2
conocimiento de Dios, la fe se encarga de ampliar tales límites, permitiéndonos conocer
más sobre Dios de lo que con la sola razón natural podríamos llegar a afirmar.
• Ahora bien, aunque la fe y la razón tengan contenidos independientes, también hay
ciertas verdades compartidas. Por tanto, no hay dos sino tres conocimientos posibles:
(1) los conocimientos a los que accedemos por nuestra sola razón, esto es, sin el recurso
a fuentes externas (como por ejemplo el conocimiento de la ley de la gravedad, del
teorema de Pitágoras, de las leyes de la lógica, etc.); (2) los conocimientos a los que solo
podemos acceder por la fe en el dogma revelado, no por nuestra razón (como por ejemplo
el misterio de la santísima trinidad o la inmaculada concepción); (3) los conocimientos a
los que podemos llegar tanto por razón como por fe, denominados por Santo Tomás como
“preámbulos de fe” (“preambula fidei”, como por ejemplo el conocimiento de la
existencia de Dios, pero también el conocimiento de la inmortalidad del alma o el
conocimiento de la ley natural o “ley moral”).
• ¿Cómo se relacionan, entonces, la fe y la razón? Para Santo Tomás, ambas son
necesarias en la búsqueda de la verdad, aunque no en el mismo sentido. Por un lado, la
razón ayuda a la fe en la elaboración de la teología (pues la razón clarifica las verdades
reveladas de tal modo que se tornen -hasta donde sea posible- comprensibles para
nosotros, pero también permite sistematizarlas, es decir, comprender su orden y su
jerarquía). Por otro lado, la fe ayuda a la razón actuando como un criterio extrínseco y
negativo. ¿Qué quiere decir esto? Que las verdades de fe permiten sancionar la invalidez
de ciertas conclusiones de razón, precisamente las (aparentemente) contrarias a las
verdades de fe (pues, cuando se produce un supuesto conflicto de verdades, siempre es la
verdad revelada la que prevalece, ya que Dios es infalible). Por ello, aunque se reconozca
una cierta autonomía a la razón con respecto a la fe, esta no es total, sino que hay, en el
fondo, una subordinación de la razón a la fe (al menos cuando la razón parece poder
demostrar algo contrario a una verdad revelada y admitida por fe).
• En este sentido, Santo Tomás no aceptará una doble verdad (una verdad para la razón,
de un lado, y otra verdad para la fe, de otro), sino que considerará que la verdad es una
y la misma. Por ello, como apuntábamos, no puede haber, en el fondo, discrepancia entre
ambas, ni conflicto real, sino que todo conflicto, en este sentido, es solo aparente, ya
que la verdad (de la razón) no puede contradecir a la verdad (de la revelación).
1 EL PROBLEMA DE DIOS:
1.1 Demostración de la existencia de Dios según San Anselmo (demostración “a priori”):
• Como ya sabemos, para Santo Tomás hay dos fuentes de conocimiento relativamente
independientes, la fe y la razón. Así, para el creyente no es ningún problema aceptar la
existencia de Dios, pues ya la acepta de suyo como una verdad de fe, a lo cual se niega
el ateo. Ahora bien, las verdades reveladas (entre las cuales se encuentra la proposición
“Dios existe”) fueron reveladas al ser humano por un motivo: su conocimiento era
necesario a los hombres, pues es condición necesaria, aunque no suficiente, para la
salvación. Por tanto, el conocimiento de esta verdad (entre otras) es algo que no solo