Documento de C.p.i.f.p. los Viveros sobre la historia de la implantología, osteointegración y materiales de los implantes. El Pdf explora la evolución de la implantología dental desde la antigüedad, detallando las técnicas y biomateriales utilizados, con un enfoque en la osteointegración y los materiales metálicos como el titanio.
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Los dientes son órganos vitales para desarrollar una vida normal. Su función principal es triturar los alimentos para favorecer una correcta digestión. Pero también desempeñan un papel social importante, ya que son cruciales para la fonación, y también para la estética, al dar una expresión armoniosa a la cara. Es decir, una buena dentadura es muchas veces un signo de salud, bienestar y belleza.
Desde tiempos muy remotos el hombre ha intentado sustituir los dientes perdidos por diferentes opciones que restaurasen estas funciones, puesto que muchos de estos pacientes no se resignaban a no llevar nada.
Por ello, a lo largo de la historia se han utilizado diversos elementos para sustituir los dientes perdidos, desde piedras aloplásticas, piezas que procedían de otros individuos, falanges colocadas en los alveolos e incluso conchas. Y esta reposición no sólo se realizaba en personas vivas, sino también en muertos, con la intención de embellecer el recuerdo de la persona fallecida.
La primera prótesis de la que se tiene constancia es una implantación necrópsica, realizada durante el Neolítico (hace unos 9 000 años). Este hallazgo tuvo lugar en el poblado de Fahid Suarda, en Argelia. El cráneo encontrado era de una mujer joven y presentaba un fragmento de falange de un dedo introducido en el alvéolo del segundo premolar superior derecho.
Los restos antropológicos más remotos de implantes dentales, colocados in vivo, son de la cultura maya. El arqueólogo Popenoe, en 1931, descubrió en la Playa de los Muertos de Honduras una mandíbula, que data del año 400 a.c, con tres fragmentos de concha de Sagaamote introducidos en los alvéolos de los incisivos. Los estudios radiológicos determinaron la formación de hueso compacto alrededor de los implantes, haciendo suponer que dichos fragmentos se introdujeron en vida
Existen antecedentes similares en el antiguo Egipto, donde se trasplantaban dientes humanos y de animales, y se implantaron piedras y metales preciosos. A pesar de todo, la evolución de la Implantología no ha tenido lugar de forma progresiva, sino de forma escalonada, con períodos de relativo olvido y apagado entusiasmo.
En el Siglo X, el andaluz islámico Abulcasis, nacido en 936 d.c en Córdoba, escribe: "En alguna ocasión, cuando uno o dos dientes se han caído, pueden reponerse otra vez en los alvéolos y unirlos de la manera indicada (con hilos de oro) y así se mantienen en su lugar. Esta operación debe ser realizada con gran delicadeza por manos habilidosas." Esto es, ni más ni menos, la perfecta descripción de un reimplante dentario.
En esa misma época, los cirujanos barberos, ante las exigencias de los nobles y militares de rango, pusieron de moda los trasplantes dentales, utilizando como donantes a los plebeyos, sirvientes y soldados. Posteriormente, estas prácticas fueron abandonadas ante los continuos fracasos y la posibilidad de transmisión de enfermedades.
En el siglo XVII, Fauchard consideró que se podían realizar trasplantes dentarios en individuos, pero la idea también fracasó.
No fue hasta el siglo XIX cuando empezaron a utilizarse metales colocados en los alveolos para solucionar los problemas de piezas dentales, como el oro o el platino. En los años 40 del siglo XX se emplearon otros materiales, como el cobalto y el cromo.
En los años 60, en Suecia, el Dr. Branemark y sus colaboradores descubrieron accidentalmente un mecanismo de adherencia de un metal al hueso. Brånemark estaba interesado en la microcirculación del hueso y los problemas de cicatrización de heridas. Para ello, utilizó una técnica que ya era conocida: la microscopía vital, introduciendo una cámara de observación en la tibia de un conejo. De esta manera, se podían observar los cambios circulatorios y celulares en el tejido viviente. Cuando se utilizó una cámara de observación de Titanio y se la colocó con una técnica poco traumática, se produjo un hecho significativo: en el momento de su remoción, se descubrió que el hueso se había adherido al metal con gran tenacidad, demostrando que el Titanio puede unirse firme e íntimamente al hueso humano y que aplicado en la boca puede ser pilar de soporte de diferentes tipos de prótesis. A este fenómeno, lo denomina Osteointegración.
Ingvar Branemark es considerado el padre de la Implantología, por sus estudios sobre los implantes dentales realizados con Titanio y, sobre todo, por introducir el término de la osteointegración. A partir de este momento (años 70) y hasta la actualidad los implantes dentales han sufrido numerosas modificaciones en cuanto a forma, tamaño, recubrimientos o tipos de conexión, lo que ha permitido perfeccionar las técnicas diagnósticas y quirúrgicas utilizadas en la implantología con el objetivo de mejorar la osteointegración.
Antes de hablar de implantes dentales, es necesario conocer el lugar donde van a ir colocados. Los implantes dentales son los sustitutos artificiales de la raíz de un diente, por lo cual, se alojarán en el mismo lugar que ocupa la raíz natural: el hueso maxilar y la mandíbula. Pero, antes de esto, vamos a recordar algo sobre los huesos.
En el cuerpo humano existen 206 huesos, los cuales se clasifican, según su forma, en: huesos largos, huesos cortos, huesos planos, huesos irregulares y huesos sesamoideos.
Estos huesos, a su vez, están compuestos de distintos tejidos óseos, como son:
La unidad básica fundamental del tejido óseo es la OSTEONA, la cual está formada por unos anillos concéntricos de sustancia fundamental, sales minerales, carbonato cálcico y fosfato cálcico, que le aportan rigidez, y fibras de colágeno que le dan cierta elasticidad y fuerza. En el centro de estos anillos existe un hueco que es el CANAL DE HAVERS, por donde transcurren los vasos sanguíneos.
Entre las osteonas hay unos pequeños huecos que contienen las células óseas, las cuales se clasifican en:
La sustancia intercelular forma la mayor parte del tejido y comprende:
Teniendo en cuenta esto, podemos afirmar que el tejido óseo compacto forma la capa externa de los huesos y en los huesos largos, también se encuentra en la diáfisis de los mismos. Además, en este tipo de tejido óseo se encuentran las osteonas.
Por su parte, el tejido óseo esponjoso está incluido dentro del tejido compacto, y está formado por láminas óseas con aureolas en comunicación entre sí y llenas de médula roja con función hematopoyética. Este tipo de tejido se encuentra en la epífisis de los huesos largos.
El periostio es una membrana fibrosa, blanquecina, que recubre los huesos, adhiriéndose a ellos salvo en las superficies articulares (en aquellas que exista cartílago). Esta membrana tiene una función fundamental en el desarrollo y en la vascularización de los huesos origina el crecimiento en espesor con la formación de capas concéntricas por la parte externa del hueso.
La zona implantológica superior está formada por los huesos maxilar superior, el palatino y el esfenoides. El maxilar superior y el palatino son huesos pares, y el esfenoides, es impar.
El maxilar superior es un hueso par, irregular, con forma cuadrilátero y que es voluminoso y ligero a la vez, debido a la existencia del seno maxilar que ocupa dos tercios del espesor del hueso. El maxilar superior o maxilar a secas, como se denomina comúnmente, está ubicado en el tercio anterior de la cara, craneal a la cavidad bucal y caudal a la cavidad orbitaria.