Documento de Eti - Formación Teológica sobre La Biblia como Palabra de Dios. El Pdf, un extracto didáctico, explora el rol de la Sagrada Escritura en la Revelación Divina, con foco en la Constitución Dogmática «Dei Verbum» del Concilio Vaticano II. Es un material de Religión para Universidad.
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La Constitución Dogmática «Dei Verbum» (DV) del Concilio Vaticano II representa la fuente magisterial más importante y recurrente en la elaboración de los diversos afluentes temáticos que componen este curso. La fórmula latina «Dei Verbum» significa «Palabra de Dios», y está tomada de la primera sentencia del documento conciliar: «El santo Concilio, escuchando religiosamente la Palabra de Dios ... »1. Como queda explicitado en su encabezamiento y se indica oportunamente en el proemio (DV nº 1), la finalidad de la Constitución es la de ofrecer la enseñanza auténtica sobre la divina revelación y sobre su transmisión. El término «revelación divina» alude al acto de «automanifestación» de Dios, a través del cual ha desvelado algo del misterio de su propio ser al hombre, y le ha dado a conocer su proyecto de salvación en la historia. El cristianismo proclama que el culmen de esta autocomunicación divina adviene en la persona de Jesucristo, pues verlo a él es ver al Padre (Jn 14,9). La Sagrada Escritura forma parte de esta revelación con carácter histórico. Por esta razón, al comenzar evocando la naturaleza de la revelación, la Constitución está ofreciendo el marco de comprensión fundamental en el que la Iglesia ubica el origen, la finalidad y el valor de la Biblia para el creyente.
Se expresa en la introducción de la DV el deseo de profundizar y actualizar la doctrina que se gesta en los Concilios de Trento y Vaticano I sobre este trascendental artículo de la 1 La traducción de los textos de la Dei Verbum esta tomada de: Documentos Completos del Vaticano II, Bilbao 1974. La traducción de los pasajes bíblicos citados en estos apuntes está tomada de: Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española. De esta versión adoptamos también las siglas de los libros bíblicos. La traducción y numeración de los documentos eclesiales concernientes a la Biblia citados en estos apuntes están tomados de: Enquiridion bíblico (EB). Documentos de la Iglesia sobre la Sagrada Escritura, BAC 691, Madrid 2010. ETI - Introducción a la Biblia -1-ETI - Formación Teológica fe. Quisiéramos adelantar que de ambos Concilios han emanado los dos grandes dogmas que conciernen directamente a la Escritura: en Trento se lleva a cabo la definición solemne sobre el Canon o lista de los libros que componen la Biblia, decreto «Canonicis Scripturis», del año 1546, mientras que en la Constitución Dogmática «Dei Filius del Concilio Vaticano I se formula el dogma sobre la Inspiración de la Sagrada Escritura (año 1870). Pero si bien a juicio de muchos especialistas la DV no aporta una ampliación sustancial del contenido doctrinal sobre la revelación, sí se advierten en ella variaciones significativas en cuanto al enfoque desde el que comprenderla y en cuanto a la forma de explicitarla. Basta una comparación somera entre las exposiciones del Vaticano I y el Vaticano II sobre este punto del magisterio teológico para percibir inmediatamente importantes diferencias de perspectiva y estilo argumentativo. La Escritura cobra aquí un papel decisivo, pues, como apunta V. MANNUCCI, «es en la Biblia misma donde el Concilio Vaticano II recupera el carácter interpersonal, existencial, dinámico y comunicativo de la Revelación-Palabra de Dios, aportando así una integración necesaria al concepto más bien reductivo de la revelación, que los manuales de teología habían heredado de los Escolásticos»2. El autor alude tanto a las citas bíblicas que se prodigan a lo largo de su redacción como a la orientación misma de todo el documento, profundamente arraigado en las páginas sagradas.
Abundando en esta consideración, personalmente pensamos que, sin soslayar las permanentes alusiones a la rica y secular tradición de la Iglesia, la composición de la DV deja traslucir, de forma preponderante, el trabajo de reflexión de los exegetas, de los teólogos y del propio Magisterio circunscrito a las décadas que transcurren entre el Vaticano I y el Vaticano II. A este respecto, es de justicia citar aquí las encíclicas que los papas han dedicado expresamente a la Biblia durante estos años: la «Providentissimus Deus» del papa León XIII (año 1893), la «Spiritus Paraclitus» de Benedicto XV (año 1920), y la «Divino Afflante Spiritu» de Pío XII (año 1943), a las que hay que añadir las aportaciones de la Pontifica Comisión Bíblica desde su fundación (en 1902, por el papa León XIII).
Todo ello nos hace ponderar el interés creciente del Magisterio de la Iglesia por proyectar nueva luz sobre las cuestiones de índole bíblica; afán vivamente incrementado tras la celebración del Vaticano II, que estimulaba con ardor la lectura de la Biblia entre los 2 La Biblia como palabra de Dios. Introducción general a la Sagrada Escritura, Bilbao 1995, 31. De este autor aconsejamos la lectura de las pp. 25-37, donde resume de forma espléndida las semejanzas y diferencias entre el Vaticano I y el Vaticano II en sus respectivas exposiciones sobre la revelación divina. ETI - Introducción a la Biblia -2-ETI - Formación Teológica fieles: «el Santo Concilio exhorta con especial vehemencia a todos los cristianos, en particular a los religiosos, a que aprendan "el sublime conocimiento de Jesucristo", con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. "Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo"» (DV nº 25). El último y sabroso fruto de esta labor conjunta ha sido la publicación de la Exhortación Apostólica del papa Benedicto XVI, «Verbum Domini», la «Palabra del Señor», publicada el año 2010, donde se recoge el trabajo y las aportaciones de la XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra, celebrada en el Vaticano en el año 2008 con la participación de numerosos y eminentes exegetas y teólogos.
La notoriedad de la Escritura dentro de la consideración teológica sobre la revelación divina se pone de manifiesto con una simple contemplación de la estructura de la Constitución. La DV se compone de seis capítulos, que se desgranan con el siguiente orden:
El examen sinóptico de estos apartados nos permite advertir que la argumentación de los padres conciliares progresa en un doble sentido. En primer lugar, desde el concepto mismo de «revelación» con carácter amplio y general (los dos primeros capítulos), hasta el tratamiento de la «Sagrada Escritura» con un encuadre cada vez más específico (los cuatro capítulos restantes). En segundo lugar, desde el origen o fuente de dicha revelación, que es Dios, hasta el momento de su recepción por parte de la comunidad creyente en lo que concierne a su dimensión escrita, esto es, la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. Con frecuencia aludimos a la Biblia como «Palabra de Dios» pero, propiamente hablando, y tomando literalmente la formulación de la DV, «la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo» (DV nº 9)3. Puesto que la revelación divina consta de dos dimensiones, canales o cauces diversos, pero inextricablemente relacionados entre sí: la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. En el siguiente epígrafe vamos a ocuparnos de los dos primeros capítulos de la DV, que versan sobre la revelación en sí misma y sobre su transmisión. Como hemos adelantado, son dos puntos de reflexión capitales para entender 3 La traducción más literal del texto latino sería «La Sagrada Escritura es el hablar de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo», puesto que aquí se emplea la fórmula locutio Dei, y no verbum Dei, lo cual es muy sugerente. ETI - Introducción a la Biblia -3-ETI - Formación Teológica el puesto que la Iglesia otorga a la Biblia dentro de la relación que se establece entre Dios y el hombre.
En el Sal 103 (102) se afirma: «(Yahvé) enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel ... » (v. 7), y en la carta a los Efesios podemos leer: «(Dios Padre) nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad: el plan que había proyectado realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos ... » (1,9-10a). Estos pasajes inciden en una temática que la DV encara en profundidad, y que podríamos encuadrar en estos tres interrogantes: ¿ qué ha revelado Dios a la humanidad?, ¿con qué finalidad?, ¿de qué manera lo ha hecho? Según reconoce y testimonia la Iglesia católica, la revelación no es sólo ni principalmente algo que hay que creer, sino ante todo Alguien en quien creer: Dios, que se ha manifestado «a Sí mismo» para dar a conocer al hombre el «misterio de su voluntad» (DV nº 2). El propósito fontal de semejante acto divino viene bellamente descrito en el citado número: «Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunión consigo y recibirlos en su compañía». Para la Iglesia, pues, la intervención de Dios en la historia humana está motivada y regida por este deseo divino de entrar en comunión con el hombre, su criatura, no sólo para instruirle o informarle de cosas. Dios no se limita a transmitir un «mensaje» o un compendio de verdades, sino que revela algo del misterio mismo de su ser, para invitar al hombre a un consorcio de amor mutuo.
La revelación, por tanto, no consiste en un mero trasvase de contenido doctrinal, sino en el anhelo y aspiración de un Padre por entablar un diálogo con sus hijos, que derive a la postre en una relación íntima y permanente. Se trata de establecer un «encuentro» personal y filial con el Creador, participando de la misma vida divina. En la categoría «encuentro» se reconoce la libertad de ambos interlocutores, sin olvidar nunca que es Dios quien ha tomado la iniciativa. La salvación para el creyente consiste, precisamente, en aceptar desde su libertad dicho encuentro y experimentar en plenitud tal comunión. Por consiguiente, el concepto «Palabra» aplicado a Dios en el acto de revelarse adquiere un contenido mucho más amplio que el de mera información, de la que se exigiría una acogida puramente ETI - Introducción a la Biblia -4-