Documento de Universidad sobre Metafísica, Lógica y Teoría del Conocimiento. El Pdf explora los sistemas metafísicos de Platón y Aristóteles, y las evoluciones del pensamiento medieval con Tommaso d'Aquino y Guglielmo de Ockham, para la materia de Filosofía.
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La metafísica estudia el fundamento, el sentido y la finalidad última de toda la realidad; mundo, hombre y Dios. Recibe el nombre de Ontología cuando se la concibe como ciencia del ser en tanto que ser; las diferencias entre ser y ente, esencia y existencia. Se pregunta principalmente por la razón o causa última de la realidad, la relación entre inmanencia y trascendencia y por el sentido de todo. Una metafísica adecuada alberga siempre la pregunta por la verdad.
La metafísica, también denominada "filosofía primera", es la parte de la filosofía que se pregunta por la realidad. Se ocupa de la pregunta filosófica más abarcante: qué es la realidad, qué es lo verdaderamente real. La metafísica presupone, por tanto, la diferencia entre lo aparente y lo real.
El término "realidad" disfruta o padece una polisemia o riqueza significativa que puede no ser fácil de determinar. Igual que en el lenguaje ordinario, también en su uso filosófico, la palabra "realidad" carece de contornos precisos. Podríamos resumir las principales significaciones que la filosofía le atribuye en las cuatro siguientes:
De estas cuatro significaciones habría que excluir la primera por insuficiente, y, asimismo, la cuarta, por cuanto la realidad de Dios se configura como una realidad absolutamente distinta de las demás. Esto no supone negar a Dios, sino dejar claro que cuando hablamos de "realidad" en filosofía debemos distinguir entre la realidad de Dios y la realidad de todas las otras cosas distintas de Dios. Toda realidad distinta de Él deberá explicarse desde Dios como su causa y su fin.También se podrían combinar en una sola las significaciones segunda y tercera: la realidad sería el conjunto tanto de cosas y eventos materiales sujetos a las leyes del espacio como de las entidades y eventos psíquico-espirituales no sujetos a dichas leyes. Todos los elementos de la realidad así entendida existirían de forma individual y temporal.
La realidad concebida de este último modo abarcaría por igual el ámbito de la materialidad y el de la espiritualidad, sabiendo que se tratan de modos muy distintos de realidad que pueden y deben comprobarse de manera muy distinta. No es lo mismo una piedra que un pensamiento, pero el que un simple tropezón de nuestro pie denote la realidad de la piedra no significa que ésta sea más o menos real que un pensamiento o una idea, como por ejemplo la idea de libertad. Sin embargo, conviene advertir que los "entes ideales" no tienen existencia individual temporal. Por ejemplo: la idea o pensamiento que yo o cualquier otro ser humano puede tener de la libertad es un acto psíquico que tiene una existencia individual temporal, pero el concepto o noción de libertad válido para todo ser humano es universal e intemporal, es un ente ideal.
Todas estas consideraciones nos sirven para mostrar las dificultades que conlleva intentar definir qué es la realidad. El intento de explicación y análisis de la misma ha sido la labor esencial de la filosofía. Cualquier otra disciplina presupone un ámbito de la realidad acotado al que se circunscribe su estudio. La filosofía, en cambio, aspira a una comprensión de la realidad en su conjunto. Y en esa búsqueda sin término que es la labor filosófica, la metafísica se ocupa de las cuestiones más fundamentales. De ahí que todo discurso metafísico condicione el resto de tratados filosóficos y que todo tratado filosófico lleve implícita una determinada concepción metafísica.
Una de las aportaciones más importantes realizada desde la cultura judeocristiana a la metafísica occidental fue la problematización de la existencia de la propia realidad. Todos los filósofos griegos partían de la realidad como algo dado, como dato, no como problema. Sin embargo, la fe en la creación como fruto del acto libre y voluntario de Dios hizo que la pregunta metafísica se radicalizara al máximo: la cuestión no es simplemente cómo es la realidad, sino cómo es que la realidad es. Es decir, según la formulación de filósofos como Leibniz, por qué hay ser en lugar de nada. Al problema del origen de la realidad se le ha dado tres tipos de respuestas básicas:
Junto a la cuestión del origen encontramos la pregunta por el sentido de la realidad: ¿ para que existe la realidad?, ¿cual es su finalidad? Aunque esta pregunta tenga difícil respuesta, la razón del hombre no puede dejar de planteársela. Aunque descubramos defectos o desviaciones es difícil negar que la realidad se nos presenta como un todo ordenado que va cumpliendo fines parciales (piénsese, por ejemplo, en los ciclos naturales de las estaciones) y parece apuntar hacia un fin que engloba todos esos fines parciales que -como señalaba Santo Tomás en su quinta vía- comúnmente llamamos Dios. Dios, creador y providente de todo lo que existe, crea y dirige conforme a un fin.
Si no se cuenta con Dios, el problema se torna difícil: o se admite que la realidad tiene una finalidad inmanente o sencillamente se niega que haya verdadera finalidad. Esto último es lo que defienden todos los mecanicismos: la realidad funciona con procesos puramente mecánicos con los que se obtienen "resultados" pero no se logran "fines".
Por último, como indica la tesis, hay que tener en cuenta que la cuestión acerca de la realidad está directamente unida a la gnoseología o teoría del conocimiento. La manera de concebir qué es lo real es inseparable de la manera de comprender qué es conocer.
La filosofía ha ido haciéndose cada vez más humilde en este sentido. En sus orígenes, los filósofos que ponían en cuestión la capacidad de conocer la realidad eran pocos y sostenían posturas escépticas muy extremas. Fue a partir de la Modernidad cuando la preocupación por la gnoseologia pasó al centro del debate filosófico: antes de preguntarse qué es la realidad había que preguntarse si acaso podemos conocerla. Aquí se enmarca la pregunta por la verdad.
El primer sistema metafísico que encontramos en la filosofía Occidental es el de Platón, aunque en los presocráticos hay claros antecedentes, sobre todo en Heráclito y Parménides.
La metafísica platónica, que desarrolla por medio de su teoría de las Ideas y que resume detalladamente en el mito de la caverna en La República, presenta el mundo de lo sensible como un mundo aparente, cuya existencia y cualidades derivan de un mundo puro, eterno e inmutable, suprasensible: el mundo de las Ideas. Las Ideas son para Platón esencias (eîdos: aquello por lo que una cosa es lo que es) y sustancias (ousía: existe en sí, son trascendentes y no inmanentes respecto de cualquier otra realidad). Así, Platón es el primer filósofo que introduce el elemento suprasensible en el discurso del lógos; el primero en hablarnos de una dimensión suprafísica, metaempírica o metafenoménica del ser que no había sido ni tan siquiera imaginada por los filósofos de la physis. De esta novedad filosófica fue plenamente consciente Platón que denominó a esta indagación la "segunda navegación"1 frente a la primera que realizaron los presocráticos intentando explicar lo sensible a través de causas sensibles.
El otro gran paradigma metafísico que marcó, junto con Platón, todo el desarrollo de esta disciplina en la Antigüedad y la Edad Media es el de Aristóteles. Es, precisamente, de la clasificación de sus escritos -realizada por Alejandro de Afrodisia a finales del s. I a. C .- de donde procede el término "metafísica". Según se cuenta, el conjunto de textos de difícil interpretación que comenzaban con la frase "Todos los hombres desean por naturaleza conocer" los encontró en la biblioteca situados sobre la física: "tà metà tà fisica". Sea esta casualidad real o legendaria, la denominación ya supone una explicación de lo que es y pretende la "filosofía primera". Según Aristóteles, esta disciplina habría de ocuparse de: el ser, las causas (aitíai) y los primeros principios (arjás), la sustancia y la sustancia suprasensible (Dios).
Dice Aristóteles que "el ser se dice de muchas maneras". Para explicar esto pone el ejemplo del término "sano": sano es un estado del cuerpo, pero también denominamos así al color del rostro, y también decimos de una medicina que es sana o de una comida cuando conserva la salud. Todos son usos correctos de un mismo término, pero no en todos los casos se emplea con un significado idéntico (univocidad); tampoco se emplea con significados completamente diferentes (equivocidad); sino que lo tomamos en un sentido análogo. Así, también se da una analogía del ser.
El ser puede decirse como sustancia, como accidente de la sustancia, o como una actividad de la sustancia; siempre es algo relacionado con la sustancia. Aristóteles clasificó los posibles significados del ser en cuatro grupos fundamentales:
Respecto a las causas que existen en la realidad, Aristóteles las clasifica en cuatro:
Las dos primeras hacen referencia a la teoría hilemórfica de la sustancia; se refieren por tanto al aspecto estático. Las dos segundas, al dinámico.