Documento de Santo Tomás sobre elementos teóricos y metodológicos para la intervención en trabajo social. El Pdf explora estrategias de intervención, su clasificación y el concepto de intervención social fundada, con referencia a Teresa Matus, útil para estudiantes universitarios.
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SANT TOM MAS LUX ET VERITA SANTO TOMÁS Elementos Teóricos y Metodológicos para la Intervención en Trabajo Social Apunte semana 3SANTO TOMÁS® Elaboración Equipo de Diseño Instruccional Santo Tomás Online Validación Docente validador: Dina Allende Olate 2SANTO TOMÁS®
Describir los principales elementos teóricos y conceptuales para la intervención en trabajo social. 4SANTO TOMÁS®
La intervención social constituye uno de los pilares fundamentales del trabajo social como disciplina y profesión. Comprender su significado, alcances y fundamentos teóricos permite a las y los futuros profesionales no solo actuar en contextos de vulnerabilidad o desigualdad, sino también reflexionar críticamente sobre el sentido de su quehacer y su incidencia en la transformación social. Este apunte tiene como propósito desarrollar los principales conceptos que sustentan la intervención en trabajo social, con énfasis en su carácter situado, ético, relacional y multidimensional. A lo largo de sus secciones se abordan elementos clave, como los enfoques teóricos de intervención, los conceptos de pobreza y desarrollo en América Latina, el rol del emprendimiento en las políticas públicas, las estrategias de intervención y los condicionantes institucionales que influyen en la práctica profesional. Asimismo, se profundiza en la noción de intervención social fundada, propuesta por Teresa Matus, como una vía crítica y emancipadora de actuar en el mundo social. El abordaje de estos contenidos busca fortalecer una mirada compleja, situada y crítica de la intervención, entendida no solo como técnica, sino como una acción comprometida con la justicia social y la transformación estructural. 5SANTO TOMÁS®
La intervención social es una práctica profesional compleja y situada, cuya finalidad es transformar situaciones sociales que afectan la calidad de vida de individuos, grupos o comunidades. En el trabajo social, esta acción se desarrolla desde una perspectiva crítica y ética, que reconoce tanto los factores estructurales como las experiencias subjetivas de las personas implicadas. De Robertis (2006) señala que intervenir no es solamente aplicar técnicas, sino actuar desde un posicionamiento teórico, ético y político que otorga sentido y dirección a la acción profesional.
La intervención social puede clasificarse en distintas corrientes o enfoques teóricos:
En la práctica latinoamericana, muchas intervenciones sociales combinan elementos de estos enfoques según el contexto. Por ejemplo, en Colombia, los programas de desarrollo comunitario en zonas rurales incorporan una mirada sistémica al articular actores locales e institucionales; mientras que, en Argentina, las intervenciones críticas han sido centrales en la defensa de derechos de sectores vulnerados.
La intervención social puede ubicarse en distintos niveles: preventivo, paliativo o promocional, y puede orientarse hacia la restitución de derechos, la reparación de daños, la inclusión social o la transformación estructural. Para ello, el o la profesional debe realizar un diagnóstico social fundado que le permita interpretar las causas profundas de las problemáticas sociales, y no solo sus manifestaciones visibles. Esta comprensión permite definir objetivos de intervención coherentes, seleccionar métodos adecuados y evaluar críticamente los resultados obtenidos.
Desde la perspectiva crítica, la intervención social debe evitar caer en prácticas asistencialistas o funcionales al sistema. Esto implica cuestionar los marcos institucionales que muchas veces reproducen exclusión o dominación, e identificar oportunidades de cambio desde lo local, lo colectivo y lo relacional (Freire, 1970). Como proceso relacional, la intervención no se "hace" a las personas, sino que se construye "con" ellas, reconociendo sus saberes, recursos y agencia.
La intervención social es una práctica profesional compleja y situada, cuya finalidad es transformar situaciones sociales que afectan la calidad de vida de individuos, grupos o comunidades. En el trabajo social, esta acción se desarrolla desde una perspectiva crítica y ética, que reconoce tanto los factores estructurales como 7SANTO TOMÁS®
El desarrollo ha sido uno de los conceptos más debatidos en América del Sur, especialmente desde mediados del siglo XX, cuando diversos países iniciaron proyectos de industrialización y modernización inspirados en modelos eurocéntricos. Sin embargo, estos enfoques fueron cuestionados por sus resultados excluyentes y por su incapacidad para responder a las realidades socioculturales y territoriales de la región.
Frente a estos límites, surgieron propuestas alternativas que plantean el desarrollo como un proceso integral y multidimensional. Entre ellas destaca el paradigma del "buen vivir" (sumak kawsay), inspirado en cosmovisiones indígenas que entienden el bienestar como equilibrio entre las personas, la comunidad y la naturaleza. Este enfoque interpela la lógica de crecimiento ilimitado y pone en el centro valores como la reciprocidad, la diversidad y la sustentabilidad (Mujica y Rincón, 2010).
Desde el trabajo social, es fundamental comprender el desarrollo no solo como un resultado económico, sino como un proceso que debe respetar los derechos humanos, la justicia social y la autodeterminación de los pueblos. El enfoque de desarrollo humano y sostenible, promovido por la CEPAL y otros organismos internacionales, plantea que el desarrollo debe ampliar las capacidades y oportunidades de las personas, en condiciones de equidad y participación. 8SANTO TOMÁS®
La pobreza en América Latina es una problemática estructural que se relaciona con múltiples dimensiones de la exclusión social. Durante décadas, fue concebida principalmente como una insuficiencia de ingresos, lo que llevó a la implementación de programas focalizados y condicionados. Sin embargo, esta visión economicista ha sido ampliamente criticada por invisibilizar las causas estructurales de la pobreza y responsabilizar a las personas de su situación (Freire, 1970; Marx, 2002).
En la actualidad, se reconoce que la pobreza es un fenómeno multidimensional, que abarca la falta de acceso a servicios básicos (salud, educación, vivienda), la inseguridad alimentaria, la vulnerabilidad laboral, la discriminación de género y etnia, así como la desprotección social. En Chile, esta comprensión se ha traducido en la incorporación del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) y en debates sobre la calidad de las políticas públicas orientadas a la superación de la pobreza (Escalada et al., 2004).
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su informe de 2023, el 29,0% de la población latinoamericana vivía en situación de pobreza, y un 11,2% en pobreza extrema. En el caso de Chile, si bien las tasas de pobreza por ingresos han disminuido en las últimas décadas, el IPM reveló que aspectos como el hacinamiento, la falta de acceso a servicios básicos y las carencias educacionales siguen afectando a un porcentaje significativo de la población (CEPAL, 2023).
La pobreza también se manifiesta territorialmente: las zonas rurales, las comunidades indígenas y las periferias urbanas presentan indicadores más altos de privación. Estas desigualdades reflejan una herencia colonial y un modelo económico extractivista que concentra la riqueza y margina a sectores amplios de la población. 9SANTO TOMÁS®
Para el trabajo social, comprender la pobreza en su complejidad implica reconocer las trayectorias vitales de los sujetos, las dinámicas del territorio, los efectos del modelo económico neoliberal y las limitaciones del Estado. La acción profesional debe orientarse a la restitución de derechos, el fortalecimiento de redes sociales y la promoción de la justicia social. Asimismo, debe contribuir al diseño e implementación de políticas públicas que consideren las condiciones estructurales, las diversidades culturales y las capacidades locales como base para la superación de la pobreza.
El emprendimiento es un concepto que ha adquirido centralidad en las últimas décadas como estrategia para enfrentar el desempleo, generar ingresos y promover la autonomía económica. Desde la política pública, especialmente en contextos neoliberales, el emprendimiento se ha promovido como un camino para salir de la pobreza, bajo la lógica de la autosuperación y la responsabilidad individual.
No obstante, esta visión presenta múltiples riesgos. Como plantean Mujica y Rincón (2010), muchos programas de emprendimiento no consideran las condiciones estructurales que enfrentan las personas en situación de vulnerabilidad, como la falta de capital inicial, la informalidad, la precariedad del mercado o la sobrecarga de cuidados que enfrentan las mujeres. En estos casos, el emprendimiento se transforma en un mecanismo de sobrevivencia más que en una oportunidad de desarrollo real.
Desde el trabajo social, es fundamental problematizar el uso del emprendimiento como herramienta de intervención, preguntándose si realmente empodera a los sujetos o si, por el contrario, traslada la responsabilidad del bienestar desde el Estado 10