Diapositivas de la Universidad Católica de Colombia sobre Actitudes vitales y horizonte felicitario. El Pdf explora el concepto de perdón, distinguiéndolo de actos similares y analizando los tipos de ofensas. Este material de Psicología de nivel universitario es útil para comprender el perdón como acto de voluntad y libertad, liberándose del resentimiento.
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UNIVERSIDAD CATÓLICA de ColombiaUnidad 4 Actitudes vitales y horizonte felicitario UNIVERSIDAD CATÓLICA de Colombia
@2016 Todos los derechos reservadosEL ARTE DE SER FELIZ Autoría: Víctor Manuel Díaz Soto Modalidad: E-Learning Coordinadora de Innovación Académica: Isabel Cristina Ramos Quintero Diseño instruccional y revisión: Oscar Mauricio Salazar Lizeth Rojas Hernández Diseño gráfico: Carolina Herrera Rincón Maquetación y diagramación: Viviana Jiménez Mayor Locutores: Eduardo Peña Paz Juliana García Márquez Imágenes: Thinkstock iStock Getty images Universidad Católica de Colombia Decanatura Académica Coordinación de Innovación Académica 2016 UNIVERSIDAD CATÓLICA de Colombia Decanatura Académica
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Reconocer las actitudes vitales que contribuyen a ser feliz como la esperanza, la confianza, la determinación, el perdón y la resiliencia y las que lo obstaculizan.
En este capítulo se revisa el horizonte felicitario, ligado a las experiencias y anclado al tiempo y a la biografía personal. La necesidad de la reflexión de las actitudes que se asumen ante experiencias o eventos vitales son determinantes de la calidad de vida, del sentido que se le dé a la misma, del desarrollo de estrategias de afrontamiento, de sumirse en emociones negativas; asimismo, estos eventos pueden potenciar la asunción de actitudes positivas aun en la adversidad. La Psicología Positiva es un referente importante para entender y afrontar ese horizonte; por ello, se estudian las actitudes que hacen la diferencia en el logro de la felicidad. Las actitudes del pasado y la satisfacción de haberlas vivido catapulta al optimismo y permite la felicidad en el presente. Cuando las experiencias no han sido muy positivas, cuando hay culpas propias o asignadas, la persona se asume desde el remordimiento que amilana y anula o desde el arrepentimiento que facilita movilizaciones y cambio. Es posible también que la persona, por sus actitudes o las de otros, se mueva en actitudes de resentimiento, compasión o perdón o que sea capaz de usar el sentido del humor y la risa para reducir la tensión ante una situación o que, desde la ilusión y la resiliencia, logre ese perdón deseado para ella misma y para los demás y recobre la ilusión. Desde actitudes positivas también se logran encuentros constructivos, crecimiento en el diálogo y aporte a hacer el mundo más feliz para los demás y para sí mismo. Esto para que, con los elementos de su biografía, pueda hacer los balances vitales y personales sobre su propia sensación de felicidad.
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Ilya Bushuev/ iStock Como hemos visto, las personas viven las experiencias de la vida, pero son sus actitudes las que permiten o no que sean felices. Algunos autores proponen que unas emociones promueven las actitudes positivas; las trabajadas por M. Seligman (2003) son satisfacción, optimismo y felicidad y, según el autor, permiten visualizar de forma diferente las experiencias negativas y salir de estos procesos mórbidos para hacer el tránsito a lo positivo que genera factores altos de salud y felicidad. Las propone en función del tiempo, así:
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| Emoción | Sentimientos asociados |
| Emociones positivas del pasado | Satisfacción, complacencia, realización personal, orgullo y serenidad |
| Emociones positivas del presente | Alegría, éxtasis, tranquilidad, entusiasmo, placer, euforia y fluidez |
| Emociones positivas del futuro | Optimismo, confianza, esperanza y fe |
Fuente: elaboración propia con base en Seligman (2003, p. 93) Según el autor, estas emociones pueden ser simultáneas o no, por ejemplo, estar orgulloso del pasado, tranquilo en el presente y con gran esperanza en el futuro; sin embargo, experimentar emociones positivas en todos los momentos no es siempre posible y por eso también es común que se sienta una emoción positiva en algún aspecto, mientras en los otros no. Se puede estar entusiasmado por entrar a la universidad y al tiempo estar desesperanzado, pues no se sabe en el futuro cómo se financiará la carrera y con insatisfacción porque en el pasado se han tenido dificultades económicas. Seligman (2003) propone "estrategias para encauzar las emociones hacia lo positivo, cambiando la forma de experimentar estos sentimientos" (p. 94). En general, las personas se anclan al pasado por experiencias negativas y los recuerdos generan, después de mucho tiempo, dolor y resentimiento. Entonces surgen las preguntas: ¿ Las experiencias marcan la vida definitivamente? ¿ El hecho de haber sufrido alguna experiencia desagradable, traumática, triste o trágica determina nuestra vida emocional para siempre? ¿ El futuro será igual y no hay modo de cambiarlo? Con el desarrollo de la Psicología cognitiva se desmienten y niegan algunas de las teorías del pasado como las ideas del psicoanálisis, por ejemplo. Los estudiosos de la cognición afirman que la emoción se genera por la cognición y no al revés (Seligman, 2003), es decir, la emoción sigue al pensamiento, no surge en el vacío; la experiencia permite y provoca la emoción. El acercamiento a esta realidad se facilita mediante la comprensión de casos particulares: cuando se cree que se está en peligro, se provoca angustia; cuando alguien ofende o insulta, se produce el enfado o enojo. Analizar estas experiencias desde su origen conduce a racionalizar y controlar las emociones; de otro modo, la persona se queda con la emoción y se sume en ella. La Psicología positiva (Seligman, 2003) propone que, desde la visión negativa, la persona es capaz de convertir un pensamiento en emoción y una emoción en enfermedad. Del mismo modo, puede aprender a visualizar de dónde provienen los pensamientos, para poder controlar o mejorar de forma positiva la emoción ante la experiencia. Esta apuesta desde lo cognitivo se
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opone a lo planteado por Freud. Las emociones del pasado provienen de hechos del pasado, se quedan en la memoria y son sujetos a las propias interpretaciones; toda experiencia positiva o negativa del pasado ha generado una emoción y cuando el recuerdo la trae al presente, ya no vuelve como la emoción en sí misma, sino como la emoción y el pensamiento que se tiene de ella. La comprensión de este fenómeno puede ser un factor liberador cuando los eventos del pasado siguen consumiendo la propia existencia. Se denuncia, pues, que la mayoría de teorías y terapias ha fallado, unas por deterministas y otras por exceso de confianza. Los deterministas (darwinianos, freudianos y marxistas) plantearon que lo que se vive en el pasado, en la infancia y en las primeras fases del desarrollo determina el futuro y con ello se da solución de continuidad al dolor, al sufrimiento, porque las experiencias y las emociones ligadas a ellas se entienden como sistemas cerrados. El pasado determina el futuro (Seligman, 2003). La terapia cognitiva y la psicodinámica confiaban sus postulados en el hecho de que las personas, al ver en perspectiva su pasado, podrían sacarlo en público (terapia de grupo) y ello generaba una catarsis curadora. Hubo muchos casos positivos, pero no siempre resultó bien, pues algunos no supieron qué hacer con el cúmulo de hallazgos y terminaron en suicidio. Esta técnica resultó más positiva que la farmacológica, pero dejó a muchos con mayores problemas que los iniciales. Con el ejemplo de la ira, Seligman (2003) muestra que aunque en algunas teorías se explica que es mejor expresarla, no siempre es efectivo. Algunos estudios clínicos señalan que quienes dan rienda suelta a la ira y se centran en ella presentan mayor riesgo y presencia de enfermedades ligadas a la presión sanguínea, a diferencia de quienes "reprimen la emoción" (p. 103). Esta represión no consiste en "tragársela y ya", sino en expresarla con una emoción positiva, lo que disminuye los riesgos médicos de sufrir enfermedades cerebrales y cardiovasculares. En opinión de este autor, la expresión de las emociones es más coincidente con la "adaptación". Toda emoción se produce, como se diría en Física, como una "perturbación" de un sistema; sin embargo, si luego de la misma no hay más incidencias sobre el sistema, este vuelve al equilibrio. Del mismo modo sucede con las emociones: si una emoción se exacerba, se perturba aún más o se centra en ella, crece y permanece; si, por el contrario, su intensidad disminuye, es posible que desaparezca o al menos regrese a su estado inicial de equilibrio, es decir, que se adapte. A este proceso Seligman (2003) lo llama "osmosis emocional" (p. 104) y además propone dos "herramientas" para evitar darle solución de continuidad al pasado, triste, agresivo o deprimente y ellas son: la gratitud y el perdón.
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Proviene de dos vocablos latinos: gratos y tudos, agradecido y cualidad. Es un sentimiento experimentado cuando se recibe un beneficio, favor o don que lleva a manifestar el reconocimiento a quien nos ayudó. Se expresa de diversas formas materiales espirituales, e incluso en algunas culturas y sociedades se ha instaurado una fecha para la gratitud, como el día de acción de gracias en Estados Unidos o el ramadán musulmán. Las emociones y sensaciones del pasado, ya sean positivas o negativas, están enraizadas en el recuerdo. La gratitud aporta al aumento de la satisfacción, busca en los recuerdos buenos y les da un estatus positivo en la memoria y así la sensación de satisfacción crece. Si no se agradece y se instalan el odio, la tristeza, la vergüenza y el dolor, la memoria aumenta las emociones y sensaciones negativas.
El perdón es un ejercicio que se aprende y que no implica olvidar los hechos. Para Seligman (2003) tiene una serie de implicaciones importantes y, aunque considera que es un proceso difícil, también reconoce que se requiere voluntad y un compromiso personal para eliminar de la vida el dolor, el odio, la tristeza y el deseo de venganza. Al indagar sobre el perdón es más fácil que se expresen las razones por las que es difícil perdonar y no las razones por las que el perdón se convierte en un don liberador para la vida. Algunas razones que tienen las personas para no perdonar son que es injusto, mina la ira con la que se podría ayudar a otras víctimas o puede verse como que se ama más al victimario que a la víctima. El perdón tiene unas implicaciones personales fuertes para quien perdona, porque requiere volver sobre sí mismo y sobre el origen de los pensamientos, encontrar cuál es la motivación tras la agresión, valorar la vida y encaminarse desde una visión positiva hacia el perdón de eventos pasados que no permiten una satisfacción completa, o sea, sanar el pasado para asumir el presente y el futuro con optimismo. En cuanto a las emociones positivas asociadas con el futuro, se analiza ahora el optimismo. Este implica una visión positiva del mundo, se relaciona con el futuro, y en él subyace la fe, la esperanza y la confianza, que son expectativas de futuro; la esperanza está ligada a esperar resultados positivos. Como virtud, se opone a la desesperanza y a la presunción y junto con la fe son consideradas por santo Tomás como virtudes teologales, es decir, infusas (Pieper, 1998). Nos vienen dadas por el Creador. La esperanza, según la Psicología, implica "encontrar causas permanentes y universales para
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