Documento sobre Por qué unos países se desarrollan mientras otros permanecen en la pobreza. El Pdf, de nivel universitario y materia Economía, analiza el divario economico tra paesi, introduciendo la economía clínica y factores históricos, geográficos y geopolíticos.
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Hemos visto que el crecimiento económico moderno se difundió por todo el mundo a lo largo de los últimos doscientos cincuenta años. La Revolución Industrial comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII. A mediados del siglo XIX, sólo un puñado de países habían alcanzado el umbral de los 2.000 dólares per cápita (calculados a precios de 1900, PPA). Todavía en 1940, este umbral sólo había sido alcanzado por Estados Unidos, Canadá, Europa, la Unión Soviética, Australia, Nueva Zelanda, Japón y el cono sur de Latinoamérica (Argentina, Chile y Uruguay), lo que dejaba fuera a la mayor parte del mundo.
Hemos comenzado a ver por qué el crecimiento económico surgió en unos lugares antes que en otros, mientras que en algunos está todavía por arrancar prácticamente. Hemos observado que en Europa la industrialización avanzó de noroeste (Gran Bretaña) a sureste (Balcanes), y que lo hizo a lo largo del siglo XIX y principios del xx. El año en que cada país llega al umbral de 2.000 dólares per cápita se explica perfectamente en función de su proximidad respecto a Gran Bretaña: cuanto más cerca, antes se alcanza el umbral (McCord y Sachs, 2013, 14).En consecuencia, Holanda fue el primer país de la Europa continental en alcanzarlo, y los Estados balcánicos los últimos (no ocurrió hasta el siglo xx).
También hemos apuntado algunas de las razones por las que la industrialización llegó más o menos temprano a distintas partes del mundo (McCord y Sachs, 2013). Uno de estos factores es la zona climática: el desarrollo llegó antes en general a las regiones templadas, como el cono sur de Latinoamérica. También llegó antes a los países costeros, mientras que por regla general tardó mucho más en llegar a los países sin acceso al mar (como Afganistán, Bolivia y Mongolia). La geopolítica era otro factor. La dominación de potencias europeas o asiáticas frenó el proceso de industrialización de diversos países africanos (como Ghana y Kenia) y asiáticos (como la India, en el sur, Malasia, en el sureste, y Corea, en el noreste). Otro factor eran las enfermedades. En la medida en que el desarrollo depende de la existencia de una población sana y bien instruida, no es extraño que las regiones más azotadas por las enfermedades se quedenatrás. En Estados Unidos, el sur -aquejado por parásitos intestinales, malaria y fiebre amarilla- se encontraba en desventaja frente al norte, mucho menos azotado por las enfermedades.
Es importante subrayar tres ideas en este punto. En primer lugar, el crecimiento económico moderno fue un proceso de difusión que comenzó una pequeña parte del mundo (Gran Bretaña) para después difundirse gradualmente por todo el planeta. En segundo lugar, los patrones de difusión resultan reconocibles. No son ningún misterio. En tercer lugar, a lo largo de los últimos docientos cincuenta años han entrado en juego muchos factores, y la importancia relativa de cada uno varía constantemente, sobre todo a medida que evoluciona la tecnología. En el pasado, la malaria fue una poderosa barrera al desarrollo en África. Gracias a los recientes avances en la tecnología para el tratamiento de la malaria, estamos cada vez más cerca de poder dar por eliminada esta barrera, por primera vez en la historia.
Parece existir una preferencia injustificada por las explicaciones simples de dinámicas económicas complejas. En muchos lugares se puede leer que el crecimiento económico depende de la «libertad económica», o de las «instituciones inclusivas», o del «control de la corrupción». No cabe duda de que todos esos factores tienen su influencia, pero en muchos momentos y lugares de la historia no son los únicos que influyen, ni siquiera los que influyen más. Ninguno de estos factores tomado por separado es capaz de explicar los patrones geográficos y cronológicos que ha seguido el desarrollo, y tampoco nos ayudan a predecir el desarrollo futuro.
El problema es que en un proceso complejo como la transformación económica hay muchas cosas que pueden ir mal. Debemos pensar en la complejidad del sistema económico global como si fuera la complejidad del cuerpo humano. Por más que en el pasado los médicos y líderes espirituales echaran la culpa de las enfermedades a un solo factor (el castigo divino) o a un conjunto de factores (los desequilibrios de los humores corporales), ninguna de esas explicaciones lograba captar la complejidad de la patofisiología. En un sistema complejo como el organismo humano hay literalmente miles, incluso decenas de miles de cosas que pueden ir mal. Una enfermedad tan terrible como la anemia falciforme, que en tiempos premodernos equivalía a una sentencia de muerte, ha sido científicamente explicada a partir del cambio de un único nucleótido en un gen específico de un cromosoma: un cambio entre 1.000 millones de pares de bases en el genoma humano. Los polimorfismos de nucleótido simple, nombre técnico de estaafección, están en el origen de muchas enfermedades. Otras en cambio son el resultado de factores ambientales, de patógenos como infecciones virales o bacterianas, de traumatismos, hábitos no saludables, entre muchos otros factores posibles.
El arte de la moderna medicina clínica ha dejado atrás tanto las causas únicas para las enfermedades («has pecado») como las prescripciones únicas («toma dos aspirinas y llámame mañana por la mañana») o las derivaciones únicas («ve a urgencias»). Se espera que el médico moderno sea capaz de diagnosticar las causas específicas de la enfermedad del paciente, y ofrezca una prescripción específica adecuada para sus condiciones y necesidades. El economista moderno debería hacer lo mismo en su diagnóstico de la pobreza persistente. En lugar de ofrecer un diagnóstico único («controle la corrupción»), una prescripción única («recorte el gasto gubernamental») y una derivación única (vaya al Fondo Monetario Internacional para recibir tratamiento), el buen especialista en desarrollo debería ofrecer un diagnóstico preciso y eficaz, adaptado a las condiciones, la historia, la geografía, la cultura y la estructura económica del país en cuestión.
En mi propio trabajo como economista, he tenido la fortuna de aprender a pensar en la necesidad de dar diagnósticos y prescripciones precisos a partir del ejemplo de una magnífica especialista médica. Dicha especialista no es otra que mi esposa Sonia, que es pediatra clínica. Cuando mi esposa ve a un bebé con fiebre, no piensa inmediatamente que ya sabe cuál es el problema y que todas las fiebres tienen la misma causa. Su formación, conocimientos y experiencia la informan de que una fiebre puede tener mil causas distintas. Para tratar a su paciente de forma eficaz, debe empezar por diagnosticar la causa concreta de la enfermedad de este paciente en particular. Comienza por hacer preguntas. Su primera pregunta, en general, es si el bebé tiene el cuello rígido. En tal caso existiría la posibilidad de que tuviera meningitis, una enfermedad infrecuente pero potencialmente mortal. Si la madre responde que sí, la siguiente frase de mi esposa es: «Vayamos a la sala de urgencias». Lo más probable, por supuesto, es que no se trate de meningitis cerebral. La lista de preguntas prosigue, con el fin de esclarecer si la enfermedad es viral, bacteriana, ambiental (p.ej., intoxicación) o algo totalmente distinto.
Los médicos dan el nombre de «diagnosis diferencial» al proceso de aislamiento de la causa concreta de una enfermedad. He llegado a la conclusión de que en el campo del desarrollo eco- nómico, y más en general en el del desarrollo sostenible, tambiénnecesitamos un enfoque clínico basado en la diagnosis diferencial. En mi libro El fin de la pobreza (Debate, Barcelona, 2005). daba a este enfoque el nombre de «economía clínica», y decía que la tarea de un buen economista clínico consiste en realizar un buen diagnóstico diferencial de cada caso, del mismo modo que el buen médico realiza diagnósticos de pacientes concretos (Sachs, 2005, cap. 4). Los médicos como mi esposa aplican un cuestionario sistemático que incluye una serie de preguntas clave en relación con diferentes causas potenciales de una enferme- dad, formuladas en un orden determinado (primero descartar la meningitis, en caso contrario derivar a la sala de urgencias). Luego examinan las pruebas realizadas y los resultados de laboratorio; realizan entrevistas; tratan de comprender lo que está ocurriendo a partir de lo que les dicen los padres y el propio niño; y finalmente, sobre la base de un amplio abanico de informaciones y resultados, emiten un diagnóstico y un plan de tratamiento. Dicho tratamiento puede evolucionar de acuerdo con el plan previsto o bien puede demostrarse ineficaz, en cuyo caso se inicia un nuevo proceso de diagnóstico. (Los fans de la serie televisiva House, una de mis preferidas, estarán familiarizados con todo el proceso).
Los especialistas en desarrollo sostenible también deben practicar el diagnóstico diferencial. En El final de la pobreza desarrollé un cuestionario de este tipo para una «enfermedad» particular que sigue muy presente en el siglo XXI: la pobreza extrema. Mi razona- miento partía de reconocer que si bien la mayor parte del mundo ha escapado ya a la pobreza extrema, cerca de 1.000 millones de personas siguen atrapadas en ella. Estas personas se encuentran altamente concentradas en África tropical y Asia meridional, aunque hay bolsas de pobreza extrema en lugares tan diversos del mundo como Haití, Afganistán y Laos. En el libro proponía un cuestionario de diagnóstico dividido en siete grandes categorías y muchas más subcategorías (Sachs, 2005, 54). Veamos cuáles son los siete apartados principales del cuestionario de la pobreza.
En primer lugar, la situación básica es lo que llamaría la «trampa de pobreza», que se da cuando el país es demasiado pobre para realizar las inversiones básicas necesarias para escapar de las privaciones materiales extremas y comenzar a ascender por la escalera del crecimiento económico.
En segundo lugar, la pobreza podría ser el resultado de malas políticas económicas, como por ejemplo elegir una estrategia de inversión inadecuada, cerrar las fronteras al