
su especial predilección por las tareas propias de la disciplina.
o La formulación de una sistemática se vio acuciada por el desbordante número de
ejemplares
procedentes de todo el mundo que atravesando las descripciones de Bauhin y Ray y el
método
de clasificación lógica de Cesalpino culminarían con la sistemática de Linné: ésta se
remontaba
a Aristóteles – aunque éste nunca la empleara – empleando las categorías de género y
especie en
función de los caracteres de los ejemplares.
o El método de clasificación se interpretaría como natural si reflejase la esencia de las
entidades en
cuestión, lo que se veía con escepticismo desde la influyente filosofía de Locke que sólo
estimaba la aproximación a una esencia nominal:
J. Ray recomendaría emplear varios caracteres comunes y vinculados al proceso de
reproducción, independientes del devenir circunstancial posterior de cada individuo, y
así su método calificado de natural era trabajoso pero cuidadosamente intuitivo.
J. P. de Tournefort contribuyó a precisar la noción de género, que se agrupaba a su vez
en clases, consolidando por su parte un método calificado de artificial pues atendía a
menos caracteres comunes pero facilitaba la necesidad de ordenar rápidamente tan vasto
y acuciante material.
o El punto culminante de la sistemática vino con Linné que introdujo una nomenclatura
binomial
en latín – género y especie – que contando con algún precedente, se impuso hasta hoy.
Para él, el fundamento de la botánica era la clasificación seguido de la nomenclatura, que
comenzó aplicando en las plantas a la característica esencial de la fructificación,
determinando como caracteres las partes de la flor y del fruto, cuya presencia o ausencia,
forma, número y situación permitió su clasificación exhaustiva.
Aunque admitía su posible mejora, estaba convencido de que su minuciosa observación
reflejaba la esencia de los especímenes: las clases y los órdenes podían ser combinación
de la naturaleza y del arte del clasificador, pero el género le resultaba realmente presente
en la naturaleza – determinando el carácter – así como la especie, inmutables desde la
Creación.
Linné denominó al suyo el sistema sexual, a partir del descubrimiento reciente de la
sexualidad de las plantas, constatada por Grew y Camerarius y negada por otros como
Tournefort, Réaumur o Wolff.
o La zoología iba por detrás por las dificultades de observación que le son intrínsecas.
A pesar de todo, Réaumur logró un trabajo fino, y Ray también, distinguiendo como
Aristóteles los animales por la presencia de sangre, y después por el tipo de respiración,
número de ventrículos, vivíparos u ovíparos.
Linné siguió esta tradición dividiendo en cuatro los animales con sangre roja
(mamíferos, aves, anfibios y peces) y dos con sangre blanca (insectos y gusanos), a su vez
dividida por otros criterios como el aparato masticatorio, el de los sentidos, los
tegumentos y los apéndices.
Linné concebía la existencia de un orden natural regido por el principio de economía: la
cadena alimentaria de predadores y presas se mantiene en equilibrio sin verse alterada
por la intervención humana.
A mediados del XVIII admitió la aparición de nuevas especies por hibridación, lo que le