Documento de Università Di Barcellona sobre La historia y el futuro de la nutrición deportiva. El Pdf explora la evolución de las dietas deportivas, analizando prácticas nutricionales de atletas olímpicos y estudios sobre el fútbol. Aborda micronutrientes y la importancia del glucógeno muscular.
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Griegos y romanos Se podría argumentar que la nutrición deportiva comenzó en el paraíso cuando Eva le dio la manzana a Adán para hacer que fuera tan fuerte como Dios. La nutrición siempre ha intrigado a los humanos. Desde la antigua Grecia, la nutrición se ha relacionado con el rendimiento y la salud. Fue Hipócrates (460 a. C .- aprox. 370 a. C.) quien dijo: "Si pudiéramos proporcionar a cada individuo la cantidad adecuada de nutrición y ejercicio, ni muy poca ni demasiada, habríamos encontrado el camino más seguro hacia la salud". La dieta de la mayoría de los griegos y romanos era predominantemente vegetariana y consistía en cereales, frutas, verduras y legumbres, así como vino diluido con agua. Cuando comían carne, su procedencia más común era la cabra para los griegos y el cerdo para los romanos.
Se cree que la primera información documentada sobre una dieta especial de un atleta griego fue Charmis de Esparta. Se dice que entrenó con una dieta de higos secos. Hay otros informes en los que se indica que los higos se utilizaban en la nutrición deportiva. El pedestrismo era una parte importante del entrenamiento del ejército, y algunos corredores profesionales solían enviar [sic] mensajes, en ocasiones a largas distancias. El corredor más conocido fue quizás Filípides, quien ha sido vinculado al origen de la maratón. Se dice que Filípides corrió de Atenas a Esparta (240 km) para pedir ayuda a los espartanos cuando los persas estaban a punto de destruir Atenas. Cuando los espartanos respondieron que se encontraban celebrando una ceremonia anual y que sus leyes no les permitían ir a Atenas para ayudar, Filípides tuvo que regresar corriendo para transmitir las malas noticias."Si pudiéramos proporcionar a cada individuo la cantidad adecuada de nutrición y ejercicio, ni muy poca ni demasiada, habríamos encontrado el camino más seguro hacia la salud". Hipócrates (460 a. C .- aprox. 370 a. C.) Corrió entonces un total de 480 km, y se supone que habría usado los higos como una de sus principales fuentes de energía. Se ha estimado que, con sus 50 kg, gastó 28 000 kcal (112 000 kJ). Supuestamente, también corrió de Maratón a Atenas (40 km), que luego se convirtió en la distancia de maratón en los Juegos Olímpicos modernos. Sin embargo, aún se debate si esta carrera realmente tuvo lugar. (Saltin y Jeukendrup, 2010, p. 9).
Según Galeno y otros autores, a finales del siglo III a. C., los atletas creían que beber tés de hierbas y comer hongos podía aumentar su rendimiento durante la competencia en los antiguos Juegos Olímpicos. También hay un informe que afirma que Dromeo de Estínfalo, un ex corredor de fondo, introdujo una dieta a base de carne a mediados del siglo V. Otro relato de Diógenes Laercio informa que Eurímenes de Samos consumió una dieta a base de carne recomendada por su entrenador, Pitágoras de Crotona. Sin embargo, los mejores relatos sobre la dieta atlética que han sobrevivido de la antigüedad son los de Milón de Crotona, un luchador cuyas hazañas de fuerza se convirtieron en legendarias y quien ganó el evento de lucha en cinco Olimpíadas sucesivas de 532 a. C. a 516 a. C. Su dieta supuestamente consistía en 9 kg (20 libras) de carne, 9 kg (20 libras) de pan y 8,5 l (18 pintas) de vino al día. Sin embargo, la validez de estos informes de la antigüedad debe ser tomada con reservas. Aunque Milón era claramente un hombre grande y fuerte que poseía un apetito prodigioso, las estimaciones básicas revelan que, si hubiera entrenado con tal volumen de alimentos, Milón habría consumido aproximadamente 57 000 kcal (238 500 kJ) por día.
En América del Sur, se utilizaban estimulantes como el mate, el café y la coca para aumentar el rendimiento. Se ha señalado que los incas masticaban hojas de coca paracubrir la distancia entre Cuzco y Quito, en Ecuador (>1600 km). (Saltin y Jeukendrup, 2010, p. 10).
Un abordaje experimental en el campo del metabolismo energético muscular humano tuvo su inicio a mediados del siglo XIX. En 1842, Justus von Liebig afirmó que el principal combustible para la contracción muscular era la proteína. Sin embargo, dos décadas después von (von Pettenkofer y Voit, 1866) demostró que esto era falso. Los experimentos de laboratorio posteriores se centraron en verificar si los carbohidratos y la grasa podrían usarse directamente al contraer la musculatura esquelética. Después de algunos estudios iniciales realizados por Chaveux, que respaldaban la opinión de que la grasa tenía que convertirse en carbohidratos antes de que pudiera ser utilizada por el músculo, Zuntz (1901) afirmó que tanto los carbohidratos como la grasa eran oxidados por la musculatura esquelética, no solo durante el descanso sino también durante el ejercicio. Esto fue confirmado en estudios posteriores por Krogh y Lindhard (1920). También demostraron que ambos combustibles se usaban al mismo tiempo, en la mayoría de los casos, mientras que la proteína normalmente no desempeñaba un papel como proveedor de energía. (Saltin y Jeukendrup, 2010, p. 10).Figura 1: Aparato de análisis de gases de Jaquet O4 Os 15 0000 10 10 Tig. 1. VALOR ENERGÉTICO DE GRASAS Y CARBOHIDRATOS Fuente: Krogh y Lindhard, 1920, p. 295. Este es el experimento que Krogh y Lindhardt (1920) utilizaron para medir la utilización de carbohidratos y grasas durante el ejercicio. Se midió el consumo de oxígeno y la producción de dióxido de carbono y, a partir de esto, se calculó la oxidación de los carbohidratos y la grasa.
Los carbohidratos se pueden convertir y almacenar como grasa, pero la grasa no se puede convertir ni almacenar como carbohidratos, aunque parte del producto de degradación (glicerol) se puede usar en la gluconeogénesis para producir glucosa.
Otros investigadores [a principios del siglo XX] tuvieron un abordaje más aplicado. Estudiaron la dieta de los exploradores del Ártico que cruzaron los casquetes de hielo del mundo. Las expediciones polares establecieron que con una ingesta de energía de hasta un 60-70 % proveniente de la grasa, los sujetos aún podrían mantener un rendimiento de ejercicio intenso diario relativamente alto. Sin embargo, los perros de trineo podían desempeñar su tarea pesada con una dieta que contenía hasta un 90 % de grasa. (Saltin y Jeukendrup, 2010, p. 11).
Levine y colegas también realizaron observaciones importantes en la década de 1920 [Levine, Gordon, y Derick,1924]. Midieron las concentraciones de glucosa en sangre de algunos de los participantes de la maratón de Boston de 1923 ... Observaron que las concentraciones de glucosa disminuyeron notablemente después de la carrera en la mayoría de los corredores. Estos investigadores sugirieron que los niveles bajos de glucosa en sangre eran una causa de la fatiga. Para probar esa hipótesis, alentaron a varios participantes de la misma maratón al año siguiente a que consumieran carbohidratos (dulces) durante la carrera. Este ensayo, en combinación con una dieta alta en carbohidratos antes de la carrera, pareció prevenir la hipoglucemia (bajo nivel de glucosa en sangre) y mejoró significativamente el rendimiento al correr (es decir, el tiempo para completar la carrera).
Dill, Edwards y Talbott (1932) también demostraron la importancia de los carbohidratos para mejorar la capacidad de ejercicio. Estos investigadores dejaron correr a sus perros, Joe y Sally, sin alimentarlos con carbohidratos. Los perros desarrollaron hipoglucemia y se mostraron fatigados después de 4 a 6 horas. Cuando se repitió la prueba, con la única diferencia de que los perros fueron alimentados con carbohidratos durante el ejercicio, los perros corrieron de 17 a 23 horas. (Saltin y Jeukendrup, 2010, p. 12).
En la década de 1950-60, se mejoraron las metodologías y se introdujeron nuevas técnicas, como el uso de isótopos; además, la aguja para biopsia fue reintroducida para tomar biopsias musculares y medir el glucógeno muscular (por Jonas Bergström y Eric Hultman, 1967).Figura 2: Jonas Bergström y Eric Hultman, quienes se realizaron biopsias musculares entre sí y comenzaron un trabajo innovador sobre el papel del glucógeno muscular Fuente: Hawley, Maughan y Hargreaves, 2015, p. 14. Esto proporcionó nuevas herramientas que permitieron una investigación más detallada de los sustratos utilizados y los metabolitos producidos por el músculo (Bergström, Hermansen, Hultman, y Saltin, 1967; Bergstrom y Hultman, 1967; Hultman y Bergstrom, 1967).
El almacenamiento y uso de glucógeno muscular (Bergström et al., 1967; Bergstrom y Hultman, 1967; Hultman y Bergstrom, 1967) fue ampliamente investigado. Pero también la grasa como combustible recibió algo de atención. Los ácidos grasos (AG) fueron reconocidos como jugadores claves en el metabolismo del ejercicio (Havel, Pernow, y Jones, 1967). Desde entonces, muchos estudios sobre el ejercicio han investigado el papel de la grasa y los carbohidratos durante el ejercicio y sus contribuciones relativas al gasto energético. Se hicieron muchos descubrimientos con respecto a los factores que limitan el uso de estos sustratos y los mecanismos que regulan el uso de estos sustratos. Está claro que los carbohidratos son necesarios para el ejercicio de alta intensidad y que, durante el ejercicio de 80 % de VO2 máx. o más, la oxidación de la grasa se reduce significativamente o incluso es insignificante (Randell et al., 2017; van Loon, Greenhaff, Constantin- Teodosiu, Saris, y Wagenmakers, 2001; Venables, Achten, y Jeukendrup, 2005). La oxidación de la grasa aumenta significativamente después de varias semanas (generalmente de 10 a 12 semanas) de entrenamiento de resistencia (Holloszy y Coyle, 1984).Figura 3: Uso del sustrato en función de la intensidad del ejercicio Tasas de oxidación (g.min-1) 5 4.5 4 3.5 Glucógeno muscular 3 Glucosa en plasma 2.5 Otras fuentes de grasa Ácidos grasos libres 2 1.5 1 0.5 0 40% 55% 75% Intensidad del ejercicio (% W máx.) Fuente: adaptado de Romijn, Coyle, Sidossis, Gastaldelli, Horowitz, Endert y Wolfe, 1993, p. 385. Figura 3. La oxidación de la grasa está en rojo. Se puede observar que la oxidación de la grasa aumenta de intensidad baja a moderada, pero disminuye con intensidades superiores. Esto es cierto para ambos sustratos grasos (derivados del plasma y derivados del músculo). Por otro lado, la oxidación de carbohidratos se incrementa al aumentar la intensidad del ejercicio, principalmente como resultado del uso de glucógeno muscular. Está claro que con altas intensidades (>75 % de VO2 máx.) los carbohidratos son el combustible dominante.
Las funciones de los triglicéridos (TG) en el plasma y en los músculos son menos claras y continúan siendo objeto de un intenso debate. También hay un amplio debate sobre las razones por las cuales la oxidación de la grasa se limita durante el ejercicio de alta intensidad. Durante el ejercicio de alta intensidad, hay una mayor demanda de energía, pero no es posible usar la grasa, aunque esté disponible en abundancia. Se ha sugerido que el transporte de AG al músculo es el paso regulador, pero también hay pruebas sólidas de una función importante para la capacidad respiratoria mitocondrial. Otra teoría se desarrolló en torno a la regulación de la captación de AG en las mitocondrias.