Documento de Literatura sobre "Tema 1: Fernán Caballero la Gaviota". El Pdf analiza la obra "La Gaviota" de Fernán Caballero, abordando la idealización del amor, el matrimonio, el rol femenino y la crítica al sentimentalismo, con elementos de metaficción y realismo narrativo.
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En la novela se concentró la idealización del amor que viene del amor cortés. La nobleza de ese amor era la imposibilidad de cumplirse; la dama siempre era de una clase social superior, lo que imposibilitaba el amor. Esto convertía al amor en adoración, y el amador, disfrutaba de un largo período de cortejo, haciendo regalos, por ejemplo.
Este cortejo tan largo que convertía a la mujer en la protagonista de esta historia tuvo mucho éxito entre las lectoras.
Cárcel de amor está dedicada a las damas de la reina Isabel. Pero no solo esta, sino que casi todas las novelas de género sentimental están dedicadas a un público femenino.
En las novelas de caballerías, la dama tiene mucha importancia, a pesar de su papel pasivo; por ejemplo, en Don Quijote de la Mancha, Dulcinea no aparece en ningún momento y, sin embargo, Don Quijote, sin ella, no hubiera sido caballero.
Tópico: no necesitas haber pasado por una experiencia. La experiencia del amor no necesita ser vivida para ser reflejada.
Las expectativas generan un imaginario imposible de llevar a la vida real. Este concepto lo tenemos en muchas novelas de Cervantes, no solo en Don Quijote. Se ve en La fuerza de la sangre también, por ejemplo.
Por otro lado, amor y matrimonio no siempre han ido juntos. En el siglo XIX se inventó el matrimonio por amor, pero no se practicó hasta mucho más tarde. En los pueblos se casaban por conveniencia. Por ejemplo, Bodas de sangre de Federico García Lorca.
No hay ninguna relación entre la vida y la literatura. Don Quijote construye a Dulcinea en Toboso con un imaginario sacado de la literatura, pero esta no se corresponde con Aldonza Lorenzo, la mujer que se corresponde con Dulcinea.
La imagen que tenemos de las personas es una construcción. Ya Don Quijote dijo que todo el amor que se lee en los libros es mentira (Capítulo XXV, I Don Quijote de la Mancha)
En Don Quijote vemos ya planteado un problema que fue el problema central que se encuentra en las novelas del siglo XIX. En el Romanticismo, el matrimonio por amor se convierte en una gran demanda. Por ejemplo, Don Álvaro o la fuerza del sino. Por otra parte, el Romanticismo hace una solicitud de que la literatura deje de trabajar con lugares comunes y se trate de contar la verdad que hay detrás de todo eso.
"El casarse pronto y mal" de Larra.
¿De dónde viene eso? De la idealización que la literatura ha hecho del amor. El artículo de Larra es una respuesta a eso.
"Las novelitas francesas " de Mesonero Romanos. El diminutivo "novelita" refleja la ironía del título.Lírica / Épica / Drama -> Poética hasta 1840
¿Dónde está la novela? Mesonero habla del género despreciable de las novelas, porque no cumplían ninguna misión. Hablaban de asuntos faltos de la vida social.
Larra habla de que los sentimientos y las pasiones eran verdad, la verdad literaria. Dice que por cómo es el hombre podemos conocerlo.
Por otro lado, Mesonero decía que la única novela que tenía valor era la novela histórica. Él nunca escribió novela, solo artículos de costumbres.
Mesonero dice: "¿dan ustedes a leer sus obras a sus hijas y a sus mujeres?" Esto es porque ellas son las lectoras y los objetos de esa novela. (Los hombres sí las pueden leer, claro.)
Muy importante comentar que el amor y el sexo se pueden encontrar fuera del matrimonio. El amor y las obligaciones matrimoniales casi siempre estaban enfrentados.
Este es el tema de las novelitas francesas.
Cuando habla de la sociedad, ¿a qué parte de la sociedad se refiere? A la clase burguesa.
En la clase baja no existe ese problema porque no leían ningún tipo de novela. Este problema les llega, cuando aparece en cine. En la clase alta, la aristocracia, tampoco tienen estos problemas porque tienen sus normas.
Es la clase media emergente la que tiene estos problemas: la materialidad del dinero hace que los padres quieran casar a sus hijos con alguien de una clase social alta para ascender, pero los jóvenes no tenían por qué querer casarse con quien les decían sus padres, por si eran feas, por ejemplo. Entonces, junto a la del dinero, aparece también la materialidad del aspecto físico.
Antes, educaban a la sociedad con el teatro; ahora, algo cambia. Cada vez había más gente que sabía leer y escribir. Con el aumento de la prensa empezó a leer más gente.
Ahora se empieza a enseñar con la novela porque cuando la leemos, algo de forma íntima, empatizas con los personajes y vives la historia de la novela.
Eso es en el Romanticismo, que llevó esa crisis al terreno dramático: muertes, suicidios. No había ninguna manera de resolver ese conflicto.
Ya en el Realismo, se planteaba ese conflicto con más reposo, sin tanto dramatismo. Buscaban otras manera de contarlo. Aún así, el problema central de la novela realista fue el adulterio.
Armando Palacio Valdés en su obra Testamento literario dice que el adulterio es el tema que engendra historias interesantes y nos da a conocer todos los resortes del alma humana.
Esto va desde el Romanticismo hasta el Realismo y cerraremos con un texto de Galdós.
Efectivamente, ellos serán la conclusión de este debate sobre ese género que ahora ya sí ha conseguido consolidarse como parte de la literatura, convirtiéndose incluso en el más importante de la literatura. La novela había tenido unos orígenes extraordinarios en el caso español, sabiendo todo el mundo que Cervantes junto a Shakespeare eran el centro del canon occidental.
La novela española se había ido apagando poco a poco, la picaresca y la novela del XVII había tenido poca relevancia y en el XVIII casi que no había por lo que en el XIX entramos con esa ausencia de novela en España. Es así como Ramón López Soler habla de la novela histórica, diciendo que la novela de Los bandos de Castilla tiene dos objetivos principales: dar a conocer el estilo de Walter Scott, y manifestar que la historia de España ofrece pasajes tan bellos y propios para despertar la atención de los lectores, como las de Escocia o las de Inglaterra. Es entonces que imita a Walter Scott para formar una novela española con tema español. Esta obrita tiene que mirarse como un ensayo intento porque aún no se ha fijado en nuestro idioma el modo de expresar ciertas ideas que gozan en el día de singular aplauso. Lo más importante a tener en cuenta es que en español, la forma de escribir novela aún no se ha gestado, por lo que costará mucho generar ese lenguaje novelesco, sobre todo la parte relativa al amor.
Por otro lado, Gil y Zárate habla de que todo lo que tenemos son traducciones del francés y que en propio 1842 aún no hay novelas propias. Como nos llegan esas "novelitas francesas", nos llega también una educación malsana para las mujeres españolas.
Entonces, el problema era que necesitábamos una novela española y empezó toda una demanda por los hombres de letras para que no solamente fuera española si no también educativa para que las damas españolas pudieran disfrutar de las lecturas, pero con textos adecuados para ellas.
Eugenio de Ochoa es un importante crítico de la época, fundado de la revista El artista (1835). En El español se refiere a esos nuevos empeños por aclimatar un género de literatura "en que hoy nos tiene la Francia en absoluta dependencia". Nosotros teníamos la gloria de Cervantes, siendo los más grandes de la novela, pero ahora estábamos en absoluta dependencia de Francia.
Se preguntan entonces el porqué de este problema: básicamente se mete en el empeño de publicar novelas españolas en París, por la falta de mecanismos para hacerlo en España, aunque no todo el mundo pensaba que era por esa razón, ya que Eugenio de Ochoa asegura que lo que le gustaba a las damas leer eran problemas amorosos que estaban pasando ellas mismas y ese ambiente no gustaba. Las novelas francesas de George Sand se empezaron a vender por toda Europa. Esas novelitas que parecían no llegar a ninguna parte no eran más que una audaz tentativa para subvertir el orden social: una publicidad extraordinaria que está desmontando por completo las bases de nuestra estructura social.
Por esto mismo, hacía falta una respuesta española. De hecho, el Duque de Rivas afirma en la RAE que se necesitaba una novela que viniera a contrarrestar.
Fue con Fernán Caballero cuando llegó la novela española tan deseada. De hecho, en unan carta a Cándido Nocedal, F.C le dice que hay que conseguir encontrar el contraveneno que sirva a la sociedad española para enfrentar a esa mala influencia francesa y teóricamente para defender los valores de la familia, de la unión y del matrimonio, es decir, conceder a la novela una misión propagandística.
Fernán Caballero fue una persona muy compleja y contradictoria. Se trata de una mujer que forma parte del canon de las novelistas del siglo XIX.
Cecilia Böhl de Faber -nombre real de Fernán Caballero- nació en una familia muy singular, con una marcada condición cosmopolita que influyó notablemente en la transformación de la novela española. Tuvo la posibilidad de leer en distintas lenguas y se formó en Europa (Francia, Alemania), lo que le proporcionó una educación internacional. Gracias a ello, introdujo en España muchas novedades literarias que allí aún no se conocían.
Fernán Caballero construyó su vida narrativa a partir de lo que le interesaba contar; en otras palabras, construyó su propia imagen, algo muy característico entre las novelistas del siglo XIX. Estas autoras, con frecuencia, sentían la necesidad de crear una biografía o una identidad coherente con su obra.
Un ejemplo de esta mitificación lo encontramos en Recuerdos de Fernán Caballero (1910), de Luis Coloma, donde se narran hechos que no son ciertos. Se trata, por tanto, de una construcción mitificada de la figura de la autora. Luis Coloma transmitía lo que Fernán Caballero le había contado, pero esas historias servían también para sostener la imagen pública que ella necesitaba crear.
En una carta de Frasquita Larrea se mencionan los requisitos necesarios para casar a una hija, lo que nos permite entender las expectativas sociales de la época.
El segundo marido de Cecilia Böhl de Faber poseía varias fincas en Dos Hermanas, una zona que resultó muy importante para ella. Allí recogió abundante material folclórico, como cuentos, refranes y otras expresiones populares. Este interés está vinculado a una noción clave en su época: la observación. Observar la realidad era más valioso que dejarse llevar por la imaginación. Se trataba de mirar el mundo tal cual es, sin embellecerlo ni distorsionarlo.
Fernán Caballero retrata tanto al pueblo como a la alta sociedad, clase social a la que ella misma pertenecía. Para ella, España era diferente, y esa diferencia la hacía especialmente atractiva.
Este enfoque se relaciona directamente con los principios del Realismo, cuyo objetivo era descubrir lo que hay detrás de las apariencias. Los autores realistas aspiraban a desvelar la verdad mediante la observación.