Documento de Universidad sobre la Épica Medieval, los Cantares de Gesta y el Cantar del Mio Cid. El Pdf explora la poesía épica medieval, sus orígenes y evolución en Castilla, analizando la estructura, personajes y estilo del Cantar del Mio Cid, útil para estudiantes de Literatura.
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Los últimos estudios proponen que la historia de nuestra literatura comienza por la poesía lírica. El descubrimiento de las jarchas a mediados del siglo XX trastornó la antigua creencia de considerar la poesía épica como la más antigua. De todos modos, es incuestionable que la poesía épica se sitúa en los umbrales de nuestra literatura.
La palabra épica viene del griego epiqué, que a su vez se forma de epós, que significa palabra o canto. Por su parte, gesta proviene del latín gero, hacer. En efecto, un poema épico, o, entre nosotros, cantar de gesta, es un canto narrativo de tipo tradicional en el que se narran las hazañas legendarias de un héroe para la creación de una unidad nacional. El conjunto de poemas épicos de un país forman su epopeya. Encontramos cuatro grandes grupos épicos: el oriental, con el Ramayana y el Mahabharata; el clásico, con la Ilíada y la Odisea; el germánico, sin textos conservados; y el románico, es decir, el francés y el español, ya sea primitivo y medieval o bien culto y renacentista.
Según Colin Smith, los elementos definitorios de la épica son los siguientes:
Europa era un continente apto para la formación del espíritu heroico. La sociedad medieval se encontraba muy sensibilizada ante las gestas y tenía interés de conocer las hazañas de los héroes. De este modo, la poesía épica venía a cubrir esa necesidad. Proporcionaba a la sociedad noticias, aunque éstas eran de años atrás, y se convirtió en una sustituta de la historiografía, que se escribía en latín, lo que llevaba al desconocimiento de la historia por parte del pueblo. La épica era la única manera de conocer los hechos del pasado Página 1 de 14y del presente y el modo de transmitir esos hechos a sus sucesores.
La épica nace muy apegada a la historia, pero no es historia. La épica, para nosotros, es literatura. Seguramente, en la época en la que se cantaba, no era literatura, sino información real, noticias. Eso plantea, desde hoy, la duda de que los cantares de gesta, deben ser tomados como obra literaria o como información o, incluso, si debemos juzgarlo como literatura dramática (ya que se explicaban mediante gestos, representaciones para amenizar la noticia). Es posible que se representaran y se cantaran a varias voces. Los hacían más atractivos para conseguir mayor éxito personal ante los ojos de su auditorio.
Los primeros testimonios de épica se vinculan a la lírica. La épica es la narración histórica en verso que trata los hechos de un héroe y cuya trama se puede resumir con la "persecución del amor a través del riesgo", definición de Boula. Este héroe normalmente es individual, pero siempre está muy fuertemente unido al contexto comunitario, a una colectividad determinada.
La figura juglaresca tiene una importancia decisiva en la épica. El juglar es una figura irrepetible, anclado en ese momento de difícil acceso a la comunicación. El juglar surge de una figura mixta, de características diversas: el mimo, pero también hay otra figura importante que empieza a desarrollarse en la Edad Media por ese deseo de la vuelta a la cultura clásica: el poeta cortesano. El juglar es la mezcla curiosa de estas dos figuras, que asimila los contenidos de letras, coplas ... y, a la vez, gesticula para informar a las gentes sencillas acerca de cosas que le interesan y desconocen.
El juglar busca técnicas nuevas para que disfruten los que lo van a escuchar y le van a dar de comer. Pero, para ser grato en los pueblos que visita emplea técnicas nuevas. Así, se va sustituyendo lo heroico por lo novelesco.
La función del juglar es, en principio, informativa, por el ansia de ser informado que tenía el pueblo. En segundo lugar, cumple una función de espectáculo, pues las diversiones serían escasas o nulas. Por eso, este espectáculo se llegó a convertir en un oficio, en una ocupación, llamado entonces el mester de juglaría. El mester de clerecía sería un oficio juglaresco de clérigos, de personas cultas. Ese aparente enfrentamiento entre clérigos cultos y goliardos, en realidad, no es tal, pues empleaban una misma técnica. Los juglares eran los que difundían las obras. A veces, también podían escribir las letras. Los menestrales eran los que componían la música.
Los temas son nacionales y extranjeros de dentro o fuera del país: el Cid, don Rodrigo, el ciclo carolingio, el ciclo bretón, en los que siempre vemos interconexiones.
La anonimia también adquiere importancia pues provoca las variantes ocasionales. También vemos una estereotipación de los personajes: siempre aparece un héroe, un traidor, la dama ... Incluso la trama se presenta estereotipada: el ascenso del héroe, su sufrimiento, la gloria (a veces viene acompañada por la muerte del héroe joven).
Página 2 de 14Alan Deyermond habla de dos tipos de épica: una épica popular, de carácter oral y dirigido a una colectividad de masas populares, también denominada épica heroica; y una épica culta, que deriva del modelo de la Eneida y tiene su apogeo en los siglos XVI y XVII.
La épica plantea el problema de los orígenes, que está en función de tres problemas: problemas de autoría (quién los compuso), la formación de los cantares (cómo fueron compuestos) y el lugar de origen de la épica (de dónde procede y cuál es la primera).
Encontramos diferentes teorías, las cuales, unidas, permiten explicar el origen de la épica:
Defiende también que hubo multitud de gestas perdidas por la condición de literatura oral y anónima. Ahora bien, nosotros sabemos que existieron estas gestas por los romances, que son las partes más emotivas de las gestas, lo que subyace en la memoria colectiva, el fragmento más expresivo. Ejemplo de ellos son las prosificaciones en crónicas posteriores, por ejemplo, la "Crónica de los veinte reyes", donde conservamos las dos primeras páginas del Cid. Tenemos testimonios en una nota emilianense, de mediados del siglo XI, descubierta por Dámaso Alonso en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, donde aparece un pequeño relato de la batalla de Roncesvalles, con los mismos personajes de la Chanson de Roland, cien años antes de que surja el poema.
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Vemos tres posturas sobre el problema de cómo fueron compuestos los cantares de gesta:
Los orígenes épicos son siempre muy discutibles. Hay quien dice que el origen de la épica castellana se debe a la francesa. Este origen francés es defendido por Gastón París y E. Hinojosa. Se basan en un dato cronológico: dicen que el primer cantar de gesta que conocemos es la Chanson de Roland. A partir del siglo XII, se dan una serie de influencias por el camino de Santiago, sobre todo, por la orden de los cluniacenses, que dominaban ideológica y económicamente. Encontramos tres rasgos que tienen un signo francés: las enumeraciones, el llanto literario, que no es espontáneo, sino estereotipado (llanto de Ginebra) y las oraciones, el rezo de forma narrativo-retórica (llanto acompañado del rezo de San Pedro de Cerdeña).
Menéndez Pidal señalaba la importancia de los cantos germánicos, que después pasan a la épica española, sobre todo, en los temas. Cita a Tácito y Jordanes, y dice que leyéndolos, según la costumbre de los bárbaros, cantaban cantares épicos antes de la batalla para animarse y se había conservado en la Península Ibérica. San Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías, dice que enseñaban las Carmina Maiorum (cánticos de origen germánico o nórdico).
Julián Rivera, al igual que Francisco Marcos Marín y Alvaro Galmés de Fuentes defienden un origen arábico-andaluz, porque afirman que hay en las crónicas árabes restos de leyendas épicas interpretadas como prosificaciones de la poesía épica andaluza de Página 4 de 14