Documento de Universidad sobre Módulo 5 - Desarrollo Cognitivo. El Pdf, de Psicología, explora el desarrollo cerebral infantil, teorías cognitivas y trastornos del espectro autista, incluyendo autoevaluación con soluciones.
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Durante la infancia, el cerebro se desarrolla más rápidamente que cualquier otra parte del cuerpo. Alrededor de los 5 años, ya debe haber alcanzado el 90 % de su peso adulto, aunque el peso corporal promedio del niño represente todavía un 30 % del peso adulto.
El aumento del tamaño cerebral se debe a un incremento comunicativo entre las zonas especializadas del cerebro, así como por el proceso de mielinización, que acelera y flexibiliza la transmisión de los impulsos neuronales entre ambos hemisferios cerebrales.
Todo este transcurso ayuda al desarrollo cognitivo que, a su vez, constituye la evolución de las aptitudes del infante. La duración de este procedimiento se extiende hasta el final de la infancia.
La visión tradicional del conocimiento tiende a restringir la capacidad cognitiva a aquellos procesos más elevados e inteligentes de la mente humana, tales como pensar, razonar o simbolizar, entre otros.
Una visión más contemporánea tiende a incluir dentro del conocimiento rasgos no exclusivamente intelectuales-cerebrales, como los movimientos motores organizados de los bebés, las sensaciones, la percepción, la memoria, la atención y todo el aprendizaje que ello supone.
Sin embargo, todas estas actividades, elevadas o simples, además de tener un carácter propiamente inteligente y humano, están entretejidas en un complejo funcionamiento cognitivo efectivo . Es decir, el conocimiento depende de cómo se percibe la realidad e influye en cómo se razona.
Dicha descripción hace que el conocimiento no se base en la inteligencia; sino más bien en un sistema complejo organizado, cuyos componentes interactúan entre sí, gracias a los cimientos que suponen los procesos cognitivos básicos que empiezan a desarrollarse en la primera infancia.
Asimismo, el recién nacido parece estar biologicamente dotado de aquellos instrumentos Página 1 de 18intelectuales necesarios para empezar a absorber y a entender el mundo con toda su complejidad.
De hecho, el infante es un procesador de información activo y de gran competencia. Como se ha visto en el anterior capítulo, a partir de sus primeros días de vida, ya es capaz de percibir sensaciones, estimularse y desarrollar preferencias tempranas según sus experiencias sensoriales.
Sin embargo, la interpretación y la conferencia de sentido ante los estímulos del entorno son procesos perceptivos y, por tanto, tambien se vinculan al crecimiento cognitivo.
La percepción supone el proceso por el cual se obtiene información de primera mano sobre el entorno. En otras palabras, es un proceso cognitivo activo, con el que cada individuo interactúa de forma selectiva en un campo variado de posibilidades perceptuales.
Dichas competencias perceptivo-cognitivas del bebé permiten su relación con el mundo. La conducta perceptiva está condicionada por su código genético y por la historia de los propios aprendizajes.
Siguiendo con el estudio de los Gibson, todos los objetos que el infante percibe tienen diferentes abordajes u oportunidades para interactuar con ellos.
De hecho, el pequeño no puede informar verbalmente sobre estas actividades, aunque la estimulación perceptiva puede dar lugar a respuestas conductuales y fisiológicas como la mirada, la succión, el volver la cabeza y el alcance.
Los abordajes dependen de las cualidades objetivas de los objetos, pero también de cómo las personas o los infantes los perciben subjetivamente. Es decir, la percepción varía en cada persona, por lo tanto, es subjetiva.
Esta depende del nivel de desarrollo del niño, de sus experiencias anteriores, de sus necesidades presentes y de la conciencia cognitiva sobre el uso que puede dar al objeto en cuestión.
Durante la primera infancia, la percepción también va madurando. Es decir, el proceso de detección, el discernimiento del entorno y los abordajes de los objetos percibidos, evolucionan a medida que los infantes adquieren experiencia e interactúan con ellos.
De hecho, durante el primer año, la habilidad perceptiva va evolucionando conforme el menor deduce las cualidades de los objetos con mayor rapidez y sensibilidad.
Un ejemplo de ello es el estudio de Karen Adolph, cuyo resultado demuestra que los infantes de 8 meses, sin saber sobre la inclinación de una rampa, siempre la bajan gateando, pese a caerse; los de 14 meses bajan con confianza las rampas suaves, pero si son más fuertes, ya se deslizan sentados.
Teniendo en cuenta la evolución perceptiva, es importante destacar el papel de los objetos Página 2 de 18que rodean al bebé. Él recibe estímulos de tamaños, formas, colores y texturas, pero, a diferencia del adulto, todavía no sabe advertir los elementos de forma unitaria.
Con el fin de que su percepción evolucione, es esencial la tarea de que el infante conozca la constancia de los objetos, ya que, según la perspectiva con la que se comprendan, pueden relacionarse con otras superficies o formas.
De hecho, durante el primer medio año de vida, el nino desarrolla una constancia perceptiva , es decir, la conciencia de que el tamaño y la forma de un objeto se mantienen, pese a mirarlo desde diferentes perspectivas o distancia.
Otro indicio que indica la presencia cognitiva y su evolución durante la primera infancia es la preferencia . Diversas investigaciones han permitido observar cómo el pequeño antepone la percepción de unos estímulos sobre otros.
Esta reacción ocurre, sobre todo, cuando se presenta por primera vez un estímulo nuevo, ante otro que el niño ya ha percibido o ante el cual ya ha desarrollado un proceso de habituación. Es decir, ha perdido su interés porque el estímulo se le ha presentado tantas veces que lo ha familiarizado e integrado.
En este sentido, destaca la preferencia de los infantes por aquellos objetos en movimiento. Este indicio significa un avance para que deduzcan los perfiles que delimitan a los elementos y para el desarrollo de sus habilidades cognitivas y sensoriales.
De hecho, que los niños tengan una percepción dinámica , les permite fijarse en el movimiento y en el cambio de los objetos. Esto supone una capacidad que puede serles útil dentro de un entorno o de un campo visual en el que los estímulos se mueven constantemente.
La preferencia en la infancia confirma que el sistema perceptivo del infante puede discriminar y seleccionar los estímulos ambientales, decidiendo cuáles son los más relevantes y dándoles prioridad por medio de la concentración de la actividad psíquica. Esto es gracias al sistema perceptivoatencional.
La atención es un proceso mental completo que permite seleccionar eficazmente los estímulos internos y externos para que lleguen simultáneamente al cerebro y, de esta manera, poder realizar una actividad motora o mental.
La atención, además, es una función cognitiva que implica varios circuitos en su evolución, siendo estos los que se detallan a continuación:
La atención está condicionada por una serie de factores ambientales e individuales, que son los siguientes:
Página 3 de 18Factores ambientales Factores individuales · Tamaño · Emoción · Organización · Interés · Contraste · Sugestión social · Potencia del estímulo · Pensamiento relacionado · Cambios que modifican la estabi- lidad y el movimiento Tabla 3. Factores ambientales e individuales que condicionan la atención. Fuente: Evimeria Editorial.
A lo largo de la etapa infantil, la atención ira mejorando en concentración y en estabilidad. Sin embargo, no adquirirá madurez hasta después de la infancia. Por este motivo, el niño debe aprender a focalizarla, adaptarla y dirigirla hacia los objetos, con la ayuda de actividades y juegos.
De hecho, la atención voluntaria comienza cuando el infante desarrolla la función planificadora y verbal. Con esta organiza previamente su atención con relación a las condiciones de ejecución de la actividad a realizar y expresa verbalmente hacia que se debe orientar.
Si los objetos o los elementos son esenciales para el desarrollo cognitivo, el espacio donde se encuentran también reviste importancia. Por este motivo, cuando el bebé desarrolla la habilidad para desplazarse por sí mismo, además de descubrir un mundo tridimensional, conoce aspectos del entorno espacial (a través de la percepción).
Los infantes afinan su percepción de la profundidad mediante el gateo, es decir, identifican el lugar de ciertos objetos en relación con otros. Esto les confiere mayor seguridad y alerta de peligro ante irregularidades.
La percepción temporal en la infancia es egocéntrica, ya que se centra en las necesidades básicas. Al año, la relación de causa-efecto le ayuda a ordenar las secuencias. No obstante, será el contacto social con el que el infante iniciará el uso progresivo de las formas temporales.
El infante dispone de una percepción intermodal para asociar o coordinar la información de una modalidad o sentido sensorial con la información conseguida por otro sentido.
Existen perspectivas teóricas contradictorias sobre si los infantes nacen con alguna habilidad perceptiva intermodal o estas aparecen gradualmente, tras meses de acción y experiencias sensoriomotoras.
Diversos experimentos muestran claramente que, a los 4 meses, los infantes son sensibles a la simultaneidad de los impactos que ven y escuchan, puesto que parecen enlazarse perceptivamente.
Página 4 de 18Por otro lado, también se han ejecutado estudios que muestran como la discriminación perceptiva del infante puede almacenarse y llegar a relacionarse con una percepción posterior.
De hecho, la integración cognitiva de la información percibida también realza una aptitud infantil: la percepción transmodal. Es decir, cuando el bebé utiliza la información recibida a partir de una modalidad sensorial, adquiere cierta comprensión de su aspecto y de su posible movimiento.
Consiguientemente, el infante puede generar una expectativa o imaginar la fisionomía de aquello que percibe a través de otra modalidad sensorial.
Como ya se ha explicado, una parte del conocimiento que adquiere el niño procede del desarrollo de sus habilidades perceptivas y, por tanto, de las sensaciones y experiencias que adquiere con sus sentidos.
En definitiva, la percepción ayuda a entender cómo empieza el camino del equipamiento inicial del procesamiento, que se necesita adquirir y cómo podría usarse para disponer de aquello necesario en el desarrollo.
Una vez que el bebé ya ha establecido y tiene el dominio de las habilidades perceptivas, este pasa a estructurar la información que ha percibido.
Diversos estudios han demostrado que el niño menor de 8 meses puede categorizar elementos, basándose en la información que percibe de ellos. Es decir, según la angularidad, la forma y la densidad de los objetos, el infante establece expectativas y puede diferenciarlos de otros.
Esto quiere decir que no percibe solamente la diferencia entre las formas, sino que aplica principios organizadores que le permiten desarrollar un concepto de lo que es o no, para incluirlo en una categoría concreta. Este proceso llena su mundo de significado. Un ejemplo es cuando el pequeño separa juguetes o piezas por su color.
De forma paralela, alrededor de los 8 meses, el infante es capaz de comprender la permanencia del objeto . Es decir, sabe que los elementos y las personas siguen existiendo, aunque no puedan verse. Esto es evidente para los adultos, pero no para el niño, que basa su realidad en lo que percibe.
Otro logro cognitivo es su aptitud para reconocer y asociar las causas de sucesos con los efectos que producen, que le atribuye la capacidad para anticiparse y actuar efectivamente en el mundo.
A medida que el bebe reconoce y adquiere habilidades perceptivas sobre objetos y sucesos específicos de su entorno, toman una mayor importancia la memoria y el significado, que son determinantes para los sesgos de procesamiento intrínsecos o para la necesidad de estimulación cortical.
Por tanto, la memoria es otro aspecto del desarrollo cognitivo presente durante la primera Página 5 de 18