Documento de Universidad sobre la reflexión filosófica del ser humano. El Pdf explora conceptos de dualismo y monismo, y las visiones del hombre en la Antigüedad, el Cristianismo, el Renacimiento y la Edad Moderna, útil para estudiantes de Filosofía.
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En todas las épocas, las distintas culturas han ido perfilando a lo largo del tiempo un prototipo de ser humano que encarna sus valores más altos: el héroe homérico, el sabio del clasicismo griego, el guerrero de los bárbaros, el santo del cristianismo, el santo guerrero -el cruzado- medieval, el comerciante renacentista, el revolucionario de la modernidad o el empresario de éxito del mundo contemporáneo han sido, entre otros muchos, los modelos propuestos para ser imitados por los demás.
En los orígenes de nuestra cultura, en la Grecia arcaica, preclásica, anterior al siglo V a.C., es el héroe homérico de los mitos el que se presenta como modelo humano. El héroe, que es mortal, miembro de la clase aristocrática, libre y no sometido a ninguna autoridad salvo a los dioses y el destino, encarna en su persona las cualidades de la excelencia (areté, virtud) propias de su condición de héroe, como son: la valentía, el orgullo, el deseo de gloria, la fama, la necesidad de competición, y que vive para realizar lo que el destino le tiene preparado.
Detrás de los distintos prototipos humanos propuestos en las distintas épocas hay una determinada forma de entender al ser humano arquetípico, poseedor de unas determinadas cualidades corporales y unos determinados rasgos de carácter que le hacen ser lo que es.
Al menos desde Sócrates, en el siglo V a.C., la filosofía se ha ocupado de hacerse preguntas sobre lo que le hace al ser humano ser lo que es, o lo que es lo mismo, sobre el ser humano en cuanto ser humano. ¿ Qué somos los seres humanos? ¿ Qué lugar ocupamos en el mundo? ¿ Somos únicamente cuerpo material o hay algo más en nosotros: espíritu, alma, mente ...? Y si es así, ¿cuál es la relación entre ellos? ¿ Somos libres de elegir o estamos determinados por las leyes de la naturaleza, el destino o los dioses?
Estas y otras muchas preguntas se han venido planteando desde hace siglos y las respuestas han sido muy variadas según autores, sistemas filosóficos y épocas.
Los dualismos, de carácter idealista o espiritualista, conciben al ser humano como un ser compuesto de dos sustancias, el cuerpo y el alma (o el cuerpo y el espíritu), cualitativamente diferentes e independientes que tienen entre si algún tipo de interacción y correlación y que producen también fenómenos distintos: el cuerpo los fenómenos biológicos y el alma los mentales. En lo que difieren los dualismos es en establecer las relaciones entre esas dos sustancias distintas, con diferencias que van desde la autonomía e independencia total de cada una de ellas hasta la afirmación de su interacción continua.
El dualismo ha sido la posición mayoritaria y casi unánime en nuestra cultura hasta el siglo XVIII: Platón, Aristóteles, los autores cristianos, Descartes, Kant y un larguísimo etcétera hasta nuestros días son representantes del dualismo antropológico.2
Los monismos, mayoritariamente materialistas, afirman que el hombre es una única realidad de carácter material, el cuerpo -del que el cerebro forma parte-, y explican todos los procesos mentales, recurriendo exclusivamente al cerebro. Se diferencian por entender de manera distinta la naturaleza, las propiedades y el funcionamiento de la base material que produce el pensamiento y, por ello, es frecuente distinguir entre un monismo reduccionista (que entiende que todas las funciones intelectuales, emocionales y sensitivas, así como los recuerdos y proyectos, no son más que reacciones físico-químicas del sistema nervioso) y un monismo emergentista que afirma que sólo existe una realidad, la materia, que se articula en dos niveles: nivel físico-químico y biológico y el nivel psíquico, y es de la interacción entre ellos de donde emergen cualidades que, por separado, no tiene ninguno de ellos. Los monismos no han tenido una gran influencia cultural, ni en la antigüedad greco-latina, ni en el periodo moderno, pero a partir de los siglos XIX y XX, sus planteamientos han pasado a ser mayoritarios.
"Nada hay tan maravilloso como el ser humano". Así expresaba Sófocles en su tragedia Antígona, su admiración por el hombre. Para Sófocles el ser humano es admirable porque es un ser especial: forma parte de la naturaleza, pero es diferente al resto de los seres naturales. En primer porque es el único animal que piensa y habla, que trata de comprender el mundo que le rodea, de analizar la naturaleza de las cosas y buscar la verdad. Es creador de cultura, de un mundo artificial hecho de objetos y de normas, costumbres y creencias que le ayudan a sobrevivir y orientarse.
Platón, filósofo ateniense del siglo IV a.C. (428-347), defiende un dualismo antropológico. El ser humano está compuesto por dos sustancias muy distintas y cuya unión es accidental: el cuerpo (soma) y el alma (psiqué). Mientras el cuerpo es material y mortal, el alma es el elemento espiritual e inmortal del ser humano. Platón valora positivamente el alma y negativamente el cuerpo. El alma es lo que constituye nuestro verdadero ser, nuestro verdadero yo, la sede del pensamiento y de la acción moral, además debe hacer un esfuerzo por separarse o purificarse de su contacto con el cuerpo que es, la cárcel del alma. Hay pues una concepción negativa de la corporalidad humana en Platón.
Aristóteles, filósofo macedonio del siglo IV a.C (384-322 a.C) también defiende un dualismo antropológico, pero muy diferente del de Platón, ya que para él el ser humano es una unidad sustancial, es decir, una única realidad en la que podemos distinguir, pero no separar, dos sustancias: el alma y el cuerpo.3
Para Aristóteles el ser humano es un ser físico y biológico cuyo rasgo distintivo es que posee un alma racional, la cual le permite hablar, razonar y tener conciencia moral. La razón y el lenguaje constituyen las facultades específicamente humanas, y lo propio del hombre es vivir conforme a ellas. Pero a diferencia de Platón no concibe el alma como algo distinto y escondido en el cuerpo, que pueda separarse de él, sino como un tipo de facultad o función de los organismos. (Hay que decir también que tanto Platón como Aristóteles conciben al alma como principio de vida y movimiento, al igual que los filósofos anteriores a ellos, los "filósofos presocráticos")
Por último, diremos que, para Aristóteles el ser humano es sociable por naturaleza, posee una disposición natural a vivir en sociedad: el ser humano es un animal social (un zoon politikón, animal político dirá Aristóteles) que, al poseer lenguaje, tiene la posibilidad de vivir en comunidad. El ser humano necesita por naturaleza vivir en sociedad porque ningún individuo es autosuficiente (autárquico). Además, la sociedad o comunidad política (polis) es concebida por Aristóteles como un "todo", como un organismo del que el individuo forma parte. Separado del organismo no hay posibilidad de supervivencia, lo mismo que un brazo deja de serlo si se separa del cuerpo del que es un miembro. La sociabilidad humana se basa fundamentalmente en dos argumentos.
El periodo helenístico comprende desde la muerte de Alejandro Magno (323 a.C.) hasta la incorporación de Egipto al Imperio romano (30 a.C.). El helenismo o la expansión de la cultura griega hacia oriente (Persia, Mesopotamia, Egipto y el norte de la India) significa el final de la época griega. Desaparece el marco social y político, la polis, junto con su sistema de valores.
Hasta la desaparición de la polis, el ser humano se entendía integrado en el marco general de una comunidad política, como un ciudadano: el individuo se identificaba con la polis, el bien de la polis era el del individuo, el individuo no podía ser feliz y vivir humanamente al margen de la polis, la moral, la religión, las costumbres, las leyes ... eran las de la polis. Con las conquistas de Alejandro Magno, las pequeñas ciudades-estado van desapareciendo para ser asimiladas en un gran imperio con una pluralidad de culturas, de costumbres y de creencias. También desaparece la conciencia de sentirse miembro de una comunidad política, y el ciudadano de la polis (polites) se convierte en ciudadano del mundo, esto es, en cosmopolites. Sin marcos de identidad, el ser humano se descubre como "individuo", esto es, como un ser único y aislado en medio del mundo, una partícula más del cosmos. De ahí la necesidad de buscar sentido para la propia vida.4
De un modo muy genérico podemos caracterizar al cinismo como una filosofía contracultural de la época helenística.
El cinismo es una escuela filosófica postsocrática. Su fundador fue Antístenes y su representante más famoso fue Diógenes de Sinope.
Su visión del ser humano o antropología es sencilla: piensa que el ser humano es un animal, un ser natural, al que la civilización o cultura ha ido cada vez más, separando de la naturaleza. Los cínicos defienden un monismo antropológico: el ser humano es un ser vivo natural, no existe el alma inmaterial.
La civilización complica la satisfacción de las necesidades primarias por medio de infinidad de convenciones, reglas y usos, convierte al ser humano, por otra parte, en esclavo de nuevas necesidades perfectamente prescindibles y superfluas. Éste se vuelve así cada vez más dependiente de lo externo, menos dueño de sí mismo. Por ello se impone una vuelta a la naturaleza. Los cínicos proponen un modelo de vida autárquico (de autarquía, autosuficiencia o independencia) como medio de liberación de las necesidades externas, es decir, sociales. Se es autosuficiente para poder vivir fuera del Estado, para no depender en nada de la sociedad.
El epicureísmo es una escuela filosófica helenística fundada por Epicuro de Samos en el siglo III a.C., y cuya sede en Atenas recibió el nombre de: "El Jardín" (en la que eran admitidos hombres y mujeres de cualquier extracción social, incluidos esclavos/as). Otro representante destacable de la misma es el filósofo romano Lucrecio del siglo I a.C.
El epicureísmo es una filosofía materialista, todo cuanto existe está formado por átomos y vacío (que permite el movimiento de los mismos). Por lo tanto, en el cosmos de Epicuro no hay nada incorpóreo, excepto el vacío. Todas las cosas son cuerpos y también el hombre. La antropología epicúrea es pues un monismo antropológico. Para el epicureísmo el ser humano como todo animal es un compuesto de dos cuerpos, uno inerte (la carne) y otro muy sutil que lo mueve y da vida: el alma; pero el alma es también material, formada por átomos ígneos (de fuego), de tal modo que cuando muere el cuerpo, también muere el alma. Esta concepción materialista de la realidad humana tiene implicaciones en materia de religión. Aunque los epicúreos no eran ateos, ya que admitían la existencia de los dioses, sí que incluyen en su filosofía una crítica a las prácticas y creencias religiosas de su tiempo. En lo que a nosotros nos atañe, simplemente diremos que, siendo el alma material y mortal, eso implica que no existe la inmortalidad del alma, ni tampoco una vida de ultratumba con premios y castigos.
Con el cristianismo aparece una nueva manera de entender el mundo y la vida humana que, en muchos aspectos, contrasta con la ofrecida por la filosofía griega antigua.