Documento de Universidad sobre Descartes. El Pdf explora la filosofía moderna, el racionalismo y el empirismo, centrándose en el método cartesiano. El documento, de Filosofía, analiza los conceptos de evidencia, intuición y análisis en el pensamiento de Cartesio.
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Desde el punto de vista político, la Edad Moderna se caracteriza por la cristalización de las monarquías absolutas. Desde el punto de vista social, destaca el ascenso de la burguesía; ambos procesos se habían iniciado ya en la época del Renacimiento. La burguesía es la clase revolucionaria que, frente a una actitud contemplativa, impone la convicción de que la naturaleza puede ser manipulada y adaptada a las necesidades del hombre, mediante el trabajo; a los privilegios de cuna de la aristocracia tradicional, opone la idea de que éstos sólo se adquieren por el esfuerzo y el trabajo. Se siente la necesidad de una ordenación jurídica de la sociedad, que tenga por base la igualdad natural de todos los hombres. La cultura es marcadamente antropocéntrica. En cuanto a la religión, ésta deja de tener influencia en el ámbito social para ceñirse al marco de la conciencia. Son datos significativos de la mentalidad general de la época moderna: la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, de 1789; la declaración de la independencia de los EE.UU., en 1776;la revolución industrial de Inglaterra, hacia 1780.
Aunque los límites cronológicos de la llamada filosofía moderna no son precisos, ésta puede situarse en la época que abarca desde 1637, fecha de publicación del Discurso del método de Descartes, hasta Kant.
El primer período de la filosofía moderna es original y creador; está dominado por dos grandes corrientes de pensamiento: el racionalismo y el empirismo, cuyas áreas geográficas son Europa continental y las islas Británicas respectivamente. De todas formas, en Inglaterra se registra también una reacción contra el empirismo, representada por los platónicos de Cambridge y en Francia, una reacción desfavorable al racionalismo cartesiano, representada por Pascal.
A esta primera época de la filosofía moderna, sigue un segundo momento de asimilación y difusión: la Ilustración, que coincide con el decurso del siglo XVIII, y que se desarrolla principalmente en Francia, Alemania e Inglaterra.
Todo este período culmina con la obra de Kant, un sistema original, donde se combinan racionalismo y empirismo, y donde confluyen los intereses de toda la época moderna. Kant representa ya la superación de la modernidad.
Desde el punto de vista de la ciencia, se asiste a la obra de Newton (1642- 1727), que completa la imagen científica del mundo, iniciada en el Renacimiento.
Frente al enfoque ontológico de la filosofía anterior, la filosofía moderna hace del conocimiento el problema central de la filosofía. Claro que éste, el problema del conocimiento, no es el único; además, si interesa conocer las condiciones en que se desarrolla el conocimiento y la estructura del sujeto que conoce, no es sino con vistas a una aprehension más perfecta de la realidad. Por otro lado, los filósofos de la época moderna están muy influidos por el desarrollo triunfal de la ciencia moderna: Galileo, Bacon, Newton-, constituyen auténticos paradigmas.
Los filósofos racionalistas se caracterizan, en una primera aproximación, por su absoluta confianza en la razón humana. Por supuesto, esta característica no es exclusiva del racionalismo del XVII: en realidad, es la tendencia general de la filosofía occidental, desde sus orígenes. De cualquier forma la creencia en la razón alcanza uno de sus momentos cumbres en el llamado racionalismo moderno.
Para precisar el significado o la importancia otorgada por los racionalistas a la razón, hay que aludir a estos dos aspectos: el origen del conocimiento y el ideal del conocimiento.
El conocimiento tiene su origen en la razón. Los racionalistas identifican conocimiento científico con conocimiento racional, y afirman que la razón es la única fuente de conocimiento válido. La información que nos proporcionan los sentidos, es, en cambio, confusa y no puede llamarse propiamente conocimiento.
El ideal de conocimiento en el racionalismo es el de un sistema deductivo, análogo al modelo matemático, esto es, un sistema en el que, a partir de unas ideas o principios primeros, evidentes por sí mismos, se deducen las demás verdades.
Pues bien, el conocimiento tiene su origen en la razón, porque los primeros principios, a partir de los cuales se constituye todo el cuerpo del saber, no derivan de la experiencia o no son generalizaciones inductvas a partir de la experiencia, sino que son innatos a la razón. De esta forma, los racionalistas se adhieren a la teoría de las ideas innatas, si bien al hablar de ideas innatas no quieren decir que el hombre nazca ya con ellas, sino que la razón posee cierta predisposición natural a formarlas.
El conocimiento tiene, pues, su origen en la razón, y se constituye como un autodespliegue de ésta.
El ideal de conocimiento de los racionalistas está condicionado por el éxito de la ciencia. En efecto, impresionados por el éxito de la aplicación de la matemática a la ciencia física (Galileo), los filósofos racionalistas adoptan la matemática como modelo de saber, con la convicción de que sólo así puede la filosofía aumentar su conocimiento sobre la realidad y obtener de ésta un conocimiento seguro; además, comparten la posición de Galileo, según la cual la estructura de la realidad es de índole matemática. Todo esto explica la preocupación general de los racionalistas por el método, un método que Descartes y Spinoza figuran al estilo de los geometras.
Con la adopción del modelo matemático, los racionalistas lanzan un reto al escep-ticismo, registrado a finales del Renaciciento (Montaigne) en relación con la posibilidad de hacer de la metafísica un sistema coherente.
Por último, hay que decir que el núcleo central de la teoría del conocimiento de los racionalistas lo constituyen las ideas: el pensamiento no versa directamente sobre los objetos como en la filosofía anterior, sino sobre las ideas de éstos.
Un tema básico en los racionalistas es el de la sustancia; no hablan del ser sino de la sustancia.
El iniciador del racionalismo es Descartes; una línea, dependiente directamente de Descartes, es el ocasionalismo, cuyo máximo exponente es Malebranche; Pascal representa una reacción desfavorable al racionalismo de Descartes. Las otras dos figuras centrales del racionalismo son Spinoza y Leibniz.
Descartes nace en 1596, en La Haya de Turena. El episodio más importante de su vida es su estancia en el colegio jesuita de La Fléche (1604-1612), donde estudia humanidades clásicas, filosofía escolástica y matemáticas. Tal como relata en la primera parte de su Discurso del método, al finalizar sus estudios se siente decepcionado por la educación recibida y decide aprender en el "gran libro del mundo"; se alista en varios ejércitos y viaja por toda Europa, al mismo tiempo que profundiza en los estudios de matemáticas y física. Otro hecho destacable tiene lugar en 1619; en este año, Descartes tiene tres sueños que le incitan a dedicarse a la búsqueda de la verdad mediante el empleo de la razón, idea central de su método. En 1628 se instala en Holanda, época en que comienza su fecunda producción filosofía permanece en Holanda hasta 1649. La reina Cristina de Suecia solicita del filosofo ser instruida en su filosofía; Descartes se traslada a Estocolmo donde muere en 1650.
Sus obras más importantes son: Reglas para la dirección del espíritu, escrito probablemente en 1628 y publicado póstumo en 1701; Tratado del mundo, donde el autor mantiene la tesis de Copernico; se publica después de su muerte, en 1677; Discurso del método, publicado como prólogo a tres tratados fundamentales del Tratado del mundo, en 1637, año en que se cifra el comienzo de la filosofía moderna; Meditaciones de ; filosofía primera, con objeciones y respuestas, de 1641; Principios de filosofía, 1644; Las pasiones del alma, 1649.
"Desde mi niñez fui criado en el estudio de las letras, y como me aseguraban que por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar ingreso en el número de los hombres doctos, cambié por completo de opinión. Pues me embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había conseguido más provecho que el de descubrir, cada vez más, mi ignorancia. Y, sin embargo, estaba en una de las más famosas escuelas de Europa." (Discurso del método, 1, Ed. Austral, 12.a ed., Madrid, 1970, p. 31.)
-"Gustaba, sobre todo, de las matemáticas, por la certeza y evidencia que poseen sus razones: pero aún no advertía cuál era su verdadero uso ;... Nada diré de la filosofía, sino que al ver que ha sido cultivada por los más excelentes ingenios que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de disputa, y, por consiguiente, dudoso ... Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía, pensaba yo que sobre tan endebles cimientos no podía haberse edificado nada sólido." (lb., p. 33.)
El punto de partida de Descartes es su actitud crítica frente al saber escolástico de su tiempo, saber al que ha tenido acceso durante sus 3años de formación en el colegio de La Fleche. Sólo las matemáticas, debido a la claridad y evidencia de sus razones, le convencen. La filosofía, en cambio, se le presenta como un medio, no de alcanzar la verdad, sino de hablar con verosimilitud, capaz de convencer a los menos doctos; en la filosofía todo es objeto de disputas y dudoso. Y, como, según Descartes las restantes ciencias toman sus principios la filosofía, deben resultar, también ellas, forzosamente dudosas.
En efecto, Descartes mantiene la tesis del carácter unitario del saber; e! edificio del saber es un todo orgánico; la metafísica constituye los cimientos del mismo; es como los raíces de un árbol -según la analogía empleada por él mismo en sus Principios de filosofía-, de ella depende la física o filosofía natural (el tronco) y, por último, las ciencias particulares (las ramas), medicina, mecánica, moral, están en una relación de dependencia respecto de la filosofía natural.
Pues bien, esa desconfianza hace que el objetivo más inmediato de Descartes sea el de sanear los cimientos o las raíces del edificio del saber. Se trata de no admitir ninguna opinión como verdadera, sin antes ajustarla al nivel o a las exigencias de la razón. Descartes rechaza toda autoridad y resuelve confiar en la sola razón. No se trata tanto de descubrir nuevas verdades, cuanto de establecer verdades ciertas, que pueden no ser distintas de las ya admitidas, pero que han de ser redescubiertas como verdaderas. De todas formas, el descubrimiento de nuevas verdades no es ajeno al objetivo de Descartes. Y, de hecho, el reproche mayor que hace a la lógica escolástica es que sus silogis- mos sirven más para explicar a otros las cosas ya sabidas, que para aprender otras nuevas.
Al logro de este objetivo -reconstruir el sistema del saber sobre fundamentos sólidos y hacer del saber un sistema orgánico de verdades ciertas, mediante el sólo instrumento de la razón- responden el método y la duda de Descartes.
«El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y por tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas. No basta, en efecto, tener el ingenio bueno, lo principal es aplicarlo bien ... Y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él.
Por mi parte, nunca he creído que mi ingenio fuese más perfecto que los ingenios comunes;
Pero, sin temor, puedo decir que creo que fue una gran ventura para mí el haberme metido desde joven por ciertos caminos, que me han llevado a ciertas consideraciones y máximas, con las que he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar. Pues tales frutos he recogido ya de ese método que ... 4