Documento de Universidad sobre Literatura española medieval (siglo XV). El Pdf explora la poesía cortés del siglo XV, analizando cancioneros como el de Baena y el General, autores principales y características estilísticas, incluyendo La Celestina y las serranillas del Marqués de.
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Alberto Inés Serrano Literatura española medieval (siglo XV). Preguntas de desarrollo
Durante gran parte de la Edad Media, el gallego-portugués fue la lengua en que se com- puso la lírica culta en la Península Ibérica, pero a comienzos del siglo XV esta escuela se extingue y el centro poético se desplaza a Castilla. Comienza entonces una intensa acti- vidad poética en castellano, que cubre todo el final del medioevo, con unos setecientos poetas y más de siete mil composiciones poéticas. Esta cuantiosa producción se trans- mitió a través de cancioneros, colecciones de textos de diferentes tipos: manuscritos o impresos, colectivos o individuales, etc. Muchos de ellos se basan en una «tradición nu- clear» e integran una colección poética creada más o menos al azar empleando los ma- teriales y núcleos poéticos más generales que se tenían a mano y añadiendo algunas obras locales; otros siguen un criterio «clasificado» y constituyen una recopilación orga- nizada con un criterio selectivo sobre la base de autores, temas y géneros.
El Cancionero de Baena, manuscrito y clasificado, fue recopilado por Juan Alfonso de Baena hacia 1430. Es el más antiguo e incluye poetas de finales del s. XIV y principios del XV, cuando se estaba abandonando el gallego por el castellano y comenzaban a intro- ducirse las modas francesas e italianas. El Cancionero de Palacio, manuscrito y no clasi- ficado, representa la actividad poética de la corte de Juan II y puede fecharse hacia 1440. El Cancionero de Estúñiga, manuscrito y no clasificado, recoge la poesía de la corte na- politana de Alfonso V el Magnánimo, aunque fue recopilado algo después de su muerte, ya en tiempos de Ferrante.
Además de estos cancioneros colectivos, se encuentran numerosos cancioneros indivi- duales, dedicados al Marqués de Santillana, Gómez Manrique, Fernando de la Torre o Juan Álvarez Gato, que deben su existencia a la propia voluntad del autor.
El Cancionero General constituye la gran publicación poética en los primeros tiempos de la imprenta. Recopilado por Hernando del Castillo a lo largo de los veinte años que pasó al servicio del Conde de Oliva, abarca desde Juan de Mena hasta su presente. Fue publi- cado en Valencia, en 1511. Uno de sus criterios fue publicar lo no editado de los autores, como en el caso de Jorge Manrique. Frente a la ordenación por autores, Castillo distri- buye el libro por secciones y géneros poéticos.
Durante gran parte de la Edad Media, el gallego-portugués fue la lengua en que se com- puso la lírica culta en la Península Ibérica, pero a comienzos del siglo XV esta escuela se extingue y el centro poético se desplaza a Castilla, comenzando así una intensa actividad poética en castellano que cubre todo el final del medioevo, con unos setecientos poetasAlberto Ines Serrano Literatura española medieval (siglo XV). Preguntas de desarrollo y más de siete mil composiciones poéticas, que se nos ha transmitido principalmente a través de cancioneros, esto es, colecciones de textos poéticos de diferentes tipos.
El Cancionero de Baena fue recopilado por Juan Alfonso de Baena hacia 1430 para el rey Juan II de Castilla y la reina doña María. Es el más antiguo e incluye casi seiscientas com- posiciones de unos cincuenta poetas de fines del s. XIV y principios del XV, cuando se estaba abandonando el gallego por el castellano y comenzaban a introducirse las modas francesas e italianas. Configura una galería poética distribuida por autores y géneros, e incluye rúbricas extensas que contenían resúmenes biográfico y explicaciones de los poemas.
Entre los autores que aparecen en este cancionero destacan Alfonso Álvarez de Villas- andino y Francisco Imperial. El primero desempeño oficio de poeta durante más de me- dio siglo en las cortes de enrique II, Juan I, Enrique III y Juan II. Forma parte del más antiguo grupo de trovadores castellanos. Su obra comprende unos doscientos poemas, muy variados, y constituye una animada crónica poética personal y de la corte. Muchos los compuso por encargo, como el dirigido a María de Cárcamo, manceba de Enrique II, escrito todavía en un híbrido entre gallego y castellano. Otros tienen tono difamatorio. También son numerosas las obras laudatorias, casi siempre con petición de favor, como las dirigidas en loor de la ciudad de Sevilla.
Francisco Imperial es el poeta más importante de la segunda escuela del cancionero. Sus primeros poemas, anteriores a 1404, son decires amatorios en los que la tradición ga- llega y castellana se enriquece con motivos de la poesía francesa e italiana. De esta época destaca el poema dirigido a una hermosa dama sevillana a la que llamó Estrella Diana. En una etapa posterior destaca la imitación dantesca y el empleo del endecasí- labo, como en el Decir de las siete virtudes (1407), considerado como la obra más ambi- ciosa del autor. Asentada sobre una sólida construcción alegórica, una lengua elaborada llena de cultismos y alusiones cultas, está compuesta en un metro elevado y sigue a Dante como modelo.
Francisco Imperial (1372-c. 1409) es el poeta más importante de la segunda escuela del cancionero, en la que se incluyen también Fray Diego de Valencia, Diego y Gonzalo Mar- tínez de Medina o Ferrán Sánchez Calavera. Fue natural de Génova y morador de Sevilla, donde desempeño el puesto de lugarteniente del almirante de Castilla y donde desarro- lló su actividad poética. Sus primeros poemas, anteriores a 1404, son decires amatorios en los que la tradición gallega y castellana se enriquece con motivos de la poesía cortés francesa y el estilnovismo italiano. De esta época data algún poema alegórico y su inter- vención en una controversia poética sobre el tema de la Fortuna, pero el poema más destacado y polémico, debido a lo arriesgado de sus hipérboles religiosas, es el que di- rige a una hermosa dama sevillana a la que llamó Estrella Diana, y que empieza «Non fue por cierto mi carrera vana». También son de entonces los poemas dedicados a doña Angelina de Grecia y otras dos composiciones dedicadas a Isabel González, manceba del conde de Niebla.Literatura española medieval (siglo XV). Preguntas de desarrollo Alberto Inés Serrano
El Decir de los siete planetas (1405) fue compuesto para celebrar el nacimiento de Juan II. Se trata de una visión alegórica en la que los siete planetas ofrecen al recién nacido cada uno una doncella que simboliza una de las virtudes. Aún prevalece en él la imitación de obras francesas, como el Roman de la Rose, sobre la Comedia de Dante. En una etapa posterior Imperial imitará a Dante y empleará predominantemente el endecasílabo, como en el Decir de las siete virtudes (1407), considerado como su obra más ambiciosa. Compuesta por cincuenta y ocho coplas de arte mayor, representa una visión en la que el poeta se ve transportado al paraíso terrenal, donde el alma de Dante va a su encuen- tro y le invita a acompañarlo para contemplar las siete estrellas, que simbolizan las siete virtudes, y las siete sierpes, que representan los siete pecados capitales. El poema asienta sobre una sólida construcción alegórica, una lengua elaborada llena de cultismos y alusiones cultas, y un metro elevado.
El Cancionero de Palacio, manuscrito y no clasificado, recoge la actividad poética de la corte castellana de Juan II. Puede fecharse hacia 1440 y se compone de unos cuatrocien- tos poemas de tono aristocrático y cortesano, tambien con referencias a la corte arago- nesa y a las campañas italianas de Alfonso V. Domina el tema amoroso frente a los temas didácticos y morales, aunque también se encuentra presente el tema histórico. En los poemas de amores, el caballero poeta se queja del poder del amor llegando a invocar retóricamente la venida de la muerte, exaltando la belleza de su dama y doliéndose de sus rigores; o bien intercambia versos sobre reflexiones de amor con otros poetas, en un juego galante de toda la sociedad cortesana en torno a la gran convención del amor cortés. Sin embargo, no falta algún poema mucho más descarnado y sensual, como la canción de Pedro de Caltraviesa que empieza «Como echaron del paraíso», en la que manifiesta su deseo por ver el cuerpo desnudo de su dama, a la que compara con Eva arrojada del paraíso.
El Cancionero de Palacio abarca autores muy diversos, empezando por el propio Juan II, de quien se incluyen cuatro composiciones amorosas, entre ellas la elegante canción que empieza «Amor, yo nunca pensé», que responde al típico esquema de la «queja de amor» tan abundante en esta colección, y que presenta todas sus partes (pie, mudanza, vuelta y estribillo) bien marcadas.
De la clase nobiliaria se recogen poemas juveniles de don Fadrique, conde de Trastá- mara, del infante don Pedro de Portugal, de don Alfonso Enríquez, almirante de Castilla y de la familia Mendoza, incluyendo al joven Íñigo López y a su padre, don Diego Hur- tado. Abunda la poesía de caballeros cortesanos como Juan de Torres, con más de treinta composiciones. Junto a ellos, se encuentran poetas de oficio: los ya consagrados Villasandino, Imperial y Macías, y otros del presente como Rodríguez del Padrón e in- cluso algún poeta ajuglarado de humilde extracción como Martín el Tañedor. Un poeta aragonés que frecuento la corte castellana fue Pedro de Santa Fe. Entre los poetas que luego se trasladarían a Nápoles y continuarían su carrera poética se encuentran Juan de Dueñas, Juan de Tapia y Suero de Ribera.Alberto Inés Serrano
El Cancionero General constituye la gran publicación poética en los primeros tiempos de la imprenta, la cual modificó notablemente la transmisión de la poesía cancioneril. Re- copilado por Hernando del Castillo a lo largo de los veinte años que pasó al servicio del Conde de Oliva, abarca la obra de diversos autores desde Juan de Mena hasta su pre- sente. Fue publicado en Valencia, en 1511. Uno de sus criterios fue publicar lo no edi- tado de los autores, como en el caso de Jorge Manrique. Frente a la ordenación por autores, más común, Castillo distribuye la colección por secciones y géneros poéticos.
Antonio Rodríguez Moñino divide el contenido del cancionero, un tanto desorganizado, en: obras de devoción y moralidad, obras de amores, canciones -una de las partes del libro que conservan una «mayor fragancia poética» a lo largo del tiempo, según el crí- tico-, romances con o sin glosa, invenciones y letras de justadores, motes -consisten- tes en un verso suelto, suelen ir glosados en una canción amorosa- villancicos, pregun- tas, obras de contenido «extravagante» y obras de burlas. Esta última es una sección bien definida donde se encuentran gracias, burlas, chocarrería y hasta una brutal rijosi- dad que convierten este conjunto en una de las obras literarias más obscenas del siglo de oro.
Esta colección alcanzó en seguida un gran éxito comercial y pronto se sucedieron copias, nuevas ediciones y continuaciones. Numerosos cancionerillos y pliegos sueltos se fueron desgajando de él.
El Cancionero General destaca por ser la primera gran recopilación poética en documen- tar una poesía compuesta por mujeres: la marquesa de Cotrón, Catalina Manrique, Ma- rina Manuel -autoras de ingeniosas invenciones y motes- y Florencia Pinar, la más sobresaliente, cultivadora sobre todo de apasionadas canciones amorosas.
Antón de Montoro (Córdoba, 1404-Sevilla, h. 1477) desarrolló su actividad como poeta durante de los reinados de Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos. Los escasos datos biográficos que de él conocemos, como su condición de converso o su oficio de sastre o ropero, proceden mayoritariamente de sus propios versos. Durante su vida se relacionó con numerosos poetas y personajes de la época, de modo que muchos de sus poemas han sobrevivido por la calidad e importancia de la persona a la que iban dirigidos.
Montoro buscó relacionarse con círculos que defendían a los conversos o que al menos eran indiferentes. Parece que Mantuvo una especial relación con don Pedro Fernández de Córdoba, señor de Aguilar y padre del Gran Capitán, que seguramente fue su protec- tor; también con el condestable Lucas de Iranzo, el obispo Alfonso Carillo y los poetas Juan de Mena, el Marques de Santillana y Gomez Manrique.
Probablemente nuestro poeta se encontraba entre los judíos que se refugiaron en Sevi- lla tras la expulsión de Córdoba en 1473. Con motivo de la matanza de Carmona en 1474,