Documento de IES Carmen Martín Gaite sobre Literatura Española del Siglo de Oro: Renacimiento (siglo XVI) y Barroco (siglo XVII). El Pdf es un apunte de Literatura para Universidad que explora las características, autores y obras principales, incluyendo temas como el humanismo y el petrarquismo.
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JOSÉ LUIS GÓMEZ IES CARMEN MARTÍN GAITE
Las fechas del Renacimiento no coinciden en todos los países: si en la literatura italiana, se puede hablar de Renacimiento en el siglo XV, incluso en el XIV, en la literatura española no encontramos hasta el siglo XVI un Renacimiento pleno. El Renacimiento supone una vuelta a los clásicos griegos y latinos. La Antigüedad grecolatina se considera un modelo para el arte, la cultura en general, la política ... El Renacimiento es -al menos inicialmente- un movimiento marcado por el optimismo, por la confianza en el poder creador del ser humano y en la capacidad de la cultura para transformar la sociedad y transformarnos a nosotros mismos. Si la Edad Media se caracteriza por el teocentrismo (todo gira en torno a Dios), el Renacimiento abre paso al antropocentrismo: el centro es el ser humano, lo que no significa por lo general un abandono de la religión, sino que lo humano tiene un valor por sí mismo, de ahí que se destaque la dignidad de la persona. La vida terrena tiene un valor propio, no es solo un camino para otra vida. De ahí que sea posible incluso proponer normas de conducta, modelos de acción política ... que no tengan una referencia necesariamente religiosa.
El énfasis puesto en el ser humano explica buena parte de dos direcciones características del Renacimiento y que pueden parecer a primera vista opuestas: se advierte en la literatura y el pensamiento renacentistas una tendencia idealista, que se expresa en la idealización de la realidad y en la propuesta de modelos de comportamiento y de sociedad (surgen textos como la Utopía de Tomas Moro). Sin embargo, existe asimismo una tendencia realista, que tiende a reflejar la realidad tal cual es, incluyendo sus aspectos a primera vista más negativos, como se advierte en el nacimiento de la novela picaresca o en visiones más pragmáticas del poder político y de la sociedad (así, por ejemplo, El príncipe de Maquiavelo).
Si a menudo el Renacimiento es un movimiento elitista, que propicia la creación de una élite intelectual y artística, al mismo tiempo existe una importante inspiración en la cultura popular y sus manifestaciones (cuentos, refranes, canciones ... ), lo que propicia incluso una fusión entre lo culto y lo popular en autores como el francés Rabelais.
La importancia del Humanismo es fundamental: los humanistas estudian disciplinas como la gramática, la filosofía moral, el derecho ... y los textos clásicos, buscando recuperar las fuentes originales, no deformadas por añadidos posteriores o por malas traducciones. El retorno a las fuentes no será solo una constante en los estudios clásicos, sino que también influirá en las diversas corrientes religiosas que buscan renovarse en los textos sagrados originales (en especial, los Evangelios) y en los primeros tiempos del cristianismo.
No obstante, el optimismo inicial renacentista irá dando paso a un cierto desencanto, propiciado en buena medida por los conflictos religiosos. La renovación religiosa va a dar lugar a distintos planteamientos, a menudo en conflicto entre sí. A la Reforma protestante, con figuras como Lutero o Calvino, se opondrá la Contrarreforma católica (que tiene como momento culminante el Concilio de Trento). El erasmismo (que toma su nombre de Erasmo de Rotterdam) busca una renovación de la Iglesia que 1no suponga la ruptura entre católicos y protestantes, pero, a pesar del importante impacto que tendrá en toda Europa (y desde luego, en España) fracasará.
La estética renacentista (la concepción de la literatura y las artes) se caracteriza por los siguientes rasgos: en primer lugar, la búsqueda del equilibrio, de la serenidad y, en la literatura, de la naturalidad expresiva. Asimismo, hay que señalar que, como consecuencia de las dos direcciones anteriormente señaladas, la literatura oscila entre la idealización y cierta tendencia al realismo. Otro aspecto, especialmente importante, es que no se defiende la originalidad absoluta, sino la imitación (que no supone plagiar a los maestros, sino inspirarse en ellos). Se trata de una imitación tanto de la naturaleza (que suele aparecer idealizada) como de los autores clásicos (en especial, de Grecia y Roma). A menudo se propone la llamada imitación compuesta, que consiste en no imitar a un solo autor, sino tomar lo mejor de muy diversos autores y aprender de ellos para construir la obra propia. La importancia de la Antigüedad lleva al uso frecuente de referencias mitológicas así como al recurso a tópicos literarios de origen grecolatino. Los más destacados son:
En la literatura española, pueden señalarse a grandes rasgos dos épocas, que coinciden, a grandes rasgos, con los reinados de Carlos V y su hijo: la primera etapa transcurre aproximadamente durante el reinado de Carlos V, una época caracterizada por el optimismo renacentista, en la que el erasmismo supone una importante influencia. Destaca la obra de Garcilaso de la Vega. En el reinado de Felipe II, el optimismo inicial va dando lugar a una visión más desencantada. Comienza a perseguirse el erasmismo. Adquiere importancia la poesía moral y de tema religioso, con autores como fray Luis de León o san Juan de la Cruz.
El siglo XVII es, en general, un siglo de crisis en el que se pierde la confianza en los ideales renacentistas. Por ello, a menudo la literatura refleja el pesimismo y la angustia existencial.
España, a pesar de ser todavía una gran potencia política y militar, da muestras de grandes debilidades económicas y enormes desigualdades sociales (desigualdades que se reflejan, por ejemplo, en la novela picaresca). Por otra parte, la defensa a ultranza de 2la Contrarreforma católica lleva a la persecución, a través sobre todo de la Inquisición, de todo tipo de heterodoxia, de toda opinión que se aparte de la doctrina oficial del catolicismo. En su mayor parte, la literatura se hace eco de los ideales conservadores del momento y así no es infrecuente la exaltación del absolutismo monárquico y de la religión católica. La sociedad barroca española parece obsesionada por marcar la posición de cada persona dentro de la jerarquía social al tiempo que por el deseo de mantenerse o mejorar en dicha escala (deseos de ascensión social frecuentemente frustrados para los de abajo en una sociedad rígidamente estamental, lo cual también se refleja en la novela picaresca). En íntima relación con esta obsesión aparece la idea de la apariencia, del mundo como un teatro, en el que nada es fiable y en el que para sobrevivir hay que actuar con astucia. El tema del honor se convierte también en una cuestión central en la literatura del período: la obsesión por la honra tiene que ver con una sociedad en la que se ha roto la armonía entre lo público y lo privado, en el que la identidad de cada uno se ve amenazada constantemente por la sospecha y la opinión ajena.
Aunque la predicación religiosa insiste en los ideales ascéticos, la sociedad española muestra una gran afición a las fiestas, a los espectáculos (en especial al teatro), al lujo ... De hecho, la Iglesia también echará mano a formas espectaculares (procesiones, tallas de santos, autos sacramentales ... ) para atraer a los fieles así como para marcar distancias con la austeridad del culto protestante.
La conciencia de decadencia que impregna toda la sociedad favorece el desarrollo del neoestoicismo, que combina rasgos del estoicismo pagano con influencias cristianas. Este estoicismo, que ya había surgido en el Renacimiento, persigue la paz interior, identificada con una indiferencia frente a las desventuras de la fortuna.
El Barroco responde a la crisis de los ideales renacentistas con una tendencia al pesimismo. Con todo, los autores muestran muy diversas actitudes, a menudo contradictorias entre sí (la misma contradicción es a su vez una característica barroca): así, la angustia existencial convive con el vitalismo, la crítica social y política seria aparece junto con la deformación burlesca y la caricatura ... El arte barroco idealiza la realidad, pero también puede dar muestras del más crudo realismo, de una insistencia en los aspectos más desagradables de lo real.
Junto a los tópicos presentes en el Renacimiento, que no desaparecen, el Barroco echa mano de otros, que reflejan la quiebra del optimismo renacentista:
La estética barroca supone, en parte, una continuación de la estética renacentista. Por tanto, siguen teniendo plena vigencia aspectos tales como la imitación de los autores grecolatinos o la presencia de temas mitológicos, pero se dan también cambios importantes. Entre sus rasgos principales, cabe destacar el gusto por los contrastes, el dramatismo, el dinamismo ... En la literatura abundan así las antítesis, el oxímoron, las paradojas ... La literatura y el arte barrocos oscilan entre la idealización y la deformación burlesca de la realidad. Sin renunciar al ideal de imitación de los antiguos y de la naturaleza, se da cada vez más importancia a la originalidad, al ingenio (una palabra clave en la época). El barroco busca a menudo sorprender al lector, mediante metáforas sorprendentes, asociaciones originales ... En la literatura, predomina por consiguiente un estilo complejo, lejos de la expresión directa y de la naturalidad expresiva renacentista, y es que el barroco prefiere lo artificioso y lo elaborado frente a lo natural.
El conceptismo y el culteranismo son dos tendencias estilísticas que, pese a sus diferencias y a la enemistad entre sus principales representantes, no constituyen realmente dos escuelas opuestas ya que ambas orientaciones coinciden en el alejamiento de la naturalidad renacentista.
El conceptismo se basa en la asociación ingeniosa de ideas. Recurre con frecuencia a juegos de palabras, gusta del oxímoron y de la antítesis, de la paradoja, de los dobles sentidos (disemia o dilogía), de las metáforas sorprendentes ... Destacan dentro del conceptismo autores como Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián o Lope de Vega.
El culteranismo (también llamado gongorismo) recurre a los recursos propios del conceptismo, a los que suma una mayor ornamentación formal mediante el recurso a un léxico que se aleja de la lengua cotidiana (cultismos, neologismos ... ), los frecuentes hipérbatos, la mayor sonoridad del verso, las alusiones cultas (mitológicas, literarias ... ) que evitan la expresión directa (alusiones que también existen en el conceptismo pero que el culteranismo multiplica hasta extremos sorprendentes). Su principal representante es Luis de Góngora, que influye en numerosos autores como Pedro Soto de Rojas, la hispanomexicana sor Juana Inés de la Cruz o el Conde de Villamediana.
Durante el siglo XVI, las formas cultas y populares del teatro alcanzan un importante desarrollo, que prepara el camino para el gran teatro barroco del XVII, si bien el Barroco romperá con las normas clásicas (separación de comedia y tragedia, respeto a la regla de las tres unidades ... ) que había marcado el teatro culto del XVI. Junto con la 4