Documento de Ips Santa Margarita de los Milagros sobre Apuntes para la Formulación de Indicadores de Calidad en Salud. El Pdf presenta una metodología para diseñar y estandarizar indicadores de calidad en el ámbito sanitario, con ejemplos prácticos de indicadores de oportunidad y proporción, útiles para la gestión de la calidad en servicios de salud.
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Uno de los principales retos que enfrentan las organizaciones de salud durante sus procesos de mejoramiento es la necesidad de diseñar indicadores de calidad que resulten útiles para la toma de decisiones. Con frecuencia, los indicadores que se diseñan no tienen la robustez necesaria, lo cual reduce ostensiblemente la efectividad de la gestión de calidad.
El presente artículo propone una metodología sencilla para diseñar y estandarizar indicadores de calidad que, al mismo tiempo, cumplan con los lineamientos internacionales adoptados en la Cumbre de Dallas1 y se presentan algunos ejemplos de indicadores estandarizados. Para tal efecto, se revisan previamente algunos conceptos esenciales que deben ser considerados durante esta labor.
Un marco metodológico considerado de obligatoria referencia para la formulación de indicadores de calidad es el descrito por Avedis Donabedian2, en el cual se explora la calidad como un concepto multidimensional, medible, que admite diversos grados y que resulta de la interacción variable entre diversos elementos estructurales y de proceso. De ahí el conocido modelo de Estructura - Proceso - Resultados.
En el componente estructural aparecen variables como la accesibilidad (geográfica, física, económica y cultural, entre otras), la suficiencia o disponibilidad de los recursos y su idoneidad o adecuación al uso. En el marco del proceso se incorporan variables como la oportunidad y puntualidad de los servicios, la pertinencia de las decisiones e intervenciones, sean ellas asistenciales o administrativas, la continuidad, la cobertura de las intervenciones, la eficiencia, la utilización de los recursos por parte de las instituciones, el uso de los servicios por parte de la población, etc. El componente de resultados se centrará, para el tema de calidad, en variables como la eficacia, la seguridad y la satisfacción de los usuarios. Algunos modernos teóricos de la calidad como Donaldson y Scally3 han postulado y sustentado que el impacto, una de las variables incluidas por Donabedian como parte de los resultados es, de hecho, un componente aparte, un meta-resultado observable en el nivel poblacional en términos de la efectividad y equidad de los sistemas de salud (Figura 1). Aunque el postulado básico afirma que los indicadores de calidad tendrán mayor capacidad para aportar a la toma de decisiones en la medida en que se encuentren más hacia la derecha del continuo, es claro que la generación de verdaderos indicadores de impacto exige contar con información confiable. Sin embargo, dado que el impacto es sectorial, ninguno de los agentes de un sector (Autoridad Sanitaria Nacional, entes de vigilancia, aseguradores, proveedores de servicios, u otros) podría reclamar como propios los posibles índices de variación positiva en los indicadores de salud pública (efectividad) o las mejoras en la equidad del sistema; estos deben ser, y son de hecho, logros conjuntos, sean buenos o malos. Además, es claro que en el logro del impacto intervienen en muchas ocasiones, y de maneras diversas, agentes ajenos al propio sector salud (instituciones educativas, medios de comunicación, etc.)Estructura Proceso Resultados Impacto Resolution: 5008 x 2264 - Fres Ha download . www.podgraphics.com
Figura 1. Representación Gráfica del Continuo de la Calidad descrito por Donabedian y revisado por Donaldson y Scally Diseño de los autores
En este orden de ideas, y dada la dificultad e inutilidad de identificar los aportes individuales al impacto, los mejores indicadores para evaluar la calidad de los servicios de salud se situarán en el ámbito de los resultados, y es ahí donde se deberían focalizar los principales esfuerzos de medición de las instituciones. Lo anterior no debe entenderse como una recomendación para abandonar los indicadores de proceso, los cuales pueden aportar información útil para la toma de decisiones que, sin embargo, debe mirarse siempre con cautela pues este tipo de indicadores pueden dar lugar a falsas seguridades.
Considerese, a manera de ejemplo, un programa educativo de promoción de la lactancia materna. Este programa contará con una estructura (personal entrenado, planta física, recursos audiovisuales, etc.), ciertamente ejecutará un conjunto de procesos (identificación y captación de las gestantes a capacitar, planeación y ejecución de las charlas, por citar solo algunos) y espera obtener como resultado el que un buen número de las madres capacitadas brinden lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Sobra decir que si cada una de las instituciones que promueven y ejecutan este tipo de programas logran sus correspondientes resultados individuales, el impacto conjunto que generarán para el municipio, departamento o país en el cual ellas actúan, se expresará en términos de reducción de la frecuencia y severidad de los casos de desnutrición infantil, enfermedad diarreica aguda, infección respiratoria aguda, y muertes infantiles, por citar solo algunos beneficios. En este orden de ideas, si una de estas instituciones decidiera evaluar el desempeño de su programa de promoción de la lactancia materna, lo más sensato sería escoger la variable eficacia, y generar un indicador que le permitiera determinar cuántas de las gestantes capacitadas durante un período, brindaron a sus bebés lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses. Erróneamente, lo que suele hacerse es quedarse en la medición del proceso, con indicadores que valoran únicamente la cobertura del programa, en términos de las madres capacitadas con respecto al total de madres que se esperaba capacitar. El obtener, por ejemplo, un 95% a 98% de cobertura en este indicador suele dejar satisfechos a los líderes del programa quienes, por consiguiente, no tendrían razones para intervenirlo, y solo lo harían cuando las coberturas resulten inferiores a lo esperado.
Los Indicadores de calidad son comparables a los instrumentos clínicos como el tensiómetro o el termómetro, que permiten medir los signos vitales de un paciente. Los indicadores medirán los signos vitales de la organización solo en la medida en que permitan conocer el desempeño real de los programas, procesos y servicios, y sus cambios a lo largo del tiempo. De la misma manera que un instrumento clínico mal calibrado conducira a lecturas erróneas que pueden llevar a adoptar decisiones igualmente equivocadas, un indicador con deficiencias de diseño puede brindar información incorrecta y conducir a la toma de decisiones inútiles o contraproducentes, o lo que es peor, a la inactividad basada en la falta de información útil. Por lo anterior, quienes diseñan Indicadores de calidad deben velar por el cumplimiento de un conjunto de características que le confieren a estas herramientas su capacidad para brindar lecturas confiables y apoyar la toma de decisiones pertinentes. Las principales características que debe cumplir un buen indicador de calidad son4: