Documento de Universidad sobre la economía internacional entre 1870 y 1914. El Pdf analiza los cambios demográficos, el desarrollo industrial y el comercio global, con un índice detallado y bibliografía. Es un recurso útil para estudiantes de Economía a nivel universitario.
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El crecimiento de la población a lo largo de todo el siglo XIX fue constante. La población mundial pasó de cerca de 900 millones de personas a aproximadamente 1.600 millones entre 1800 y 1900. La población creció más rápidamente en las regiones dominadas por los europeos, mientras que Asia y África experimentaron un menor ritmo de crecimiento y disminuyeron su peso en la población mundial.
La población mundial (millones de habitantes) 1800 1850 1900 1913 Europa 192 288 423 468 Asia 597 790 915 923 América Norte 6 39 81 108 América centro y sur 19 20 63 82 África 90 102 120 135 Oceanía 2 2 6 El crecimiento global de la población mundial a lo largo del siglo XIX no tenía precedentes. La población mundial se había doblado aproximadamente cada mil años desde la invención de la agricultura hasta finales del siglo XVIII. En el siglo XIX la población europea se duplicó en menos de cien años. Las transformaciones económicas descritas en los temas anteriores, el aumento de la producción agrícola, la industrialización y la revolución de los transportes, pueden ayudar a explicar ese crecimiento vertiginoso de la población.
Los cambios en el régimen demográfico y los intensos movimientos migratorios nos explican las diferencias en el ritmo de crecimiento demográfico entre las diferencias regiones y países.
Las diferencias de crecimiento demográfico entre los países europeos podían llegar a ser muy destacadas entre los países que poseían unas tasas más elevadas (Rusia, Gran Bretaña, Alemania, Holanda, Bélgica, Dinamarca) y los que tenían una menor (Francia, España).
Esas diferencias en las tasas de crecimiento demográfico estuvieron relacionadas con la diversa evolución de la natalidad y la mortalidad. Aunque todos los países empezaron el proceso de transición demográfica (el cambio pronunciado en las tendencias de las tasas de natalidad y mortalidad), algunos lo hicieron con mayor intensidad que otros. En todos los países las tasas de natalidad y de mortalidad empezaron a descender de forma permanente, pero el ritmo fue diferente. Por ejemplo, el mayor crecimiento vegetativo de Gran Bretaña y Alemania tuvo que ver con una reducción más drástica de la tasa de mortalidad que en Francia.
Por otro lado, la mejora de los transportes facilitó los grandes movimientos migratorios dentro de Europa y desde ésta hacia América y otros enclaves. Las migraciones dentro de Europa fueron importantes, aunque en algunos casos resultaron sólo temporales. Un gran número de polacos y otros pueblos eslavos y judíos se trasladaron a Alemania, Francia y otros lugares. Francia atrajo italianos, españoles, suizos y belgas; Inglaterra, por su parte, recibió inmigrantes 2de toda Europa. En el este, el zar instaló aproximadamente un millón y medio de familias de campesinos en Siberia entre 1861 y 1914, además de numerosa población penitenciaria y deportados políticos.
La migración interna, aunque menos pronunciada que la exterior también siguió ampliándose. Las regiones con una economía más dinámica siguieron atrayendo los excedentes de población de las regiones pobres. Asimismo, el crecimiento de la población urbana fue mucho más intenso que la media general. En Gran Bretaña en 1850 la mitad de la población ya vivían en las ciudades, pero hacia 1900 la proporción alcanzó los tres cuartos. En esta última fecha, la mayoría del resto de las naciones industriales estaban al menos urbanizadas en un 50%, e incluso las naciones predominantemente agrícolas empezaron a mostrar una tendencia creciente a la urbanización. Además, las grandes ciudades tendieron a concentrar la mayor parte de la población urbana. En 1800 apenas había en Europa veinte ciudades con poblaciones de más de 100.000 habitantes, y ninguna en el continente americano; en 1900 había más de 150 en Europa y Norteamérica.
A pesar de la importancia de las migraciones internas, el hecho más destacado de este periodo es el de las migraciones internacionales. En conjunto, entre 1815 y 1914 abandonaron Europa unos 60 millones de personas. De éstos, casi 35 millones fueron a los Estados Unidos, y 5 millones más a Canadá. Unos 12 ó 15 millones fueron a Hispanoamérica, principalmente a Argentina y Brasil. Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica acogieron la mayoría de los restantes.
Las islas británicas (Irlanda incluida) suministraron el mayor número de emigrantes, 18 millones aproximadamente. Muchos también abandonaron Alemania, los países escandinavos y, a partir de 1890, Italia, Austria-Hungría y el imperio ruso (incluida Polonia).
En este periodo en concreto, 1870-1913, abandonaron Europa alrededor de 20 millones de personas. Más de seis millones procedían de Gran Bretaña, más de cuatro millones de Italia y dos millones y medio de Alemania. Sin embargo, Francia atrajo cerca 900.000 emigrantes de otros países. Pero los destinos preferentes de los emigrantes europeos fueron los de América o de Australia. En concreto, Estados Unidos absorbió a casi 16 millones de emigrantes, y Canadá a cerca de un millón.
La intensificación de las migraciones internacionales a finales del siglo XIX estuvo relacionada con la mejora de los transportes y las comunicaciones. Además de la reducción del precio, aumentó la velocidad y mejoró la comodidad del viaje. En 1867, la travesía del Atlántico en barco de vapor duraba catorce días; en 1890 se tardaba la mitad. Ello explica que la emigración europea se acelerara desde 1870 (unos 600.000 emigrantes por año) y alcanzase el millón anual de emigrantes en el cambio de siglo; luego siguió creciendo hasta la primera guerra mundial, pero a menor ritmo.
También se puede percibir en este periodo un cambio en la composición de los emigrantes. Frente al predominio anterior de británicos, alemanes y escandinavos, desde 1880 se impusieron los emigrantes del sur y del este de Europa. Asimismo, los emigrantes eran ya adultos jóvenes, predominantemente varones solteros, que procedían del mundo urbano y que eran trabajadores sin cualificar. Estos emigrantes aumentaron la oferta de trabajo en los países de reciente colonización, contribuyendo a equilibrar los salarios reales a ambos lados del Atlántico. Con algunas excepciones (como España y Portugal), los salarios reales de los países de origen tendieron a converger con los países de destino de la emigración.
3Por otro lado, la emigración de indios y chinos fue muy cuantiosa pero, generalmente, de carácter temporal. Con frecuencia se estableció a partir de unos contratos especiales que forzaban a los emigrantes a trabajar, en un régimen de servidumbre, en las plantaciones durante un tiempo para pagar el pasaje. Pero la emigración permanente fue de 4 y 5 millones de indios y de chinos, respectivamente. Esos emigrantes se dirigieron a los países de Asia que tenían una baja densidad de población y que establecieron los sistemas de plantaciones, como Ceilán, Burma, las Indias orientales holandesas y Malasia. En menores cantidades, los emigrantes orientales también se establecieron en Sudáfrica y el Caribe. La emigración japonesa fue más tardía y pequeña (un millón) y se dirigió a Hawai y Brasil. Las intensas migraciones no contribuyeron a equilibrar las densidades de población por continentes. En 1900, la densidad de población en Europa era de 40,1 habitantes por kilómetro cuadrado y en Asia de 21,3 habitantes. Por el contrario, en América era de 3,4 habitantes y en África de 4 habitantes.
La revolución de los transportes facilitó los movimientos migratorios, pero las causas de dicha emigración fueron otras. Algunos acontecimientos provocaron corrientes migratorias, como las crisis de subsistencias, las persecuciones religiosas o las revoluciones políticas. Pero sus principales determinantes fueron las condiciones demográficas y económicas. La tasa de crecimiento vegetativo de la población impulsó la emigración, al aumentar el porcentaje de la población en edad de trabajar y, por tanto, emigrar. También las posibilidades de empleo y las diferencias salariales entre el país de destino y el de origen fueron factores decisivos.
La pauta general de la emigración, de economías de densidad demográfica más alta a las de densidad más baja, se debió a la elevada productividad del trabajo en las zonas de asentamiento reciente. Esta productividad elevada se fundaba en una tecnología nueva que reducía los costes de transportes y que podía hacer buen uso de tierras relativamente abundantes (Foreman-Peck, 1985: 149).
La intención de escapar de la pobreza para obtener mayores salarios no era suficiente para explicar la emigración, porque ésta tenía unos costes elevados que frenaban la movilidad para quienes se hallaban inmersos en la trampa de la pobreza (no tener dinero para pagar el pasaje), que sólo podía ser vencida por la existencia de otros factores. Muy importante fue el papel desempeñado por los emigrantes ya establecidos en las regiones de destino; éstos impulsaban la migración en cadena, pues enviaban información y dinero para financiar el viaje de los nuevos emigrantes y les proporcionaban alojamiento y manutención cuando llegaban hasta que encontraban trabajo. Finalmente, los efectos de la industrialización sobre la emigración fueron importantes, porque incrementó los salarios de los emigrantes potenciales, lo que, de un lado, les permitía financiar el viaje (facilitando el factor expulsión), pero, por otro, reducía la diferencia con los salarios pagados en el país de destino (debilitando el factor atracción). La industrialización de la Europa occidental y del norte había elevado las rentas salariales relativas y aumentado el número de puestos de trabajo antes de 1914. Suiza se había convertido en una región de inmigración neta desde 1888, los estados alemanes industrializados del oeste a partir de la década de 1890, y el valle del Po en Italia estaba recibiendo emigrantes de fuera de la región antes de 1914. Por el contrario, el retraso en la industrialización explica que la emigración de los países mediterráneos fuese 4