, el infante don
Carlos, se vio abocada a pactar con los liberales. A cambio de este respaldo, el liberalismo pudo
implantarse de forma paulatina y superar las estructuras del Antiguo Régimen.
Durante el largo reinado de Isabel II asistimos a una serie de cambios que consolidarán
definitivamente el estado liberal, racionalizando y organizando la estructura del Estado español y
sentando, en definitiva, las bases de la España moderna.
El Liberalismo, referido al siglo XIX, es un movimiento político puesto al absolutismo, cuyo
objetivo era la limitación del poder real y la elaboración de Constituciones escritas, que recogieran
los principios de los Ilustrados ( Montesquieu y Rousseau). Muy pronto, se dividió en dos
corrientes: moderados y progresistas.
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1.1 .- Consolidación del constitucionalismo.
A lo largo de estos años se establece la división de poderes, el
reconocimiento de los derechos individuales, la afirmación del
principio de la soberanía nacional, el sufragio y el pluralismo
político. Todos estos principios se recogen en las distintas
Constituciones del momento. Es un periodo básico en la historia
del constitucionalismo español. Existen cuatro constituciones: el
Estatuto Real (que no es una constitución como tal, sino una carta otorgada); la Constitución de
1837, que pese a sus contradicciones se considera una constitución progresista; la Constitución de
1845, constitución conservadora por antonomasia y la que más importancia y vigencia tuvo, y la
Constitución "non nata" de 1856 (este apelativo viene del hecho de que no se llegó a aplicar).
1.2. Consolidación del pluralismo político.
En este periodo se va a producir la división del liberalismo, que ya apareció anteriormente, pero
ahora se consolida y se amplía. Al partido moderado y progresista, los dos más importantes, se les
unirá el Demócrata, la Unión Liberal y la primeras formulaciones del republicanismo. No obstante,
existe un marcado predominio del partido moderado o conservador. Moderados y progresistas
tienen un objetivo común: erradicar la supervivencia del Antiguo Régimen y el establecimiento de
un estado constitucional. Las diferencias entre ambos están en la amplitud y la profundidad de las
reformas. Veamos las características de ambos partidos:
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1.3. El papel de los militares.
La consolidación del estado liberal en estos momentos se hace con muchas dificultades y
superando diversos obstáculos que imponían las viejas fuerzas tradicionales. Una de las
características del reinado de Isabel II (y de toda la historia contemporánea de España) va a
ser el protagonismo militar, no solo por el hecho de que algunos cambios de gobierno se
produjesen a raíz de pronunciamientos militares, sino también por la presencia de
militares como líderes de los partidos políticos, e incluso los encontramos presidiendo
gobiernos como a Espartero, Narváez u O Donell.
Este protagonismo militar viene dado no solo por la debilidad del poder político civil en el
contexto de las dificultades de implantación del nuevo régimen, sino también motivado por
la importancia de las guerras (sobre todo las Carlistas) en este periodo, que hizo subir la
influencia de los militares, lo cual creó una peligrosa macrocefalia militar (existencias de
un exceso de mandos militares). Por otra parte, el sistema democrático dejaba mucho que
desear ya que el poder de la oligarquía era excesivo, quedando grandes capas de la sociedad
fuera del juego político.
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1.4 .- Cambios económicos y sociales
La política económica que pone las bases de la economía
industrial es llevada a cabo fundamental- mente por
gobiernos progresistas. Dentro de estas disposicione
legislativas cabe destacar todo el proceso desamortizador
de la tierra, la supresión del régimen señorial y los
gremios, la ley de ferro- carriles y la Ley de Sociedades
Bancarias y Crediticias.
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Se crea, por lo tanto, una nueva estructura social que vendrá dada por dos hechos de
trascendencia fundamental: las transformaciones en la propiedad de la tierra a través de las
desamortizaciones y los inicios de la expansión económica con la incipiente
industrialización. Nace así la nueva sociedad burguesa.
Asistimos por lo tanto al desmantelamiento del Antiguo Régimen y como se asientan las
bases de la sociedad burguesa y al incipiente capitalismo. Supone la desaparición de la
organización social estamental y señorial y la implantación de la sociedad de clases.
1.5 .- Cambios administrativos
Las reformas administrativas son llevadas a cabo por gobiernos conservadores con el objetivo de
centralizar el Estado. Esta centralización se demuestra en medidas como la división provincial de
Javier de Burgos, la creación de la figura de los gobernadores civiles y militares, la reforma de la
Hacienda Pública, refundiendo la multiplicidad de impuestos en sólo cuatro, la aprobación del
Código Penal, la firma del Concordato con la Santa Sede, la creación de la Guardia Civil o la
organización de la educación pública, asumiendo el Estado la obligación de la enseñanza como
asunto público.
2. CARLISMO Y GUERRA CIVIL.
Dos días después de la muerte de Fernando VII, el hermano del difunto, Carlos María Isidro de
Borbón, se autoproclamó rey de España. Inmediatamente surgieron por distintas partes del territorio
español partidas carlistas, especialmente en Navarra y en el País Vasco. Con el Manifiesto de
Abrantes el infante don Carlos se oponía a la proclamación de su sobrina Isabel como reina.
La regente María Cristina buscó el apoyo de los liberales para garantizar el trono a su hija Isabel,
de sólo tres años de edad. Se inició de este modo una guerra civil que no debe ser entendida como
una simple guerra dinástica, sino como una guerra de fuerte contenido ideológico, político y de
clase. En el bando carlista estaban los absolutistas más intransigentes: encontramos a una parte
importante de la nobleza; a los sectores más ultraconservadores de la administración y del ejército;
a la mayoría del bajo clero; así como una parte importante del campesinado y de los sectores
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