Documento da Ies Los Montecillos su Crisi Della Monarquia Borbonica, Guerra Di Indipendenza E I Cominci Della Rivoluzione Liberale, Costituzione Di 1812. Il Pdf, utile per lo studio universitario di Storia, analizza eventi chiave come il regno di Carlo IV, l'invasione napoleonica e il ruolo di figure come Godoy e Giuseppe Bonaparte.
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Profesor: Diego Torreblanca
El siglo XVIII va a terminar de forma muy convulsa para España. En 1788 llegaba al trono Carlos IV y, tan solo un año después, estallaba la Revolución Francesa. Las ideas revolucionarias se extenderán por toda Europa como la pólvora y finalmente se empezarán a aplicar en nuestro país a partir de 1808, produciéndose al mismo tiempo una guerra contra el invasor y el primer intento liberal de nuestra historia, que acabaría con el regreso al trono de Fernando VII y la restauración del absolutismo en 1814.
El temor a una posible expansión de la revolución francesa llevará a la paralización de las reformas iniciadas por Carlos III y la caída de los ministros ilustrados Jovellanos y Floridablanca. Al mismo tiempo, se producía el ascenso al poder de un militar sin apenas experiencia política, Manuel Godoy.
Tras la ejecución de Luis XVI (rey de Francia y familiar de Carlos IV), España le declaró la guerra al país galo, comenzando con ello la Guerra de los Pirineos (también 5. La Guerra de Independencia y la Constitución 1812 1/8Profesor: Diego Torreblanca IES Los Montecillos 17/18 conocida como Guerra de la Convención), conflicto que concluyó con la Paz de Basilea en 1795. En ella, España reconocía su derrota y volvía aliarse con Francia.
Esto llevó al país a un breve enfrentamiento con Portugal (debido a su alianza con Inglaterra) en 1801, la Guerra de las Naranjas (que se saldó con una pírrica victoria) y, sobre todo, al conflicto con los británicos. En 1805, la armada española quedó prácticamente destruida a manos de Gran Bretaña durante la Batalla de Trafalgar, provocando una grave crisis económica en nuestro país. Para recuperar la Hacienda real, Godoy recurrió al endeudamiento y el aumento de las contribuciones, planteando además reformas como la desamortización de bienes eclesiásticos, que le llevo a enemistarse con los estamentos privilegiados.
En 1807 se produce la firma del Tratado de Fontainebleau, en el que Godoy acuerda con Napoleón la entrada del ejército francés en la península con el objetivo de ocupar Portugal. España, a cambio, recibiría parte del territorio conquistado. Sin embargo, esta alianza supuso en realidad la ocupación de territorio español por parte del ejército napoleónico, que se situó en zonas estratégicas como Vitoria, Barcelona o Madrid.
La ocupación hizo a Godoy temer lo peor, por lo que, junto a la familia real, se retiró a Aranjuez para seguir huyendo hasta Sevilla y embarcarse hacia América en caso de necesidad. Esta situación acabó provocando el Motín de Aranjuez en marzo de 1808, un levantamiento popular contra el gobierno apoyado por el príncipe Fernando (hijo de Carlos IV). El alzamiento tuvo éxito y consiguió la destitución de Godoy y la abdicación del rey, que pedirá la mediación de Napoleón.
El emperador, para solucionar los problemas entre padre e hijo, convocó a ambos a Bayona. No obstante, esto no fue más que una estrategia para conseguir la abdicación de ambos en su persona, tras lo cuál entregó el trono a su hermano José Bonaparte, que reinó con el nombre de José I (aunque fue popularmente conocido como Pepe Botella, por una supuesta afición a las bebidas alcohólicas).
Paralelamente a lo que ocurría en Bayona, y ante las confusas noticias de que Napoleón mantenía secuestrada a la famila real, el 2 de mayo de 1808 va a comenzar en Madrid un alzamiento popular contra la ocupación francesa. La sublevación fracasó y va a ser duramente reprimida por el general Murat, pero los ecos de la revuelta llegaron a todos los rincones de la península, desembocando en un levantamiento generalizado. La guerra de independencia había comenzado.
A partir de este momento vamos a asistir a dos procesos paralelos: por un lado, el conflicto militar contra la ocupación francesa; por otro, la ausencia del monarca legítimo para buena parte del país (Fernando VII) generó un vacío de poder que culminó en un proceso revolucionario que llevó a la primera Constitución de nuestra historia.
El inicio de la guerra dividió al país en varias corrientes políticas e ideológicas:
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De forma progresiva y ante el no reconocimiento de la soberanía de José I, se formaron Juntas de Armamento y Defensa en la mayor parte del país (Cataluña, Andalucía, Galicia ... ), viviéndose una encarnizada resistencia en numerosas ciudades como Girona o Zaragoza, en las que destacaron personajes como el general Palafox o Agustina de Aragón.
En julio de 1808, las tropas españolas comandadas por el general Castaños consiguieron una sorprendente victoria ante los franceses en la Batalla de Bailén (Jaén), en la que fue la primera derrota terrestre de las fuerzas napoleónicas en Europa, teniendo José I que abandonar Madrid y refugiarse en Vitoria. A finales de año, las Juntas acabaron coordinándose para formar la Junta Central Suprema, presidida por el Conde de Floridablanca.
La derrota del general Dupont en Bailén provocó la llegada del mismo Napoleón al frente de la Grand Armée, que conseguirá controlar la mayor parte de la península. La Junta Central se vio obligada a trasladarse a Cádiz, única ciudad que resistió el embite francés gracias a la ayuda marítima de Gran Bretaña. Antes las derrotas del ejército español, la resistencia se organizó en guerrillas, grupos de civiles armados que aprovechaban su conocimiento del terreno para emboscar y asaltar a los franceses por sorpresa, consiguiendo mantener a raya al enemigo. Podemos destacar a algunos de sus líderes como el cura Merino, Francisco Espoz y Mina o Juan Martín "el Empecinado".
A partir de 1812, la Campaña de Napoleón en Rusia supuso la retirada de importantes contingentes militares de la península, lo que aprovecharon los milicianos españoles para contraatacar, con el apoyo de las tropas portuguesas e inglesas al mando de Sir Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington. Los franceses fueron derrotados en repetidas ocasiones como en Arapiles y Vitoria, lo que obligó a Napoleón a firmar la paz a través del Tratado de Valençay en 1813, que permitía el retorno de Fernando VII, el Deseado.
Las consecuencias del conflicto fueron muchas y muy variadas. Los afrancesados se vieron obligados a exiliarse y España se convirtió en una potencia de segundo orden. Las víctimas humanas sobrepasaron las 300.000 entre civiles y militares y se destruyeron numerosas infraestructuras, además de un decrecimiento de la producción agrícola. Los horrores de la guerra han quedado inmortalizados por el genio de Francisco de Goya, a través de dos de sus obras cumbre, La carga de los mamelucos y Los fusilamientos del 3 de mayo, o la serie de grabados Los desastres de la guerra que ha acabado por convertirse en una denuncia de todas las guerras, sin distinguir bandos ni razones.
Por último, no podemos olvidar que durante la guerra comenzaró el proceso de independencia de las colonias americanas, debido al ejemplo estadounidense, la extensión de ideas ilustradas y liberales y la pérdida de relación con la metrópoli a partir 5. La Guerra de Independencia y la Constitución 1812 3/8Profesor: Diego Torreblanca IES Los Montecillos 17/18 de la destrucción de la flota española en Trafalgar. La independencia se completaría entre 1817 y 1824, ya durante el reinado de Fernando VII, quedando bajo control español únicamente las Antillas y Filipinas.
José I, que ya había sido rey de Nápoles, ofreció a los españoles un programa de reformas y dotó al Estado de una nueva ley fundamental: el Estatuto de Bayona, una Carta Otorgada que promulgaba la igualdad jurídica de todos los ciudadanos, la eliminación de los señoríos o la desamortización eclesiástica, aunque no establecía la división de poderes y el estado seguía siendo confesional. Estas reformas estuvieron apoyadas por muchos intelectuales como Blanco White o Fernández de Moratín (los ya mencionados afrancesados), que vieron en ellas la oportunidad de acabar con los abusos del Antiguo Régimen, aunque la inmensa mayoría de las reformas no llegaron a aplicarse a causa de la guerra. La opinión pública mayoritaria siempre consideró a los afrancesados unos traidores, y la mayoría de ellos tuvieron que exiliarse tras finalizar la guerra.
En 1810, la Junta Central Suprema decisió disolverse, nombrando un Consejo de Regencia con el encargo de convocar las Cortes y consultar al país por las reformas que debían llevarse a cabo. La guerra dificultó considerablemente la convocatoria y la elección de diputados de las provincias ocupadas, por lo que en muchas ocasiones se eligieron sustitutos entre los residentes en Cádiz. Finalmente, alrededor de 300 diputados abrieron la primera sesión de Cortes el 24 de septiembre de 1810 en la Iglesia de San Felipe Neri, pudiendo destacar las siguientes tendencias ideológicas entre ellos:
El primer manifiesto de las Cortes fue el nombramiento de Fernando VII como rey, aunque rechazaba la monarquía absoluta y el origen divino del poder. Le siguieron la abolición del Régimen Señorial y la Inquisición, o las libertades económica y de prensa, pero sin lugar a dudas la principal obra de las Cortes de Cádiz fue sin duda la Constitución firmada y aprobada el día de San José (19 de marzo) de 1812, motivo por el que recibió el sobrenombre de "La Pepa". El texto estuvo integrado por 10 títulos y un total de 384 artículos.
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