Documento de Universidad sobre el proceso de investigación educativa, la redacción de informes y la valoración de investigaciones. El Pdf explora conceptos de ciencia, conocimiento y método científico, además de las fases de investigación cuantitativa, incluyendo conclusiones y recomendaciones.
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El proceso de investigación educativa. La redacción de informes y la valoración de investigaciones (VV.AA.)
El ser humano siempre se ha preocupado por alcanzar la verdad, el conocimiento seguro y fiable, la ciencia como satisfacción intelectual de la tarea realizada. Ello es posible en la medida en que se logre una buena fundamentación epistemológica que de pleno sentido al conocimiento científico, como base y fundamento del programa y diseño curricular de la materia relacionada con los métodos de investigación en educación.
Comenzar por abordar un concepto de ciencia resulta cuanto menos aventurado. Pues el vocablo ciencia se emplea tanto para designar la actividad que realizan los científicos como para expresar los conocimientos generados por la misma. Una visión panorámica de las diferentes clasificaciones de las ciencias expuestas a lo largo de su proceso histórico nos serviría para comprender la dificultad que entraña el término, sus diversas acepciones y los diferentes usos en el devenirtemporal.
Según su origen etimológico el término ciencia procede de la palabra latina scientia, equivalente al vocablo de origen griego episteme, que significa conocimiento, doctrina, erudición o práctica. La definición clásica aristotélica nos habla de ciencia como el conocimiento cierto por sus causas. Sin embargo, a lo largo de la Historia los conceptos han ido evolucionando. Así en el mundo antiguo y medieval las ciencias se encontraban insertas en el ámbito de la Filosofía y, más concretamente, de la Metafísica. En la Edad Moderna alcanza su autonomía con aportaciones fundamentales en su desarrollo como las de Galileo, Kepler y Newton. Pero sobre todos ellos destaca la figura de René Descartes, con su obra El discurso del método.
De esta forma, el desarrollo de la ciencia clásica a lo largo del siglo XVIII se identifica con un gran esfuerzo por la búsqueda de una independencia metodológica, motivada por las influencias empiristas y positivistas. Estas originan una restricción del concepto de ciencia, reservándolo para las proposiciones que realmente sean contrastables. En esta época cabe reseñar las posturas de Hume (más radical en el reduccionismo) y Kant que plantea opciones más conciliadoras.
En el siglo XIX destaca la figura de Stuart Mill con su defensa dogmática del positivismo desde posiciones experimentalistas, incluso pretende que las leyes propias de las ciencias formales, lógica y matemática, sean tratadas como si dependiesen de la replicación de la experiencia. Ya en el siglo XX las posturas se van suavizando con autores neopositivistas como Bunge, que se vuelve a interrogar sobre los diferentes paradigmas metodológicos y su fiabilidad. En este sentido cobran fuerza las palabras de Kuhn (1984) al afirmar, desde un planteamiento sociológico, que la ciencia no es ajena al momento histórico en que se desarrolla y no es posible aislarla del marco político y social en que surge.
Bunge (1981) define la ciencia como un conocimiento de naturaleza especial, para añadir que debe inventar y arriesgar conjeturas que vayan más allá del conocimiento común, es decir, un sistema de ideas establecidas provisionalmente (conocimiento científico) y como una actividad productora de nuevas ideas (investigación científica). Para Kerlinger (1985) el objetivo fundamental de la ciencia debe ser el de generar teorías. Tejedor (1985), define la ciencia como el conjunto de actividades que el hombre ha ido desarrollando para alcanzar ese conocimiento. Mientras Dendaluce (1988), haciendo una síntesis de distintos autores, la caracteriza como un modo de conocimiento riguroso y metódico con el fin de descubrir leyes
en el objeto de su estudio y de expresar los conocimientos adquiridos sistemáticamente. Esto nos lleva a la conclusión de que la ciencia encuentra su justificación final en la producción de conocimientos. En este sentido, Sierra Bravo (1984), entiende por ciencia el conjunto organizado de conocimientos sobre la realidad, obtenidos mediante el método científico. La variedad y riqueza de las definiciones nos conduce a la postura de Hodgson (1984) cuando reconoce que la ciencia no puede definirse mediante una fórmula nítida y simple, pues constituye una aventura de la mente humana que desborda las definiciones de los filósofos.
Dentro del ámbito de controversias actualmente en vigor sobre esta problemática, desde la filosofía de la ciencia se cuestiona muy especialmente el positivismo. Popper desde su teoría del falsacionismo, con referencia a diferentes teorías científicas, se sitúa en un racionalismo formal en el progreso de las ciencias. Kuhn, a partir de una postura de línea histórico- sociológica, propone el concepto de paradigma o matriz disciplinar para explicar dicho progreso, de forma que el establecimiento de una ciencia normal, aceptada por la comunidad científica, se debe producir tras sucesivas etapas de crisis y revoluciones científicas. Lakatos a través del concepto programa de investigación considera las teorías científicas como las que comparten supuestos comunes, si bien, se pueden diferenciar en postulados secundarios. Feyerabend estima que la multiplicidad de teorías va en contra de todo dogmatismo, por tanto, son distintos modos de conocer la realidad sin prelación sobre otros posibles.
Así pues, hemos de reconocer que las teorías científicas excesivamente matematizadas no representan la realidad tal cuál es de modo directo, baste una aproximación a nuestro campo de estudio para constatar que un conocimiento preciso sobre la educación requiere la concurrencia de diversos puntos de vista y enfoques. Por ello, las diferentes ciencias sean o no de naturaleza experimental convergen en el estudio de la misma realidad, así pues es conveniente evitar posturas estrechas y unilaterales de las cosas, el científico debe ser abierto y comprender otros puntos de vista diferentes aportados por otras ciencias a la vez que reconoce sus propias limitaciones. En síntesis, la interdisciplinariedad contribuye a la unidad del saber, una de las metas destacadas del conocimiento científico.
Siguiendo los planteamientos de Hernández Pina (1993), así como las aportaciones de otros autores, los rasgos más característicos de la ciencia, serían los recogidos en el siguiente cuadro. A continuación ofrecemos un breve comentario sobre cada una de esas notas características.
DOCUMENTO Nº4- Innovación docente e introducción a la Investigación Educativa. 4