Documento de Academia Noelia Pérez sobre los problemas de comportamiento en el ámbito educativo. El Pdf, un texto didáctico de Psicología para Universidad, analiza los factores que influyen en estos problemas desde una perspectiva interactiva y el papel de la escuela en su prevención.
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Los problemas de comportamiento en la infancia pueden llegar a bloquear el desa rrollo integral de una persona. Dada su importancia, se ha desarrollado una amplia labor de investigación, desde un enfoque clínico, para conocer tanto los factores desencadenantes como los tratamientos más adecuados. Sin embargo, en este tema no se trata de profundizar en las alteraciones comportamentales y las conductas asociales desde un enfoque clínico, sino educativo. Es decir, la pregunta que nos planteamos es la siguiente: ¿ qué se puede hacer desde un centro educativo para paliar el efecto de este tipo de pro blemas? Para contestar a esta pregunta es necesario delimitar los contenidos teóricos.
En primer lugar, el enfoque educativo selecciona aquellos trastornos que interfieren directamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En segundo lugar, adopta una metodología en la que algunas líneas de actuación adquieren prioridad frente a otras, la prevención de los problemas de personalidad que se considera como la línea de actuación más efectiva desde un centro educativo, la intervención educativa y los programas de tratamiento individual.
En lo que respecta a la estructura del tema, comenzaremos con una descripción de las alteraciones comportamentales y las conductas asociales y finalizaremos con la exposi ción de todas aquellas medidas que se pueden tomar desde un centro educativo para paliar su efecto de interferencia en el desarrollo global del alumnado . El maestro de Pedagogía Terapéutica asumirá en relación a estos principalmente, tareas preventivas, de colaboración en la elaboración de materiales y experiencias, y en ocasiones, atención directa al alumnado que lo precisen. El desempeño de estas funciones, se acompañará siempre del ejercicio de un continuo y formativo seguimiento que posibilite la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Dentro de las alteraciones comportamentales se pueden describir problemas muy distintos, tanto respecto a su contenido como a la importancia de sus consecuencias para el desarrollo integral. Esta confusa diversidad refleja una situación real de indefinición y carencias en la delimitación del mismo. La revisión de la literatura al respecto puede provocar la sensación de caos, ya que, en general, se encuentran ausencias explícitas de definición, o vaguedad y ambigüedad en las mismas, así como diferentes clasificaciones y desacuerdos en la denominación de los trastornos específicos a incluir bajo este epígrafe.
Entre las razones de esta situación se pueden señalar la amplitud del significado de comportamiento, y la dificultad aumentada en la distinción entre lo normal y lo patológico, que al situarse en un marco evolutivo se incrementa.
En primer lugar, la identificación de comportamiento o conducta con manifestación externa, llevaría a considerar como trastorno de comportamiento cualquier tipo de perturbación. De hecho, ciertos autores incluyen bajo esta denominación; todas las perturbaciones infantiles, exceptuando los grandes síndromes como la psicosis, alteraciones neuróticas, etc. Buen ejemplo de esto es la clasificación realizada por SÁNCHEZ MOISO (2008) que describe un buen número de subgrupos de trastornos vinculados con diversas funciones de la conducta: alimentación, sueño, lenguaje, afectividad, etc.
Este planteamiento tan amplio resulta poco fructífero, ya que su heterogeneidad no permite abordar un estudio global de las consecuencias y de la intervención de las alteraciones comportamentales.
En segundo lugar, el ya clásico tema de diferenciar entre lo normal y lo patológico. La necesaria relativización de los patológico se justifica porque las manifestaciones conductuales que se constituyen en síntomas de estos trastornos no son patológicas en sí mismas, sino que de hecho son conductas que resultan adecuadas y con importante valor adaptativo en determinados momentos del desarrollo.
Así, por ejemplo, a los dos o tres años se observan períodos en que el niño se opone por sistema a las demandas del adulto. Estos hechos no deben ser interpretados como síntoma negativo, sino que pueden ser sencillamente intentos del niño por constituirse en individuo independiente. Ahora bien, si esta conducta persiste más allá de los momentos en los que cumplen una función adaptativa, se convertirá en un problema.
La diversidad de criterios, unida a la mayor o menor amplitud del concepto de trastorno utilizado, origina una gran variedad en la selección de trastornos incluidos bajo el epígrafe de " trastornos de comportamiento", "alteraciones comportamentales", "trastor nos de conducta" o "perturbaciones de la conducta". Sin embargo, sí parece existir cierto acuerdo entre los distintos autores para incluir dentro de los trastornos de la conducta, la conducta agresiva y las manifestaciones conductuales asociadas a la hiperactividad.
Ante lo expuesto, para identificar cuándo se presenta alteraciones comporta mentales y por tanto requiere de una intervención, bien sea familiar o educativa, es necesario valorar hasta que punto las alteraciones comportamentales están interfiriendo o dificultando la adquisición o desarrollo de ciertas capacidades y habilidades cognitivas y sociales, así como las consecuencias que produce dicha conducta en el medio donde se desen Las alteraciones comportamentales en la infancia requieren especial atención ya que:
Luego, podemos definir las alteraciones comportamentales como ciertas conductas que afectan a la relación del sujeto con su entorno e interfieren negativa- mente en su desarrollo; que no son patológicas en sí mismas, sino que el carácter patológico viene dado por su exageración, déficit o su persistencia más allá de las edades en las que pueden cumplir un papel adaptativo, que son estables, y, por tanto, más resistentes a la intervención que los trastornos situacionales transito- rios, pero menos que la psicosis, neurosis y otros trastornos profundos. (BRIOSO y SARRIA, 2001)
Tal y como recoge la Fundación Cantabria Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad o Fundación CADAH, Los trastornos disruptivos del control de los impulsos y de la conducta (DSM-5, APA, 2013) incluyen afecciones que se manifiestan con problemas en el autocontrol del comportamiento y las emociones mientras que otros trastornos del DSM-5 pueden tratar sobre problemas de la regulación del comportamiento y las emociones, los trastornos disruptivos se traducen en conductas que violan derechos de los demás (por ejemplo: agresión, destrucción de la propiedad), o llevan al individuo a conflictos importantes frente a las normas de la sociedad o las figuras de autoridad.
Las causas que subyacen en los problemas del autocontrol del comportamiento y las emociones pueden variar sustancialmente dentro de los trastornos disruptivos y así como entre los propios individuos dentro del mismo grupo diagnóstico.
Estos trastornos se dan de forma más frecuente en el sexo masculino que en el sexo femenino.
A menudo los trastornos disruptivos se presentan de forma comórbida, es decir, asociada, al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en sus formas impulsivas-hiperactivas, cuando existen factores desencadenantes biológicos y/o ambientales (entorno) como consumo de sustancias, entornos desestructurados, experiencias de bulliyng, problemas socio-afectivos o antecedentes familiares.
Para prevenir este tipo de patologías asociadas es fundamental el diagnostico precoz y una intervención temprana eficaz y multimodal de los síntomas.
Los trastornos disruptivos del control de los impulsos y de la conducta incluídos en el DSM-5 (APA, 2013) son:
El Trastorno negativista desafiante se presenta mediante un patrón de enfado/ irritabilidad, discusiones/actitud desafiante o vengativa y que se exhibe durante la interacción por lo menos con un individuo que no sea un hermano.
El Trastorno Explosivo Intermitente (TEI) es un trastorno psicológico que se caracteriza por la presencia de un patrón aleatorio de reactividad conductual agresiva y desproporcionada sin un motivo ni objetivo concreto, ocasionando alteraciones o perjuicios graves en el entorno físico y social y el propio individuo.
El trastorno de conducta se manifiesta a través de un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que no se respetan los derechos básicos de otros, las normas o reglas