La Iglesia, Espiritualidad y Cultura en Occidente (siglos XIII y XIV)

Documento sobre La Iglesia, Espiritualidad y Cultura en Occidente (siglos XIII y XIV). El Pdf explora la historia de la Iglesia católica en los siglos XIII y XIV, analizando el Papado de Inocencio III y Bonifacio VIII, el Papado de Aviñón y la política centralizadora de Juan XXII. Este material de Historia de Universidad también aborda la vida intelectual y artística, con foco en las Universidades y la difusión del aristotelismo.

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TEMA 6. LA IGLESIA, ESPIRITUALIDAD Y CULTURA EN OCCIDENTE (SIGLOS XIII Y XIV)
1. La Iglesia: Del apogeo a la crisis
1.1. Las grandes figuras del Papado
1.1.1. Inocencio III
El siglo XIII fue el momento de mayor esplendor de la iglesia medieval. El I Concilio Ecuménico de
Letrán (1123) consagró la primacía de Roma sobre el resto de Iglesias nacionales y proclamó la sumisión al
Papa de toda la Cristiandad, sin excepción, en cuestiones de religión y moral, desde el Emperador hasta el
último de los cristianos.
Así triunfaba la concepción teocrática de
Gregorio VII, reafirmada en el II Concilio Ecuménico de
Letrán (1139) al afirmar que Roma es la cabeza del mundo y la máxima expresión de la teocracia, según la
cual todo debe estar sujeto al Papa, tanto emperadores como reyes.
Inocencio III (1198-1216) fue quien llevó a la práctica y ejerció la teocracia de un modo s
rotundo, logrando el apogeo del Papado. Fue proclamado Papa a los 38 años de edad, el 8 de enero de
1198, con una sólida preparación intelectual, ya que había estudiado Teología en Paris y Derecho en
Bolonia con el célebre canonista Huguccio, el cual le imbuyó las ideas teocráticas. Según esta teoría, el
Papa, como vicario de Dios en la tierra, posee la
auctoritas, o la plena soberanía, mientras que el
emperador y los reyes poseen la
potestas, o el poder político, que reciben directamente de Dios. Aunque
admite que en política los reyes pueden predominar sobre el Papa, éste puede intervenir cuando los
príncipes pecan gravemente, cuando hay que acudir a un árbitro supremo y cuando hay que defender los
dominios eclesiásticos.
Inocencio III intervendrá, de forma activa, en todos los reinos cristianos de la
época, sin excepción.
Su primer objetivo fue afirmar su poder en Roma, por lo que destituyó a los miembros del Senado,
nombrando un único senador, y a todos los funcionarios del Campidoglio, obligando al prefecto de la
ciudad a prestarle juramento de fidelidad. Posteriormente, se hizo con el control del ducado de Espoleto y
de la Marca de Ancona, que estaba bajo la administración imperial.
A fin de ver cumplidas sus ansias teocráticas, usó con mucha frecuencia el arma de la
excomunión, y logró los homenajes feudales de varios reyes (Pedro II de Aragón, Sancho I de Portugal, etc.),
aunque, el señorío feudal sobre estos soberanos fue más ilusorio que real.
En religión, 3 fueron sus objetivos principales: Acabar con los herejes, proclamar una cruzada y
convocar un concilio. Fueron perseguidos los Humiliatis, los Espirituales y los Joaquinitas, mientras que
aquellos movimientos que exaltaban la pobreza evangélica, sin denunciar a la pula eclesiástica, fueron
admitidos en la iglesia, como los Franciscanos o los Pobres Católicos.
Aún cuando apoyó activamente la lucha contra los musulmanes, otorgándola el carácter de
cruzada, no dudó en atribuir tal carácter a la lucha que se emprendió contra los albigenses (Cátaros) en
1208, y que fue utilizada hábilmente por el rey de Francia para imponer su dominio en el Midi francés y
que, a la postre, reportó al Papado la posesión del condado de Aviñón. El IV Concilio Ecuménico de Letrán
(1215), marcó el cénit de la teocracia de Inocencio III, en el que se aprobó:
El término transubstanciación, para indicar la transformación sustancial que se producía
en la Eucaristía.
La confesión y comunión obligatorias al menos una vez al año.
La predicación de una nueva cruzada.
Condenó como herética la doctrina de Joaquín de Fiore (que predico la llegada de una
nueva edad, en la que ni Iglesia, ni Estado serían necesarios, y donde la Humanidad
viviría en una sociedad igualitaria).
1.1.2. Bonifacio VIII
Tras estar la sede vacante 27 meses (1292-1294), el colegio, de 11 cardenales, logró elegir como
Papa al eremita benedictino
Pedro Monrroe, que fue un dócil instrumento en manos de Carlos II de
Nápoles, que consiguió que se trasladara la Curia a Nápoles, y del intrigante cardenal Benedicto Caetani.
Celestino V, nombre elegido por el papa-eremita, tras 5 meses de pontificado, encargó al cardenal Caetani
la redacción de una Bula de renuncia al pontificado.
Descargado por Pablo Jarillo (pejarillo@gmail.com)
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El nuevo Papa, el cardenal Caetani, que tomó el nombre de
Bonifacio VIII (1294-1303), fue elegido en la primera votación
(aunque acusado de simoníaco). Su primer acto fue trasladar la
Curia a Roma, y encarcelar al anterior Papa Celestino V, el
cual, murió un año y medio después, según la opinión popular
asesinado por el nuevo Papa.
Bonifacio VIII fue el último representante de teocracia
pontificia, que Inocencio III había llevado a su culminación.
Tras la publicación de su famosa Bula Clericis laicos (1296), en
la que se resumía la doctrina teocrática del pontificado, intentó
acabar con los rumores, de su elección ilegitima, que circulaban
en Roma, y que los cardenales Pedro y Santiago Colonna
proclamaban abiertamente. El Papa excomulgó y depuso a los
dos cardenales, y arrasó sus fortalezas, por lo que ambos
buscaron refugio en la corte francesa, al tiempo que confiscaba
sus bienes y los repartía entre sus parientes y partidarios.
El 22 de febrero de 1300, publicó la Bula Antiquorum habet
fidem por la que proclamó el primer Año Santo de la
Cristiandad, en la que otorgaba la indulgencia plenaria a todos
los que aquel año visitaran las basílicas romanas de San Pedro
y San Pablo, y se establecía su convocatoria cada cien años.
Su enfrentamiento con el rey francés y su humillación en
Anagni marcarían el trágico final de su Pontificado. En el plano
personal, tal vez, fue el Papa con mayor protagonismo y delirios
de grandeza.
1.2. La época de las grandes crisis
1.2.1. El Papado de Aviñón
La elección de Clemente V (1305-1314) marca el inicio del denominado Papado de Aviñón o
Cautividad de Aviñón, ya que los 7 Papas que allí residieron, durante casi 70 años, estuvieron bajo la
tutela del rey de Francia, y fueron fieles ejecutores de sus deseos.
Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, había acordado con Felipe IV su elección pontificia, a
cambio de la cesión de las décimas del reino durante cinco años. Fue coronado en Lyon y trasladó la Curia
a Aviñón, convocó un concilio ecuménico en Vienne (1311), donde disolvió la Orden del Temple (1312), con
la Bula Vox in excelso, acusando a los templarios de no cumplir sus obligaciones y caer en la herejía.
Ordenó repartir los bienes del Temple entre la Orden del Hospital, yendo a parar muchos de ellos a la
Corona de Francia, y sus principales dirigentes fueron condenados a la hoguera.
Encabezó a los Papas nepotistas aviñonenses, ya que elevó a la purpura a 5 sobrinos y a sus
familiares laicos los promocionó con cargos lucrativos en los Estados Pontificios. A fin de evitar que los
cardenales italianos eligieran a un compatriota que trasladara la Curia a Roma, elevó el número de
cardenales franceses a 17, frente a 6 italianos.
1.2.2. La política centralizadora del Papado de Aviñón
El nuevo Papa Juan XXII (1316-1334), prosiguió la política de asentamiento en Aviñón, a pesar de
las primeras voces que se alzaron pidiendo el retorno a Roma, clamando contra el nepotismo descarado y
contra su enfrentamiento personal con el emperador Luis IV de Baviera, en lo político, y con los
franciscanos en lo espiritual. En la familia franciscana había surgido la rama de, los Espirituales, que
reivindicaban la pobreza de Cristo, pero el Papa promulgó una Bula declarando herética tal doctrina,
condenando a la hoguera a los frailes Espirituales, que de modo despectivo llamó Fratricelli (frailecillos).
En el campo teológico, Juan XXII defendió que sólo tras el Juicio Final y la resurrección de los
muertos, se alcanzaba la visión beatífica de Dios, doctrina de la que tuvo que retractarse ante los
cardenales en el lecho de su muerte.
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La Iglesia: Del apogeo a la crisis

Las grandes figuras del Papado

Inocencio III

El siglo XIII fue el momento de mayor esplendor de la iglesia medieval. El I Concilio Ecuménico de Letrán (1123) consagró la primacía de Roma sobre el resto de Iglesias nacionales y proclamó la sumisión al Papa de toda la Cristiandad, sin excepción, en cuestiones de religión y moral, desde el Emperador hasta el último de los cristianos.

Así triunfaba la concepción teocrática de Gregorio VII, reafirmada en el II Concilio Ecuménico de Letrán (1139) al afirmar que Roma es la cabeza del mundo y la máxima expresión de la teocracia, según la cual todo debe estar sujeto al Papa, tanto emperadores como reyes.

Inocencio III (1198-1216) fue quien llevó a la práctica y ejerció la teocracia de un modo más rotundo, logrando el apogeo del Papado. Fue proclamado Papa a los 38 años de edad, el 8 de enero de 1198, con una sólida preparación intelectual, ya que había estudiado Teología en Paris y Derecho en Bolonia con el célebre canonista Huguccio, el cual le imbuyó las ideas teocráticas. Según esta teoría, el Papa, como vicario de Dios en la tierra, posee la auctoritas, o la plena soberanía, mientras que el emperador y los reyes poseen la potestas, o el poder político, que reciben directamente de Dios. Aunque admite que en política los reyes pueden predominar sobre el Papa, éste puede intervenir cuando los príncipes pecan gravemente, cuando hay que acudir a un árbitro supremo y cuando hay que defender los dominios eclesiásticos. Inocencio III intervendrá, de forma activa, en todos los reinos cristianos de la época, sin excepción.

Su primer objetivo fue afirmar su poder en Roma, por lo que destituyó a los miembros del Senado, nombrando un único senador, y a todos los funcionarios del Campidoglio, obligando al prefecto de la ciudad a prestarle juramento de fidelidad. Posteriormente, se hizo con el control del ducado de Espoleto y de la Marca de Ancona, que estaba bajo la administración imperial.

A fin de ver cumplidas sus ansias teocráticas, usó con mucha frecuencia el arma de la excomunión, y logró los homenajes feudales de varios reyes (Pedro II de Aragón, Sancho I de Portugal, etc.), aunque, el señorío feudal sobre estos soberanos fue más ilusorio que real.

En religión, 3 fueron sus objetivos principales: Acabar con los herejes, proclamar una cruzada y convocar un concilio. Fueron perseguidos los Humiliatis, los Espirituales y los Joaquinitas, mientras que aquellos movimientos que exaltaban la pobreza evangélica, sin denunciar a la cúpula eclesiástica, fueron admitidos en la iglesia, como los Franciscanos o los Pobres Católicos.

Aún cuando apoyó activamente la lucha contra los musulmanes, otorgándola el carácter de cruzada, no dudó en atribuir tal carácter a la lucha que se emprendió contra los albigenses (Cátaros) en 1208, y que fue utilizada hábilmente por el rey de Francia para imponer su dominio en el Midi francés y que, a la postre, reportó al Papado la posesión del condado de Aviñón. El IV Concilio Ecuménico de Letrán (1215), marcó el cénit de la teocracia de Inocencio III, en el que se aprobó:

  • El término transubstanciación, para indicar la transformación sustancial que se producía en la Eucaristía.
  • La confesión y comunión obligatorias al menos una vez al año.
  • La predicación de una nueva cruzada.
  • Condenó como herética la doctrina de Joaquín de Fiore (que predico la llegada de una nueva edad, en la que ni Iglesia, ni Estado serían necesarios, y donde la Humanidad viviría en una sociedad igualitaria).

Bonifacio VIII

Tras estar la sede vacante 27 meses (1292-1294), el colegio, de 11 cardenales, logró elegir como Papa al eremita benedictino Pedro Monrroe, que fue un dócil instrumento en manos de Carlos II de Nápoles, que consiguió que se trasladara la Curia a Nápoles, y del intrigante cardenal Benedicto Caetani. Celestino V, nombre elegido por el papa-eremita, tras 5 meses de pontificado, encargó al cardenal Caetani la redacción de una Bula de renuncia al pontificado.

This document is available free of charge on studocu 31 Descargado por Pablo Jarillo (pejarillo@gmail.com)1198 1216 Inocencio III 1216 1227 Honorio III 1227 1241 Gregorio IX 1241 1241 Celestino IV 1243 125 Inocencio IV 1254 1261 Alejandro IV 1261 1264 Urbano IV 1265 1268 Clemente IV 1271 1276 Beato Gregorio X 1276 1276 San Inocencio V 1276 1276 Adriano V 1276 1277 Juan XXI 1277 1280 Nicolás III 1281 1285 Martín IV 1285 1287 Honorio IV 1288 1292 Nicolás IV 1294 129 San Celestino V 1294 1303 Bonifacio VIII El nuevo Papa, el cardenal Caetani, que tomó el nombre de Bonifacio VIII (1294-1303), fue elegido en la primera votación (aunque acusado de simoníaco). Su primer acto fue trasladar la Curia a Roma, y encarcelar al anterior Papa Celestino V, el cual, murió un año y medio después, según la opinión popular asesinado por el nuevo Papa.

Bonifacio VIII fue el último representante de teocracia pontificia, que Inocencio III había llevado a su culminación. Tras la publicación de su famosa Bula Clericis laicos (1296), en la que se resumía la doctrina teocrática del pontificado, intentó acabar con los rumores, de su elección ilegitima, que circulaban en Roma, y que los cardenales Pedro y Santiago Colonna proclamaban abiertamente. El Papa excomulgó y depuso a los dos cardenales, y arrasó sus fortalezas, por lo que ambos buscaron refugio en la corte francesa, al tiempo que confiscaba sus bienes y los repartía entre sus parientes y partidarios.

El 22 de febrero de 1300, publicó la Bula Antiquorum habet fidem por la que proclamó el primer Año Santo de la Cristiandad, en la que otorgaba la indulgencia plenaria a todos los que aquel año visitaran las basílicas romanas de San Pedro y San Pablo, y se establecía su convocatoria cada cien años.

Su enfrentamiento con el rey francés y su humillación en Anagni marcarían el trágico final de su Pontificado. En el plano personal, tal vez, fue el Papa con mayor protagonismo y delirios de grandeza.

La época de las grandes crisis

El Papado de Aviñón

La elección de Clemente V (1305-1314) marca el inicio del denominado Papado de Aviñón o Cautividad de Aviñón, ya que los 7 Papas que allí residieron, durante casi 70 años, estuvieron bajo la tutela del rey de Francia, y fueron fieles ejecutores de sus deseos.

Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, había acordado con Felipe IV su elección pontificia, a cambio de la cesión de las décimas del reino durante cinco años. Fue coronado en Lyon y trasladó la Curia a Aviñón, convocó un concilio ecuménico en Vienne (1311), donde disolvió la Orden del Temple (1312), con la Bula Vox in excelso, acusando a los templarios de no cumplir sus obligaciones y caer en la herejía. Ordenó repartir los bienes del Temple entre la Orden del Hospital, yendo a parar muchos de ellos a la Corona de Francia, y sus principales dirigentes fueron condenados a la hoguera.

Encabezó a los Papas nepotistas aviñonenses, ya que elevó a la purpura a 5 sobrinos y a sus familiares laicos los promocionó con cargos lucrativos en los Estados Pontificios. A fin de evitar que los cardenales italianos eligieran a un compatriota que trasladara la Curia a Roma, elevó el número de cardenales franceses a 17, frente a 6 italianos.

La política centralizadora del Papado de Aviñón

El nuevo Papa Juan XXII (1316-1334), prosiguió la política de asentamiento en Aviñón, a pesar de las primeras voces que se alzaron pidiendo el retorno a Roma, clamando contra el nepotismo descarado y contra su enfrentamiento personal con el emperador Luis IV de Baviera, en lo político, y con los franciscanos en lo espiritual. En la familia franciscana había surgido la rama de, los Espirituales, que reivindicaban la pobreza de Cristo, pero el Papa promulgó una Bula declarando herética tal doctrina, condenando a la hoguera a los frailes Espirituales, que de modo despectivo llamó Fratricelli (frailecillos).

En el campo teológico, Juan XXII defendió que sólo tras el Juicio Final y la resurrección de los muertos, se alcanzaba la visión beatífica de Dios, doctrina de la que tuvo que retractarse ante los cardenales en el lecho de su muerte.

32 Descargado por Pablo Jarillo (pejarillo@gmail.com)Fue el gran impulsor de la burocratización durante el período aviñonés. Creó el Registro de la Cámara Apostólica, como mecanismo financiero de la Curia, con un minucioso asiento de entradas y salidas a cuyo frente se encontraba el cardenal camerarius. Reorganizó la Cancillería y creó el Tribunal de la Sacra Rota (por turnos). Otros organismos importantes fueron la Limosnería, encargada del reparto de limosnas a los pobres, y la Penitenciaria, encargada de dilucidar todas las apelaciones y dispensas que llegaban al Papa.

Los gastos del Papado fueron creciendo, por lo que se aumentó las tasas sobre los cargos y beneficios eclesiásticos que controlaban los Papas. Todo estaba tasado y era poco para cubrir los enormes gastos que generaba la Curia, lo que redundó en la imagen poco ejemplar del aquellos Papas.

El restablecimiento de la autoridad pontificia en Italia. Gil de Albornoz

La ausencia de los Papas en los Estados Pontificios, hizo que muchas familias señoriales ejercieran su poder sin limitaciones, actuando como señores de sus dominios. El nuevo Papa, Inocencio VI (1352- 1362) comprendió que, aunque ausente de Italia, debía poner orden en los Estados Pontificios y en Roma.

La presencia en Aviñón del cardenal español Gil de Albornoz, exiliado de Castilla por su enfrentamiento con Pedro I, en 1350, y su experiencia guerrera, propicio a que Inocencio VI lo enviara a Italia como su Legado (1353-1357), para poner orden en los Estados Pontificios. En una segunda Legación (1358-1364), Albornoz recuperó Bolonia y puso orden en el Patrimonio de San Pedro, conquistando y construyendo numerosas fortalezas que puso bajo su directo control. Gil de Albornoz, ha pasado a la historia de la Iglesia y de Italia, como el hombre que hizo posible el retorno de los Papas a Roma y, también como un gran legislador (constitutiones)

El primer intento de regreso a Roma lo hizo Urbano V (1362-1370), pacificados ya los Estados Pontificios, llegó en 1367, siendo recibido por Albornoz, aunque 3 años después, retornó a Aviñón. La elección del nuevo Papa recayó en el francés, Gregorio XI (1370-1378). La inestabilidad en Francia por la Guerra de los 100 Años, y los tumultos que empezaban a surgir en los Estados Pontificios, obligó al Papa a trasladarse definitivamente a Roma en el 1376. Seis cardenales se negaron a acompañarle, acto que presagiaba el futuro cisma. Ante el lamentable estado que presentaba el palacio de Letrán, el Papa optó por el Vaticano, que pasó a ser desde entonces su residencia oficial en la Ciudad Eterna.

El Cisma de Occidente

Roy. de Suède Le Grand Schisme (1378 - 1417) Royaume d'Ecosse Roy.Quá Obédience à Avignon Danefitar Obédience à Rome Roy. Passé de l'une à l'autre Non concerné de Royaumes Pologne d'Angleterre SAINT EMPIRE Roy. Royaume de de Hongrie France Royaume Royaume de la Castille et du Léon Naples 90 Boy. de Grenade Roy. de Chypre studocu This document is available free of charge on 33 Descargado por Pablo Jarillo (pejarillo@gmail.com) Royaume du Potugal de

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