Documento de Universidad sobre Historia de la Mùsica 2, explorando el Barroco en España. El Pdf detalla la evolución de la mùsica litùrgica y los villancicos, analizando cambios estilísticos e instrumentos como el arpa cromática, ideal para estudiantes de Mùsica.
Ver más9 páginas


Visualiza gratis el PDF completo
Regístrate para acceder al documento completo y transformarlo con la IA.
El desarrollo musical en España durante el Barroco se caracterizó por un cambio gradual y sin polémicas. Uno de los rasgos más destacados de esta época fue la intensa cultivación de la policoralidad, que reflejaba la riqueza y complejidad de la música de la época.
Una práctica, más o menos, generalizada, consistía en que las melodías en latín se escribían en compás binario, mientras que las melodías en lengua romance se anotaban en compás ternario. Asimismo, se van introduciendo las melodías afectivas provenientes de la ópera barroca italiana. Este enfoque evidenciaba una clara distinción en la forma de expresión musical, que se fue matizando con el tiempo. A medida que avanzaba el siglo, comenzó a observarse una fusión de estos tres tipos de melodías, integrando elementos de cada una en composiciones más complejas.
El instrumento más apreciado para realizar el bajo continuo fue el arpa cromática, que contaba con dos órdenes. Los tratadistas de la época sostenían que el sonido producido por este instrumento era tan potente como el de otros utilizados para el continuo, aunque su ataque era considerado más suave y delicado.
En cuanto a la armonía, predominó la del barroco medio italiano, lo que se reflejó en la música de órgano, donde se pueden observar numerosos intervalos falsos (disonancias), una característica habitual en la música de la época. Estas disonancias, lejos de ser vistas como un defecto, eran apreciadas como elementos expresivos que enriquecían la textura musical.
La música litúrgica en el Barroco español se caracterizó por una mezcla de estilos muy diversos, que incluían el estilo gregoriano, la polifonía renacentista, el estilo barroco, y los villancicos. Hacia finales del siglo, se empezó a observar la aparición de la monodia, un estilo que marcaría una nueva dirección en la música sacra.A partir de 1630, el motete comenzó a inclinarse hacia un carácter policoral. Sin embargo, se conservan pocos ejemplos de esta forma, en parte porque los motetes no tenían un lugar específico en la liturgia y, por lo tanto, no se utilizaban con frecuencia. En su lugar, existían otras formas con estructuras similares, como los responsorios, los graduales y los himnos. Aunque estos no eran motetes en sentido estricto, compartían ciertas características estructurales. Los salmos y el Magnificat también adoptaron esta organización, reflejando una rica policoralidad.
Las misas se fueron volviendo cada vez más solemnes y complejas. A partir de 1650, era común que las misas incluyeran más de cuatro voces. Progresivamente, se introdujo el estilo de la monodia, que, al centrarse en una sola línea melódica acompañada, ofrecía una nueva forma de expresión en el contexto litúrgico.
Las Lamentaciones de Semana Santa estaban destinadas a los maitines del Triduo Sacro, que comprenden los días más importantes de la Semana Santa: jueves, viernes y sábado. Estas lecturas del primer nocturno se acompañaban normalmente con música, aunque solo de forma parcial. Se basan en los textos de Isaías, que presentan un contenido desgarrador. Durante el Barroco, estas piezas adquirieron una gran relevancia, ya que los compositores aprovecharon su dramatismo para mostrar una expresión musical cada vez más intensa y emotiva.
Los villancicos eran canciones en lengua vulgar que, en un principio, se utilizaban durante los maitines de Navidad. Se atribuye a Fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada tras la Reconquista, el haber inaugurado esta costumbre. Originalmente, los villancicos se compusieron para sustituir los responsorios en los maitines de Navidad, aunque su interpretación requería permisos especiales. También se utilizaban en la procesión del Corpus y en los conciertos conocidos como siestas o reservas, que tenían lugar durante la octava del Corpus.Por lo general, no se podía interpretar más de una vez. El compositor más destacado en este ámbito fue Juan Bautista Comes, de quien se conserva una gran cantidad de villancicos. La estructura típica de sus villancicos incluía una tonada, que podía ser interpretada a solo o con pocas voces; una responsión, que generalmente repetía el mismo texto de la tonada, pero con una música variante interpretada por un coro de aproximadamente seis voces; y las coplas, que se realizaban a solo. Aunque estas eran las formas comunes en el siglo XVII, se utilizaban distintos nombres: la tonada se conocía como entrada o introducción, la responsión como estribillo, y las coplas mantenían su denominación.
Los villancicos gozaban de gran popularidad y a menudo incorporaban la jerga local, reflejando el estilo del supuesto intérprete (por ejemplo, si el cantante era sevillano, la letra se adaptaba a esa realidad). Las letras debían ser aprobadas por dos canónigos antes de su ejecución. A principios del siglo XIX, esta forma musical fue abandonada en favor de los responsorios.
En general, los villancicos no eran considerados las obras de mayor calidad de los compositores. Esto se debía, en parte, a la necesidad de componerlos repetidamente ya que su creación se hacía de manera superficial. Suelen estar escritos en compás ternario y en lengua vulgar.
Los compositores que destacaron en el estilo antiguo de música litúrgica incluyen a Alonso Tejeda (1623), Sebastián Aguilera de Heredia (1627), Diego de Pontac (1654) y Juan García Salazar (1710). En el ámbito de la música policoral, los nombres más representativos son Mateo Rosmarin (1647) y Juan Bautista Comes (1643).
En la primera mitad del siglo XVII, la mayoría de las canciones eran romances, aunque no siempre se denominaban de este modo. A menudo, se encontraban piezasetiquetadas como romances que no lo eran. Además, muchas de estas canciones incorporan estribillos, algo que normalmente no caracteriza a los romances.
La canción en esta época continúa la tradición renacentista, caracterizándose por ser homorrítmica con algún contrapunto para ofrecer contraste. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo, comienzan a introducirse cambios significativos, destacando la aparición de la monodia. Estas nuevas canciones, que adoptan esta textura, se conocen como solos y suelen abordar temas tanto humanos como divinos, a incluir lo profano y lo religioso. Asimismo, se incorporan elementos de madrigalismos.
Las canciones son predominantemente silábicas, aunque pueden presentar pequeños melismas al final de las frases, manteniéndose en una estructura sencilla.
El centro musical más importante, tanto en la primera como en la segunda mitad del siglo, es Madrid, dado que allí se trasladó la corte real. En esta segunda mitad, los villancicos y el compás ternario adquieren una mayor predominancia.
Entre los principales cancioneros de la época se encuentran el Cancionero de Turín, el Libro de los tonos humanos y el Cancionero de Olot. En todos estos, tanto la letra como la música suelen ser anónimas. Un poco más tarde, el Cancionero de Barbieri se convierte en el más importante, recibiendo su nombre de su recopilador, Felipe Barbieri.
Entre los compositores destacados de este período se encuentran Mateo Romero (conocido como "Maestro capitán"), Juan Blas Castro, Juan Arañes y Álvaro de los Ríos.
Durante la primera mitad del siglo XVII, la música escénica en España se caracteriza por ser una continuación del teatro renacentista, donde se integraban canciones y música instrumental en obras de teatro habladas, aunque no se componía específicamente para estos fines.A lo largo de este siglo, se introdujeron innovaciones italianas, destacando el uso de la monodía, que transformó el panorama teatral hacia una forma completamente cantada, dando lugar a lo que conocemos como ópera.
La primera ópera documentada en España es La selva sin amor, con texto de Lope de Vega y composición musical anónima, estrenada en el Teatro del Palacio Real de Madrid en 1620.
La siguiente ópera de la que se tiene noticia es La púrpura de la rosa, con texto de Calderón de la Barca y compositor anónimo. Se conserva un comentario que menciona la inclusión de música a solo, a dúo, instrumental y fragmentos orquestales, así como el uso de trompetas y cajas en las secciones de guerra. Esta obra se estrenó en el Teatro del Buen Retiro en 1660.
La primera ópera que se conserva de manera más completa es Celos aun del aire mata, con texto de Calderón y música de Juan Hidalgo, también estrenada en 1660 en el Palacio Real. Se conserva la música del continuo y la melodía. El argumento de la obra está inspirado en las metamorfosis de Ovidio. Esta ópera presenta una sucesión de recitativos en compás binarios, que son muy expresivos y silábicos, complementados por algunas arias en compás ternario, que son menos expresivas y más cantabile. Los coros son breves y homorrítmicos, desempeñando una función dramática que subraya los momentos más importantes de la acción.
La obra La guerra de los gigantes, estrenada en 1700 en la corte real con Felipe V, es reconocida como una ópera en el sentido moderno. En esta obra, las arias son denominadas tonadas. Predominan las arias, mientras que los recitativos son menos dramáticos. Aunque no se conoce al compositor, se ha especulado que podría tratarse de Sebastián Durón. La obra no se conserva completa; Actualmente se dispone de un solo acto y una introducción considerablemente larga.
La zarzuela tiene su origen en un palacete situado en el Bosque del Pardo, donde Felipe IV acudía a cazar. Durante su estancia en este lugar, el rey aprovechabapara organizar fiestas nocturnas que incluían representaciones teatrales y musicales, dando lugar al fenómeno conocido como zarzuela. Estas celebraciones eran más abiertas y menos exclusivas que otras fiestas cortesanas, permitiendo la participación de una mayor variedad de asistentes.
La primera zarzuela que se conserva es El jardín de Falerina, con texto de Calderón de la Barca y música de José Peiró, representada en Madrid en 1643. Esta obra no fue completamente cantada, ya que se trataba de una comedia con intervenciones musicales, y su estilo es predominantemente renacentista, lo que limita su interés en el contexto del Barroco.
Las dos primeras zarzuelas que evidencian la intención de introducir innovaciones del Barroco son El golfo de las sirenas y El laurel de Apolo, aunque en ambos casos la música se ha perdido.
La primera zarzuela cuya música se conserva es Los celos hacen estrellas, obra de Juan Hidalgo y Juan Vélez de Guevara. El compositor más destacado en el desarrollo de la zarzuela durante este período fue Sebastián Durón (1660-1716).
Algunas de las zarzuelas más importantes de la época son: Salir el Amor del mundo, Las nuevas armas de Amor, Selva encantada de Amor, y Apolo y Dafne, esta última en colaboración con Juan Navas.
En el Barroco, el órgano se erigió como el instrumento más importante, aunque existían numerosos instrumentos y tratados que discutían su uso y técnica. En las iglesias, se solían utilizar instrumentos de viento, lo que enriquecía la sonoridad litúrgica.
La música adquirió una estructura más vertical, lo que llevó a la guitarra a desplazar al laúd y la vihuela. Tanto en la nobleza como en la burguesía, poseer una