Concepto y estructura de la flexión nominal latina: temas en -o y -u

Documento de Universidad sobre Concepto y estructura de la flexión nominal latina: temas en -o y -u. El Pdf explora la morfología de las palabras, las categorías de género, número y caso en latín, y la evolución histórica de la raíz indoeuropea, útil para estudiantes de Idiomas.

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TEMA 9: Concepto y estructura de la flexión nominal. Flexión de los temas en
–o y en –u.
1. La palabra en sus elementos formales: concepto de flexión.
1.1. El latín, lengua de palabras.
Las clasificaciones de las lenguas conocidas, basadas en la estructura, se dividen en
tres grandes grupos: monosilábicas, aglutinantes y flexivas. Las primeras se componen
de monosílabos invariables, en las segundas las raíces de las palabras se aglutinan para
expresar diversos significados y en las terceras, en las que se encuentra el latín, la
palabra no es una mera acumulación de elementos significativos sino que es una unidad
real y tiene autonomía y entidad propia: los mismos elementos en el mismo orden en el
discurso pueden significar cosas distintas según los modelos en que se constituyan
palabras: de missis / demissis in felicitate / infelicitate.
En latín la mayor parte de las palabras pueden variar con el fin de señalar relaciones
sintácticas o semánticas además de su significado léxico. Estas palabras se clasifican
como variables y se agrupan en paradigmas que denominamos declinación en el caso
del nombre y del pronombre o conjugación en el del verbo. Así pues, una declinación o
una conjugación consiste en un conjunto de palabras que normalmente tienen una base
léxica común y comparten un mismo significado léxico sobre el que se señalan una serie
de nociones gramaticales. En toda forma flexiva será posible discernir entre una parte
invariable o tema y otra variable o desinencia.
Tema: es la base léxica a la que se añade la desinencia y se trata, por tanto, de una
forma dependiente con significado léxico. A su vez, en el tema es posible distinguir una
serie de elementos como raíz, sufijos, alargamientos y característica. En primer lugar,
puede tratarse de un tema radical si las desinencias se añaden directamente a la raíz o, lo
más habitual, puede ser un tema derivado, temas en los que a la raíz se han añadido uno
o varios afijos y/o alargamientos. Por ejemplo, la raíz rex regis da origen a otras
palabras mediante afijos: regina, regnum, regnator o interregnum en la que tenemos
una derivación léxica (inter-) y una flexiva (reg + n + desinencia).
Por último, en el tema es posible reconocer una característica, última letra de la raíz
encargada de facilitar la adscripción de los morfemas. Esta característica puede formar
parte de la raíz (en consul-em la desinencia se añade directamente a la raíz) o puede ser
un afijo añadido a la misma, la vocal temática cuya finalidad es evitar que dos
consonantes la de la raíz y la desinencia entren en contacto y produzcan las
consiguientes alteraciones fonéticas.
Desinencias: quedaran definidas como el conjunto de morfemas que se añaden a
un tema o base léxica para aportar un significado gramatical.
Habría que distinguir entre morfema (cada una de las especificaciones posibles de
una categoría gramatical) y morfo (realización fonológica de un morfema).
A su vez, hay que tener presente que la ausencia de desinencia puede ser también
una desinencia. Esto es lo que se denomina desinencia cero. Ahora bien, se puede
hablar de desinencia cero cuando el tema por mismo desempeña una función
gramatical oponiéndose a otras formas que indican dichas funciones mediante
desinencias. Es el caso del nominativo, vocativo y acusativo de la declinación
(tempus). En realidad la desinencia cero no es más que un caso extremo de morfo vacío.
También podemos encontrarnos con que para la expresión de una misma categoría
se recurre a formas de expresión diversas. Estas variantes reciben el nombre de
alomorfo (por ejemplo el genitivo singular con -ae, -i, -is, -us, -ei).
Asimismo, calificaremos de homonimia paradigmática a la expresión de un
mismo morfo para representar dos o más morfemas (es el caso de animo que es dativo y
ablativo).
1.2. La raíz en indoeuropeo:
Por tanto el elemento básico formal es la raíz que carece de independencia. Veamos
cuáles son las teorías sobre la raíz en indoeuropeo:
Para Benveniste, la raíz i.e. era monosilábica, trilítera formada por vocal
fundamental "e", sujeta a alternancias y encuadrada entre dos consonantes o sonantes
que no pueden ser iguales y que, si una es sorda, la otra no puede ser sonora aspirada.
De este esquema fundamental derivan las raíces concretas por ampliaciones sucesivas.
Hoy día es la teoría más admitida.
Según Kurylowicz, sólo se trata de una noción fonética: la parte de la palabra simple
que lleva la consonante o grupo consonántico inicial, la vocal fundamental y la
consonante o grupo consonántico final.
1.3. Categorías que expresa la flexión nominal.
El nombre en latín cambia de forma para indicar las variaciones habidas en la
información gramatical que contiene. Así sucede con las categorías de género, número y
caso.
1.3.1. Género:
En los estadios más remotos del i.e. la distinción de géneros no era tripartita sino
bipartita en la que se oponía un género animado a otro inanimado. En latín quedan
restos de esta oposición como en los adjetivos de segunda clase fortis forte.
La denominación animado / inanimado es herencia de una vieja doctrina
decimonónica conocida como teoría animista. Ésta decía que los indoeuropeos como
pueblo primitivo tenían una concepción animista de la realidad, esto es, concebían a la
naturaleza como dotada de ánima. Pero tampoco esta división de géneros obedece a una
motivación semántica sino sintáctica: son animados los nombres que formalmente
distinguen entre sujeto y paciente e inanimados los que no establecen esta distinción.
Conviene recordar que también en latín se trata de una categoría formal y no natural:
se usa para conformar las relaciones lingüísticas y no para clasificar el mundo real. El
latín tiene, junto al masculino y femenino que nos son más conocidos, el género neutro.
El neutro, como los otros géneros, no responde tanto a una realidad semántica como
sintáctica sino ¿cómo se entiende que ignis sea masculino, aqua femenino y mare
neutro? ¿Es que mare es más inanimado que los otros dos? En latín sólo aparece el
neutro en la 2ª, 3ª y 4ª declinación.
El latín siguió el proceso general de las lenguas indoeuropeas de otorgar género
masculino y femenino a entes inanimados, proceso que culminará con la casi total
eliminación del neutro en las lenguas romances. En este proceso se pueden distinguir las
siguientes tendencias:

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Concepto de flexión nominal

La palabra en sus elementos formales

TEMA 9: Concepto y estructura de la flexión nominal. Flexión de los temas en -o y en -u.

1. La palabra en sus elementos formales: concepto de flexión.

El latín, lengua de palabras

1.1. El latín, lengua de palabras. Las clasificaciones de las lenguas conocidas, basadas en la estructura, se dividen en tres grandes grupos: monosilábicas, aglutinantes y flexivas. Las primeras se componen de monosílabos invariables, en las segundas las raíces de las palabras se aglutinan para expresar diversos significados y en las terceras, en las que se encuentra el latín, la palabra no es una mera acumulación de elementos significativos sino que es una unidad real y tiene autonomía y entidad propia: los mismos elementos en el mismo orden en el discurso pueden significar cosas distintas según los modelos en que se constituyan palabras: de missis / demissis in felicitate / infelicitate. En latín la mayor parte de las palabras pueden variar con el fin de señalar relaciones sintácticas o semánticas además de su significado léxico. Estas palabras se clasifican como variables y se agrupan en paradigmas que denominamos declinación en el caso del nombre y del pronombre o conjugación en el del verbo. Así pues, una declinación o una conjugación consiste en un conjunto de palabras que normalmente tienen una base léxica común y comparten un mismo significado léxico sobre el que se señalan una serie de nociones gramaticales. En toda forma flexiva será posible discernir entre una parte invariable o tema y otra variable o desinencia.

  • Tema: es la base léxica a la que se añade la desinencia y se trata, por tanto, de una forma dependiente con significado léxico. A su vez, en el tema es posible distinguir una serie de elementos como raíz, sufijos, alargamientos y característica. En primer lugar, puede tratarse de un tema radical si las desinencias se añaden directamente a la raíz o, lo más habitual, puede ser un tema derivado, temas en los que a la raíz se han añadido uno o varios afijos y/o alargamientos. Por ejemplo, la raíz rex regis da origen a otras palabras mediante afijos: regina, regnum, regnator o interregnum en la que tenemos una derivación léxica (inter-) y una flexiva (reg + n + desinencia). Por último, en el tema es posible reconocer una característica, última letra de la raíz encargada de facilitar la adscripción de los morfemas. Esta característica puede formar parte de la raíz (en consul-em la desinencia se añade directamente a la raíz) o puede ser un afijo añadido a la misma, la vocal temática cuya finalidad es evitar que dos consonantes la de la raíz y la desinencia entren en contacto y produzcan las consiguientes alteraciones fonéticas.
  • Desinencias: quedaran definidas como el conjunto de morfemas que se añaden a un tema o base léxica para aportar un significado gramatical. Habría que distinguir entre morfema (cada una de las especificaciones posibles de una categoría gramatical) y morfo (realización fonológica de un morfema). A su vez, hay que tener presente que la ausencia de desinencia puede ser también una desinencia. Esto es lo que se denomina desinencia cero. Ahora bien, se puede hablar de desinencia cero cuando el tema por sí mismo desempeña una función gramatical oponiéndose a otras formas que indican dichas funciones mediantedesinencias. Es el caso del nominativo, vocativo y acusativo de la 3ª declinación (tempus). En realidad la desinencia cero no es más que un caso extremo de morfo vacío. También podemos encontrarnos con que para la expresión de una misma categoría se recurre a formas de expresión diversas. Estas variantes reciben el nombre de alomorfo (por ejemplo el genitivo singular con -ae, -i, -is, -us, -ei). Asimismo, calificaremos de homonimia paradigmática a la expresión de un mismo morfo para representar dos o más morfemas (es el caso de animo que es dativo y ablativo).

La raíz en indoeuropeo

1.2. La raíz en indoeuropeo: Por tanto el elemento básico formal es la raíz que carece de independencia. Veamos cuáles son las teorías sobre la raíz en indoeuropeo: Para Benveniste, la raíz i.e. era monosilábica, trilítera formada por vocal fundamental "e", sujeta a alternancias y encuadrada entre dos consonantes o sonantes que no pueden ser iguales y que, si una es sorda, la otra no puede ser sonora aspirada. De este esquema fundamental derivan las raíces concretas por ampliaciones sucesivas. Hoy día es la teoría más admitida. Según Kurylowicz, sólo se trata de una noción fonética: la parte de la palabra simple que lleva la consonante o grupo consonántico inicial, la vocal fundamental y la consonante o grupo consonántico final.

Categorías de la flexión nominal

1.3. Categorías que expresa la flexión nominal. El nombre en latín cambia de forma para indicar las variaciones habidas en la información gramatical que contiene. Así sucede con las categorías de género, número y caso.

Género en latín

1.3.1. Género: En los estadios más remotos del i.e. la distinción de géneros no era tripartita sino bipartita en la que se oponía un género animado a otro inanimado. En latín quedan restos de esta oposición como en los adjetivos de segunda clase fortis forte. La denominación animado / inanimado es herencia de una vieja doctrina decimonónica conocida como teoría animista. Ésta decía que los indoeuropeos como pueblo primitivo tenían una concepción animista de la realidad, esto es, concebían a la naturaleza como dotada de ánima. Pero tampoco esta división de géneros obedece a una motivación semántica sino sintáctica: son animados los nombres que formalmente distinguen entre sujeto y paciente e inanimados los que no establecen esta distinción. Conviene recordar que también en latín se trata de una categoría formal y no natural: se usa para conformar las relaciones lingüísticas y no para clasificar el mundo real. El latín tiene, junto al masculino y femenino que nos son más conocidos, el género neutro. El neutro, como los otros géneros, no responde tanto a una realidad semántica como sintáctica sino ¿cómo se entiende que ignis sea masculino, aqua femenino y mare neutro? ¿ Es que mare es más inanimado que los otros dos? En latín sólo aparece el neutro en la 2ª, 3ª y 4ª declinación. El latín siguió el proceso general de las lenguas indoeuropeas de otorgar género masculino y femenino a entes inanimados, proceso que culminará con la casi total eliminación del neutro en las lenguas romances. En este proceso se pueden distinguir las siguientes tendencias:

  • Los árboles (fagus, quercus ... ) son femeninos, como dicen algunos autores, debido a que el árbol da frutos como una madre que da a luz a sus hijos.
  • Los ríos son masculinos incluso cuando pertenecen a la 1ª declinación.
  • Los meses y vientos se agruparan en los masculinos.
  • Regiones, ciudades e islas son neutros (Latium, Lanuuium ... ) o femeninos (Roma). Los nombres masculinos suelen ser de procedencia griega. También podemos encontrarnos en latín vestigios de las etapas más remotas del i.e. como el neutro colectivo: uallus (estaca) y uallum (conjunto de estacas, empalizada). La distinción entre masculino y femenino suele realizarse en latín mediante sufijos. Así palabras que poseían una única forma para ambos géneros (deus, equus) tienden a reservar las formas de la 2ª declinación para el masculino a la vez que crean otras nuevas para el femenino (dea, equa). También, el latín recurre a veces a oposiciones de heteronimia heredadas de estadios indoeuropeos (pater / mater; frater / soror ... ). Asimismo, como reflejo de una primitiva indiferenciación, el latín conserva algunas palabras de género común, esto es, cuyo género va determinado por los adjetivos con los que concuerdan, como scriba o aduena. También podemos encontrar en la lengua latina palabras de género epiceno, aquellas que sólo admiten una forma masculina o femenina en el adjetivo que les acompaña reservadas al mundo animal no domesticado. En latín se tendió a identificar género y declinación, al menos en algunas de ellas. La 1ª y la 5ª comprenden palabras en su mayoría masculinas. La 2ª y la 4ª la conforman palabras masculinas y neutras en su mayoría. La 3ª es la única que no manifiesta una tendencia nítida hacia ninguno de los géneros.

Número en latín

1.3.2. Número: En i.e. el nombre, pronombre y verbo disponían de recursos morfológicos para la expresión de tres números: singular, plural y dual. El dual: se utilizaba cuando se refería a un conjunto de dos realidades, pero no expresaba el número por sí solo sino que debía acompañarse de palabras como el número dos si no podía sobreentenderse por contexto. Meillet interpreta el dual como primitivismo pues presupone una concepción concreta del número. Monteil dice que el dual coexistía en i.e. con concepciones abstractas: unidad, decena, centena ... El ático, que era el dialecto griego más intelectualizado, es el que ha conservado durante más tiempo el dual. De este número apenas queda resto en latín: los numerales declinables duo y ambo y los indeclinables octo y uiginti pero seguramente ni los propios latinohablantes los percibían como duales, sino más bien como peculiaridades.

El caso en latín

1.3.3. El caso: El nombre en latín varía su forma para indicar, no sólo cuál es su género y su número, sino también en qué caso se encuentra. En la reconstrucción clásica del sistema de casos indoeuropeos se establece el número de ocho casos (N, V, Ac, G, D, Ab, Loc e Instr). No obstante, en esta visión tradicional se reconoce que los ocho casos están formalmente diferenciados sólo en singular y en los temas en -o y que se producían fuertes sincretismos o concentración de funciones en una única forma gramatical. De este modo se aceptaba que en la evolución al latín se habría reducido este número mediante un proceso de sincretismo (que veremos más adelante en este tema). Con todo, es más probable que en i.e. común existiera un sistema de cinco casos como dice Adrados. Un argumento a favor de estoestaría en el plural de las lenguas indoeuropeas, donde el menor número de formas casuales parece preferible interpretarlo como huella de una fase primitiva en lugar de pensar en diversos sincretismos. De hecho el N, Ac y Gen. del plural presentan las formas más compartidas entre las lenguas i.e., lo que es indicio de su mayor antigüedad. Así pues, habría que entenderse por caso cada una de las formas diferentes que dentro de un mismo número puede adoptar un nombre para señalar su función en la oración. El número de casos en latín es seis: Nominativo (sujeto), Vocativo, Acusativo (complemento directo), Genitivo (complemento del nombre), Dativo (complemento indirecto) y Ablativo (complemento circunstancial). Antes de terminar con el sistema casual, habría que hacer dos observaciones:

  • El Vocativo no es propiamente un caso, ya que no desempeña en la frase una función comparable a la del sujeto o cualquier tipo de complemento. Es un inciso o paréntesis dentro de la frase que sirve para apelar a alguien.
  • Existe en latín un esbozo de séptimo caso, el llamado Locativo, con la función de indicar el "lugar en donde" y, en ocasiones, "el tiempo en el que". Para expresar esta noción se recurre al Ablativo con o sin preposición por lo que el Locativo quedó restringido a los nombres propios de lugar menor y a algunas expresiones fijas siempre en singular de la 1ª (-ae) o de la 2ª (-i): Romae (en Roma), domi (en casa). Este caso no posee plural.

Flexión de los temas en -o y en -u

Temas en -o

2. Flexión de los temas en -o y en -u. 2.1. Temas en -o: Esta flexión se caracteriza por terminar el tema por una vocal denominada temática que facilitaba la adición de desinencias. Aunque por lo general presenta timbre ò, en rigor consiste en una alternancia ě / o. La 2ª declinación latina es, por tanto, heredera de la flexión temática indoeuropea. No obstante, en latín esta vocal temática queda oculta por la evolución fonética, ya que de manera sistemática en latín o > u en sílaba final trabada. La segunda declinación, en cuanto al género, comprende mayoritariamente sustantivos masculinos y neutros, aunque los nombres de árboles pertenecen a esta declinación y son femeninos. En cuanto al número, nos encontramos, al igual que en la 1ª decl., nombres declinados sólo en plural como fasti (fastos) o liberi (hijos). Éste sería el paradigma de la 2ª decl:

SG. PL. SG. PL. N. animus animi bellum bella V. anime animi bellum bella AC. animum animos bellum bella G. animi animorum bell bellorum D./AB. animo animis bello bellis Los sustantivos neutros, como todos los neutros, se caracterizan por poseer una misma forma para N, V y Ac en cada número. Por su parte, los sustantivos masculinos pueden presentar tres formas diferentes en el nominativo singular: - us, -er, -ir. Los primeros son los más numerosos. Los segundos pueden presentar dos variantes: unos conservan la -e en toda la flexión (puer pueri) y otros la pierden (ager agri). Del tercer tipo sólo existe un sustantivo, uir uiri. Como en la 1ª decl., en la 2ª hay un esbozo de caso locativo para designar el lugar en donde de los nombres propios de lugar menor. Su desinencia es -i.

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