Documento de Temarios Oposiciones sobre Técnico Servicios Sociales Salamanca. El Pdf explora programas de habilidades parentales para familias en riesgo, analizando factores de riesgo y protección familiar. Se enfoca en intervención psicosocial para familias monoparentales y reconstituidas, con énfasis en la teoría del apego y autorregulación, para Psicología a nivel universitario.
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TÉCNICO SERVICIOS SOCIALES SALAMANCA Tema 14 El programa grupal de habilidades parentales con familias de riesgo. Factores de riesgo y factores de protección familiar. Propuestas de intervención. Objetivos. Contenido. Metodología. Implementación y evaluación. Temarios oposicionesEL PROGRAMA GRUPAL DE HABILIDADES PARENTALES CON FAMILIAS EN RIESGO. FACTORES DE RIESGO Y DE PROTECCIÓN FAMILIAR. PROPUESTAS DE INTERVENCIÓN. OBJETIVOS. CONTENIDOS. METODOLOGÍA. IMPLEMENTACIÓN Y EVALUACIÓN.
En el programa de habilidades parentales intervienen familias monoparentales reconstituidas que provienen de un sistema violento (la madre maltratada por el padre), y proporciona las herramientas y las estrategias necesarias para la reorganización del nuevo sistema familiar.
Esta línea de intervención psicosocial desarrolla tratamientos que rompen con la idea de desamparo de la víctima proporcionándole un espacio donde pueda cambiar una serie de creencias y valores que la anulan y desacreditan como ser autónomo y competente.
Las participantes de nuestro programa han conseguido salir de ese ecosistema violento para rehacer sus vidas. Se encuentran, ellas y sus hijos, en un duro camino plagado de dificultades, pero también en una nueva etapa esperanzadora para ellos y para la sociedad entera.
Estas familias, con una historia de violencia, tienen dificultades y necesidades específicas. Es obvio, que venir de un sistema violento establece una socialización característica, no sólo desde las creencias y los valores a los que hacíamos referencia arriba, sino también desde patrones de comportamiento, comunicación y expresión de afectos que perpetúan dinámicas nefastas para los miembros de la familia y la sociedad entera.
Además estas familias reconstituidas a menudo se tienen que enfrentar con dificultades añadidas, como que el agresor continue maltratando por diferentes vías (amenazas, manipular a los hijos, asesinato, económicas, etc ... ) Queremos destacar que nuestro programa interviene no en el sistema familiar violento sino en el reconstituido (madre-hijos).
En último término, nuestro objetivo es desplegar recursos y herramientas para socializar de forma adecuada a los hijos, y prevenir la repetición de ecosistemas violentos, a sí como remediar las secuelas del maltrato (fin preventivo/remedial).
2PROGRAMA EDUCAR EN FAMILIA Y CRECER FELICES EN FAMILIA 1. Introducción La Gerencia de los Servicios de Protección de Menores de la Junta de Cas- tilla y León, en colaboración con el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Laguna, viene potenciando la realización de una serie de acciones psicoeducativas y comunitarias dirigidas a las familias usuarias de los Servicios Sociales en situación de riesgo psicosocial.
Definimos a estas familias como aquellas en las que los responsables del cuidado, atención y educación del menor, por circunstancias personales y relacionales, así como por influencias adversas de su entorno, hacen dejación de sus funciones parentales o hacen un uso inadecuado de las mismas, comprometiendo o perjudicando el desarrollo personal y social del menor, pero sin alcanzar la grave- dad que justifique una medida de amparo.
El programa que presentamos se enmarca dentro de esta línea de actuaciones y trata de responder a una demanda de los Servicios Sociales manifestada a través de sus técnicos y responsables de la coordinación de los mismos. Nos referimos a la necesidad de contar con un programa de educación para madres y padres (a partir de ahora se utilizará el genérico padres) especializado en la promoción del desarrollo en la etapa infantil, desde el nacimiento hasta los cinco años.
Varias son las razones para diseñar una intervención temprana centrada en la familia y, en concreto, en los padres y cuidadores principales. En primer lugar, el desarrollo humano es de naturaleza social e interactiva, lo que implica atribuir a la familia, como contexto básico en el que la interacción tiene lugar, una responsabilidad decisiva en el desarrollo de los niños (Bruner, 1988; Kaye, 1986; Rogoff, 1993; Vygotsky, 1995).
En segundo lugar, la etapa infantil es una etapa muy importante en la que se asientan los pilares competenciales básicos, tanto afectivos como cognitivos y sociales, que van a ser la clave del desarrollo posterior. Así, las bases del comportamiento futuro se encuentran en esta primera etapa, lo que la convierte en un buen momento para llevar a cabo acciones preventivas de los problemas de comportamiento.
En tercer lugar, las rutinas diarias constituyen la mayor fuente de experiencias y oportunidades para el aprendizaje de los niños y niñas (a partir de ahora se utilizará el genérico niños), lo cual asigna a la familia una responsabilidad muy clara en la promoción del desarrollo infantil. En este sentido, un programa de educación para padres es un buen modo de ofrecer apoyo en los entornos 3naturales y ecológicos en los que el niño vive y se desarrolla.
Por último, la estrategia de capacitar y reforzar a los padres en su rol educador es básica para proporcionar a los hijos un entorno protector y seguro que satisfaga sus necesidades básicas aun en los entornos más adversos. En efecto, estas necesidades pueden quedar sin cubrir debido a la extrema vulnerabilidad del niño a estas edades y a que es una etapa de crianza muy demandante que requiere una inversión de tiempo y esfuerzo muy considerable, a veces incompatible con las condiciones de vida del cuidador principal. Así por ejemplo, puede ser que la familia presente un nivel de estrés muy considerable que comprometa el adecuado desarrollo del niño.
En suma, la intervención temprana centrada en la familia, y más concretamente basada en la educación de padres, es un buen recurso para incrementar los factores de protección y disminuir los factores de riesgo en el desarrollo infantil.
Se entiende por intervención temprana a todas aquellas acciones de diagnóstico, prevención e intervención que se dirigen a los primeros años de vida de un ser humano (Shonkoff y Meisels, 2000). Estas acciones están destinadas a promover la salud física y mental de los padres y sus hijos, desde el embarazo hasta los primeros años de la vida del niño, especialmente en aquellas poblaciones en riesgo biológico, psicológico y social. Desde la vertiente de los padres se busca fortalecer su equilibrio psicológico y sus competencias educativas y sociales, ya que de ese modo se asegura un ejercicio adecuado de las funciones parentales. En este sentido, se hace también hincapié en reforzar o ampliar la red de apoyos sociales con la que cuentan los padres para llevar a cabo su tarea educadora. Desde la vertiente de los niños se pretende estimular su desarrollo físico y psíquico desde el comienzo, con el fin de sentar unas bases sólidas para la construcción de la personalidad y del comportamiento, así como proporcionar un buen ajuste del niño a los primeros contextos de desarrollo que son la familia, la escuela y los iguales.
Avances actuales en las teorías psicológicas y neurológicas han puesto el acento de la intervención temprana en la promoción del desarrollo socio- afectivo de los niños a partir de la potenciación de su entorno familiar y más concretamente de las capacidades educativas de sus padres. Respecto a las teorías psicológicas debemos señalar la importancia de la Teoría del apego y de los diversos programas de investigación destinados a analizar las interacciones cuidador-bebé, especialmente en los primeros meses de vida (Bowlby, 1969, 1977, 1980; Ainsworth, Blehar, Waters y Wall, 1978; Trevarthen, 1993; Stern, 1994; Goldberg, Muir y Kerr, 1995). Los estudios empíricos sobre el apego y sus efec- tos a largo plazo, tanto para el desarrollo humano como 4para la salud física y mental, han proporcionado los métodos e instrumentos necesarios para poder hacer una intervención temprana encaminada a promover un adecuado vínculo afectivo del niño con sus cuidadores.
Concretamente, Egeland, Weinfeld, Bosquet y Cheng (2000) distinguen tres líneas de actuación encaminadas a reforzar dicho vínculo que, en modo alguno, son excluyentes. La primera se encamina a promover la sensibilidad del cuidador, ya que esta se relaciona con la calidad del apego que forma el niño o la niña. La sensibilidad es la habilidad del cuidador para percibir e interpretar de modo adecuado las señales e intentos de comunicación implícitas en la conducta del niño preverbal y, sobre la base de esta identificación y comprensión, responder a las señales con prontitud y de modo apropiado.
La segunda línea de actuación se dirige a cambiar las representaciones parentales sobre la naturaleza del vínculo afectivo. Así, se analizan los modelos internos de apego de los padres o cuidadores para fomentar una relación con los hijos más armónica, libre de sentimientos de hostilidad, rechazo e incompetencia, y que sea capaz de cubrir las necesidades de los hijos. Estos modelos internos inadecuados se han podido forjar en el propio historial de relaciones de apego con sus padres o cuidadores y, de modo inadvertido, pueden estar influyendo en la construcción de su relación actual con su hijo o hija. En este sentido, es muy útil promover la reflexión de los padres sobre su propia experiencia de apego en su infancia como medio de fomentar el reconocimiento de las necesidades afectivas de los hijos e hijas (Fonagy et al., 1996).
Por último, en la tercera línea están aquellos programas diseñados para mejorar el apoyo social y comunitario de los padres o cuidadores. Este tipo de intervenciones tienen como objetivo el fomentar no sólo una relación afectiva del niño o niña con los padres o cuidadores, sino también atender y reforzar el papel de éstos y satisfacer sus necesidades como tales (vg., el programa STEEP, Step toward effective and enjoyable parenting, Egeland, et al., 2000). En el trasfondo está la idea de que mejorar las condiciones en las que se lleva a cabo la parentalidad es un modo seguro de favorecer el bienestar infantil. Por tanto estas intervenciones se dirigen a cubrir las necesidades de los padres en muchos niveles: educativas, de consejo, de alivio, económicas, proporcionándoles apoyo social y el acceso a recursos básicos que facilitan su tarea. Téngase en cuenta que del contexto familiar provienen la mayor parte de los factores de protección y de riesgo para estas edades.
El segundo pilar teórico sobre el que se asienta el programa que presentamos 5