Documento de Rodney Hilton sobre Siervos liberados: movimientos campesinos medievales y el levantamiento inglés de 1381. El Pdf analiza la economía campesina medieval, las variaciones regionales y la estratificación social, útil para estudiantes universitarios de Historia.
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Los campesinos de la Europa medieval surgieron de orígenes históricos y geográficos muy diversos. A primera vista podría creerse que la línea divisoria principal sería la existente entre quienes vivían en los territorios del antiguo Imperio romano y quienes vivían más allá de los confines imperiales. Pero ya en el siglo V la estructura social de los llamados "bárbaros" se estaba volviendo muy similar a la del moribundo Imperio, y los rasgos que distinguían a la sociedad bajorromana de la "bárbara" se daban más en las clases media y alta que entre los campesinos. Más importante era la distinción existente entre comunidades campesinas que vivían bajo condiciones naturales diferentes2: la producción agrícola de la cuenca del Mediterráneo era diferente de la del norte de Francia o Inglaterra, la de las regiones montañosas presentaba un marcado contraste con la de las llanuras, y otro tanto puede decirse de la del litoral atlántico con respecto a la de la Europa oriental de origen eslavo. En las regiones mediterráneas, en zonas del sudoeste de Francia y en Renania, las primitivas sociedades medievales heredaron y extendieron los viñedos del mundo romano. En los Alpes, los Apeninos, los Pirineos y la Cordillera Penina se concedía lógicamente una mayor importancia a los pastos que a las tierras de labranza. En los extremos climas continentales del este de Alemania, Polonia y Rusia el centeno era el cercal que más se cultivaba, en tanto que en Inglaterra la producción de cereales podía diversificarse con cultivos de primavera, como la cebada, la avena y las legumbres.
A pesar de la existencia de medios físicos tan diferentes, las comunidades rurales de la Europa medieval tuvieron una estructura social muy similar. Ello se debía al hecho de que en una economía de subsistencia, y en las condiciones, climatológicas bajo las que se encontraba una gran parte de Europa, los alimentos más sencillos de producir y a un precio más económico procedían de los cercales. Aunque algunos campesinos seguían utilizando la azada para arar el suelo, se adoptó en gran medida el arado como medio de cultivo, para lo cual se requería la utilización de animales de tiro, especialmente bueyes. Otros animales domésticos, tales como cerdos, cabras, ovejas y aves de corral, suministraban leche, queso y carne. La agricultura campesina, por tanto, era una mezcla de agricultura y ganadería en la que las tierras de pastos para los animales eran tan necesarias como las tierras de cultivo para la siembra. El equilibrio entre las tierras de labranza y los pastos podía variar de forma considerable, de conformidad con las diferencias de condiciones naturales, las presiones demográficas y basta las mismas tradiciones culturales.
El tamaño de la explotación campesina venía determinado en gran medida por la mano de obra empleada en la misma. Esta no era otra que la mano de obra familiar, respecto a la cual quedan todavía muchos datos por dilucidar. En el siglo XIII, o incluso antes, la familia normal de la mayor parte de la Europa occidental no era la familia extensa compuesta por todos los descendientes de unos bisabuelos comunes -o aun más atrás- que vivían juntos con sus mujeres e hijos3. En su lugar encontramos a menudo a los abuelos y al primogénito casado con su mujer e hijos, conviviendo con los miembros solteros de la segunda generación. Si el abuelo estaba en activo era él mismo quien dirigía la explotación agraria, o daba paso al heredero pero seguía viviendo en ella. A la muerte de los abuelos la familia pasaba a ser una familia nuclear de dos generaciones hasta que el modelo volvía a repetirse al hacerse adultoel heredero y contraer matrimonio. Puede que haya habido alguna excepción a dicho modelo en los Balcanes o en las regiones montañosas de Francia, en donde todavía en el siglo XVIII podían encontrarse las llamadas communautés taisibles4, que eran grandes agrupaciones familiares que seguían viviendo en la explotación ancestral. Pero el hecho de que tales agrupaciones familiares fueran excepcionales en y después del siglo XIII no debe inducirnos a pensar que ocurriera otro tanto en la Alta Edad Media. En el mal documentado período comprendido entre los siglos VI y X u XI algunas explotaciones campesinas pudieron haber sido mucho mayores y estar más unidas de lo que lo fueron en los siglos centrales de la Edad Media. En el siglo IX grupo familiar de Corbon (Francia) que ocupaba una explotación de unas treinta hectáreas nos proporciona un buen ejemplo: estaba compuesto por dos hermanos con sus respectivas mujeres, dos hermanas y catorce hijos5. Quizá tenga aún mayor interés señalar que algunas explotaciones campesinas primitivas pudieron haber contado con uno o dos esclavos6. Esta puede ser una de las razones por las que el tamaño medio de la explotación campesina en el siglo IX era mucho mayor que en el XIII, pasándose así de cuarenta hectáreas de tierra cultivable a ocho o doce.
Otra característica de la vida campesina común a la mayoría de los países europeos era la asociación de familias campesinas en comunidades mayores, aldeas o villas. Había áreas de asentamiento disperso en donde las explotaciones individuales se encontraban a cierta distancia unas de otras, siendo esto nota frecuente en los países de orografía accidentada, en los que el terreno era quebrado y las parcelas de tierra cultivable pequeñas y dispersas. Podían encontrarse también en los terrenos forestales y baldíos recientemente roturados, en donde familias repobladoras procedentes de zonas de asentamiento anterior ponían en explotación la tierra yerma, o incluso en los espacios comprendidos entre antiguos asentamientos de tipo nuclear. Pero la norma era la vida en comunidades con una organización precisa, remontándose a varios siglos las bases de esta convivencia7. Al investigar los historiadores en detalle la evolución de los asentamientos, ha podido verse con mayor claridad que, a pesar de los pobladores de nueva planta creadas durante el período de expansión demográfica comprendido entre los siglos XI y XII, el modelo básico de asentamiento estaba ya configurado hacía tiempo, pero no en la época romana como cabría suponer, sino en la prerromana Edad del Hierro, e incluso a finales de la Edad del Bronce. Tal afirmación ha podido documentarse sobre una base arqueológica. La misma supone que las últimas comunidades prehistóricas de Europa, a pesar de ser de dimensiones reducidas, eran sedentarias más que nómadas y vivían del cultivo de los cereales, al tiempo que, apacentaban los rebaños y recogían los frutos de las extensas regiones de bosques.
La existencia de una agricultura sedentaria ya en épocas prehistóricas ha sido demostrada en el caso de Alemania, en donde se creía que hasta los tiempos de César la economía se había basado en el nomadismo pastoril8. Estudios exhaustivos, basados, en datos arqueológicos y toponímicos, de regiones francesas como Borgoña, Auvernia y Picardía han demostrado que la expansión de la población en la Edad Media se hizo a partir de las zonas de asentamiento existentes creadas por las poblaciones célticas de la Galia romana y prerromana9. Incluso en Inglaterra, en donde, según una vieja escuela, se creía que los celtas romanizados habían sido muertos o habían huido delante de las invasiones anglosajonas, se han descubierto más y más pruebas que vienen a confirmar la continuidad del asentamiento desde los tiempos romanos e incluso prerromanos10 . Y, como era de esperar, son aún más concluyentes las pruebas de una continuidad del asentamiento desde los tiempos prehistóricos a los medievales en Italia, a pesar de las revueltas políticas y las fluctuaciones económicas experimentadas durante la República, el Imperio y las invasiones bárbaras.
P A10 D. B. Harden, comp. Dark age Britain: Siudies presented to E. T. Leeds, 1956.
¿Qué significado tienen tales descubrimientos para nuestra apreciación de las características del campesinado medieval? Significan que los órganos básicos de las comunidades campesinas -la explotación familiar, la aldea, la villa- estaban profundamente arraigados, habiendo podido desarrollar sus propias instituciones, prácticas comunes y una conciencia de los intereses propios durante muchos siglos. Significan también que, por muy antiguas que fueran las aristocracias gobernantes, más antiguas aún eran las comunidades campesinas. Y dada la tendencia de las aristocracias a ser eliminadas y reemplazadas por medio de la conquista, las comunidades campesinas disfrutaron de una mayor continuidad temporal.
La solidaridad de las comunidades campesinas es un hecho probado de la historia social medieval, en todo caso del siglo XII en adelante. La misma se mostraba de muy diferentes maneras, en particular como medida de defensa contra extraños, invasores u opresores., Este será uno de nuestros temas; pero, llegados a este punto, podemos preguntarnos si esta solidaridad sólo existía en los casos en que se daba una presión exterior. Algunos historiadores así lo han venido afirmando, sugiriendo que las villas y otras comunidades campesinas sólo tomaron conciencia de su identidad en la medida en que fueron organizadas por los señores para el préstamo de los servicios exigidos, por la Iglesia para el pago de los, diezmos y por el rey o príncipe y sus oficiales para el pago de los impuestos. Hasta cierto punto este criterio se adoptó en el curso de un conflicto ideológico entre las diferentes escuelas históricas. Algunos historiadores de principios de siglo, como Maitland, See y Dopsch11, reaccionaron en contra de las interpretaciones de sus predecesores que mezclaron los testimonios de la Baja Edad Media con los escritos de César y Tácito para sustentar la idea de que la primitiva sociedad germánica era libre e igualitaria y se basaba en el control, si no la propiedad, comunal de la tierra cultivable. Los testimonios son escasos por lo que se refiere a la historia de los primeros tiempos de las comunidades rurales, cuya existencia o bien sólo consta en los documentos de los terratenientes o estatales o es arqueológica y, por tanto, limitada por lo que se refiere a aspectos jurídicos o institucionales. Las fuentes arqueológicas hacen pensar que no sólo la sociedad céltica de la Europa preimperial tenía una estructura marcadamente aristocrática, sino que ésta era una de las características de la sociedad germánica en el momento de hundirse el Imperio romano de Occidente12. Pero un campesinado dominado por clanes aristocráticos no está necesariamente desprovisto de formas de cooperación práctica entre los campesinos que formarían la base de una identidad común. La cooperación práctica variaría en intensidad según el tipo de sistema agrícola, del cual sabemos poco por desgracia antes del período relativamente bien documentado que comienza en el siglo IX, del que ya se conservan registros de propiedad, si bien de forma esporádica.
Los sistemas agrícolas de las comunidades campesinas en la Baja Edad Media y en los primeros tiempos de la Edad Moderna han sido estudiados y clasificados con gran detalle13. Allí donde los suelos erande buena calidad había, en las tierras llanas o con ligeras ondulaciones que rodeaban a las grandes villas de tipo nuclear, campos abiertos en los que se entremezclaban las fajas de terreno de las diversas explotaciones familiares, y en los que, una vez hecha la recolección, trabajaban primero los espigadores locales y a renglón seguido pastaban los animales del término, sin hacerse distinción alguna entre las tierras de uno u otro propietario. A partir de los confines de las tierras de cultivo se extendían los bosques y baldíos, en los que la comunidad rural tenía derecho a recoger leña, nueces y frutos y cazar conejos y liebres, al tiempo que podía utilizarlos como pasto adicional para sus ganados.
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