Ortega y Gasset y la filosofía del exilio español: un análisis completo

Documento de Universidad sobre Ortega y Gasset y la filosofía del exilio español. El Pdf explora la figura de José Ortega y Gasset, su filosofía de la vida, historia y conocimiento, y el destino del Orteguismo desde la Escuela de Madrid hasta la diáspora filosófica post-Guerra Civil, con un enfoque en filósofos como José Gaos y María Zambrano, para la materia de Filosofía.

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36 páginas

Tema 74:
Ortega y Gasset y la filosofía del exilio español
Introducción
1. José Ortega y Gasset
1.1. Vida y proyecto
1.2. La filosofía de Ortega
1.2.1. La filosofía de la vida
1.2.2. La filosofía de la historia
1.2.3. La teoría del conocimiento
1.2.4. La filosofía de la técnica
1.2.5. La filosofía de la sociedad
2. La filosofía del exilio español
2.1. Escuela de Madrid
2.2. Filósofos del exilio
Conclusión
Bibliografía y webgrafía
Guión-resumen
Cuestionario
Introducción
José Ortega y Gasset fue la personalidad determinante de la filosofía española en los
tiempos de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) y de la Segunda República
(1931-1939). La Guerra Civil de 1936-1939, y el posterior establecimiento de la España
nacional-católica del General Franco desde el final de la guerra hasta los tiempos de la
Transición, interrumpieron bruscamente y condenaron al ostracismo interior o al exilio
todos los desarrollos de esa filosofía oficial orteguiana, que no obstante se mantiene como
la expresión más genuina y original del pensamiento español del siglo XX.
En este tema vamos a exponer dos bloques temáticos. En primer lugar, presentamos
de manera general los principales aspectos de la filosofía de Ortega, que pasan por su
filosofía de la vida, de la historia, del conocimiento, de la técnica y de la sociedad. En
segundo lugar, comentamos brevemente el destino del Orteguismo desde la fundación de la
Escuela de Madrid hasta la diáspora filosófica que siguió a la Guerra Civil. De aquellos
filósofos del exilio rescataremos a José Gaos, María Zambrano, Juan David García Bacca y
Julián Marías.
ENLACE: Este tema puede ser estudiado de forma independiente, aunque conviene haber leído antes el tema
71 acerca de las filosofías de la existencia. En la primera parte puede darse más o menos importancia al
contexto socio-cultural del autor, pues Ortega fue especialmente sensible a dicho contexto. En la segunda
parte hay cierta libertad a la hora de incluir o eliminar algunos autores.

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Introducción a Ortega y Gasset y el exilio español

José Ortega y Gasset fue la personalidad determinante de la filosofía española en los tiempos de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) y de la Segunda República (1931-1939). La Guerra Civil de 1936-1939, y el posterior establecimiento de la España nacional-católica del General Franco desde el final de la guerra hasta los tiempos de la Transición, interrumpieron bruscamente y condenaron al ostracismo interior o al exilio todos los desarrollos de esa filosofía oficial orteguiana, que no obstante se mantiene como la expresión más genuina y original del pensamiento español del siglo XX.

En este tema vamos a exponer dos bloques temáticos. En primer lugar, presentamos de manera general los principales aspectos de la filosofía de Ortega, que pasan por su filosofía de la vida, de la historia, del conocimiento, de la técnica y de la sociedad. En segundo lugar, comentamos brevemente el destino del Orteguismo desde la fundación de la Escuela de Madrid hasta la diáspora filosófica que siguió a la Guerra Civil. De aquellos filósofos del exilio rescataremos a José Gaos, María Zambrano, Juan David García Bacca y Julián Marías.

ENLACE: Este tema puede ser estudiado de forma independiente, aunque conviene haber leído antes el tema 71 acerca de las filosofías de la existencia. En la primera parte puede darse más o menos importancia al contexto socio-cultural del autor, pues Ortega fue especialmente sensible a dicho contexto. En la segunda parte hay cierta libertad a la hora de incluir o eliminar algunos autores.

José Ortega y Gasset

Vida y proyecto de Ortega y Gasset

Vida. José Ortega y Gasset nació en el Madrid de 1883, en el seno de una distinguida familia de intelectuales, periodistas y políticos monárquicos y liberales. La experiencia del 98 y de su propio entorno, la Generación del 14, marcó su temprana vocación intelectual, si bien el joven Ortega fue más allá de la literatura y del pesimismo, buscando en la cultura filosófico-científica europea una solución al problema intelectual de España. Tras doctorarse en Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid con un trabajo sobre el milenarismo, en 1904, completó su formación filosófica en Alemania. En su viaje a Marburgo de 1907, tomó contacto con el idealismo crítico de Hermann Cohen y la Pedagogía social de Natorp. Su tercer viaje a Alemania de 1911 supuso su encuentro con el grupo de Nicolai Hartmann en Marburgo, que intentaba servirse del idealismo post- kantiano y de la fenomenología, para superar el racionalismo neokantiano.

Ejerció como catedrático de Metafísica de la Universidad Central de Madrid desde 1910 hasta el inicio de la Guerra Civil. En este período, compatibilizó la docencia y el desarrollo de su filosofía raciovitalista con una labor cotidiana como periodista en diarios de gran tirada, con la publicación de hasta ocho volúmenes de su revista El Espectador, y con la Revista de Occidente y su Editorial (1923-1936). En momentos especialmente críticos de la Restauración, llegó a liderar importantes intervenciones intelectuales, como la Liga de Educación Política (1914) o la Agrupación al Servicio de la República (1931).

La Guerra Civil, el exilio en Francia, Argentina y Portugal, donde finalmente fijó su residencia, y el fracaso de sus intentos de proyectar de alguna manera su trabajo intelectual en la España franquista, no pusieron fin a la obra de Ortega. En este período, desarrolló sobre todo su metafilosofía y su concepto de la razón vital en escritos como Apuntes sobre el pensamiento. Su teurgia y demiurgia, Origen y epílogo de la filosofía, La idea de principio en Leibniz; etc. Por otro lado, expuso su filosofía de la sociedad en trabajos como Concerning pacifism, Europa Meditatio quaedam, y sobre todo El hombre y la gente. Ortega murió en Madrid el 18 de octubre de 1955. Su muerte contribuyó a despertar la conciencia política de la primera generación intelectual de la Democracia, pero los profesores jóvenes de filosofía buscaban ya por entonces formas filosóficas más científicas y críticas, que aquél había dejado de lado, como la filosofía analítica y su discusión de los métodos lógicos y científicos, o el pensamiento crítico de tradición marxista.

Proyecto. La actividad filosófica, tal como la entendió y practicó Ortega, tiene un sentido práctico. "El sistema de las acciones está encajado, a su juicio, en el sistema de las ideas y por estas orientado". De hecho, la filosofía constituye la verdadera fuente de su actividad intelectual, por lo que en sus intervenciones intelectuales solía acompañar su escrito de interés práctico, con la publicación del libro de interés filosófico, que está detrás de aquellas arrojando luz. La hiperestesia intelectual de la España culta del período explica la proyección de su filosofía en las distintas manifestaciones del problema intelectual de España desde su vuelta de Alemania en 1912 hasta su silencio público en 1933. Es un error, sin embargo, confundir esta cuestión intelectual con su problema filosófico, es decir el establecimiento y la determinación de un nuevo principio filosófico y de su correspondiente modo de pensar. Dedicamos este punto a exponer el trasfondo de su cuestión intelectual, que no es otro sino la problemática relación entre la elite intelectual y las masas,

El primer proyecto intelectual de reforma, que emprendió Ortega al regresar de su último viaje a Alemania, fue la pedagogía social. Este liberalismo socialdemócrata aspiraba a dignificar el trabajo en todas sus formas, pero no era una afirmación obrerista de clase frente a la explotación burguesa. Pretendía liberar a los trabajadores mediante la educación y la cultura; El desarrollo de este proyecto suponía, ante todo, la constitución del núcleo intelectual de su generación, un grupo de prestigio, formado por catedráticos universitarios e intelectuales, capaces de ir haciendo "la ciencia del fenómeno España". Estos, en una labor a largo plazo, tenían que extender su influencia a una elite culta, que hiciera efectiva la reforma social. Ortega cifraba entonces el mal de España, como la Generación del 98, en la incompetencia, la inmoralidad y la incultura y creía que la labor de su generación debía consistir en la constitución de una elite ilustrada con las ideas de una nueva España. Este platonismo débil de Ortega, como ha escrito Zamora Bonilla, "no pretende que la masa deje de ejercer su función política, sino que, más bien, incita a la inteligencia a trabajar y a ejercer la suya". Y no descarta la intervención política de los intelectuales en momentos de agotamiento institucional.

La fe de Ortega en su pedagogía social parece quebrantada al inicio de los años veinte, al constatar la inexistencia de elites cultas. La expresión más notoria de su pesimismo ante la misión del intelectual es la serie de artículos Particularismo y acción directa, y Patología nacional, que había empezado a publicar El Sol en diciembre de 1920, y que la editorial Calpe publicó bajo el título España invertebrada (1922). En ese escrito atribuye el mal de España al particularismo, en el que cada grupo social deja de sentirse parte del todo y de compartir y de solidarizarse con los demás. Esta enfermedad no es sólo política, sino que descompone todo el cuerpo social: instituciones, clases, profesiones, asociaciones, etc. Los movimientos nacionalistas y regionalistas son vistos en este escrito como manifestaciones del particularismo.

En los años veinte, Ortega experimentó el dominio de las masas en los espacios públicos, la deserción de la elite intelectual y el triunfo de los movimientos de masas en el bolchevismo y en el fascismo. Pensó que el ascenso de las masas y su rebelión generalizada contra la excelencia era el fenómeno más significativo de las sociedades occidentales en el primer tercio del siglo XX. Ortega expuso esta convicción en una serie de artículos en El Sol, que se publicó bajo el título La rebelión de las masas (1930). El libro advertía a los europeos ante el peligro de que los movimientos de masas se apoderasen de los Estados europeos hegemónicos, estableciendo totalitarismos, a la vez que les proponía la idea de una Europa unida y de su construcción política.

Ortega parece servirse de una caracterización antropológica del tipo de hombre-masa y de una clarificación de lo que significa mandar y de sus exigencias, para poner de manifiesto la inconveniencia del dominio político de las masas. El hombre-masa es un tipo de vida social medio que carece de proyecto vital. Ajena a todo esfuerzo y exigencia, incapaz de crear nada, no sólo se abandona a la vulgaridad en gustos y opiniones, sino que la reivindica y se rebela contra todo lo superior y excelente. De aquí, la indocilidad moral e intelectual del hombre-masa, que le convierte en vida social refractaria a toda guía y educación. Su nivel de vida depende por completo del desarrollo tecnológico y de la organización social, que le aporta la sociedad en que vive. Este tipo de hombre medio, que es el producto del avance del liberalismo económico-político y de la industrialización, nace con derechos civiles y sociales reconocidos, en unas circunstancias económicas fáciles y seguras, sabiendo lo que es el comfort y el orden público. Y termina por creer que todo esto le pertenece y lo puede utilizar a su antojo; por lo que no acepta barreras para el desarrollo de su vida social, cuando menos no reconoce desigualdades sociales. Incapaz de comprender su situación y de razonar, cuando las circunstancias se vuelven desfavorables y crece su insatisfacción, el hombre-masa pasa a la acción directa, es violencia desatada.

Este potencial de violencia y de barbarie se convierte en un peligro real cuando las masas se apoderan del Estado y de la política. Porque el Estado contemporáneo es un mecanismo desalmado que, como el hombre-masa, vive de sustraer la creatividad de la sociedad, a la que sirve controlando las tendencias disociales al desorden. Y la política no es otra cosa que la actividad tendente al control del Estado y el ejercicio del mando. Si las masas se apoderan de la política y del Estado, dominará la sociedad una esterilidad parasitaria que terminará por agostar todas sus fuentes de creatividad y producción. La rebelión de las masas es un exponente de la oposición intelectual a los movimientos de masas, que se habían manifestado en el bolchevismo o en el fascismo, y cuya derrota está deseando anunciar.

El fin de la Guerra Civil, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el fracaso en el intento de reconstruir su posición intelectual en Argentina, hicieron tocar fondo su pesimismo ante el papel del intelectual. En su artículo El intelectual y el otro (1940), Ortega escribe "que el intelectual no existe ya socialmente, que es un paria y un malhechor". El atroz error del intelectual fue crear una cultura de ideas. La cultura son ideas de cosas, sentimientos, normas, empresas, dioses. Pero en el último siglo los intelectuales han hecho ideas de ideas, cuando imperan los dogmas de las masas. La masa, que es el otro del intelectual, convierte las ideas en dogmas.

En el momento de la reconstrucción de la cultura europea tras la Segunda Guerra Mundial, en El hombre y la gente, Ortega desarrolló su filosofía de la sociedad, con la que pretendía favorecer el avance de las ciencias del hombre y clarificar conceptos claves de las ciencias sociales. Aunque esta obra quedó entonces inédita, conviene resaltar aquí que en ella se habla de la gente, no de la masa. La gente es concebida como el sistema de usos sociales que regula el comportamiento social de los individuos. La gente somos todos y no es nadie en particular, no es nada personal. En esta obra, Ortega reitera su reconocimiento del papel social del intelectual, cuya función consiste en aclarar las ideas, en especial aquellas de que depende la convivencia social.

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