Documento de Profesora Lidia Martín Lobato sobre La Edad Media en la Península Ibérica. El Pdf explora la historia medieval, cubriendo la conquista musulmana, la Reconquista cristiana y la evolución política de los reinos. Este documento de Historia de nivel universitario detalla la organización política y administrativa, como la Curia Regia y las Cortes.
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Como la monarquía visigoda era electiva, para evitar las complicaciones que llevaba la elección de un nuevo rey, con el apoyo de la Iglesia, tendieron a hacer hereditaria la corona asociando al trono a su hijo o heredero. El último rey visigodo Witiza murió repentinamente en 710 sin haber asociado a nadie al trono. El clan familiar eligió para sucederle a Akhila, pero la mayor parte de la nobleza, descontenta por no haber contado con ella, proclamó como nuevo rey al conde Rodrigo. Para combatirle, los witizanos pidieron ayuda a los musulmanes, recién establecidos en la antigua Mauritania y que estaban en plena expansión.
Musa ben Nusayr, gobernador musulmán (walí) de Ifriqiya, atendiendo a los requerimientos witizanos envió, el mismo año 710, una primera expedición de tanteo integrada por cuatrocientos hombres y comandada por Tarif que desembarcó en el lugar que luego llevaría su nombre (Tarifa), donde sin ningún tipo de oposición o enfrentamiento consiguió un abundante botín.
Al año siguiente, según todos los indicios después de que Musa hubiera firmado un acuerdo con los witizanos en virtud del cual éstos renunciaban al trono a cambio de que se les respetasen sus propiedades, el walí de Ifriqiya envió a la Península a Tariq, uno de sus subordinados que, con 7000 soldados de origen beréber, desembarcó en el peñón de Calpe en abril de 711 (Calpe será rebautizada más tarde como la montaña de Tariq, Yebel Tariq, Gibraltar). El rey Rodrigo acudió a marchas forzadas a repeler la invasión; Tariq, temeroso de la presencia del rey, pidió refuerzos y Musa le envió otros 5000 beréberes.
En julio comenzaron los enfrentamientos entre el ejército visigodo y el musulmán junto al río Guadalete. En el transcurso de la lucha, los witizanos dirigidos por los hijos y familiares de Witiza, entre ellos Oppas, arzobispo de Sevilla, abandonaron el campo de batalla. Hacia el 26 de julio, después de la muerte del rey (su cadáver nunca apareció) las tropas visigodas emprendieron la retirada.
Tariq persiguió a los restos del ejército visigodo para impedir se reorganización. Un nuevo enfrentamiento y una nueva victoria musulmana tuvo lugar en Écija (Sevilla) donde los judíos, tan duramente perseguidos por los visigodos, celebraron la derrota del ejército real y apoyaron masivamente a los musulmanes a quienes veían como libertadores; poco después Tariq cercó Córdoba y siguió hasta Toledo, abandonada por las tropas rodriguistas. En noviembre la capital del reino visigodo era ocupada.
En mayo de 712 Musa desembarcó en Isla Verde (Algeciras). Le acompañaba un ejército de 18000 árabes ya que no quería dejar la conquista en manos de los beréberes. PROFESORA LIDIA MARTÍN LOBATO 1BLOQUE 2 HISTORIA DE ESPAÑA El walí decidió consolidar el dominio musulmán sobre la Bética. En la primavera de 714 los musulmanes reemprendieron la conquista. Otro de los generales de Musa pactó una capitulación con el conde Casio (familia Banu Qasi tras su conversión), rodriguista que gobernaba Borja y Tarazona (ambas en la actual provincia de Zaragoza).
Conquistada Zaragoza, Musa envió una expedición hacia la Narbonense y sometería Galicia; abandonó la Península para dirigirse a Damasco, dejando al cargo a su hijo Abd al- Aziz.
Sorprende la fácil conquista de un territorio que a los romanos los había llevado casi doscientos años. Los principales motivos son:
Se fijó la capital en Córdoba. Una derrota de un walí a manos de los francos animó a los cristianos a enfrentarse a los musulmanes en la llamada batalla de Covadonga (722), comienzo oficial de la Reconquista para los cristianos y fecha indiferente para los musulmanes. En 732 un walí organizó una expedición contra los francos, pero fue derrotado y muerto en la batalla de Poitiers por Carlos Martel. Esta derrota marcó el punto de inflexión del expansionismo musulmán al norte de los Pirineos.
Los enfrentamientos entre sirios y yemenies llevaron al asesinato de la familia califal omeya y su sustitución por los abasidas. En al-Ándalus esta situación fue aprovechada por los árabes para unirse y nombrar un nuevo walí (Yusuf al-Fihri) sin permiso del califa ni del gobernador árabe del norte de África. Puede considerarse el primer gobernante musulmán independiente de al-Ándalus.
PROFESORA LIDIA MARTÍN LOBATO 2BLOQUE 2 HISTORIA DE ESPAÑA
El único superviviente de la familia califal omeya, Abd al-Rahman, se dirigió a al- Ándalus donde con la ayuda de yemeníes y beréberes se autoproclamó emir, príncipe. Formó un ejército de mercenarios para poder mantenerlo aumentó la presión fiscal sobre los mozárabes y se incautó de las propiedades de los príncipes muladíes. Las continuas sublevaciones contra su gobierno favorecieron al reino de Asturias y a los valles pirenaicos que bajo protección franca gozaron de una autonomía cercana a la independencia.
Abd al-Rahman I (756-788) dividió al-Ándalus en 22 provincias o coras coincidentes en parte con las antiguas diócesis visigodas. Cada cora estaba sometida a la autoridad de un wali auxiliado por un jefe de las tropas o caíd (alcaide). Fijó también los límites de las tres marcas fronterizas o distritos militares que durante años separarían los territorios de al- Ándalus de los reinos cristianos: la Marca Superior (capital Zaragoza, después Medinaceli), Marca Media (capital Toledo), Marca Inferior (capital Mérida). Fue el que inició la construcción de la mezquita de Córdoba y, elevó los impuestos a los mozárabes, les permitió en asuntos civiles y religiosos que se rigieran por sus propias leyes, jueces y obispos.
Abd al-Rahman II (822-852) reformó la administración y el gobierno. Delegó los asuntos diarios del gobierno en el diwan (consejo) al frente del cual estaba el primer ministro o hachib; el diwán estaba dividido en dos sectores: uno, la Chancillería era la encargada de la política general; el otro, el Tesoro, administraba el dinero del Emirato; al frente de cada uno de ellos estaba un visir. En la administración inferior nombró delegados suyos en cada ciudad, auxiliado por un jefe de policía y un inspector de tiendas y mercados. Había también un juez que debía seguir los dictados del cadí de Córdoba. Para formar parte del aparato administrativo era necesario ser musulmán.
Un acontecimiento que ensombreció y superó su reinado fue la sublevación de los mozárabes. Los motivos parece que fueron la pérdida de influencia de los mozárabes en la administración, los tributos más elevados que recaían sobre ellos, la lenta islamización de la sociedad mozárabe como consecuencia de la superioridad cultural y la nunca lograda fusión entre muladíes y demás población hispanogoda con la de origen musulmán. Al último emir, Abd Allah, le sucedió su nieto, Abd al-Rahman III.
Abd al-Rahman III (929-961) inició su reinado restableciendo la libertad religiosa. Para disponer de fondos recurrió a activar la economía más que a aumentar los impuestos. En 929, poco después de la toma de Bobastro, Abd al-Rahman III se proclamó califa (sucesor del enviado de Alá). Se convirtió en el árbitro de la política peninsular (intervino en la guerra civil leonesa iniciada tras el fallecimiento de Ramiro II e incluso Ordoño III llegó a declararse tributario suyo). Durante el califato de Abd al-Rahman III, al-Ándalus era la nación más rica y poderosa de Occidente y Córdoba rivalizaba en lujo y grandeza con Bizancio y Bagdad. Estableció relaciones oficiales con el emperador bizantino Constantino PROFESORA LIDIA MARTÍN LOBATO 3BLOQUE 2 HISTORIA DE ESPAÑA VII y con el germánico Otón I. Su reinado se identifica con uno de los momentos de mayor esplendor, en lo científico y artístico, del islam español.
Le sucedió Al-Hakam II (961-976) con el que el califato alcanzó su máximo esplendor, manteniendo contenidos a los cristianos del norte y protegiendo el arte y la cultura. Con Hisham II (976-1003) llegó al poder Almanzor (el victorioso por Alá) que neutralizó el poder del califa, así como el de los principales dirigentes. Sustituyó los antiguos cuerpos de ejército de origen tribal por otros nuevos en los que mezclaron árabes, beréberes y mercenarios.
Para poder pagar ese enorme ejército y mantenerse en el poder a Almanzor recurrió a las aceifas; emprendió más de cincuenta expediciones contra territorios cristianos, casi siempre en busca de botín y rara vez para ocupar nuevos territorios. En el norte de África apoyó a los beréberes, reafirmando así la dependencia de Marruecos al califato Omeya de Córdoba.
Tras la muerte de Almanzor (1002) sus hijos, los amiríes le sucedieron en el gobierno real. Pero una serie de acontecimientos y la abdicación de Hisham II provocaron una época de inestabilidad en que cada bando elegía a su propio califa con ayuda de los gobernantes cristianos. Finalmente, una junta de notables expulsó de Córdoba al Hisham III, el último califa Omeya en 1031.
Tras la deposición del califa Hisham III en 1031, cada gobernador se consideró hachib en su territorio y el nacimiento de 26 nuevos reinos, los llamados reinos de taifas. Las 26 taifas iniciales pueden agruparse según los tres grupos étnicos dominantes en aquel momento: andalusíes, eslavos y bereberes. En ellas se produjeron los mismos problemas y tensiones que en el al-Andalus califal: enfrentamientos étnicos y predominio del militarismo. Todos ansiaban imponerse sobre los demás o defenderse de ellos, pero, como individualmente ninguno tenía la fuerza suficiente, recurrieron a la ayuda de los reinos cristianos, quienes prestarían ayuda a cambio de parias (compensaciones económicas).
De las continuas guerras entre los reinos de taifas emergieron dos predominantes: Zaragoza y Sevilla; al-Mutadid, rey de este último, logró dominar la práctica totalidad del territorio comprendido entre el Tajo y el Guadalquivir, pero no logró evitar la caída de Toledo en poder de Alfonso VI (1085), hecho de gran valor simbólico puesto que Toledo había sido la capital del reino visigodo y los reyes de Castilla y León se consideraban los legítimos sucesores del desaparecido reino. Después de la conquista de Toledo casi todos los reinos musulmanes fueron sometidos al pago de fuertes parias por el rey de Castilla.
Después de la conquista de Toledo (1086), presionados por los alfaquíes y agobiados por los cada día mayores parias exigidas por los cristianos, los reyes de Sevilla, Badajoz y Zaragoza llamaron en su auxilio a los almorávides, nuevo imperio norteafricano PROFESORA LIDIA MARTÍN LOBATO 4