Filosofía del conocimiento: dogmatismo, realidad e inteligencia

Documento de Universidad sobre Filosofía del conocimiento. El Pdf aborda los problemas generales del conocimiento, la distinción entre dogmatismo y reflexión filosófica, y el origen de la inteligencia, siendo un recurso útil para estudiantes de Filosofía.

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2. Filosofía del conocimiento
El conocimiento constituye, sin duda, uno de los problemas más candentes de la filosofía de
todos los tiempos. Para el filósofo es una cuestión capital la de llegar a determinar del modo
más riguroso posible qué es lo que el hombre puede saber y cómo puede llegar a saberlo. En
esto se distingue radicalmente la filosofía de toda forma de dogmatismo. El dogmático es
aquél que piensa que su conocimiento sobre las cosas, sobre el hombre, sobre la sociedad y
sobre la historia tiene un carácter absoluto y definitivo. El dogmático se caracteriza por no
admitir opiniones contrarias a la suya. Lo que él ha llegado a saber es incontestable. Decir
esto supone, en el fondo, que el hombre puede conocer toda la realidad de un modo
totalmente cierto que no deja lugar a la duda. Hay una serie de verdades que todos han de
admitir, piensa el dogmático, y quien no lo hace o es un ignorante o es una persona mal
intencionada. Si atendemos a los debates blicos, a las diferentes polémicas que tienen lugar
entre las fuerzas actuantes en el interior de una sociedad, nos encontramos sin duda muchas
posturas dogmáticas. Lo peor del dogmatismo no es solamente el error filosófico que entraña,
sino también y sobre todo el hecho de que las posturas dogmáticas suelen estar unidas a
actitudes profundamente intolerantes. Aquel que piensa que ya posee la verdad absoluta y la
explicación satisfactoria para todo, despreciará e incluso pretenderá eliminar a quien piense
de un modo opuesto.
Algo propio de la filosofía de todos los tiempos es la oposición al dogmatismo. El dogmatismo,
en primer lugar, se le aparece como el fruto de la ignorancia. El dogmático puede tener
muchos conocimientos sobre éste o aquel asunto, puede ser incluso un científico prominente,
pero lo que el dogmático ignora es justamente lo que no sabe. Lo propio de su posición es
precisamente no caer en la cuenta de que el conocimiento humano tiene límites, es histórico
y contingente, y que, por lo tanto, ningún hombre ni ninguna doctrina pueden pretender
haber agotado toda la sabiduría humanamente posible. Frente al dogmatismo, la filosofía
significa ante todo un cierto llamado a la modestia. La filosofía no se entiende a sí misma
como "sabiduría" ya constituida (sophía), sino más bien como "búsqueda y amor por la
sabiduría" (philo-sophía). El filósofo no es quien piensa tener un saber definitivo sobre la
realidad, sino más bien un modesto buscador del saber. Los que piensan haber agotado ya
todo posible saber y hallarse en posesn de la sabiduría absoluta, son justamente los que
nunca están dispuestos a cuestionar una determinada actividad o un determinado estado de
cosas. Si queremos presentar a una determinada sociedad como la definitivamente justa y
buena, nada mejor que decir que en ella se realiza para siempre lo que la única y verdadera
sabiduría exige. Las posturas dogmáticas van frecuentemente unidas a la voluntad de
legitimar absolutamente alguna sociedad o institución sin dejar ningún resquicio a la crítica.
Justamente por esta oposición, al dogmatismo, la filosofía considera siempre como
insuficientes los argumentos de autoridad. Para el filósofo verdadero, la verdad no depende
de lo que éste o aquel pensador, por importante que sea, haya dicho en el pasado. Las
verdades se han de justificar por sí mismas ante el tribunal de la razón humana, y no son más
verdades porque otros ya las hayan pensado con anterioridad. Evidentemente, esto no quiere
decir que el pensamiento de quienes nos han precedido sea despreciable, ni mucho menos.
El filósofo ha de conocer profundamente y ha de saber valorar la historia entera del
pensamiento humano. Pero ninguna teoría se justifica simplemente porque la haya definido
un determinado filósofo. La filosofía ha de indagar por sí misma, en el presente, la verdad o
falsedad de una idea, sin dejarse seducir por las venerables barbas de la antigüedad. El pasado
puede ser fuente de sabiduría, pero también de error y de prejuicios. De ahí la importancia
filosófica del estudio del conocimiento humano: sabiendo cuáles son los límites de la
inteligencia y cuáles son sus posibilidades, el filósofo podrá mostrar cuál es el valor que hay
que otorgar a los distintos saberes, y podrá también relativizar a aquellos que se presentan
como absolutos y definitivos. Una filosofía del conocimiento podrá mostrar cuáles fueron los
límites y condicionamientos históricos y culturales de un determinado pensador, y podrá de
este modo apreciar su genio a la vez que ser crítico respecto a las limitaciones de las que
quedó preso en su tiempo.
La necesidad de superar el dogmatismo y la veneración acrítica de las autoridades determina
la necesidad de una reflexión filosófica sobre las posibilidades y los límites del conocimiento
humano.
1. Problemas generales del conocimiento
Como hemos visto en el tema anterior, la importancia filosófica del problema del
conocimiento ha significado la aparición de una disciplina filosófica (teoría del conocimiento,
gnoseología o epistemología) que trata justamente de aclarar los problemas relativos al valor,
las posibilidades, el alcance, las formas y los límites de la capacidad cognoscitiva del hombre.
En cierto modo, el problema del conocimiento es tratado también por saberes no filosóficos,
desde el saber popular hasta saberes científicos elaborados. Para la sabiduría popular hay con
frecuencia una idea determinada de qué es lo que el hombre puede conocer y qué es lo que
le está vedado: muchas religiones, por ejemplo, han solido determinar con rigor qué es lo que
puede ser conocido por los fieles, qué puede ser conocido por los especialistas religiosos y
qué es lo que ningún hombre puede llegar a saber por ser solamente accesible a los dioses.
También muchas ciencias positivas se ocupan del conocimiento desde su propia perspectiva:
la psicología del aprendizaje, la etología, la psicología de la inteligencia, la neurología, son
disciplinas científicas que de un modo u otro se enfrentan al problema del origen del
conocimiento humano, de su base biológica, de sus fronteras, etc.
El tratamiento filosófico del conocimiento humano es distinto y original. La filosofía, como
dice Aristóteles, nace de la admiración. El conocimiento humano es fuente de admiración y
de sorpresa para el filósofo. Admiración de la enorme capacidad humana para escudriñar el
universo entero, admiración de la enorme diferencia entre la inteligencia del hombre y
cualquier otra forma de conocimiento desarrollada por los demás animales. Admiración
también de la inmensa variabilidad de las conceptuaciones humanas del mundo, de la
diversidad de ideas que el hombre ha dado y sigue dando a luz. El filósofo se pregunta por la
verdad del conocimiento del hombre: ¿hay alguna verdad entre tantas ideas diferentes y
hasta contrarias? ¿Cómo saber qué teorías son verdaderas y cuáles son falsas? ¿Cómo es
posible que el hombre llegue a alcanzar alguna verdad? Y al filósofo no le bastan las
respuestas del saber popular ni las de la ciencia positiva. El saber popular no le proporciona
respuestas ni coherentes ni suficientemente críticas sobre el conocimiento del hombre. El
saber científico le proporciona al filósofo, sin duda, datos muy importantes sobre los

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Filosofía del conocimiento

El conocimiento constituye, sin duda, uno de los problemas más candentes de la filosofía de todos los tiempos. Para el filósofo es una cuestión capital la de llegar a determinar del modo más riguroso posible qué es lo que el hombre puede saber y cómo puede llegar a saberlo. En esto se distingue radicalmente la filosofía de toda forma de dogmatismo. El dogmático es aquél que piensa que su conocimiento sobre las cosas, sobre el hombre, sobre la sociedad y sobre la historia tiene un carácter absoluto y definitivo. El dogmático se caracteriza por no admitir opiniones contrarias a la suya. Lo que el ha llegado a saber es incontestable. Decir esto supone, en el fondo, que el hombre puede conocer toda la realidad de un modo totalmente cierto que no deja lugar a la duda. Hay una serie de verdades que todos han de admitir, piensa el dogmático, y quien no lo hace o es un ignorante o es una persona mal intencionada. Si atendemos a los debates públicos, a las diferentes polémicas que tienen lugar entre las fuerzas actuantes en el interior de una sociedad, nos encontramos sin duda muchas posturas dogmáticas. Lo peor del dogmatismo no es solamente el error filosófico que entraña, sino también y sobre todo el hecho de que las posturas dogmáticas suelen estar unidas a actitudes profundamente intolerantes. Aquel que piensa que ya posee la verdad absoluta y la explicación satisfactoria para todo, despreciará e incluso pretenderá eliminar a quien piense de un modo opuesto.

Algo propio de la filosofía de todos los tiempos es la oposición al dogmatismo. El dogmatismo, en primer lugar, se le aparece como el fruto de la ignorancia. El dogmático puede tener muchos conocimientos sobre este o aquel asunto, puede ser incluso un científico prominente, pero lo que el dogmático ignora es justamente lo que no sabe. Lo propio de su posición es precisamente no caer en la cuenta de que el conocimiento humano tiene límites, es histórico y contingente, y que, por lo tanto, ningún hombre ni ninguna doctrina pueden pretender haber agotado toda la sabiduría humanamente posible. Frente al dogmatismo, la filosofía significa ante todo un cierto llamado a la modestia. La filosofía no se entiende a sí misma como "sabiduría" ya constituida (sophía), sino más bien como "búsqueda y amor por la sabiduría" (philo-sophía). El filósofo no es quien piensa tener un saber definitivo sobre la realidad, sino más bien un modesto buscador del saber. Los que piensan haber agotado ya todo posible saber y hallarse en posesión de la sabiduría absoluta, son justamente los que nunca están dispuestos a cuestionar una determinada actividad o un determinado estado de cosas. Si queremos presentar a una determinada sociedad como la definitivamente justa y buena, nada mejor que decir que en ella se realiza para siempre lo que la única y verdadera sabiduría exige. Las posturas dogmáticas van frecuentemente unidas a la voluntad de legitimar absolutamente alguna sociedad o institución sin dejar ningún resquicio a la crítica. Justamente por esta oposición, al dogmatismo, la filosofía considera siempre como insuficientes los argumentos de autoridad. Para el filósofo verdadero, la verdad no depende de lo que éste o aquel pensador, por importante que sea, haya dicho en el pasado. Las verdades se han de justificar por sí mismas ante el tribunal de la razón humana, y no son más verdades porque otros ya las hayan pensado con anterioridad. Evidentemente, esto no quiere decir que el pensamiento de quienes nos han precedido sea despreciable, ni mucho menos. El filósofo ha de conocer profundamente y ha de saber valorar la historia entera delpensamiento humano. Pero ninguna teoría se justifica simplemente porque la haya definido un determinado filósofo. La filosofía ha de indagar por sí misma, en el presente, la verdad o falsedad de una idea, sin dejarse seducir por las venerables barbas de la antigüedad. El pasado puede ser fuente de sabiduría, pero también de error y de prejuicios. De ahí la importancia filosófica del estudio del conocimiento humano: sabiendo cuáles son los límites de la inteligencia y cuáles son sus posibilidades, el filósofo podrá mostrar cuál es el valor que hay que otorgar a los distintos saberes, y podrá también relativizar a aquellos que se presentan como absolutos y definitivos. Una filosofía del conocimiento podrá mostrar cuáles fueron los límites y condicionamientos históricos y culturales de un determinado pensador, y podrá de este modo apreciar su genio a la vez que ser crítico respecto a las limitaciones de las que quedó preso en su tiempo.

La necesidad de superar el dogmatismo y la veneración acrítica de las autoridades determina la necesidad de una reflexión filosófica sobre las posibilidades y los límites del conocimiento humano.

Problemas generales del conocimiento

Como hemos visto en el tema anterior, la importancia filosófica del problema del conocimiento ha significado la aparición de una disciplina filosófica (teoría del conocimiento, gnoseologia o epistemología) que trata justamente de aclarar los problemas relativos al valor, las posibilidades, el alcance, las formas y los limites de la capacidad cognoscitiva del hombre. En cierto modo, el problema del conocimiento es tratado también por saberes no filosóficos, desde el saber popular hasta saberes científicos elaborados. Para la sabiduría popular hay con frecuencia una idea determinada de qué es lo que el hombre puede conocer y qué es lo que le está vedado: muchas religiones, por ejemplo, han solido determinar con rigor qué es lo que puede ser conocido por los fieles, qué puede ser conocido por los especialistas religiosos y qué es lo que ningun hombre puede llegar a saber por ser solamente accesible a los dioses. También muchas ciencias positivas se ocupan del conocimiento desde su propia perspectiva: la psicología del aprendizaje, la etología, la psicología de la inteligencia, la neurología, son disciplinas científicas que de un modo u otro se enfrentan al problema del origen del conocimiento humano, de su base biológica, de sus fronteras, etc.

El tratamiento filosófico del conocimiento humano es distinto y original. La filosofía, como dice Aristóteles, nace de la admiración. El conocimiento humano es fuente de admiración y de sorpresa para el filósofo. Admiración de la enorme capacidad humana para escudriñar el universo entero, admiración de la enorme diferencia entre la inteligencia del hombre y cualquier otra forma de conocimiento desarrollada por los demás animales. Admiración también de la inmensa variabilidad de las conceptuaciones humanas del mundo, de la diversidad de ideas que el hombre ha dado y sigue dando a luz. El filósofo se pregunta por la verdad del conocimiento del hombre: ¿ hay alguna verdad entre tantas ideas diferentes y hasta contrarias? ¿ Cómo saber qué teorías son verdaderas y cuáles son falsas? ¿ Cómo es posible que el hombre llegue a alcanzar alguna verdad? Y al filósofo no le bastan las respuestas del saber popular ni las de la ciencia positiva. El saber popular no le proporciona respuestas ni coherentes ni suficientemente críticas sobre el conocimiento del hombre. El saber científico le proporciona al filósofo, sin duda, datos muy importantes sobre losmecanismos del conocimiento, sobre la base biológica de la inteligencia, sobre el origen evolutivo de la misma. Pero el filósofo, teniendo en cuenta todos estos datos de las ciencias, tiene que plantearse una cuestión no científica: cómo es posible la verdad del conocimiento humano o, más radicalmente, la cuestión de si es posible en absoluto que el conocimiento humano alcance una verdad profunda y satisfactoria. Y estas cuestiones son más radicales que las de la ciencia, porque tocan a la misma posibilidad de todo conocimiento incluido el conocimiento de las ciencias positivas. La filosofía tiene también que preguntarse por la posibilidad y los límites del conocimiento científico.

La posibilidad del conocimiento

El gran problema filosófico del conocimiento, es, ante todo, el problema de la verdad. Cuando el filósofo se interesa por el conocimiento, lo hace preocupado por determinar en qué consiste la verdad y cómo es posible que un conocimiento llegue a alcanzarla. Es decir, se trata de saber si es posible y cómo es posible un conocimiento verdadero. Y algo que ha sorprendido a los filósofos de todos los tiempos es justamente el hecho de que se den conocimientos verdaderos. Por verdad se ha solido entender, en la historia de la filosofía, la adecuación entre la inteligencia del hombre y el mundo que conocemos. Pero, ¿cómo puede ser que nuestra inteligencia este tan maravillosamente capacitada para conocer el mundo? Uno de los grandes físicos de nuestro tiempo, Albert Einstein, se preguntaba filosóficamente cómo es posible que un producto de nuestra cabeza, las matemáticas, sea tan enormemente adecuado para describir el mundo material: muchos teoremas que en principio no fueron más que creaciones puramente especulativas de algunos matemáticos han sido aplicados años después, con gran éxito, al mundo de la física. ¿ Cómo es esto posible, cómo se explica que un determinado animal del planeta tierra, el ser humano, sea capaz de describir y de explicar tan perfectamente tantos misterios del universo, inaccesibles para todos los demás vivientes? Evidentemente, a esta cuestión se puede responder de un modo pre filosófico y dogmático: el conocimiento no es problema; el hombre simplemente conoce las cosas a lo largo de su vida, y este conocimiento es verdadero. La inteligencia humana lo único que hace es reflejar la verdad objetiva, la verdadera realidad. Si veo un objeto delante de mí, es que tal objeto existe realmente y es simplemente tal como yo lo veo; el libro que tengo delante es en realidad como lo percibo, y nada más. Para el dogmatismo, el problema del conocimiento se elimina afirmando la perfecta correspondencia de nuestros conocimientos con el mundo. Sin embargo, ésta no es en realidad una posición muy sostenible, aunque en principio nos parezca que es de sentido común. El sentido común, en ocasiones, es fuente de errores, porque carece de algo propio de la reflexión filosófica: el sentido crítico. Y cuando comenzamos a examinar nuestro conocimiento con un poco de atención crítica, nos damos cuenta de que las cosas no son tan fáciles como las piensa el dogmático. Este desconoce ante todo la existencia de los errores: y podemos constatar cuántas veces nos equivocamos o pensamos que se equivocan otros a la hora de juzgar sobre cualquier problema, o a la hora de describir simplemente lo que vemos. El mismo hecho de que los hombres no se pongan de acuerdo en la mayor parte de las cuestiones de importancia, significa que no todos conocemos de igual modo la realidad, y que la adecuación entre los conocimientos y el mundo, lejos de ser algo sencillo, es más

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