Documento de Universidad sobre la evolución del latín a las lenguas romances. El Pdf, de la materia Idiomas, explora los cambios fonológicos y morfológicos, incluyendo la sílaba, el acento, la cantidad vocalíca, la declinación de sustantivos y la flexión verbal.
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El latín fue, en su comienzo, una de las hablas empleadas en una comarca del centro de Italia llamada Lazio. Una de las ciudades de esa comarca, Roma, propagó su uso e hizo de él una lengua universal. El latín se superpuso primeramente, a las lenguas de otras regiones itálicas y a las islas vecinas, extendiéndose, después, por el Mediterráneo oriental y occidental.
Las fronteras del latín como lengua oficial, es decir, administrativa, se fueron ensanchando a medida que se ampliaban las fronteras geográficas de la República y del Imperio. En parte de esos territorios, el latín se empleó como lengua oficial y también como lengua usual: en ese caso, el latín bien suplantó totalmente a otras lenguas que allí se hablaban, bien las suplantó parcialmente; ejemplo de suplantación total es la Galia y de parcial Hispania (vasco).
En otros territorios el latín se usó sólo como lengua administrativa oficial, como Grecia y Britania.
Aquellas provincias en las que le latín se convirtió en lengua usual no lo trataron con igual fortuna. En unas se mantuvo y en otras fue suplantado.
En las provincias en las que el latín se convirtió en lengua usual y no fue desplazada por otras lenguas, éste evolucionó y se ramificó dando lugar a las llamadas lenguas romances. Como el proceso de transformación del latín se dio paralelamente a otro de fragmentación, del latín no derivó una única lengua romance, sino a varias.
El problema en torno a la fragmentación del latín radica especialmente en su cronología. Existen dos posturas al respecto: aquella que defiende que todas las lenguas romances descansan sobre un latín vulgar, la tesis unitaria (Meillet); y la 1Tema 6 que defiende que el latín comenzó a diferenciarse bien pronto según las regiones, la tesis fragmentaria sostenida por Straka.
Según parece, los gramáticos latinos no prestaban atención al lenguaje hablado en su tiempo, sino que seguían el uso de la ortografía griega, apoyándolo en consideraciones puramente teóricas. Según estos escritores la silaba terminaba siempre con una vocal, o con una líquida o nasal seguida de otra consonante en la sílaba siguiente, o bien con la mitad de una consonante doble.
No obstante, de hecho todos los grupos de consonantes, excepto las combinaciones muta cum liquida, formaban posición y atraían el acento.
Dejando a un lado las teorías (tema 3), el sistema del latín clásico se desarrolló ya en los comienzos de la literatura latina y se conservó durante el periodo clásico tanto a nivel escrito como a nivel oral. Y aún después que las distinciones de cantidad se hubieron perdido, el lugar del acento no cambió. No obstante, en algunos casos el acento cambió de lugar: vocales en hiato (paríetes>paryetes>paretes), verbos compuestos, adverbios como illac; el vocablo ficatum, los numerales ...
Debemos distinguir entre la cantidad de las vocales y la cantidad de las sílabas. Toda vocal latina era por naturaleza larga o breve. No así la sílaba, que dependía de la vocal y, en ocasiones, de la consonante que le seguía.
En algunas lenguas romances la posición detuvo la evolución de la vocal precedente, y es probable que el principio de esta diferenciación se remonte a los tiempos del latín vulgar. En español, no parece que la posición haya ejercido influjo alguno sobre el timbre de la vocal precedente, excepto cuando ésta iba seguida de una yod.
2Tema 6 Por lo que se refiere a la cantidad vocálica, quizás en principio las vocales largas y breves se diferenciaban solamente por su duración . Pero, de todos modos, las vocales e, i, o y u largas acabaron por distinguirse de las respectivas breves por ser éstas abiertas y las primeras cerradas. Según Meyer-Lübke, la distinción de timbre entre largas y breves era ya clara en el siglo I.
A finales del periodo latino apareció un nuevo sistema de cantidad, enteramente distinto del antiguo y basado en la situación de la vocal. En la mayor parte del Imperio las vocales acentuadas no en posición se pronunciaron largas, y todas las otras vocales se pronunciaron breves. En España y en algunas partes de la Galia todas las vocales acentuadas eran largas, según parece.
Comenzaremos por las vocales acentuadas. En cuanto a las vocales simples, la a se mantuvo regularmente intacta en la mayor parte del Imperio. La e larga que se pronunciaba cerrada permaneció probablemente intacta en latín vulgar, al menos en la mayoría de las regiones. La e breve, que se pronunciaba abierta, se mantuvo inalterada. La i larga, pronunciada i cerrada, permaneció intacta. La breve, pronunciada abierta, se cambió en e cerrada en casi todo el Imperio. Este cambio se verificó seguramente hacia el siglo II. La o larga permaneció inalterada en el latín vulgar, al menos en gran parte de la Romania. La o breve, pronunciada abierta, se mantuvo inalterada, al igual que la u larga pronunciada cerrada. En cambio la u breve se convirtió en o cerrada en la mayor parte del Imperio, probablemente en el siglo IV, o incluso antes.
Pasemos a analizar los diptongos:
AE originariamente era escrito y pronunciado ai, pero por la mutua atracción de sus dos elementos se convirtió en ae y más tarde en e abierta: caecus. En ciertas palabras se introdujo en el uso general una pronunciación vulgar y dialectal, e larga cerrada: praeda> preda.
AU: en latín vulgar se mantuvo generalmente. En español no se convirtió en o cerrada sino después que la o abierta originaria se hubo diptongado en uo o ue.
3Tema 6 EU no se conservó en palabras populares.
OE se escribía y pronunciaba originariamente oi, pero por la mutua atracción de sus dos partes se convirtió probablemente en o y más tarde en e.
Finalizamos con las vocales inacentuadas. Entre las vocales átonas, las de la primera sílaba tenían mayor resistencia. Las vocales de la sílaba final perdieron mucho de su claridad, pero no desaparecieron sino esporádicamente hasta mucho tiempo después del periodo del latín vulgar, y aun sólo en una parte del Imperio.
Las más débiles fueron las vocales mediales que seguían inmediatamente al acento primario o secundario. En el latín primitivo había una tendencia a la síncopa. Esta tendencia continuó manifestándose moderadamente en el latín clásico y vulgar.
Lo primero que habría que destacar es la adición de nuevas consonantes, w e y procedentes de las vocales originarias u, e o i en hiato. Las consonantes dobles conservaban regularmente su pronunciación larga.
En la escritura tardía hay alguna confusión entre las consonantes simples y las dobles: anos.
Los principales cambios que afectaron a las consonantes latinas pueden resumirse de la siguiente manera: la b entre vocales se abrió tomando el sonido bilabial fricativo y haciéndose así idéntica a la v, que también se había cambiado en b fricativa; la c y la g delante de vocales anteriores se palatalizaron y quedaron sujetas a ulteriores cambios; la h se hizo muda; la m y n finales de palabra se perdieron, y la n dejó también de pronunciarse delante de s. La sonorización de las sordas intervocálicas comenzó durante el periodo del latín vulgar. (Ver anexo)
Los tres géneros del latín no dependían, en el fondo, del sexo o carencia de sexo: eran distinciones gramaticales. Si las palabras perdían sus terminaciones diferenciadoras resultaba la confusión de géneros.
4Tema 6 Entre masculino y femenino no hubo mucha confusión, pero tuvieron lugar algunos cambios importantes como el paso de casi todos los femeninos de la segunda declinación al género masculino.
En cuanto al masculino y neutro, en latín clásico hubo un cierto número de neutros que pasaron a ser masculino como balteum>balteus. En latín popular y tardío esta tendencia era muy marcada. El paso del masculino al neutro fue facilitado por la pérdida de la -m final y también por la caída de -s final.
Casi todos los neutros se hicieron masculinos. La pérdida del género neutro de los sustantivos probablemente no fue completada hasta el primer periodo románico.
En los pronombres, las formas neutras se conservaron para expresar una idea indefinida. Las formas neutras de los adjetivos tuvieron un uso parecido.
Por lo que respecta al femenino y al neutro, el latín clásico no sólo usaba con frecuencia el singular por el plural en un sentido colectivo, sino también el colectivo plural en vez del singular. Así, las formas plurales neutras en -a se conservaron en su uso colectivo después que las formas neutras singulares hubieron desaparecido.
En el latín tardío y en románico primitivo, este colectivo plural pasó a ser considerado como un femenino singular a causa de la identidad de su terminación con la de los numerosísimos femeninos en -a: gaudia.
De ahí nacieron formas femeninas singulares como *ligna para las que se creó un nuevo plural. En la mayor parte del territorio románico las formas en -a se conservaron únicamente como femeninos singulares, pero muchas subsistieron como plurales en la Italia central y meridional y en Rumanía.
Hacia finales del periodo latino vulgar los casos se redujeron generalmente, excepto en la Dacia, a dos: nominativo y acusativo-ablativo, y el plural siguió la analogía del singular.
5Tema 6 El número de declinaciones se redujo a tres, siendo absorbidas cuarta y quinta por las demás. Estas tres generalmente se conservaron, aunque sufrieron algunos cambios:
En Italia y Dacia, por la caída de r y s finales, la declinación desapareció casi completamente antes de finalizar el periodo del latín vulgar.
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