Documento de Universidad sobre El Sector Público en una Economía Mixta. El Pdf explora el rol del Estado en la economía, analizando cuestiones clave y metodologías de análisis económico. Aborda aspectos positivos y normativos de la economía pública para estudiantes de Economía.
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Desde que nacemos hasta que morimos, las actividades del Estado influyen de innu-merables maneras en nuestra vida.
¿Por qué realiza el Estado unas actividades económicas y no otras? ¿ Por qué ha variado el alcance de sus actividades en los últimos cien años y por qué desempeña diferentes papeles en cada país? ¿ Realiza el Estado demasiadas actividades? ¿ Realiza bien todas las que intenta realizar? ¿ Podría desempeñar más eficientemente su papel económico? Éstas son las principales cuestiones de las que se ocupa la economía del sector público. Para abordarlas examinaremos primero el papel económico del Estado en las economías modernas, cómo han surgido las ideas sobre su papel y cómo ha evolucionado éste en el siglo XX.
Los países occidentales tienen lo que se denomina una economía mixta: aunque muchas de las actividades económicas son realizadas por empresas privadas, otras son realizadas por el Estado. Éste influye, además, en la conducta del sector privado mediante toda una variedad de reglamentaciones, impuestos y subvenciones. Es pre-cisamente el hecho de que las economías mixtas tengan que definir constantemente las fronteras entre las actividades públicas y las privadas lo que hace que el estudio de la economía del sector público de estos países sea tan importante e interesante.El sector público en una economía mixta (c. 1) / 13
Para comprender mejor los puntos de vista actuales sobre el papel económico del Estado, puede resultar útil examinar las diferentes opiniones que surgieron en el pasado.1 Algunas de las ideas principales de los siglos XVIII y XIX han sido funda-mentales para la historia económica en el siglo XX y continúan siéndolo hoy.
Una teoría predominante en el siglo XVIII, que fue especialmente persuasiva para los economistas franceses, era la de que el Estado debía fomentar activamente el comercio y la industria. Los defensores de esta teoría se llamaban mercantilistas. Fue en parte en respuesta a los mercantilistas por lo que Adam Smith (a quien suele con-siderarse el fundador de la economía moderna) escribió La riqueza de las naciones (1776), en la que defendió la idea de que el Estado debía desempeñar un papel limitado. Smith intentó mostrar que la competencia y el ánimo de lucro llevaba a los individuos -en la búsqueda de sus propios intereses privados- a servir al interés público. El ánimo de lucro los inducía, compitiendo entre sí, a ofrecer los bienes que deseaban los demás. Sólo sobrevivían las empresas que producían lo que se deseaba y al pre-cio más bajo posible. Smith sostenía que la economía era llevada, como por una mano invisible, a producir lo que se deseaba y de la mejor forma posible.
Las ideas de Adam Smith ejercieron una influencia poderosa tanto en los pode-res públicos como en los economistas. Muchos de los economistas más importantes del siglo XIX, como los ingleses John Stuart Mill y Nassau Senior, promulgaron la doc-trina conocida con el nombre de laissez faire, según la cual el Estado debía dejar hacer al sector privado y no intentar regular o controlar la empresa privada. La competen-cia ilimitada era la mejor manera de servir los intereses de la sociedad.
El razonamiento de Smith no convenció a todos los pensadores sociales del si-glo XIX, a quienes preocupaban las graves desigualdades de la renta que veían a su alrededor, la miseria en la que vivían las clases trabajadoras y el paro en que se veían sumidas frecuentemente. Aunque algunos escritores del siglo XIX, como Charles Dic-kens, intentaron describir en sus novelas las penurias de las clases trabajadoras, los teóricos sociales, como Karl Marx, Sismondi y Robert Owen, desarrollaron teorías que no sólo intentaban explicar lo que veían sino que también sugerían cómo reorgani-zar mejor la sociedad. Muchos atribuían los males de la sociedad a la propiedad pri-vada del capital; lo que para Adam Smith era una virtud para ellos era un defecto. Marx, aunque no fue el pensador social más profundo, fue, desde luego, el defensor más influyente de la idea de que el Estado debía intervenir más en el control de los medios de producción. Para otros, como Owen, la solución no era ni el Estado ni la empresa privada, sino la formación de grupos más pequeños de personas que coo-peraran en interés mutuo.
1Véase A. O. Hirschman, Shifting Involvements: Private Interest and Public Action, Princeton, N. J., Princeton University Press, 1982. Hirschman ha expuesto una interesante teoría que intenta explicar los constantes cambios de opinión sobre el papel que debe desempeñar el Estado.14 / LA ECONOMÍA DEL SECTOR PÚBLICO Por una parte, la propiedad privada del capital y la libre empresa y, por otra, el con-trol estatal de los medios de producción, constituyeron los principios opuestos que iban a guiar la política y la economía internacionales en el siglo XX, plasmadas en la guerra Fría. Actualmente, los países de la antigua Unión Soviética y el Bloque del Este se encuentran inmersos en una monumental transición a un sistema de mercado, en una transformación fundamental del papel del Estado en estas economías. En los países occi-dentales, el papel económico del Estado también ha cambiado, pero los cambios han sido más graduales y en respuesta a acontecimientos económicos que han ido ocurriendo durante todo el siglo. Actualmente está muy extendida la idea de que los mercados y las empresas privadas constituyen la clave del éxito de una economía, mientras que el Estado desempeña un papel importante como complemento del mercado. Sin embargo, el carácter exacto de ese papel continúa siendo un motivo de controversias.
La Gran Depresión, en la que la tasa de paro de Estados Unidos alcanzó el 25% y su producto nacional disminuyó alrededor de un tercio con respecto al máximo regis-trado en 1929, fue el acontecimiento que más cambió la actitud hacia el Estado. Se llegó al convencimiento (y con razón) de que los mercados habían fallado claramente, lo que dio lugar a enormes presiones para que el Estado hiciera algo. El gran economista inglés John Maynard Keynes, que escribió en medio de la Gran Depresión, creía fir-memente no sólo que el Estado debía intervenir para hacer frente a las depresiones económicas sino también que podía hacerlo. La creencia de que el Estado debía y podía estabilizar el nivel de actividad económica acabó plasmándose en la legislación de Estados Unidos, en la Full Employment Act de 1946, por la que se creó al mismo tiempo el Council of Economic Advisers a fin de asesorar al presidente para lograr estos objetivos de la mejor manera posible.
La aparente incapacidad de la economía para crear empleo no fue el único pro-blema que llamó la atención. La depresión sacó a la palestra problemas que existían desde hacía tiempo, si bien con un carácter menos grave. Muchas personas perdie-ron casi todo su dinero cuando quebraron los bancos y cayó la bolsa. Muchos agri-cultores se encontraron con que los precios de sus productos eran tan bajos que no podían pagar sus hipotecas, por lo que los impagos se convirtieron en algo normal.
Para responder a la Depresión, los Gobiernos no sólo asumieron un papel más activo en el intento de estabilizar el nivel de la actividad económica, sino que tam-bién aprobaron medidas legislativas destinadas a paliar muchos de los problemas: el subsidio del paro, la seguridad social, los fondos de garantía de depósitos, los pro-gramas de apoyo a los precios agrícolas y muchos otros dirigidos a diversos objeti-vos sociales y económicos, entre ellos, la mejora de las condiciones laborales y la regu-lación de la bolsa de valores. Este conjunto de programas constituye lo que en Estados Unidos se conoce con el nombre de New Deal.