Documento de El Buen Camino.pt sobre la evolución de la educación especial en Europa: de la institucionalización y del modelo clínico a la normalización de servicios y al modelo pedagógico. El Pdf analiza los antecedentes históricos y las etapas clave de esta transformación en la educación especial a nivel universitario, incluyendo referencias a contextos como España y Francia.
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La educación especial en Europa ha experimentado transformaciones significativas en las últimas décadas, moviéndose desde una perspectiva de institucionalización y enfoque clínico hacia un modelo pedagógico inclusivo y de normalización de servicios. Este cambio refleja un progreso en la concepción de los derechos de las personas con discapacidad y una evolución en la forma en que las sociedades europeas entienden la educación y la inclusión social. Este ensayo analiza la evolución de la educación especial en Europa, con un enfoque particular en España, abordando ejemplos cronológicos y normativa legislativa, y comparando estos desarrollos con otros países de la Unión Europea.
Para entender la situación actual, es necesario hacer un breve resumen de los antecedentes históricos. En la Edad Antigua, en la época romana, las personas con enfermedades mentales eran utilizadas como fuente de entretenimiento. En algunas sociedades, los padres tenían el poder de decidir sobre la vida de sus hijos.
A partir de la Edad Media, surgieron diversas instituciones como hospitales, casas de pobres, asilos, hospicios y albergues, donde se brindaba refugio y cuidado a personas con discapacidades. Sin embargo, se creía que estaban poseídas por demonios o espíritus, lo que fomentaba el rechazo social e incluso el infanticidio.
Desde el siglo XVI (Edad Moderna), hubo experiencias positivas como la de Ponce de León, quien logró enseñar a un pequeño grupo de personas sordas a hablar, leer y escribir. Los inicios de la educación especial se sitúan en Francia, cuando el Abad De L'Epée fundó la primera escuela para sordos en París en 1780. En 1789, se encontró en el bosque de Aveyron a un niño que se comportaba de manera similar a los animales. Itard diseñó un programa educativo para él, logrando que adquiriera ciertas habilidades, aunque no llegó a hablar. Valentín Haüy fundó en el siglo XVIII una institución para personas ciegas, donde podían leer utilizando letras moldeadas en madera. Un alumno, Louis Braille, inventó en 1806 el sistema de escritura que lleva su nombre. La Ley de Instrucción Pública de 1857 estableció la creación de una escuela para la educación de niños ciegos y sordos en cada distrito universitario.
Otros grandes pedagogos de la época, como Seguín y Montessori aprovecharon estas experiencias para desarrollar programas de educación especial.
Hasta mediados del siglo XX, la educación especial en Europa estaba dominada por un modelo institucional y clínico. Este enfoque estaba basado en la percepción de la discapacidad como una patología que debía ser tratada en entornos especializados, separados del resto de la sociedad. Las personas con discapacidades eran a menudo aisladas en instituciones donde se les brindaba un cuidado básico, pero se les negaba la posibilidad de participar en la vida comunitaria y educativa de manera plena. Al principio atendían a personas con discapacidades heterogéneas, no diferenciándose las personas con discapacidad de los enfermos mentales (mezcla de ciegos, sordos, vagos, locos ... )
Hasta 1831 no se separaron en París las personas con trastornos mentales ("locos") de los discapacitados intelectuales ("subnormales") no sucediendo en España hasta primeros del siglo XX.
El modelo de actuación que se utiliza es un modelo clínico, considerándoles como pacientes y utilizando como tratamiento la terapia.
Las instituciones se extienden a lo largo de todo el siglo XIX por toda Europa y América.
En España, este modelo se vio reflejado durante el franquismo, cuando la educación especial estuvo en gran medida a cargo de instituciones religiosas y organizaciones caritativas. Los niños con discapacidades eran atendidos en internados y centros especiales, con un enfoque centrado en el cuidado y, en menor medida, en la educación, bajo la premisa de proteger tanto a los individuos como a la sociedad en general.
En España, la Ley de Educación Primaria de 1945 y la Ley de Ordenación de la Enseñanza Media de 1953 establecieron un sistema educativo que no contemplaba de manera efectiva la integración de estudiantes con discapacidades, reforzando la segregación y la educación especial en entornos separados.
A nivel europeo, muchos países adoptaron un enfoque similar. En Francia, por ejemplo, la Ley de Educación Especial de 1909 permitía la creación de escuelas especiales para niños "anormales", reflejando la percepción de que la educación de estos niños debía realizarse en entornos separados.
A partir de la década de 1960, influenciado por movimientos internacionales de derechos civiles y cambios sociales, comenzó a cuestionarse el modelo de institucionalización. A principios del siglo XX, con la expansión de la escolarización, se hizo más evidente la presencia de un grupo minoritario de niños que encontraban dificultades para seguir el ritmo de sus compañeros. Esto llevó a la creación de escuelas de educación especial. Dinamarca fue pionera al abrir la primera escuela privada para niños con discapacidad intelectual en 1885.
Con la popularización de los tests de inteligencia, se aceptó la idea de que los niños con un cociente intelectual bajo debían ser asignados a clases especiales. Estas clases se multiplicaron y surgió la figura del profesor especializado en educación especial. La educación especial se estructuró como un subsistema dentro del sistema educativo general, con el objetivo de proporcionar programas y servicios a niños con necesidades especiales.
En España, las necesidades de los niños con discapacidad intelectual fueron reconocidas en 1923, cuando se inauguró en Madrid el primer centro educativo oficial. A los grupos tradicionales de estudiantes, como los vagos, sordos o con retraso mental, se añadieron otros con características diversas, como problemas de conducta, autismo, parálisis cerebral, entre otros. Los niños con retraso mental fueron categorizados en "educables" y "entrenables".
Se decidió separar a estos niños de la sociedad, internándolos en centros asistenciales ubicados fuera de las ciudades. Esta situación prevaleció hasta mediados del siglo XX por varias razones: las actitudes hacia la discapacidad estaban profundamente arraigadas, se abusó del uso de la psicometría, las personas con discapacidad eran vistas como perturbadoras y antisociales, y muchos profesionales abandonaron el campo de la educación especial. Además, las dos guerras mundiales y la depresión de los años treinta frenaron el desarrollo de los servicios sociales, lo que llevó a la creencia de que no había posibilidades educativas para estos niños, manteniendo así la educación especial separada del sistema educativo ordinario.
A mediados del s. XX, surgió el concepto de "normalización", desarrollado principalmente en países escandinavos, como Dinamarca y Suecia, en mano de Bank-Mikkelsen y Nirje (1969). Este concepto promovía la idea de que las personas con discapacidades tenían derecho a condiciones de vida similares a las del resto de la población, incluyendo su inclusión en la educación regular.
Se lo conoce como la "era de la integración escolar". La integración escolar es una corriente educativa actual que propugna la escolarización conjunta de alumnos normales y discapacitados. Se aboga por la inserción de la educación especial en el marco educativo ordinario, prestando la atención adecuada a cada alumno según sus necesidades. Las personas con discapacidad no deben recibir servicios excepcionales más que en los casos estrictamente imprescindibles. Han de beneficiarse de los servicios y prestaciones generales de la comunidad.
¿Qué principios sigue la etapa de "normalización"? Los categorizamos en 3 grupos: normalización, sectorización e individualización. El principio de normalización hace referencia que las personas con discapacidad deben recibir las atenciones que precisen dentro del sistema ordinario de prestaciones de la comunidad y sólo cuando se necesario pondrán utilizar servicios específicos. El concepto de sectorización está caracterizado por acercar y acomodar la prestación de estos servicios al medio en el que el individuo desarrolla su vida, lo que supone ordenar estos servicios por sectores geográficos, de población y de necesidades. Y por último, el principio de individualización, se trata de una enseñanza más concreta basada en la educación que necesita en cada momento el alumno según su evolución.
En Suecia, la Ley de Educación de 1962 fue uno de los primeros intentos en Europa de integrar a estudiantes con discapacidades en las escuelas regulares, marcando un cambio hacia un modelo más inclusivo. Este enfoque fue adoptado progresivamente en otros países europeos.
En España, la Ley General de Educación de 1970 representó un punto de inflexión. Aunque esta ley no rompió completamente con el modelo segregador, sí comenzó a sentar las bases para la integración de los niños con discapacidades en el sistema educativo ordinario, estableciendo la posibilidad de crear "aulas especiales" dentro de las escuelas regulares.
En Italia, la Ley 517 de 1977 fue un hito al abolir las escuelas especiales y promover la integración de todos los estudiantes en las escuelas ordinarias. Esta normativa fue revolucionaria y sirvió de ejemplo para otros países europeos.
En 1978 el "Informe Warnock" (Reino Unido) supuso una revolución popularizando el concepto de "necesidades educativas especiales" que tendrá una gran repercusión en varios países, incluido España.
En 1979 en Dinamarca tuvo lugar una reunión bajo el título de "una escuela para todos" en la que se deseaba proporcionar al concepto de integración una perspectiva más amplia y variada. Mientras que la integración